En el siguiente escrito me centraré a explicar cómo el filósofo Santo Tomás de Aquino (1225 – 1274), anheló mostrar la diferencia que existe entre la filosofía y la teología, ya que la filosofía, con base en sus dichos, es la sierva de la teología, pues esta última se basa en Dios. Por ende, posee la verdad, en tanto la filosofía por momentos se desvía del camino y puede llegar a cometer errores.  De esta manera, su función consistirá en ayudar a la teología a través de la argumentación lógica.

También estudiaré cómo el principio de la inteligencia se da a través del ente y la esencia, partiendo obviamente de que la verdad es Dios. Así, Tomás afirmó que en primer lugar se conocen las cosas compuestas y luego las simples. Para profundizar en esto, se verá como Tomás estudia el ente y lo que significa, para luego poder indagar el significado de la esencia, ya que esta es más simple. Mientras que el ente no lo sería, derivando de esta manera el ente de la esencia. También analizaremos cómo se encuentran sustancias simples y compuestas y si en ellas se encuentra la esencia presente. Para poder profundizar, reflexionar e indagar en todos estos aspectos, en este escrito, se utilizará el texto del Aquinate titulado El ente y la esencia, un escrito de juventud en el que muestra su pensamiento y trata de solventar la comprensión de los términos ente y esencia.

Santo Tomás se centrará en primer término en ver quien se encarga de captar al ente y la esencia; recordando a Avicena, dirá que lo hace el intelecto. Hay que recordar que, para el filósofo, la razón está al servicio de la teología, siendo su sierva. En consecuencia, se partirá de la palabra ser, la cual posee dos acepciones: 1) es la sustancia de la cosa y se divide en diez categorías, siendo necesario que la esencia sea común a todas las naturalezas por las que los seres tienen distintos géneros y especies; 2) cuando se llama ser a todo aquello de lo que se pueda denominar algo. De esta manera, la primera acepción posee mayor trascendencia, ya que se enfoca en lo que tiene alguna realidad.

Luego de ver cuál era la manera más acertada de definir al ser, Tomás dirá que el término “esencia” no deriva de “ser” en su acepción secundaria, porque si así fuera se podría llamar “seres” a cosas que no tienen esencia, como las privaciones; el término “esencia” deriva de “ser” en su sentido primario” (Thomæ Aquinatis, 2003; p. 2) Por lo tanto, la palabra ser, en la primera acepción, será la sustancia de la cosa. Afirmando nuevamente esto, se dividirá en diez categorías, de esta forma la esencia tendrá que ser lo que es común a todas las naturalezas de los seres en los cuales hay diferentes géneros y especies.

Siguiendo con la primera acepción, el ser es predicado de la sustancia porque está en la sustancia y secundariamente en los accidentes. De esta forma aparecen dos tipos de sustancias “las sustancias simples cuanto las compuestas tienen esencia, pero en las simples la esencia está de un modo más verdadero y noble, porque ellas tienen también un ser más noble” (Thomæ Aquinatis, 2003; p. 4). Por ende, son más importantes las sustancias simples, no obstante al permanecer ocultas, se debe partir de las sustancias compuestas. Estas últimas cuentan con materia y forma, lo cual abarca a todos los seres y en el hombre se denomina cuerpo y alma. Hay que tener en cuenta que para Tomás, el hombre es vital porque es el único que posee razón y se puede percibir a sí mismo.

Basándonos en lo recientemente mencionado, la esencia en este tipo de sustancia será lo que posea materia y forma, ya que no se encuentra en uno o en, sino en todo el ser compuesto.

La esencia es aquello dentro de cuya estructura la cosa es. Por eso la esencia, de la cual la cosa toma el nombre de “ente”, no es sólo materia ni sólo forma, sino una y otra.

(Thomæ Aquinatis, 2003; p. 6) 

En donde el principio de individuación es la materia señalada, comprendida en determinadas dimensiones. De esta manera se entiende la determinación del individuo, en tanto la determinación de la especie respecto al género se basa en una diferencia constitutiva.

Por otra parte, el cuerpo puede ser cualquier cosa como un animal o piedra; este cuenta con tres dimensiones distintas: el género, la especie y la diferencia. Estas se relacionan proporcionalmente con la materia, de esta última, el género y la diferencia toman de ella y aluden al todo. Con base en esto, el filósofo afirma “así decimos que el hombre es animal racional y no la resultante de animal y de racional, como decimos consta de cuerpo y alma” (Thomæ Aquinatis, 2003; p.12).  Tanto el término hombre como humanidad expresan la esencia del hombre, pero de manera distinta, el primero como todo y el segundo como parte, por esto mismo el término esencia se aplica a un ser.

El término naturaleza o esencia, posee dos acepciones, el primero posee noción propia y este es su sentido absoluto. Mientras que la segunda acepción se encuentra en un sujeto concreto, de esta forma obtiene un doble ser; por un lado en las cosas singulares y otro en el alma, así la naturaleza obtiene sus accidentes.

Por eso cuando se pregunta si la naturaleza es una o muchas se debe responder negando las dos cosas; porque la unidad y la pluralidad caen fuera de la noción de humanidad y ambas pueden corresponderle.

(Thomæ Aquinatis, 2003; p.18)

La naturaleza posee un ser abstraído de toda característica individual y una noción uniforme para todos los individuos que están fuera del alma. Por ser imagen de todos ellos, los hombres se inducen al conocimiento de estos habiendo una relación tan unida que el entendimiento halla la noción de especie y la toma como propia. Así, es el entendimiento el que universaliza las cosas. Basándonos en esto, hay una relación entre la noción de especie y de naturaleza.

En la noción especie no se origina en los elementos pertenecientes a la esencia absolutamente considerada ni en los accidentes que la acompañan en su existencia individual fuera del alma (tal es el caso de la blancura y la negrura), sino en función de las características accidentales que la acompañan por el hecho de tener una existencia en el entendimiento.

(Thomæ Aquinatis, 2003; p. 22).

Es fundamental ver también como la esencia se desenvuelve en las sustancias separadas como son el alma, la inteligencia y la sustancia primera. De esta manera es vital que sea completamente inmune a toda materia, ni entrando a formar parte de ella ni siendo forma impresa, como pasa con las sustancias materiales. También, se debe aclarar que no toda materia se priva de la inteligibilidad, es únicamente la materia corporal la que le ocurre esto. Así, la inteligencia “tiene forma y existencia, entendiendo por forma la misma quididad o naturaleza simple” (Thomæ Aquinatis, 2003; p.24). Las formas próximas de la sustancia inteligente, son formas que subsisten sin necesidad de que haya una materia, ya que estas formas son inteligencias, de este modo dependen únicamente de su forma misma.

Se puede ver una diferencia vital con la sustancia compuesta: su esencia es forma también como materia no pudiéndose predicar de cualquier manera. Pero la sustancia simple está compuesta de forma y existencia, así su esencia es su forma que es expresada como totalidad, en efecto “la esencia de la sustancia simple siempre se puede predicar de la propia cosa simple” (Thomæ Aquinatis, 2003; p.25) porque la forma es causa de la existencia de la materia y esta última sin la forma es imposible que exista. No obstante la forma no es dependiente de la materia, en todo su género no necesita de la materia.

Estas sustancias a pesar de no depender de la materia, aún no pueden llegar a ser acto puro; estas se mezclan con la potencia porque “cualquier cosa que no entra en la noción de esencia, proviene desde afuera y entra en composición con ella, porque ninguna esencia puede concebirse sin sus partes” (Thomæ Aquinatis, 2003; p. 26). Por ende, al no poder ser acto puro necesita del ser primero, el cual es existir puro y este nada más ni nada menos que Dios, la causa primera. Este hace subsistir a la inteligencia, en el mundo de las cosas reales, porque posee las perfecciones en modo más óptimo que todas las demás cosas, ya que en Él son unidad y por la simplicidad de su ser todas convergen en Él.

Con lo recién mencionado, se puede ver que Tomás, se está refiriendo a Dios, ya que él es acto puro y de él, parten todas las cosas que conocemos. “Por consiguiente, un ser que sea su propio existir, no puede ser sino único” (Thomæ Aquinatis,2003; p.27). En consecuencia, la inteligencia que es forma tiene que estar en potencia respecto del ser que recibe de Dios, así una vez que es recibido tiene que ser acto. De esta forma, en la inteligencia se encontrará potencia y acto. Ambos, menciona Tomás, también están en el último nivel de las sustancias intelectuales, las cuales son las almas de los hombres.

Por otro lado, se encuentra la esencia en las sustancias intelectuales creadas, donde una cosa es el ser y otra su esencia, así su existencia es recibida y no absoluta, siendo finita y limitada. Pero su naturaleza es absoluta y se clasifican en categorías. Estos tienen género, especie y diferencia. Su forma es el principio de donde surge la diferencia y recibe el nombre de diferencia simple. Y en tercer lugar la esencia se encuentra en las sustancias, compuestas por materia y forma, donde la existencia es recibida y finita, por venirles de otro ser.

Volviendo a Dios, se debe decir que, al ser pureza total, se convierte en un ser distinto. Uno de los objetivos más importantes del filósofo fue el demostrar que por Dios se puede acceder al conocimiento, ya que él es la respuesta a todas las cosas. Así, aparece primer lugar a la teología y luego la que se va a encargar de poner en funcionamiento a la razón, es decir, la filosofía. Pero, como mencionaba al inicio, la filosofía puede cometer errores al momento de buscar el camino a la verdad y por eso que la teología nos lleva a ella, que es Dios, el cuál para Tomás, siempre estará por sobre la filosofía.

En último lugar, también la esencia puede encontrarse en los accidentes, estos la poseen en la medida en que van teniendo definición, aunque esta no puede se da de manera incompleta, ya que de por sí los accidentes necesitan de un sujeto. Es decir, que son completamente dependientes de este.

Hay accidentes que derivan de la materia, accidentes del individuo, que poseen diversidad. Al depender del individuo, una vez que este desaparece, los accidentes también lo hacen. Luego los de la forma son las características propias del género o especie, “se encuentran en todos los individuos que participan de esa naturaleza genérica o específica, como el ser risible en el hombre deriva de la forma, pues la risa tiene su origen en una aprehensión del alma humana” (Thomæ Aquinatis, 2003; p.39). También los que derivan de los principios esenciales causados por el acto perfecto, como puede ser que del hielo prevenga el frío. En consecuencia, las diferencias en ellos son determinadas por la diversidad de los principios por lo que son causados. 

A modo de cierre, sin duda el trabajo de Tomás para explicar cómo la esencia se va desenvolviendo en los distintos tipos de sustancias, desde la más compuesta con materia y forma hasta pasar por las sustancias inteligentes que poseen forma y existencia, es crucial.

Comparto con Santo Tomás que, sin la verdad revelada, sin Dios, la filosofía no puede desenvolverse con certeza, ya que como bien decía, se podría llegar a cometer el error de perderse en el camino. Por eso, como teólogo, necesitó de un conjunto de principios filosóficos a los que recurrir. Espero haber mostrado el cómo Tomás fue reinterpretando las nociones fundamentales de la metafísica de Aristóteles, a la luz de la verdad cristina.

Es increíble cómo Tomás pudo conciliar lo que creía, es decir, sus posiciones teológicas, con la concepción filosófica con la que se iba formando. Junto a Aristóteles supo descubrir hasta dónde podía llegar la filosofía en el camino de la verdad. Así, vio que para acceder a la filosofía debería depender de la teología porque Dios es la verdad y es el camino a seguir.

Bibliografía

Tomás de Aquino, De ente et essentia, editorial Luventicus, 2003.

Imagen | Wikipedia

Artículo de:

Sol Maria Catolino Carísimo (autora invitada):
De Buenos Aires, Argentina. Profesora de filosofía egresada del instituto Pbro. A. M. Sáenz y lic. en filosofía en la UCALP de la ciudad de la Plata.

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