En el presente artículo hago un breve análisis sobre lo que son las redes sociales, lo que implican y el cómo se viven. También menciono por qué considero que están quizá en una realidad aparte del “mundo real” pero que, por lo mismo, apuesto porque nos dejemos realmente influenciar por ellas y las veamos, desde la academia, como un elemento clave y necesario dentro de la comunidad.

El diccionario prehispánico de dudas de la Real Academia de la Lengua Española define como red social “[…] Servicio de la sociedad de la información que ofrece a los usuarios una plataforma de comunicación a través de internet para que estos generen un perfil con sus datos personales, facilitando la creación de comunidades con base en criterios comunes y permitiendo la comunicación de sus usuarios, de modo que pueden interactuar mediante mensajes, compartir información, imágenes o vídeos, permitiendo que estas publicaciones sean accesibles de forma inmediata por todos los usuarios de su grupo.” La anterior es una definición demasiado abstracta que, aunque valga la redundancia define, no extrae del todo el “alma” de las mismas. Celaya (2008) comprime la definición, diciéndonos: “Las redes sociales son lugares en Internet donde las personas publican y comparten todo tipo de información, personal y profesional, con terceras personas, conocidos y absolutos desconocidos”.

Como vemos, en ambas, de una u otra manera, existe algo constante: compartir. Y esa es la magia más allá de conceptos fríos o que rozan la academia. Más aún, creo que las definiciones en “cosas” que se experimentan están de más. Las redes sociales en lo general no se entienden si no se viven, si no se está en ellas; y, más aún, un tipo de red social (cualquiera) no se comprende si es que no nos damos el tiempo de perdernos en ella. Como el gran fenómeno social que son, entenderlas implica estar dentro. Creo que es ambicioso -y soberbio- pretender analizar y comprender a los usuarios desde “la barrera”, es decir, en el famoso modo Dios en el que solo vemos y emitimos un juicio.

Personalmente, aunque comparto ambas definiciones, creo que se quedan cortas. Es muy cierto que, como dice el diccionario prehispánico, en las redes sociales se crean comunidades (la clave de todo el concepto), que se comparte todo tipo de información y que esta está accesibles para -técnicamente- cualquiera; pero incluso podríamos decir actualmente que son espacios de refugio: para escapar de la realidad, para evitarla; o peor aún, para como si de “The Matrix” (Warner, Bros. 1999) se tratara, crearnos una ad hoc a lo que queremos o creemos que necesitamos.

Si bien todos los avances de la humanidad a lo largo de los siglos son fruto de la evolución tecnológica, el Internet forma parte de una revolución. Tomando nuevamente a la RAE, el diccionario en su segundo concepto nos dice que revolución es “[un]… Cambio profundo, generalmente violento, en las estructuras políticas y socioeconómicas de una comunidad nacional.” Las diferentes innovaciones en comunicación a lo largo de la historia han cambiado la manera de entender el mundo (imprenta, radio, televisión) pero el Internet ha roto paradigmas de muchas maneras y en tiempo récord. La Red nos permite no solo enterarnos de lo que sucede en otras partes del mundo (algo que sucedía ya con los medios de comunicación tradicionales), además nos permite interactuar con personas en cualquier parte del globo (dirán, el teléfono lo permitía, pero a costos elevados y no de tan fácil acceso); sumado a lo anterior, el Internet es capaz con su infraestructura de hacer funcionar empresas y organizaciones aunque sus miembros estén literalmente esparcidos por el mundo, entre muchas otras cosas más.

Hablaba anteriormente que las redes sociales en lo general se tratan de un fenómeno social y como tal implican que sí o sí tienen un impacto cultural; estas inciden en la historia, la corrompen (en el buen sentido) marcando una huella indeleble, como muchos otros sucesos virtuales y físicos pero de la cuál considero recién comenzamos a intentar detectar, y no solo porque son algo “reciente” sino, sobre todo, porque pareciera que existen en un mundo paralelo que aunque está inmerso en el nuestro no corre a la misma velocidad en el que además está implícita la “cultura meme”, es decir, lo efímero. El contenido es regularmente para consumir rápido y para olvidar de la misma manera. Incluso ahora con la creciente ola hacia TikTok y los Reels de Instagram, así como los Shrots de YouTube, las plataformas están apostando más por material súper volátil (de 15 a 30 segundos) que es fácilmente descartable con un swipe. Esta situación, pese a que existe en la “cultura del descarte” sucede también en la vida off line y eso nos lleva a que “la realidad” de las redes sociales no sea totalmente distinta al mundo “real”.

Para concluir, me gustaría mencionar el hecho de las comunidades. Son, sin lugar a duda, algo que es implícito no solo a Internet si no a cuándo creas algo que implique personas. Internet, dirá el eslogan, nos une y, por tanto, la creación de estas comunidades es algo esperable y natural. Me gustaría cerrar con una crítica, o reflexión, un poco ácida a uno de los lineamientos habituales hacia los trabajos a entregar en las universidades: se piden referencias confiables, y se descarta la Wikipedia. No quiero abrir acá un gran debate, pero me parece interesante que dentro de escuelas incluso virtuales se descuente una gran fuente de contenido emanado precisamente de la comunidad de Internet.

Wikipedia es una enciclopedia libre, que sí, puede ser editada por cualquiera, pero que está sostenida por una enorme red de voluntarios que constantemente monitorea la veracidad de los artículos y si se llega a cometer vandalismo, dichos artículos no llegan ni a sobrevivir en línea por más de cinco minutos. Es decir, hay una comunidad detrás de ella. Wikipedia no es una red social, ya que solo es canal de comunicación unilateral, pero hablando de cambios culturales, cambios que implican hacer revoluciones en todos los ámbitos de la sociedad, incluidos la academia, no estaría de más darle un peso más importante y relevante al trabajo fruto de las comunidades virtuales.

Bibliografía

Real Academia Española – RAE. (s. f.). red social. Diccionario panhispánico del español jurídico – Real Academia Española. Recuperado 13 de septiembre de 2021, de https://dpej.rae.es/lema/red-social

Celaya, J. (2008). La Empresa en la WEB 2.0. Editorial Grupo Planeta, España.

RAE. (s. f.). Revolución | Diccionario de la lengua española. «Diccionario de la lengua española» – Edición del Tricentenario. Recuperado 13 de septiembre de 2021, de https://dle.rae.es/revoluci%C3%B3n

Hütt Herrera, Harold (2012). LAS REDES SOCIALES: UNA NUEVA HERRAMIENTA DE DIFUSIÓN. Reflexiones, 91(2),121-128.[fecha de Consulta 13 de Septiembre de 2021]. ISSN: 1021-1209. Disponible en:   https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=72923962008

Imagen | Pixabay

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por Miguel Ángel

ceo de filosofía en la red, drando. en Filosofía, mtro. filosofía y valores, lic. en psicología organizacional, PTB en enfermería; catedrático de licenciatura en la Universidad Santander (México)

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