Introducción a la historia de la Inteligencia Artificial a través de la ficción

La idea de crear Inteligencia de la mano del hombre es una constante en la Historia que se ha expresado a través de sus mitos.

En la época clásica aparece ya el mito de Dédalo y el titán Talos, un autómata gigante que protegía de las invasiones marinas a la Isla de Creta. Dédalo, en el mito, fue considerado el símbolo de la creación de artificios1. En la misma época aparecen en China historias parecidas acerca de artefactos que pueden cantar y bailar, perros guardianes o emular un carro tirado por caballos2.

En la Edad Media se documentó el mito del Golem hebreo, en el cual se daba vida al barro mediante el grabado de palabras y ritualística en la materia inerte. El Golem, según el mito, es un autómata antropomórfico, un Adán inacabado según la tradición, que podía ejecutar sin oposición las órdenes que le dictara su creador, un sabio con un conocimiento que le hacía cercano a Dios3. Una leyenda similar se encuentra en Estonia a propósito del Kratt hecho también de barro4.

También en la línea del pensamiento mágico vinculado a creencias religiosas en la cultura budista de la India existe el mito de las Tulpas5: seres que pueden ser creados mediante meditación por un monje creando desde el pensamiento materia. África no es tampoco una excepción como muestran los mitos del Vudú caracterizados por dar vida a lo inerte convirtiéndolo en un autómata que obedece las órdenes de su creador6.

Durante el Cinquecento y su fascinación por los mecanismos surge la leyenda en Toledo del Hombre de Palo creado por Juanelo Turriano7. De nuevo otro autómata antropomórfico pero hecho de acuerdo a la leyenda esta vez a la manera de los relojes de la época con piezas de madera. De la misma forma carecería de voluntad, pero sí podía realizar complejas acciones como pedir limosna recorriendo las calles según la tradición. Era esa manera de concebir la técnica medieval en la época anterior al método científico. Tanto en Occidente como en Oriente y el mundo musulmán existe una amplia tradición en el uso de autómatas antropomórficos aunque en el caso del de Juanelo destaca la Historia por como el mito popular le atribuye rasgos propios de la conciencia.

En la primera revolución industrial y su impacto en y desde el mundo de la ciencia, en pleno romanticismo, Mary Shelly escribe la novela el Monstruo de Frankenstein en el que por medio de las técnicas eléctricas y de la medicina que sorprendían entonces se conseguía crear de nuevo vida de lo inerte. Esta vez era el conocimiento científico-técnico lo que posibilitaba crear la vida. El creador, de acuerdo a la novela, era un Doctor, un científico. La autora señalaba en su obra el sobrenombre del moderno Prometeo y es que, al igual que veíamos en el Golem y en los mitos de Dédalo, existe el denominador común en esta creación de Inteligencia de aproximarse a la Divinidad. A diferencia de los mitos y leyendas anteriores Shelly pretendía más reflejar el espíritu de su época y extraer una serie de conclusiones moralizantes que ofrecer mediante la Ciencia para sugerir verosimilitud. En cierto modo un anticipo de lo que sería más tarde la Ciencia Ficción8.

En la segunda revolución industrial se acuña el término robot a raíz de la obra teatral R.U.R. del filósofo checo Karel Capek. Esta obra se enmarca ya en la Ciencia Ficción y refleja los conflictos de la lucha de clases (es del año 1923, tras el triunfo de la revolución soviética). Los robots son aquí similares al Monstruo de Frankenstein: autómatas y conscientes, pero además con capacidad de organizarse como clase social. El mismo autor, checo, al finalizar la obra cayó en la cuenta de que había creado una versión moderna del Golem de Praga. Existe también el denominador común de la rebelión de la creación contra el creador en muchos de estos mitos a lo largo de la Historia9. Por lo general se reproduce el patrón del Ser Humano que trata de aproximarse a la Divinidad al crear la vida y provoca la rebeldía de su creación a modo de moraleja ejemplarizante.

Ya avanzada la Segunda Revolución Industrial, y al finalizar la Segunda Guerra Mundial, a partir de los años 50, comienza el desarrollo de las Ciencias de la Computación y a “mecanizarse” algunas actividades cognitivas hasta entonces patrimonio único del ser humano, como el cálculo matemático. Es entonces cuando la perspectiva de crear inteligencia mediante la tecnología parece tangible. La máquina de propósito general de Turing (1950)10 se considera el pistoletazo de salida para esto. Simultáneamente Claude Shannon (1949)11 desarrolla su Teoría de la Información que servirá de base en el futuro para la transmisión de información tanto por parte de las máquinas como aplicación al campo de la lingüística. Claude Shannon, trabajador de la compañía telefónica Bell; junto a Marvin Minsky, co-fundador del laboratio de Inteligencia Artificial del MIT; McCarthy y Rochester (estos dos últimos empleados de la compañía IBM, heredera de los trabajos de von Neumann) fueron los creadores del término Inteligencia Artificial en la Conferencia de Dartmouth en 195612.

Acompañada de esta revolución la mitología de la Inteligencia Artificial persiste en los nuevos formatos de comunicación como son el Cine y las Novelas de Ciencia Ficción. Por lo general de una manera u otra se mantiene la moraleja moralizante de los mitos antiguos, esta vez con forma de distopía. Sin embargo por primera vez con base en los avances de la racionalidad, el electromagnetismo y el método empírico se consiguen resultados pragmáticos orientados a la resolución de problemas en actividades que sólo se consideraban posibles en la mente humana. La primera de ellas, el cálculo, hoy en día normalizada. Frente al hecho de volver a caer en una nueva forma de representar un mito conforme al paradigma moderno que nos parezca “razonablemente factible”, que es lo que produce una mayor sensación de miedo y hace que las historias por ello funcionen mejor, estos resultados prácticos hacen que se piense que la posibilidad es “objetivamente diferente”.

Tras la aparición de la invención del primer computador por parte del equipo de von Neuman13 poco después, Watson, Crick y Franklin descubren el código binario en el ADN (1953)14 y cómo mediante sus algoritmos basados en proteínas se define la vida apuntalando esta visión de sinergia entre la vida y la nueva tecnología con base a la información en código binario y manipulación algorítmica. La Ciencia desde varias disciplinas apuntaba a que la información y la computación de la misma eran el denominador común entre el habla, la biología, la lógica, el electromagnetismo y la cognición. El desarrollo paralelo de la neurociencia terminó de asentar las expectativas a medidos del siglo XX sobre la Inteligencia Artificial.

Ha habido pues un pensamiento en el ser humano que cambia conforme al paradigma dominante acerca de las posibilidades de la creación de Inteligencia Artificial como se observa desde el inicio de la Historia que supone el Talmud hebreo, los mitos griegos y chinos o en la religión budista del Tíbet y la India. Sorprende como una de las más tempranas, la del Golem que aparece ya en el libro de los Salmos, tiene un nexo similar con las cuestiones que nos seguimos planteando hoy en el siglo XXI con respecto a la Inteligencia Artificial: el lenguaje. Para los antiguos judíos el nexo entre lo inerte y lo vivo se daba por medio de significantes en hebreo en la frente de la figura antropomórfica que lo conectarían con el mundo de lo simbólico accediendo así de este modo al mundo de la consciencia15. En concreto mediante el empleo de las palabras en hebrero Muerte y Verdad.

En su obra Dios y Golem S.A. el considerado padre de la Cibernética y profesor de Claude Shannon, Norbert Wiener, supo ver bien este nexo16, que comprende una sorpresa hacia lo extraño de entre significado y consciencia y significante y materia, desde el paradigma donde predominaba el pensamiento mágico al de la racionalidad actual, en términos de Weber. Esta visión de anhelos compartidos desde distintas formas de entender el mundo a lo largo de la Historia no sólo no es novedosa, sino que ya se encuentra destacada en el creador de una teoría con gran influencia como es la de la Cibernética.

En la misma línea hay otra obra del siglo XX, esta vez en el teatro de Bernard Shaw, que señala el vínculo del lenguaje con la dotación de la vida: Pigmalión. La obra se basa en el mito griego en el cual el Rey de Chipre Pigmalión crea una estatua de la que se enamora y esta finalmente cobra vida. En la Obra de Shaw esta vez es un logopeda el que enseña a hablar correctamente a su alumna, de carne y hueso, devolviéndole metafóricamente a la vida y enamorándose finalmente de ella por medio del habla17.

Otra forma en que este patrón en lo humano de la creación de una Inteligencia Artificial se representa es también, durante la Edad Moderna y la Ilustración, en la obra de Hobbes y Rousseau. Fue el primero Hobbes en su Introducción del Leviatán en definir al Estado como un Hombre Artificial (Commonwealth)18, capaz de tomar sus propias decisiones y comportarse con la Inteligencia como un todo unificado. Rousseau, con su visión opuesta a la de Hobbes respecto a la Naturaleza del Ser Humano, también refleja este punto de vista del “Hombre Artificial” en su Contrato Social19.

Hannah Arendt señala en su obra “La Condición Humana” ese intento de Hobbes de racionalización que supuso la introducción de los valores de cálculo del Homo Faber a la Filosofía Política y la constitución del Estado. Y, aunque si bien tuvo éxito en sus inicios, termina por mostrar su fracaso en el siglo XX de acuerdo a la propia Arendt. Se trata de una reinterpretación de la Teoría de Max Weber acerca de como el paradigma de lo racional penetra en las Estructuras del Estado dando lugar a un Sistema. Para Arendt, el Hombre Artificial-Estado que definía Hobbes es fruto del homo economicus/faber, de su capacidad de cálculo20.

De hecho el Leviatán de Hobbes es, para el filósofo John Haugeland, la aproximación histórica más válida a una especie de creación de Inteligencia Artificial21. Construida de nuevo con la palabra como base y no de los artefactos o de lo material, en el mundo de la actuación que define Harent y no como principio de dar Inteligencia a lo Artificial. Supone por primera vez una diferencia de los mitos. El Hombre Artificial se expresa aquí en Hobbes como una organización social y no como un autómata y la Inteligencia Artificial como una interrelación de sujetos unidos mediante acuerdos basados en el lenguaje. Hay también en estos intentos de vincular durante la creación del Estado moderno al Hombre Artificial nexos con el presente como los que refleja José María Lasalle en su Ciberleviatán22. La tecnología de Inteligencia Artificial aquí se fusiona con el Estado creando un Hombre “Doblemente Artificial” en tanto la manera que lo definía Hobbes y en cuanto la entendemos hoy en día. Pero más allá del nexo que refleja Lasalle se encuentra el hecho en que la Inteligencia Artificial moderna se basa, en parte, en los datos generados por amplios colectivos humanos en un reflejo entre el empleo de la información que usan los humanos para articularse y coordinarse como sociedad. Si para Hobbes el Estado se organiza como un fenómeno emergente basándose en el acuerdo de la sociedad la Inteligencia Artificial actual se basa en ocasiones en la información generada por esas interacciones sociales. Hoy en día, casi 70 años más tarde de que se acuñara el término Inteligencia Artificial, los recientes desarrollos tanto en lingüística pragmática como en capacidad de cómputo gracias a las técnicas de virtualización, verticalización de bases de datos, computación paralela, nuevas tecnologías en los microprocesadores y el desarrollo de nuevos algoritmos de aprendizaje y reconocimiento de patrones han hecho que de nuevo la visión de la creación de Inteligencia por parte del ser humano salga reforzada23. Estas nuevas técnicas tanto desde el ámbito de las Ciencias Sociales como del ámbito técnico se encuentran amparadas por el Capital y los resultados económicos positivos hacen entrar en juego a las fuerzas de crecimiento del Sistema capitalista, tanto privado en Occidente como de Estado en el caso de China. Esta situación hace que parezca cristalizar esa constante histórica en los mitos de la Humanidad que ha sido la Inteligencia Artificial. El desarrollo de la computación cuántica y su potencia de cálculo ahonda en estas expectativas y los dilemas éticos y de regulación se encuentran hoy en el debate público y en los lugares de toma de decisiones.

En su Teoría de la Acción Comunicativa Habermas se alinea con la afirmación de Arnold Gehlen acerca de que existe una conexión en la Historia entre la Técnica y la estructura de la acción racional con respecto a fines. Lo define como un círculo en la toma de decisiones racional y su acción instrumental y se interpreta de la siguiente forma:

En cualquiera de los casos la evolución de la técnica se ajusta al modelo interpretativo siguiente: el hombre habría proyectado uno a uno con respecto a los medios técnicos los componentes elementales del círculo funcional de la acción racional con respecto a fines, que radican en el organismo humano, descargándose de esta forma de las funciones correspondientes. Primero son reforzadas y sustituidas las funciones del aparato locomotor (manos y piernas); después, la producción de energía (por parte del cuerpo humano); después las funciones del aparato de los sentidos (ojos, oídos y piel) y, finalmente, las funciones del centro de control (del cerebro)24.

Gehlen efectivamente señala aquí como a lo largo de la Historia Humana se da ese fin antropológico de construcción del Hombre Artificial, y como culmen su cerebro, su Inteligencia. Es a lo largo de las sucesivas Revoluciones Industriales en las que se ha progresado en la sustitución de estos componentes que van desde los vehículos a motor y maquinarias industriales de la Primera Revolución en los que se sustituye el aparato locomotor y la producción de energía, que con las décadas se irán perfeccionando. En la Segunda Revolución industrial y gracias a la comprensión científica y técnica del electromagnetismo se comienzan a desarrollar sustitutos de los ojos, los oídos, la piel y las primeras funciones cognitivas

Como vemos a través de este breve resumen de distintos mitos de alguna forma se cumple la afirmación. El mito refleja el Estado de la Historia de la Técnica y como trata mediante narración realizar una aproximación que construya, mediante el paradigma técnico vigente, ese Hombre Artificial. 

Notas al pie

[1] García, G. (2000). El tema de los autómatas: de la leyenda a la literatura infantil. Identidad Cultural Del niño, Tradiciones Y Literatura Infantil. (p.85–94). Badajoz: Servicio de Publicaciones, Diputación Provincial. Badajoz: Servicio de Publicaciones, Diputación Provincial.

[2] Ambrosetti N. (2012) Improbable Mechanics: A Short History of Fake Automata. In: Koetsier T., Ceccarelli M. (eds) Explorations in the History of Machines and Mechanisms. History of Mechanism and Machine Science, vol 15. Springer, Dordrecht.

[3] Gelbin, C.S. (2011). The Golem returns: from German romantic literature to global jewish culture, 1808-2008. Ann Arbor: The University of Michigan Press.

[4] Mihkelev, A. (2019). Folk Tradition and Multimedia in Contemporary Estonian Culture. Global Contexts, National Literatures, Miscellanea, 24(2), p.396-407.

[5] Stager, N. (2016). A Time For Tulpas: Technology, Language, and Study of Religion. Harvard University.

[6] Rigaud, M. (1959). Secrets of Voodoo. San Francisco. City Lights Books.

[7] García-Diego, J. (1986). Juanelo Turriano Charles V’s Clockmaker. The man and his legend. Madrid. Castalia.

[8] McCutcheon, M. (2018). Frankenstein and the reinvention of Technology. En The Medium is the Monster y Athabasca University Press (Ed.). p.59-85

[9] Christoforou, E.G., Müller, A. R.U.R. Revisited: Perspectives and Reflections on Modern Robotics. Int J of Soc Robotics 8, 237–246 (2016).

[10] Turing, A.M. (1937). On Computable Numbers, with an Application to the Entscheidungsproblem. Proceedings of the London Mathematical Society, s2-42: 230-265.

[11] Shannon, C.E. (1948). A mathematical theory of communication, in The Bell System Technical Journal, vol. 27, no. 3, pp. 379-423

[12] McCarthy, J., Minsky, M. L., Rochester, N., & Shannon, C. E. (2006). A Proposal for the Dartmouth Summer Research Project on Artificial Intelligence, August 31, 1955. AI Magazine27 (4), 12.

[13] Goldstine, H., & Goldstine, A. (1946). The Electronic Numerical Integrator and Computer (ENIAC). Mathematical Tables and Other Aids to Computation, 2 (15), 97-110.

[14] Watson, J. D. & Crick F. H. C. (1953). A Structure for Deoxyribose Nucleic Acid. Nature (3), n.171, p.737-738.

[15] Hernández, J. (2000). Kabbalistic borges and textual golems. Variaciones Borges10 (10), 65–78.

[16] Wiener, N. (1964). Dios y Golem, S.A. Comentarios sobre ciertos puntos en que chocan cibernética y religión. Ciudad de México: Editorial Siglo XXI.

[17] Shaw, G. B. (1913). Pigmalión. Barcelona: Cátedra.

[18] Hobbes, T. (1651). Introducción. En Leviatán (p.45). Madrid: Alianza Editorial.

[19] Rosseau, J. J. (1762). De los límites del Poder del Soberano. En El Contrato Social (p.41-45) Madrid: Boreal.

[20] Arendt, H. (1978). La vita activa y la época moderna. En La condición humana (p.325). Barcelona: Paidós.

[21] Haugeland, J. (1989). The Saga of the Modern Mind. En Artificial Intelligence: the very idea (p.23). Cambridge: The MIT Press.

[22] Lasalle, J.M. (2019). Ciberleviatán. Barcelona: Arpa & Alfil.

[23] Habermas, J. (1984). Ciencia y Técnica como “Ideología” (p.61). Madrid: Tecnos.

[24] Ibidem.

Artículo de:

Juan de la Cruz Berlanga (colaboración):
Participa en el Grupo de Investigación Praxis de la Universidad del País Vasco y Apply de la Universidad Carlos III de Madrid. Miembro del Observatorio del Impacto Social y Ético de Inteligencia Artificial en España y profesor en el Madrid Internet of Things Institute.

Imagen | Pixabay

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