Hay tanto que se puede decir sobre la filosofía y a su vez, cada vez, se dice tan poco. En una época en la que pareciera que la reflexión y la contemplación tomaban una especie de segundo aire tras los confinamientos masivos producto de la pandemia por COVID-19, el saber filosófico sigue siendo relegado a un arte inútil o incluso infructuoso.

El tercer jueves de noviembre de cada año se conmemora el día internacional de la filosofía con la intención de renovar el compromiso con dicho saber, alentar el análisis e investigación ante los problemas modernos, sensibilizar a la población en general sobre la filosofía y subrayar la importancia de su enseñanza en las generaciones futuras, pero: ¿se consigue?

Más allá de las múltiples conferencias, conversatorios, coloquios y actividades que universidades, comunidades, influencers y demás organizan, la phílosophía se sigue quedando estancada; aunque son y somos muchos los que impugnamos para que salga de la academia, el saber filosófico se sigue quedando estancado en la estantería de muchas bibliotecas, o peor aún, en la mente de grandes pensadores.

La filosofía tiene que mirar más allá y para eso, el oficio filosófico tiene, en primer lugar, que abrirse a los demás. Es por muchos conocido que se suele desprestigiar o infravalorar a las reflexiones que emanan de personas que no tienen una formación filosófica per se; también cogemos con pinzas aquellas que carecen de bibliografía porque no tienen sustento; necesitamos, para ser considerados pensadores serios, usar al menos un 50% de fuentes de WoS o Scopus; o peor aún, contar con un factor h aceptable.

Para proyectos de Internet es complejo, por llamarlo a menos, tener el mismo peso o trato, ante la academia, que revistas científicas. Una persona que escribe para un blog o una revista electrónica, sus trabajos, no tienen aún el renombre en el curriculum que un texto de una revista indexada, pero el pensamiento no debería de encasillarse a tan poco ni limitarse a las nuevas tecnologías. Es más, se tendrían que aprovechar, para bien, este tipo de téchnē  para propiciar diferentes formas de entender el mundo.

Y es que no solo se puede divulgar filosofía, algo que afortunadamente muchas personas ya hacen en Instagram, YouTube o TikTok. También se puede crear, también se puede filosofar. Filosofía en la Red es un claro ejemplo: día tras días se publican textos inéditos, no solo con una intención divulgativa o de acercamiento a su historia, que es válido y necesario, sino también, más de 60 personas de 13 países, plantean constantemente preguntas a problemáticas actuales que buscan y necesitan intentar ser respondidas.

La reflexión filosófica no debe de ser elitista. Sí, los puristas dirán que se necesita tener una base o sustento, que eso lo dan los clásicos o que se obtiene fruto de la investigación, pero ¿acaso esos famosos clásicos tuvieron dicha formación? Y aún así atesoramos sus saberes.

Quizá podríamos aludir a la cultura que todo ser humano posee fruto de su contexto social e histórico, y que tal vez parte de esa formación proviene del bagaje que va adquiriendo conforme avanza en edad: ¿el haber obtenido saber a la vieja usanza le invalida?, ¿acaso antes no se valoraba a los ancianos por serlo -por haber vivido- no importando incluso si fueron o no a la escuela?

Hay muchas personas, en la calle y en la web, que ofrecen reflexiones que pueden sorprender a cualquier doctor con honoris causa​. Reflexiones que impresionan e impactan por su profundidad y sobre todo, practicidad. Al final del día, ¿qué aporta realmente la filosofía?

¿Un cúmulo de saberes con los cuáles vanagloriarse o, por el contrario, una plataforma de conocimientos para brindarnos conceptos, valores y principios universales? La filosofía plantea preguntas e intenta resolverlas con la intención de ayudarnos a comprendernos a nosotros mismos y a los otros. Aprisionar la sapiencia no nos ayuda a comprendernos y peor aún, nos aleja de los demás.

Replanteemos, en este día de la filosofía, lo que queremos de ella y el cómo lo queremos: estudiarla es importante, divulgarla es crucial, enseñarla es vital, pero propiciarla es la clave.

Imagen | Unsplash

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por Miguel Ángel

ceo de filosofía en la red, drando. en Filosofía, mtro. filosofía y valores, lic. en psicología organizacional, PTB en enfermería; catedrático de licenciatura en la Universidad Santander (México)

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