La pregunta “¿qué es arte?” ocupa, para bien o para mal, parte importante en las discusiones no académicas en torno a eso que llamamos arte contemporáneo. La pregunta suele venir de la extrañeza frente a alguna pieza que no coincide con nuestra idea de lo que es, o no es, arte. Incluso si se supera este estupor con genuina curiosidad, la pregunta cobra relevancia en situaciones en las que aceptar algo como artístico nos parece un contrasentido, sea por razones teóricas o de gusto. Así, la pregunta suele surgir, o en circunstancias en las que uno no posee un conjunto suficiente de elementos que permitan evaluar una pieza dentro de un contexto determinado; o cuando una obra está más allá de los parámetros de nuestro gusto —o lo que consideramos tal—.

El uso de dicha pregunta se ha vuelto un lugar común del discurso dogmático que busca una definición última, universal y atemporal, de arte. Definición que busca refutar las razones que alguien aduzca por mostrar como arte alguna pieza contemporánea que choca con las ideas, o gusto, de aquel que reprueba la pieza. Más allá de que estos planteamientos problemáticos dejen ver mucho sobre la perspectiva desde donde se enfoca el problema en torno al arte; afirmo que los términos en que se plantea no sólo resultan inadecuados, sino además insuficientes, para abordar el desarrollo histórico del arte.

Este texto busca mostrar los problemas internos de la pregunta que busca una definición del arte, así como los problemas ideológicos frecuentemente presentes en los discursos que se valen de ella. Esto con miras a proponer un acercamiento al fenómeno del arte que resulta en un abordaje más productivo: el análisis histórico-descriptivo del transcurso del arte. Para esto, revisaré dos posibles sentidos de la pregunta “¿qué es arte?” a fin de señalar sus limitaciones y hacer una crítica de la lectura del arte —de corte esencialista— que se oculta detrás de ella. Finalmente, ofreceré las razones por las que una explicación congruente con el sentido y desarrollo del arte sólo puede provenir de una revisión que describa, históricamente, su surgimiento y transcurso, y no de teorías que buscan imponer un deber ser o un supuesto ‘futuro del arte’.

¿Qué sentido(s) tiene
la pregunta “¿qué es arte?” ?


La pregunta “¿qué es arte?” pretende cuestionar sobre aquello que hace que el arte sea tal en cualquier momento histórico. La pregunta no va dirigida hacia la comprensión que tenga cada individuo sobre qué es el arte, ni a las condiciones dentro de las que aparecen las obras. No. La pregunta se centra en encontrar, de un modo u otro, la cualidad, o conjunto de características, que hacen que un objeto sea una obra de arte, dejando de lado la pregunta “¿cómo es el arte?”

Ahora, la pregunta tiene dos sentidos posibles, mismos que examinaré para luego mostrar un problema interno que veo en la misma. Un primer sentido de la pregunta es aquel que, consciente o inconscientemente, la utiliza como orientada hacia un deber ser del arte. Al lanzar la pregunta, se pide implícitamente que se delimite un deber ser del arte, que se ofrezca un listado de parámetros o características que un objeto debe tener a fin de poder ser considerado como obra de arte. Este uso de la pregunta resulta restrictivo, pues si definimos de antemano lo que deba tener un objeto para ser considerado obra de arte, todos los posibles elementos que vayan más allá de lo definido, conceptualmente, no podrían ser considerados como tales. Incluso si tuviéramos un listado de parámetros, reglas y cualidades que definieran al arte, la extensión de este listado no nos dice si, para considerarse artístico, un objeto ha de cumplir con todos los parámetros, reglas y cualidades enlistadas, o sólo con parte de ellos. A su vez, si tuviésemos un objeto que cumpliese uno solo de los parámetros establecidos ¿podríamos decir que es igual de artístico que un objeto cumple con diez o doce de ellos? Todos estos problemas se derivan del carácter restrictivo, general y determinista del acercamiento al objeto artístico que restringe lo que pueda o no considerarse tal, desde un deber ser o tener.

El segundo sentido posible de la pregunta es aquel que la entiende como una solicitud de definición, es decir de delimitación conceptual. Toda definición es una proposición que expone, de forma breve, clara y exacta, los caracteres genéricos y/o las diferencias específicas, de un objeto material o inmaterial. Definir, por lo tanto, consiste en fijar con claridad, exactitud y precisión el significado de una palabra o la naturaleza de una persona o cosa. El problema con este sentido ‘definitorio’ de la pregunta es que descansa sobre una interpretación esencialista del desarrollo del arte, pues parece esperar una definición ‘última’ de esta, que no sólo incluya sus diversas expresiones —tan dispares entre sí como la música, la pintura y la danza— sino que, además, resulte atemporal —es decir, permita evaluar cualquier obra producida en cualquier momento del tiempo—. Más adelante, problematizo tal lectura esencialista del desarrollo histórico de las artes.

El problema con la pregunta


Existe, además, un tercer problema con la pregunta que nos atañe, y es que, independientemente de si es formulada desde uno o ambos sentidos, en su búsqueda por elementos estables, ignora el carácter histórico del arte al preguntar por una definición o conjunto de cualidades aplicables a cualquier objeto. Esto, porque pretende dictar, por anticipado, las cualidades y características de su objeto de estudio, es decir, lo presupone en lugar de dejarlo mostrarse. Considero que un abordaje que tome en cuenta los caracteres históricos del desarrollo del arte, —a partir del estudio del conjunto de objetos que definimos como obras, y no del intento por determinar su valor a través de reglas, fijadas y aplicadas de antemano—, ofrece un terreno interpretativo más rico de los fenómenos contemporáneos del arte, que las lecturas guiadas por el deber ser o el afán de definición.

La pregunta que busca definiciones, o determinar condiciones últimas que sirvan atemporalmente, no sólo es descuidada con su objeto de estudio, sino que resulta anacrónica. Cuando se pretende establecer límites últimos al arte, —una actividad que se caracteriza por la creatividad y la inventiva—, sólo se ofrecen nuevos parámetros para que sean puestos a prueba por dicha creatividad e inventiva, razón por la que no pueden ser establecidos de manera última y definitiva. Baste recordar el impulso que permeó el perfeccionamiento de la técnica del Clásico al Renacimiento, o el impulso iconoclasta con que surgirían las vanguardias que inauguran la modernidad.

Aunado a estas limitaciones en la pregunta, existe un cúmulo de problemas implícitos en querer definir de manera absoluta el arte, mismos que escapan a los propósitos de este breve texto.1 El problema central que vemos con este tipo de cuestionamientos, más allá de los ya señalados, es que parten de, y con miras a, una lectura esencialista y determinista del problema, fallando en reconocer las características del objeto que pretenden abordar, al imponerle categorías que no le corresponden.

La lectura esencialista del arte


¿Qué significa afirmar que la pregunta “¿qué es arte?” se apoya en una lectura esencialista de esta?, y ¿por qué me opongo a abordar el desarrollo histórico del arte en dichos términos? Vayamos por partes. En filosofía, se denominan ‘esencialistas’ a las doctrinas filosóficas que postulan que existe una esencia que dota de realidad a las cosas y siempre las antecede temporalmente. Ahora, toda pregunta que busca ser contestada con una definición, es una pregunta que busca aislar las características más relevantes y propias del objeto que busca definir, es decir, pregunta por lo esencial de la cosa a definir. Lo esencial, lo relativo a la esencia, refiere al conjunto de cualidades que constituyen la naturaleza de la cosa, y es aquello permanente e invariable de ella.2 En ese sentido, toda pregunta que pretenda establecer, de antemano, parámetros para el arte, surge de una lectura que considera que es posible definir su ‘naturaleza invariable’, es decir, que podemos enunciar su esencia última, como podemos hacerlo, por ejemplo, con los elementos químicos al referir al acomodo específico de sus átomos.

El problema con toda lectura esencialista del arte es que implica un determinismo, pues la “esencia”, necesariamente, “define” cómo es que “debe ser” aquello que ha de ser considerado artístico. Si podemos delimitar una esencia del arte, entonces podremos determinar de antemano sus cualidades invariables y reducirlo a estas, a fin de evaluar toda manifestación artística futura. La razón por la que podemos definir la naturaleza de los elementos químicos es que estos no presentarán, por sí mismos, cambios súbitos en ninguna de sus cualidades específicas, mismas que, por ello, denominamos invariables. No obstante, a la luz del desarrollo fáctico e histórico de las disciplinas artísticas, ahora comprendidas como Bellas Artes, vemos que sus características no han sido invariables a lo largo de la Historia. Esta variabilidad se debe a que el arte es una actividad en constante desarrollo, además que es una actividad en la que las variaciones son apreciadas, cuando menos desde el Romanticismo. La expresión personal, la inventiva y la imaginación, son algunos de los factores que solemos disfrutar de las obras y que marcan, con su variabilidad, la distinción del arte respecto de nuestra cotidianidad.

La referencia a diversos periodos históricos señala un hecho crucial para comprender la actividad artística y su desarrollo; a saber, que ésta ha respondido, siempre, al ambiente sociocultural y político dentro del cual surge y se desarrolla. Es decir que toda obra de arte no puede más que tener un carácter histórico en tanto que perteneciente a un momento temporal determinado. Este carácter histórico del arte no tiene que ver con su conservación como reliquia, sino con el desenvolvimiento presente de su actividad y la articulación de sus momentos pasados como condición de posibilidad y terreno conceptual de referencia para los momentos actuales. Lo que señalamos con el carácter histórico no es ningún tipo de “valor inherente” de un objeto, en tanto que vestigio de civilizaciones anteriores a la nuestra; sino al hecho que el desarrollo histórico del arte, responde, necesariamente, a las tensiones que atraviesan el momento histórico dentro del cual surge. Estas tensiones forman parte de una trama conformada por sucesos acontecidos durante un pasado que llevó al hoy, mismo que dialoga constantemente con su futuro. Así, una revisión retrospectiva de la Historia del Arte, puede sentar un horizonte de comprensión que dé razón de las formas artísticas, desde lo Clásico hasta lo contemporáneo.

Lo anterior lleva a considerar que la pretensión contenida en la pregunta ¿qué es arte, en tanto que búsqueda de aquello invariable en ella, no es más que una exigencia metafísica, surgida del deseo por conservar la idea de parámetro, definición o esencia, y no un método de abordaje concreto, tangible y eficiente del transcurso histórico del arte. De ahí que tome distancia con las lecturas esencialistas implícitas en la pregunta “¿qué es arte?” y afirme que este acercamiento es inadecuado debido a sus deficiencias.

¿Entonces no podemos
responder “¿qué es arte?”?

A pesar de lo señalado, la pregunta esencialista persiste, pues no hemos encontrado una explicación que permita dar cuenta de todos los objetos que consideramos obras de arte, a hoy día. Además, las definiciones de arte hasta hoy ofrecidas son abundantes y dispares, y ninguna logra un carácter universal o definitivo.3 Que tantas definiciones fallen en definirla, de manera cabal, enfatiza su carácter constantemente cambiante y deja ver que no es a través de definiciones que se puede dar cuenta de su desarrollo histórico. Esto se debe, en parte, a que el arte no es un ente inerte y cerrado en sí mismo, sino una esfera, construida cultural e históricamente, que se encuentra en cambio constante.

Ante este panorama sugiero pensar en horizontes de comprensión surgidos de la articulación de todas o algunas de las características puestas de relieve por los vaivenes del desarrollo histórico del arte. Este acercamiento, a su vez, ha de reconocer que sólo podemos dar cuenta de esta de manera descriptiva; una vez que esta acontece, pues es imposible determinarla por anticipado. Así, un acercamiento a la pregunta por el arte que se aleje de la estructura del deber ser o de la pretensión de definición, debe atenerse a las condiciones históricas de su surgimiento, desarrollo y consolidación, mismas que se pueden entrever a través de la Historia del Arte.

La posibilidad de reorientar la pregunta por el arte con miras a transformar el horizonte de comprensión desde el que enfocamos su desarrollo, reside en reivindicar la primacía de su carácter histórico, inherente y propio, en todo intento por ofrecer una explicación de la actividad artística y su desarrollo.4 Prestar atención al carácter histórico del arte permitirá comprender los fenómenos artísticos desde una descripción de su acontecer temporal que no busca establecer parámetros o paradigmas que se impongan, como previos, al aparecer de toda obra. Reformular la pregunta por el “ser” del arte desde su propia historicidad permite un acercamiento congruente con las condiciones fácticas de aparición que las obras han tenido; al menos desde que tenemos registro de dichas condiciones gracias a Vasari.
Este retorno al carácter histórico del arte, no busca dar una respuesta sobre una supuesta esencia, y mucho menos ofrecer una definición absoluta, sino arrojar luz sobre el acontecer histórico y cultural dentro del cual ha surgido, se ha desarrollado y se seguirá desarrollando el arte; es decir, que enfatizamos su modo de ser histórico, en contraste con el deber ser implícito en la idea de parámetro o definición. El análisis del conjunto de características, reglas y formas que han conformado el desarrollo de la Historia del Arte, posibilita una explicación de la misma, alejada de los abordajes deterministas y/o esencialistas. Así, proponemos este retorno al desarrollo histórico del arte como vía de explicación de los fenómenos artísticos contemporáneos que escapan a nuestro marco conceptual o, llanamente, ¿por qué no decirlo?, no son de nuestro gusto.

Optar por este método de análisis conlleva aceptar que sólo en el desarrollo histórico del arte encontraríamos las características que le han acompañado, sin que estas le definan previamente. Este acercamiento deja abierta la pregunta sobre cuáles sean las cualidades que hagan de un objeto arte, —al mostrar como errónea la pregunta por su definición o esencia—, pero ofrece una vía de acercamiento a dichas cualidades, a saber, la revisión de la Historia del Arte.

Por todo lo anterior afirmo que la pregunta pertinente para pensar y discutir toda producción de arte contemporáneo ya no es, y por mucho, “¿qué es arte?” sino “¿cómo es que el arte ha llegado a ser lo que es hoy? Pregunta que sólo podremos responder realizando un análisis descriptivo de la Historia del Arte, alejado de los relatos progresivos,5 y reconozca, más bien, que el arte, al igual que la existencia misma, es un continuo presente. Buscar las cualidades mostradas en el desarrollo histórico del arte, ofrece elementos para un acercamiento informado a sus fenómenos contemporáneos. Así, propongo este acercamiento al arte como una vía que, más que definir impositivamente, describa sin miras a consolidar una descripción unívoca como única regla.

Notas a pie de página

[1] Estos problemas pueden revisarse más específicamente en La problemática definición del arte, de Sixto J. Castro.

[2] Conformamos esta definición partiendo de las definiciones del Diccionario de la Lengua Española, así como de Léxico de Oxford.

[3] Son bien conocidas las definiciones de arte de Platón, Hegel y Kant, por mencionar algunos filósofos de los muchos que han incursionado en este problema. Se deja el siguiente video a modo de breviario del catálogo de perspectivas de las que me valgo para reflexionar sobre la definición de arte.

[4] Hago hincapié en la ausencia de mención a posibles “metas” o “fines”, así como “causas” u “orígenes” del arte. Estos términos, y los problemas a ellos asociados, escapan a toda determinación histórica dada nuestra condición de existir en el presente.

[5] Pienso este distanciamiento de los relatos progresivos desde las reflexiones en torno al arte “posthistórico” según lo define Danto en Después del fin del arte.

Bibliografía

Castro, S. (2004). La problemática definición del arte en Estudios Filosóficos, LIII, (333-355). España, Universidad de Valladolid.

Danto, A. (2001). Después del fin del arte. Trad. Elena Neerman Rodríguez. España: Paidós.

Hegel, G. (1989). Lecciones sobre la estética. Trad. Alfredo Brotóns. España: Akal.

Kant, I., (2007). Crítica del Juicio. Trad. Manuel García Morente. España: Tecnos.

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#arte contemporáneo, #crítica, #estética, #historia del arte

por Saúl P. Quiroz

Licenciado en Filosofía con formación en Estética e Historia del Arte (UNAM). Ha sido profesor adjunto en las clases de Historia de la Filosofía y Metafísica a cargo del Dr. Ricardo Horneffer. Interesado en la ontología, la fenomenología, el vitalismo, la estética, la lógica y la teoría, crítica y práctica de las artes. Con formación en Crítica de Arte (MUAC), Curaduría (Museo Tamayo) y Museología (CCUT).

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