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En este pequeño análisis presentaré una interpretación del texto de Nietzsche “Sobre verdad y mentira en sentido extra moral”, concentrándome en el tema que se aprecia en el título. En primer lugar, presentaré una aproximación a la construcción del lenguaje y a su valor de verdad. Después, me concentraré en la construcción de conceptos. Finalmente, presentaré al hombre (sujeto cognoscente) como animal que construye metáforas, con una breve explicación del hombre intuitivo y del hombre racional.

Para conseguir comprender la filosofía de Nietzsche considero que se debe comprender la manera particular que tiene de exponer su pensamiento. Es claro que la metáfora es una parte crucial para acceder al autor y por ello considero que este texto nos da luces en el camino para comprender el valor que esta tiene en el ser humano. Por tanto, las ideas no serán estrictamente concluyentes, sino que serán aclaratorias, esto con el fin de que este análisis sirva de escusa para aproximarse al autor o generar particularidades que, considero yo, desprende el mismo tema.

El sujeto creador del lenguaje

Parece ser que, para el autor, el problema gnoseológico parte del problema de la verdad concebida como absoluta y la desarrolla de manera que termina con la inexistencia de la misma. Sin embargo, existe para el hombre una verdad útil, una a la cual aspira en sentido limitado. Él apetece las consecuencias agradables, positivas, de verdad; no le interesa el conocimiento puro, sin consecuencias positivas, siendo incluso hostil a las verdades susceptibles de sufrir efectos perjudiciales y destructivos. (Nietzsche, 1873)

De ahí, se cuestiona el uso del lenguaje y las supuestas verdades que se presentan en este. Se vuelve un cuestionamiento gnoseológico pues, el conocimiento mismo de las cosas no parece ser dado por el lenguaje, ya que tiene múltiples arbitrariedades y sería contradictorio con la apetencia de la verdad útil del hombre. Por ejemplo,

clasificamos las cosas por géneros; clasificamos el arbol de masculino y la planta de femenina (…). Hablamos de “serpiente”; pero el termino no sugiere más que retorcerse, quiere decir que lo mismo podría corresponder al gusano.

Nietzsche, F. (1873). Sobre verdad y mentira en sentido extra moral

La forma más adecuada de ver al lenguaje, o a las palabras, no es como conocimiento puro o verdad sino como expresiones adecuadas que no buscan más allá del mejor convencionalismo. Por ello:

La “cosa en sí” (que tal sería la verdad pura, sin consecuencias) es también para el hacedor de la lengua algo del todo inconcebible y en modo alguno apetecible. Él se limita a denominar las relaciones en que se hallan las cosas con respecto al hombre y para expresarlas recurre a las más audaces metáforas.

Nietzsche, F. (1873). Sobre verdad y mentira en sentido extra moral

Estas no son solo en el sentido del lenguaje literario, también puede ser perceptible en el lenguaje físico. Estas se transfieren al simple estímulo nervioso, el cual pasa a ser una primera metáfora, y al sonido mismo de la lengua o palabra, que sería como una segunda metáfora. El autor nos señala que, así como el sordo piensa conocer la verdad por el lenguaje, nosotros creemos saber algo de las cosas mismas cuando hablamos de árboles, colores, nieve o flores; sin embargo, no tenemos más que metáforas de las cosas que no corresponden en absoluto a las verdaderas entidades. (Nietzsche, 1873)

La creación del concepto

La creación de distintos conceptos parece tener una esencia o entidad propia, incluso parece tener cierta objetividad. Cuando decimos que hay un concepto general que engloba a un grupo, lo único a lo que hace referencia, dicho concepto, es a una concepción nada objetiva, un arquetipo que creemos que existe. Cuando calificamos a fulano de tal de “honesto”, y preguntamos: ¿Por qué ha obrado de forma honesta? Nuestra respuesta suele ser: a causa de su honestidad. ¡La honestidad! (Nietzsche, F. 1873). Lo cual no tiene sentido si la honestidad es una idea de la cual participan singularidades que no son iguales a ella misma, por ejemplo. Por lo que la causa de los conceptos parecen ser pequeños momentos, situaciones o singularidades que no son iguales, pero que inspiran al creador a olvidar estas diferencia y a solo ver sus similitudes.

Aparece así la mentira inconsciente, pues, en esta tautología de conceptos y particularidades contingentes, el hombre piensa tener una respuesta que en verdad no la tiene o alguna certeza que no existe en sus palabras. Esto se genera por

el sentimiento de estar obligado a calificar esta cosa de “roja”, aquella de “fría” y la de más allá de “muda”(…) impulso moral referido a la verdad; por la antítesis del mentiroso en quien nadie confía y al que todos excluyen se demuestra el hombre lo honesto, entrañable y útil de la verdad.

Nietzsche, F. (1873). Sobre verdad y mentira en sentido extra moral

Entonces su racionalidad solo se ve como noción abstracta o creación necesaria.

La impresión conceptual domina a la acción, y el creador logra crear el mundo fuera de la naturaleza sensible. Se logra ver un mundo que se construye piramidalmente

(…) basado en castas y grados, un mundo nuevo de leyes y prerrogativas, jerarquías y limitaciones que se contrapone al mundo sensible de las inmediatas impresiones como instancia más fija, más general, más conocida y humana y, por ende, reguladora e imperativa.

Nietzsche, F. (1873). Sobre verdad y mentira en sentido extra moral

Que al final, en su fija forma de ser, queda como algo frío, como un “columbario romano” pero que adquiere movilidad al ser el resto de una metáfora ” (…) si no la madre, sí la abuela de todos los conceptos.”

Y así en la construcción conceptual se halla el primer impulso del creador gracias a la metáfora que está como base de la pirámide, que se cree fría.

En este respecto cabe ciertamente admirar al hombre como formidable constructor que sobre fundamentos movedizos, como si dijéramos sobre agua que fluye, logra levantar un edificio conceptual infinitamente complejo (…).

Nietzsche, F. (1873). Sobre verdad y mentira en sentido extra moral

Claro que dicho edificio tiene ligereza en la base, en la metáfora, y es resistente en tanto las mismas metáforas son creaciones del mismo hombre que sustentan los siguientes piso, pero en la movilidad está el poder de seguir en pie al igual que en un terremoto el edificio que tiene construcción antisísmica se mueve, pero no se cae.

En este respecto ciertamente se hace acreedor a una profunda admiración, pero en modo alguno por su impulso a la verdad, al conocimiento puro de las cosas. Cuando uno esconde una cosa tras un arbusto y luego la busca y, en efecto, la encuentra allí, no hay nada de glorioso en este buscar y encontrar; más así es como queda caracterizado el buscar y encontrar la “verdad” dentro de la esfera de la razón.

Nietzsche, F. (1873). Sobre verdad y mentira en sentido extra moral

El detalle está en olvidar que las metáforas son metáforas y ver el edificio como lo más estable, ver que las cosas dadas en primera instancia, con y a través de ellas, son en verdad las cosas mismas. El hombre olvida que es un sujeto subjetivo y piensa que su construcción es racional y objetiva.

Únicamente gracias al olvido de ese primitivo mundo de metáforas, a la solidificación y petrificación de una masa de imágenes que en un tiempo brotó cuál lava incandescente del poder primario de la imaginación humana, a la creencia irreductible de que tal sol, tal ventana, tal mesa es una verdad en sí(…) olvida su condición de sujeto, de sujeto artísticamente creador(…)

Nietzsche, F. (1873). Sobre verdad y mentira en sentido extra moral

Animal que construye metáforas

Si bien el mundo está dado con base en las metáforas, estas siguen presentes a lo largo de la vida del hombre quiérase o no. Parece ser tan fuerte el impulso del hombre de crear, de hacer y rehacer el mundo existente que aparen fenómenos como el mito o el arte. No se descarta la importancia de los conceptos, pues gracias a ellos uno sabe cuándo esta despierto; sin embargo, el arte desgarra este mundo de conceptos y llena, como en la antigua Grecia, al hombre de momentos más cercanos a la naturaleza que se presenta como si ella fuese “mojiganga de los dioses dados a engañar al hombre bajo toda clase de disfraz.” (Nietzsche, F. 1873)

Entonces el hombre tiene una propensión a dejarse engañar. Con el mito, por ejemplo, el actor o narrador presentan y crean un rey más rey de lo que es en realidad. El intelecto, “maestro del fingimiento”, solo funciona de forma correcta cuando sabe engañar sin perjudicar, esto se da en la creación de metáforas, de arte. Y en tanto el individuo maneje estas características “(…) él mismo se ha convertido en amo y le es dable borrar de su faz la expresión de indigencia (…)”, de buscar que otra verdad le transporte o le haga un camino. Este hombre tiene acción de fingimiento y ya no de distorsión de la naturaleza como otros:

Aquel enorme entramado y andamiaje de los conceptos, al que de por vida se aferra el hombre indigente para salvarse, es, solamente, un armazón para el intelecto
liberado y un juguete para sus más audaces obras de arte y, cuando lo destruye, lo mezcla desordenadamente y lo vuelve a juntar irónicamente, uniendo lo más diverso y separando lo más afín, así revela que no necesita de aquellos recursos de la indigencia y que ahora no se guía por conceptos, sino por intuiciones. (estas intuiciones no llevan a esquemas o ideas abstractas porque estas están hechas por el hombre que) (…) habla en metáforas rigurosamente prohibidas o mediante inauditas concatenaciones conceptuales, para corresponder de un modo creador, aunque solo sea mediante la destrucción y la burla de los antiguos límites conceptuales, a
la impresión de la poderosa intuición actual.

Nietzsche, F. (1873). Sobre verdad y mentira en sentido extra moral

Aquí aparecen, por tanto, dos tipos de hombre: el intuitivo, que es irracional, artístico, creador, hacedor y rehacedor de su mundo; y el racional, que es antiartístico seguidor de esquemas y distorsionado por el mundo. Ambos en circunstancias favorables desarrollan una cultura, pero para el autor, se establecería el dominio del arte sobre la vida; esa ficción, esa negación de la indigencia, ese brillo de las intuiciones metafóricas y, en suma, esa inmediatez de la ilusión, acompañan a todas las manifestaciones de una vida más humana. Mientras que el hombre racional, guiado por los esquemas y conceptos, aspira a solo librarse del dolor, totalmente opuesto al hombre intuitivo quien

(…) deriva sus mismas intuiciones (…). Claro que, cuando sufre, su sufrimiento es más intenso, hasta sufre con más frecuencia porque no sabe aprender de las lecciones de la experiencia (…) y en el sufrimiento adopta la misma actitud irracional que en la felicidad; profiere gritos agudos y no halla consuelo alguno.

Nietzsche, F. (1873). Sobre verdad y mentira en sentido extra moral

Así, en tanto hombre artísticamente creador, el conocimiento es una máscara que se nutre y llena de adversidad y felicidad, no busca sino que encuentra lo que crea y no cae en la cultura, sino que la hace y rehace. Este tipo de sujeto cognoscente parece ser del agrado del autor por ser más apegado a las expresiones del mundo. El acceso al conocimiento sería mediante las metáforas, es decir, de las creaciones del mismo desarrollo del hombre que como sujeto cognoscente tiene que ser necesariamente artísticamente creador de su mundo.

Bibliografía

Nietzsche, F. (1873). Sobre verdad y mentira en sentido extra moral

Artículo de:

AndyLuz S. Cuentas (autora invitada):
Licenciada en Filosofía por la Universidad Mayor de San Andrés, La Paz- Bolivia. Profesora de danza y de cursos no académicos de filosofía.

Imagen | Pexels

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por autores invitados

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