La joven de la perla: ilusión y cámara obscura en la pintura. Parte 1 de 3

Este texto tiene la intención de desarrollar la relación del concepto de ilusión con el uso de la cámara obscura y la pintura, mediante su uso estético y filosófico en el contexto del siglo XVII. Usaré como base de inspiración la lectura de la novela de Tracy Chavalier: La joven de la perla.

No es el fin del presente trabajo detenerse en la narrativa de la novela. La intención es reflexionar sobre el papel que juega la cámara oscura en manos del artista del siglo XVII narrado por la escritora, a través del pintor Johannes Vermeer. Esto permite establecer un diálogo con la época y con la concepción de la creación pictórica mediante el uso de este aparato.

Para mostrar esto, veo necesario fragmentar el texto en tres cuestiones: 1) qué se entiende por ilusión; 2) cuál es su relación con la cámara obscura y con el artista en el siglo XVII, representado este punto por Johannes Vermeer y La joven de la perla; y 3) cuál es la concepción estética y filosófica de la ilusión en este contexto pues esto abre la posibilidad de hablar de una relación dialéctica entre filosofía y arte ligadas con el concepto de ilusión en el contexto del siglo XVII y permite señalar un lugar de tensión en la historia de la filosofía y el arte -entiendo esto como sus manifestaciones históricas- que, a mi juicio, se repite después en el siglo XX con las vanguardias.

Qué se entiende por ilusión

De manera general, la filosofía enfrenta la realidad con argumentos de validez universal y el arte con manifestaciones artísticas y es por ello que bajo estas circunstancias la ilusión debe forzosamente jugar un papel distinto en cada caso. La ilusión es un concepto que a lo largo de la historia del arte y, sobre todo, de la historia de la filosofía ha tenido una importancia relevante. En la filosofía ha dado pie a múltiples controversias, especialmente en el campo del conocimiento y en el arte ha servido de herramienta para enfrentar la realidad.

La ilusión, en este contexto, se relaciona con dos términos: la apariencia y el engaño. Ambos están estrechamente relacionados en la ilusión y por ello tienen una correspondencia mutua pues, por una parte, la ilusión se entiende generalmente relacionada con esta última acepción, el engaño, como una creencia falsa, un estado de conciencia en el cual se ve en una imagen algo que en realidad no está ahí (Gombrich,1997, p.144), por ejemplo, la profundidad tridimensional, textura, la luz del mediodía y su calor, lo cual puede traducirse en la apariencia de percibir algo que no es. Además, se entiende por ilusión un error de los sentidos o del entendimiento que nos hace tomar la apariencia por la realidad, es decir, que somos engañados1.

De algún modo también se podría relacionar la fantasía con la ilusión, dado que este término se entiende como una imagen formada por la imaginación a manera de ficción, pero considero que no es tan cercano el vínculo de la fantasía con las otras dos acepciones puesto que comprendemos la fantasía como algo que se produce independientemente de la realidad, de la cual no podemos dejarnos engañar, por ejemplo imaginarnos un hipopótamo bailando ballet. Hay una frontera más definida entre fantasía y realidad por el uso de la imaginación y no del entendimiento como en los otros dos casos.

Ahora bien, la ilusión tiene un uso filosófico y otro artístico, los cuales pertenecen a usos distintos e incluso opuestos. De principio, el uso filosófico de la ilusión tiene que ver, de manera general, con el engaño a través de los sentidos, pues la ilusión no permite conocer verdaderamente la realidad; luego, el uso artístico de la ilusión tiene que ver, a su vez, con el perfeccionamiento de la realidad pues la ilusión tiene por función ser una herramienta que perfecciona la realidad.

Relación de la ilusión con el artista del siglo XVII

El siglo XVII es un periodo de esplendor enorme. El Renacimiento del siglo XVI se convierte en el acceso directo para que en los siguientes cien años se deje atrás las ligaduras de la Edad Media, para que la sociedad abandone el viejo molde que implanta métodos rígidos de comportamiento, especialmente, impuestos por la Iglesia. A su vez, Holanda atraviesa por un periodo importante conocido como “la edad de oro holandesa”, un periodo de gran influencia cultural.

Delft, pueblo natal de Johannes Vermeer, para entonces es un lugar lleno de artistas. El arte como negocio crece en Holanda y la competencia hace que los precios bajen pues es un mundo dirigido por el mercado. Los clientes son negociantes de clase media que tienen dinero para gastar y que no gustan de tener sus paredes vacías y que, a su vez, desplazan a la Iglesia y la aristocracia como principales consumidores, especialmente de arte. No buscan escenas bíblicas o mitológicas, sino que se vuelcan a la vida cotidiana del ciudadano común y entonces los pintores se dan la tarea de retratar las actividades más mundanas y aspectos de la vida familiar.

La misma competencia hace que los artistas estén constantemente buscando su mejoramiento, pues si el artista no es bueno como otros en su misma especialidad, la venta se vuelve difícil. Una forma de vender la obra era invitar a los posibles compradores al estudio del artista. Ahí, el artista mostraba la obra. La dificultad para el artista sin medios era que tenía que vender cuadros para vivir, pero también tenía que guardar algunos para mostrar. Y por la competencia el artista podía en cualquier momento perder su status de artista brillante. Por ejemplo, El arte de la pintura parece ser un cuadro que se hizo con ese fin pues Vermeer lo conservó hasta su muerte. Es un cuadro detalladamente realizado, más grande que los que comúnmente solía pintar.

De manera paralela,  el artista de la Holanda del siglo XVII tiene que ser capaz de imitar con la mayor perfección posible los efectos de la naturaleza para ser apreciado: estar consciente de la sombra, el tono y la luz. Lo que hace a un gran artista es ese don con el cual puede hacer creer que algo es real sin que necesariamente lo sea, es decir, hacer que lo plasmado en la pintura parezca ser real, dando la ilusión de que lo es. La ilusión aparece como un elemento que incita al espectador a asombrarse con la poca diferencia que hay entre lo  real y propiamente la ilusión de la pintura, el hilo que las separa debe ser bastante fino. Y aquí se puede ver que la ilusión tiene este doble significado de apariencia y engaño, la ilusión de la pintura toma el lugar de lo real y se puede ver cómo en el arte la ilusión tiende a ser una herramienta más en la realización de una manifestación pictórica como en este caso.

Ahora bien, hay dos ejemplos que se pueden mencionar alrededor de la ilusión en la novela La joven de la perla, uno sacado del texto mismo y otro de su versión fílmica. Antes de mencionarlos, quiero narrar algo del contexto de la novela: El hilo conductor es un personaje llamado Griet, la mujer portadora del arete de perla, quien establece una relación cercana con el artista Vermeer. Griet es contratada para los quehaceres domésticos, pero también para algo especial: la limpieza del estudio del artista, un trabajo que nadie más podía hacer. Con ello, se establece un vínculo entre ella y Vermeer, llegando a ser tan estrecho que Griet posa de una manera muy particular para uno de sus cuadros: la única pintura en la que una mujer mira a los ojos del espectador, es decir, posa mirando los ojos del artista.

En una escena de la versión fílmica se puede ver que la familia celebra el nacimiento de Franciscus, pero también el nacimiento de una nueva obra de Vermeer, Joven con collar de perlas. Van Ruijven, mecenas de Vermeer, es invitado especialmente a la celebración pues dará el visto bueno a la “ilusión” que produce de su esposa y que por supuesto va a comprar. Van Ruijven se para frente a la pintura y después de otras referencias dice: “El color y la perspectiva son verdaderos, la ilusión es perfecta”.

En la novela también se puede ver una referencia a la ilusión pero de una manera menos directa. Vermeer está iniciando Joven mujer con jarra de agua a la ventana, sin embargo a Griet le parece que no lo está haciendo de la mejor manera pues llena los espacios de objetos que irán en el cuadro con “colores falsos” y no con los que realmente deberían estar:

[…] pensé que empezaría a pintar lo que veía: la cara de la chica, una falda azul, un corpiño amarillo y negro, un mapa marrón, una jarra y una jofaina plateadas, una pared blanca. En lugar de eso, pintó parches de color; azul donde iba a ir la falda, ocre para el corpiño y el mapa de la pared, rojo para la jarra y la jofaina donde iba ésta metida, otro tono de gris para la pared. Ningún color correspondía con el del objeto real.

(Chavalier, 2001, p. 136-137)

Griet no entiende por qué su amo pinta con colores que ella no ve en los objetos reales y entonces un día le da a Vermeer azul ultramarino, un color que debería tener la falda que lleva la chica. Es entonces cuando Vermeer pone a prueba a Griet invitándola a observar el color de las nubes. Ella descubre que las nubes tienen muchos colores y sólo un poco de blanco, a lo cual Vermeer comenta:

Te darás cuenta de que hay muy poco de blanco puro en las nubes; sin embargo, la gente dice que son blancas. ¿Entiendes ahora por qué no necesito todavía el azul?

(Chavalier, 2001, p.139)

Y aunque en ese momento Griet no lo comprende, cuando ve la falda con el azul añadido entiende que el uso del azul era para dar luz y sombra en diferentes zonas de la pintura. La ilusión de la luz se da con la mezcla de muchos colores.

Notas al pie de página

[1] Se deja de lado la acepción en la cual la apariencia también puede ser un aspecto que oculta el ser verdadero pues no necesariamente tiene que ver con la falsedad. Se puede hablar de realidad aparente en el sentido de que la apariencia encubre y a la vez permite descubrir la verdad de su ser, es decir, la apariencia es el primer paso para el conocimiento verdadero de la realidad.

Bibliografía

Chavalier, T. (2001), La joven de la perla. Alfaguara.

Gombrich, E. (1997), Esencial.  Debate.

Imagen | Pixabay, Wikipedia 1, 2, 3

[cite]

#arte, #camara oscura, #estética, #ilusion, #Johannes Vermeer, #Novela, #Tracy Chavalier, #Vermeer

por Erika Tellez

Lic. en Filosofía (UCSJ) y egresada de la Maestría con especialidad en Estética (UNAM). Actualmente, docente en el Centro Universitario de Integración Humanística y en el Diplomado de Historia del Arte de la Universidad Anahuac. También, colabora en la Editorial Progreso como autora, revisora en el área de libros de texto de Bachillerato.

error: Content is protected !!