Jonh Locke (1632-1704) fue un filósofo y médico inglés que fungió como un pensador de gran relevancia por poseer un juicio analítico ante sucesos contextuales dados en su época, tales como las ideologías religiosas que se plasman en el Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil (1690). Concretamente abordaremos el capítulo V, titulado De la Propiedad, en el cual John Locke justifica la conquista del continente americano.

Entrando en material, desde el inicio del apartado mencionado Locke dice algo muy relevador, esto es, que Dios (citando lo que dice David en Salmos 115:16) “ha dado la tierra a los hijos de los hombres” (2006, p. 32). Lo cual traduce en “justificar la propiedad partiendo de la suposición de que Dios entregó el mundo a Adán y a su posteridad para que todos lo tuvieran en común” (2006, pp. 32-33). De ahí que se pueda conceder que Locke toma de base las sagradas escrituras como un medio para justificar el uso y pertenencia de las tierras. En suma, dice que “sin necesidad de que haya un acuerdo expreso entre los miembros de la comunidad” (2006, p. 33): Esto es, que cualquiera se puede adueñar de territorios, suelos, áreas porque sí o mejor dicho porque así lo expresa el legado de Cristo Jesús desde las Santas Escrituras. Además, parece reforzar este razonamiento cuando en el capítulo II titulado Del estado de naturaleza menciona que:

1) El cuerpo propio nos pertenece y los frutos del trabajo del cuerpo.

2) Ya que, cualquier cosa que el hombre saque de la naturaleza al modificarla con su trabajo le añade algo propio, ajeno que no tenía.

3) Y dado que el trabajo es de quien lo hace, entonces, la cosa trabajada es más valiosa y se obtiene propiedad ante ella.

En otras palabras, el hombre al momento de labrar cierta tierra invierte gastos para su mayor aprovechamiento. Y dado que Locke concede que Dios ha dado a los hombres tanto al mundo como a la razón para que de la naturaleza se saque el mayor beneficio. De ahí que crea que los suelos trabajados tienen mayor valía que los que no, puesto que los resultados del trabajo de quienes labran el suelo son mayores a si se dejasen a la suerte de la naturaleza. En suma, en todo esto subyace la idea que legitima que la propiedad es de quien la labra.

Desde ese sentido a Locke le parece pertinente dar el ejemplo de la conquista del continente americano al decir que “no puede haber demostración más clara de esto que lo que se ve en varias naciones de América, las cuales son ricas en tierra y pobres en lo que se refiere a todas las comodidades de la vida” (p. 47). Lo que expresa aquí es que en el continente americano la tierra es sumamente abundante y fértil, pero pese a esto no hay comodidades de vida ni siquiera próximos a las que goza un “jornalero de Inglaterra” (p. 47), en suma, cree que por ello no se disfruta de la vida. En otras palabras, la falta del trabajo en las tierras imposibilita sacar su mayor aprovechamiento y esto interviene en la carencia del disfrute de la vida misma.

Más tarde Locke dice:

Todos esos bienes que la naturaleza había proporcionado comunalmente, cada individuo tenía derecho a ellos en la medida en que pudiera usarlos, como ya hemos dicho; y podía apropiárselos en la medida en que los hubiera mejorado con su trabajo

(2006, p. 51)

Es decir, A Locke le parece adecuado que se trabajen las tierras del nuevo continente a manos de europeos, para con lo cual se tienda a un aumento benéfico que abra posibilidades de comercio internacional que en las tierras de América es nulo. Entre otras cosas, “pues en ninguna parte se conocía allí cosa parecida al dinero”. (Locke, 2006, p. 54)

Pese a esto me gustaría abrir un gran paréntesis y este es que, aunque Locke hubiese o no dicho lo antes citado sobre la justificación de la conquista de América, ésta aún sin lo dicho se iba a dar. Ello por la gran cantidad de intereses económicos que se podían rescatar. Lo que me interesa concretar en este texto es el gran desatino que tuvo Locke en su interpretación bíblica.

Dicho esto, continuaré. Por supuesto que la conquista y el saqueamiento de recursos naturales se hizo, y de la forma más funesta y despótica al esclavizar y aniquilar a los nativos indios de América. Indígenas que descubrieron las más grandes barbaries de las que el colonizador europeo estaba dispuesto a hacer con tal de llenarse las manos con contingente “riqueza”. Así, faltos de valores creyeron instaurar la “civilización” en México a base del genocidio y delirios “intelectuales” a costa del inmenso desastre tanto en el ecosistema como en el humano.

No obstante, Locke mismo comienza a contradecirse y desde este momento es por el cual me concedo a precisar el gran desatino de interpretación bíblica que tuvo. Pues incluso antes de decirnos, en consideración a Salmos 115:16, que Dios “ha dado la tierra a los hijos de los hombres” (2006, p. 32) menciona que:

El estado de naturaleza tiene una ley de naturaleza que los gobierna y que obliga a todos; y la razón, es que esa ley, enseña a toda la humanidad […] que, siendo todos los hombres iguales e independientes, ninguno debe dañar a otro en lo que atañe a su vida, salud, libertad o posesiones.

(2006, p. 12)

Pero, como se mencionó la conquista española no fue lo más justa, libre, pacífica y benévola, al contrario, fue dada desde un sinfín de abusos humanos y aniquilamiento cultural. La manera idónea de intervenir en las tierras del nuevo mundo no se dieron acorde a lo expresado por Locke. Se trató en su lugar de un enfrentamiento de dos realidades que conserva la marca de la barbarie humana y, sin duda, necesitaría de una reflexión propia por la magnitud del tema. Así que dejando de lado esto, pero sustrayendo la importancia de la trama colonizadora, es curioso notar como es que Locke se sirve de las sagradas escrituras para justificar un momento tan delicado de la historia de la humanidad.

Desde lo revisado, parece que Locke hace una eiségesis del texto bíblico para con el acontecimiento colonial que trata de fundamentar. Esto es, Locke interpreta las Escrituras atribuyéndoles ideas personales sin importar que Cristo Jesús nunca se refería a lo que Locke cree, sino que traduce los pasajes bíblicos con tal de que encajen con su pensamiento y con lo que más apremia en su época, de la iglesia católica que llevaba la configuración de los aspectos más apremiantes de la vida. E incluso, la misma iglesia católica por ese entonces había generado otra gran eiségesis al interpretar la biblia desde desatinos que lucraban con la salvación y palabra de Cristo Jesús por parte de sus altos mandos clérigos. Por ejemplo, con las indulgencias. Pero, regresando al punto, desde o citado del texto de Locke se vislumbra cómo a base de contradicciones pretende forzar una vinculación de sus ideas con la mayor autoridad de conocimiento en su tiempo. Motivo por el cual presenta su Segundo Tratado del Gobierno Civil fundamentándolo en la Palabra de Cristo Jesús desde su propia eiségesis. Evidencia de lo dicho está cuando dice “los hombres son todos obra de un omnipotente e infinitamente sabio Hacedor, y todos siervos de un señor soberano enviado a este mundo por orden suya y para cumplir su encargo.” (2006, p. 12)

No obstante, el punto álgido o la razón principal por la cual me atrevo a decir que Locke hizo una interpretación errónea de las sagradas escrituras es porque al tiempo que concede el uso y propiedad de las tierras de América desde lo mencionado en Salmos 115:16 al mismo tiempo desde la propia biblia se puede vislumbrar que la Palabra de Dios dice lo contrario. Y para probar esto, me gustaría reflexionar sobre el pasaje de Lucas 12:13-21 según la versión bíblica de la Reina Valera (1960) que lleva por nombre El rico insensato el cual adjunto a continuación:

Le dijo uno de la multitud: Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia. Mas él le dijo: Hombre, ¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor? Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios

En este pasaje bíblico se muestra cómo Jesús es abordado por un par de hombres que riñen sobre posesiones de herencia, a lo que el hijo de Dios, en primera instancia se sorprende, pues erran al suponerle como mediador de su disconformidad. Ahora, he de mencionar que esto es justo lo que hace Locke al servirse de las Sagradas Escrituras para legitimar el dominio en pertenencias materiales, concretamente, del continente americano. Regresando al pasaje, en un segundo momento Jesús les exhorta a alejarse de todo interés avaro pues dice que ese no es el verdadero sentido que hay que buscar ni aspirar en la vida. Enseguida, les comunica una parábola que versa sobre una persona adinerada que poseía tantas riquezas materiales que le imposibilitaba guardarlas, así que edificó con mayor amplitud un lugar para guardarlas y tras haber invertido tanto tiempo e interés en lo dicho, cuando terminó de hacerlo su vida se había acabado; era su tiempo de morir.

Desde este sentido se vislumbra cómo Jesús nos clarifica que las posesiones materiales no tienen valía ante el Reino de Dios. Y esto tiene una gran aplicación que se actualiza por sí mismo, ya que tanto en tiempos coloniales como hoy en día hay una gran exaltación que asemeja el éxito con la abundancia económica. Cuando Cristo Jesús nos aproxima con su ejemplo de vida que lo verdaderamente esencial de la vida consiste en dejar de lado toda errónea aspiración ante los bienes materiales y contrariamente poner atención en otros ámbitos que sumen a nuestra gentiliza, bondad, empatía, respeto, etc. Siguiendo el ejemplo de Cristo Jesús al seguir estos y más momentos sustanciales estaríamos llevando una vida conforme a la Palabra de Dios. Locke mencionaba que los nativos americanos no vivían felices porque no labraban sus tierras, pero lo cierto es que no se necesita de gran vastedad material económica para llegar a la felicidad de la que nos habla Cristo Jesús.

Habría que aprender a desprendernos de tantos prejuicios en torno al triunfo y lo podemos hacer si seguimos una interpretación correcta de la gloria de Dios al dejar de lado el mundano prestigio que nos aleja de vivir con pleno gozo y bondad cada momento de nuestras contingentes vidas.

Bibliografía

Locke, J. (2006). Segundo tratado sobre el gobierno civil. (trad. Mellizo, C. Original en 1690). TECNOS.

Biblia. (1960). Versión: Reina Valera.

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Artículo de:

Claudia Eréndira Gómez González (autora invitada):
Estudiante de Filosofía en la UDG. Inclinación por la educación, la ética y la estética.

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por autores invitados

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