fbpx

“Los olvidados de la democracia”: una lectura teórica sobre Jacques Rancière

En un trato hipotético y, a nivel general de las ideas, la política surge como una herramienta que intenta justificar el orden de los ciudadanos y la desigualdad. La política surge como la voz de quiénes tienen privilegios y de quiénes no los tienen. Para unos, preserva su sistema-mundo, para otros, es seguir leyes, instituciones como formas de proceder y en reclamo de lo que no se tiene. Es la ficción de ser  (tener) y no ser (no tener). 

La democracia es gobierno del pueblo, para el pueblo y con el pueblo… no es asunto de un solo hombre o grupo de gobernantes, es asunto de todos”… mencionó el 23 de noviembre, 2019 en Chilapa de Álvarez, en Guerrero, México, el presidente Andrés Manuel López Obrador.

La finalidad de la política es el supuesto de lo que se ha considerado como “igual”, por ejemplo, en la democracia de Pericles, en palabras de Tucídides1: “Todos los hombres son iguales” (menos los esclavos y las mujeres) y aquí entendemos un problema de igualdad y es ¿qué es “igualdad”? Si la entendemos desde la lógica aristotélica, la igualdad es el predicado de otras relaciones que son simétricas, reflexivas y transitivas. Sin embargo; Ranciére entiende que aún hay igualdad en lo desigual porque, si partimos de que lo igual no existe, damos por entendido que sí hay desigualdad, diferencia. Pero desde la teoría del autor, donde se sitúa su reflexión, considera que la estructura de lo desigual parte de una base igualitaria. En otras palabras, en la relación amo- esclavo (una relación hegeliana que da cuenta del otro, el otro es el que me permite existir y que después adoptará Lacan) la base igualitaria es una base prioritaria donde se sitúan las relaciones desiguales. Rancière considera en su libro: el desacuerdo, que en una sociedad el mandato es acatado por alguien inferior he allí la igualdad, no cambia porque quien manda, manda a un subordinado (Rancière, 1996:52).

El autor considera que en la cuestión política y social, no es el consenso una característica de las políticas sino el desacuerdo. En sus investigaciones, separa dos conceptos, a saber: policía/vigilante y política/ desacuerdo. Lo que trata  la ciencia política como política o lo político para Rancière no es más que vigilante. No se refiere solamente a la policía uniformada que patrulla la zona vigilando el cumplimiento social de las leyes sino a una policía entendida como un orden sistemático que legitima una dominación en donde se les hace creer a quiénes están fuera de este sistema que son incluidos en igualdad de condiciones. El autor pone de ejemplo las elecciones, parafraseándolo: la sociedad juega un papel paupérrimo en el juego discursivo y las relaciones de poder se ajustan, y reajustan las fuerzas políticas, pero dentro del discurso político hegemónico dominante, se les hace creer a los votantes que son actores fundamentales para una democracia” (Rancière,1996:117). Si pensamos en la democracia mexicana, no es “el triunfo del pueblo” lo que hizo posible el cambio de gobierno sino el reacomodo discursivo de dominación que se justifica y justificó con los actores sociales. El pueblo no quita y el pueblo no pone, sólo ocupa un lugar marginal en las posiciones de un sistema policial que valida la conformación de su gobierno.

Discordancia política

Ahora bien, como la alternativa o respuesta que se contrapone al orden policial, surge la política que es entendida por el autor como una fisura en el orden policial de la dominación que se manifiesta en un desacuerdo. La política no es pues votar o esperar a ser consultados, sino hacerlo cuando no se tenga el llamado, si es votar, dejar de hacerlo, modificar el rumbo del sistema policial.

Estas dos fuerzas (policía y política) se contraponen: La policía pretende pasar como política que se distribuye en legitimaciones. Rancière define a la policía como “[…] conjunto de los procesos mediante los cuales se efectúan la agregación y consentimiento de las colectividades, la organización de los poderes, la distribución de los lugares, funciones, y los sistemas de legitimaciones de esta distribución…” (Rancière, 1996:43) Si pensamos en la distribución de la política, como se concibe, la democracia no es ni será un asunto de iguales, pero la ideología “igualitaria” ha hecho creer que es así. El concepto de igualdad es una abstracción, herencia de la modernidad. La democracia tiene parte de esta abstracción desde el entendimiento de Pericles: “Todos los hombres son iguales, menos los esclavos2 pero los primeros críticos de la democracia fueron Sócrates, Platón y Aristóteles. En la República, Platón considera que la democracia es de todas las formas perfectas de gobierno, la imperfecta, y de las peores formas de gobierno, la mejor3. La democracia es la voluntad del pueblo, pero, ¿cuál voluntad? ¿Qué es voluntad del pueblo? No dice nada, la masa es amorfa, la voluntad no se sabe, no podríamos pensar siquiera que haya una voluntad, pero el sistema policial que habla Rancière, se impone sobre una posible voluntad haciendo pensar y creer que el pueblo ha hablado, ha mandado, ha dicho, dirige, etc. Lo que se ha considerado como “los pobres”, “primero los pobres”4 son un botín político porque quien vive en condiciones paupérrimas, se identifica pensando en que es un gobierno en donde se les da prioridad. La mayoría de los gobiernos políticos utilizan en menor o mayor medida la pobreza. No se puede acabar con la pobreza, es tautológico pensar que ya no habrá pobres combatiendo la pobreza.

Hay política porque quienes no tienen derecho a ser contados como seres parlantes; se hacen contar entre estos e instituyen una comunidad por el hecho de poner en común el desacuerdo, que no es otra cosa que el enfrentamiento mismo, la contradicción de dos mundos alojados en uno solo: el mundo en que son y aquél en que no son, el mundo donde hay algo entre ellos y quienes no los conocen como seres parlantes y contables, y el mundo donde no hay nada. Nosotros nos movemos entre lo que hay y no hay. (Rancière, 2010: 42)

Apuntes finales

Ahora bien, las diferencias entre política y policía que ha hecho Rancière ha incitado esta distinción entre política y policía haciendo creer que son, y que la policía configura una especie de orden positivo que se ve interrumpido por la política, que adquiere en consecuencia un carácter de acontecimiento, de exterioridad. Žižek menciona que hay un abismo entre el orden (policial) y la intervención política que altera la función policial. Una de las cuestiones más interesantes del libro el desacuerdo de Rancière es la posibilidad de encontrar una revolución que conecte de nuevo con la política encontrando nuevas interpretaciones. Intentar liberar a la política y rescatar a los “invisibles5” a través del desacuerdo- político de lo que se ha llamado gobierno.

Notas al pie

[1] Tucídides, Historia de la Guerra del Peleponeso, introducción general de Julio Calonge Ruiz,1990

[2] Refiere un dilema tal concepto pues si admitimos que la democracia es que todas las opiniones valen menos la de los esclavos, entonces no valen igual.

[3] Es sabido que dentro de las formas de gobierno, la democracia es  la relación de pares, las opiniones de unos tiene el mismo peso, que las opiniones de otros, y se elige una según la cual, tenga mayoría de voto. Sin embargo, Platón y Aristóteles cuestionan ello, ¿Por qué se debe tomar en cuenta a la mayoría? Parafraseando su pensamiento político, ellos consideran que por ejemplo: un zapatero, opinará sobre los zapatos, pero no puede opinar sobre otras cuestiones porque no tiene la facultad para ello, pero, cuando se habla de formas de gobierno ¡Todo mundo opina! He allí la separación de esta forma de gobierno.

[4] Aquí, refiero las palabras del Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, Andrés Manuel López Obrador, quien hace referencia a que en la democracia, el pueblo manda y los pobres son primero, de hecho, en varios discursos (véase las redes sociales oficiales del gobierno) menciona que ya no hay corrupción, y sí una “real democracia”.

[5] La política  de los “olvidados” es la política de un accidente en la policía, llamada: desacuerdo.

Bibliografía

Aristóteles, Política, Barcelona, Altaya, 1993.

Heidegger, M. La constitución onto-teológica de la metafísica, en Identidad y diferencia, Barcelona, Anthropos, 1990.

Rancière, J. El desacuerdo. Política y filosofía, Buenos Aires, Ediciones Nueva Visión, 1996.

Rancière, J. El odio a la democracia, Buenos Aires, Amorrortu Editores, 2006.

Rancière, J., La democracia es el poder de cualquiera, Reportaje a Jacques Rancière por Amador Fernández Savater, 3/2/07, El País.

Žižek, S. El espinoso sujeto. El centro ausente de la ontología política, Buenos Aires: Paidós, 2005

Artículo de:

Eric Rodríguez Ochoa (autor invitado):
Docente, escritor e investigador de la Lic. en Psicología Crítica.

Imagen | Pexels

#Democracia, #desacuerdo, #estado, #ficción, #igualdad, #Libertad, #política

por autores invitados

¿Te gustaría escribir para nosotros? Puedes hacerlo enviando textos de forma esporádica o unirte a nuestro equipo permanente de autores. Para más información, envíanos un mail: contacto[at]filosofiaenlared.com

error: Content is protected !!