Lógica, Horror y Amor en el Fantasma de la Ópera

A continuación nos daremos a la tarea de reflexionar acerca de la relación que existe entre el libro El Fantasma de la Ópera con la Lógica Aristotélica. Pues bien, particularmente en el contenido del Fantasma de la Ópera, uno se enfrenta con una trama interesante, cuyo discurso seduce inevitablemente al suspenso, mismo que mantiene a sus lectores a la expectativa, siempre a la deriva de los hechos fantásticos e inexplicables suscitados a partir de ese tenebroso genio emanado de las penumbras de la Ópera Francesa.

Durante el desarrollo de esta historia el autor casi hace desaparecer la línea existente entre la realidad con la ficción, abstrayéndonos cada vez más en ésta hasta el final, mismo que apela al aparente “beneficio de la duda”, ya que precisamente, lo que hace apasionante este tipo de lecturas es el perfecto manejo del lenguaje del que se sirve el autor para desafiar al lector a someter a juicio las ideas que constituyen la historia, invitándolo a hacer un análisis sobre la existencia de este famoso fantasma.

Ahora bien, en el discurso de la historia pude identificar diferentes tipos de pensamiento, obviamente el que se repite con mayor frecuencia es el pensamiento falso, ya que las evidencias indican que un “ser sobrenatural” es el responsable de extraños y funestos acontecimientos, mismos que anuncian la presencia de ese ser diabólico que está en todas partes, no es admisible que no se le vea en ninguna parte1.

Sin embargo, lo curioso de este asunto es que, pese a que los pensamientos que la gente tiene con respecto al fantasma, son falsos y vulgares (se basaban en la difusión, en la frecuencia y en las mayorías), los pensamientos de Erik son en su mayoría son verdaderos correctos, puesto que pese a que todos sus trucos se adecúan con la realidad, hay un fundamento que explica ésta magia que deviene del ingenio y la experiencia que este personaje adquirió en su andar por el mundo con el afán de mitigar el trauma infundido por su desproporción física.

Por tanto para poder entender que el origen de esa “magia fantasmagórica” radica en la lógica, es preciso dejar claras las propiedades que tiene el concepto de fantasma en la historia, pues si bien su extensión es totalmente amplia, (la mayoría asociamos el término con supuestos espíritus o almas desencarnadas que se manifiestan entre los vivos de forma, produciendo sonidos o aromas o desplazando objetos).

La comprensión de este concepto es escasa, puesto que en realidad no se conocen las propiedades que posee un fantasma, lo cual era perfecto para Erik, dado que las ideas que se tienen de fantasma, según sus relaciones mutuas, son diversas inconciliables, puesto que un ente no puede ser un “no ente”, en términos lógicos, no tiene cavidad.

Es precisamente de esta cuestión de donde deviene un conflicto, pues si lo sometemos a un análisis según su comprensión, si se trata de determinar si la idea de Fantasma de la Ópera es simple o compuesta, fácil resulta clasificarla como “compuesta”, pues en apariencia se refiere a más de dos notas constitutivas, (razón por la que también se clasifica como una idea compleja) sin embargo la esencia de cualquier fantasma es “no ser”, por esto obviamente es una idea abstracta, dado que no ocupa ningún lugar y no existe una representación como tal. Asimismo, está la cuestión de las propiedades que tiene el término fantasma.

En cuanto a restricción esta hace referencia a que para ser un fantasma hay que carecer de materia y manifestarse a partir del movimiento de “ciertas energías” para establecer contacto con “los vivos”. Mientras que por suposición es imaginaria, puesto que hace referencia a ficciones, mismas que no corresponden a un objeto real, dado que no hay pruebas contundentes que verifiquen la existencia de los fantasmas.

Por otra parte está Christine que con su ingenuidad y enamoramiento fue presa fácil de la soberbia astucia de Erik, dado que constantemente en la historia la vulnerabilidad emocional de Christine es evidente, por lo que infiero que el tipo de ideas, según su origen, que predominan en este personaje son las ideas indirectas y derivadas, pues la mayoría de las veces estas no corresponden a objetos reales:

Christine era una jovencita educada entre un ministril supersticioso, dueña de una fe tan simple y perfecta en un genio, que, todas las noches, descendía del cielo para frecuentar los camarines de artistas de la Ópera2”.

Ideas mismas que propician que su enamorado Raoul roce la locura, pues el gran reto de este personaje es lidiar con la ingenuidad de su amada que la ha llevado a tal grado en que Christine está a merced de este supuesto Ángel de la Música.

De una o de otra forma está claro que ambos protagonistas, aparte del amor, comparten esta tendencia hacia las analogías de proporcionalidad impropia con respecto hacia el fantasma, ya que ambos (especialmente Christine) se la pasan interpretando las acciones del fantasma y hacen una relación muy pobre y nulamente explícita en tanto a la existencia del fantasma si no hasta que entra en acción este personaje: El Persa, que cuenta los trucos de Erik y ayuda a Raoul a rescatar a Christine.

Evidentemente, no profundicé el análisis de los protagonistas de la historia, puesto que sus personajes tienden hacia un carácter representativo emotivo, mismo que en Lógica no es de interés, puesto que no se pueden someter a juicio común los sentimientos.

Mi conclusión con respecto al libro es que la maravilla del personaje de Erik radica en la metodología que aplicaba en todos y cada uno de sus actos, tiene tan bien estructurada la lógica que puede darse el lujo de parecer una sombra, pues a mi parecer la razón que lo llevó a desaparecer ante el mundo como Erik y “renacer” como fantasma, es que prefería ganarse el “respeto” de la gente enfocando su astucia y destreza mental para asustarlos e infundir de cierta manera, el respeto que se le había negado durante su errante existencia como Erik, buscaba preservar su imagen a partir del misterio y terror.

¿Y qué mejor manera de conseguirlo, si no en las penumbras de la Ópera? Lugar en que Erik conocía perfectamente, pues en estos sótanos fue donde encontró afinidad con su naturaleza artística, fantasiosa y mágica, cualidades que lo hicieron imponerse, transformándolo en un ser escurridizo y que ayudado de su traje negro le permitían camuflajearse con la oscuridad, favoreciendo así su aspecto fantasmal y macabro cuyo complemento perfecto era la máscara que cubría algo más que sus deformidades faciales; si no que escondía a un gran genio que fue capaz de compensar la belleza que le fue negada con una astucia admirable y soberbia, misma que era imposible ser rebajada a términos tan simples como aficionado de las trampa3 y por ende, mucho más que un ente tan “ordinario” como un simple fantasma.

Notas al pie

[1] Leroux Gastón, El Fantasma de la Ópera, Losada, Argentina, 2008, p. 50.

[2] Ibid, p. 101.

[3] Ibid, p. 278.

Artículo de:

Silvia Suleyka Arzaluz Lozano (autora invitada):
Egresada de la Licenciatura en Filosofía por parte de la Universidad La Salle. Imparte clases a nivel Medio Superior, además se desempeña como Profesora  Particular para regularizar estudiantes en asignaturas de Filosofía, Humanidades, Ciencias Sociales e Inglés. 

Imagen | Pixy

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