Según Hegel, las tres formas a través de las que el espíritu desarrolla su búsqueda por conocer la realidad son: la religión, el arte y la filosofía1. Llama la atención que su proyecto epistémico sitúe la religión como el momento subjetivo que hace de lo sensible representación. Es de notar, también, que entre lo escrito por Hegel y nuestros días hay poco más de doscientos años de diferencia, y a pesar del impulso positivista característico de la modernidad y de la desacralización de la physis2, la religión y sus consecuencias siguen presentes en pleno 2021. Históricamente, la religión ha estado presente en las artes y la cultura, mostrando su función como eje formador de una comprensión de la realidad y también, su injerencia en los términos dentro de los cuales un individuo se piensa y piensa el mundo que le rodea.

Hoy en día, la religión no tiene el peso axial que alguna vez tuviese, pues su autoridad e injerencia han sido puestas en duda. Además, el poder político, social y económico que centralizaba, se ha ido diseminando en otras instituciones y agentes. A pesar de haber sido sacada de dicha posición, la religión persiste en la práctica, e incluso se habla de que continúa en crecimiento; no obstante, nuestro mundo plantea sus propios desafíos –éticos, científicos y tecnológicos–, y la religión ya no es una forma de estructurarlos que ofrezca respuestas últimas a dichas problemáticas, sino sólo una opción más para afrontarlas.

Jehová, Alá o Krishna, todos por igual, ahora tienen que abrirse espacio entre los interminables comerciales de los mass media, el consumismo y mercantilización de lo humano, la globalización uniformadora, la urbanización y el hacinamiento; así como también, enfrentar la ausencia de identidad derivada del vaciamiento de la subjetividad. Son precisamente estas condiciones las que llevaron al sujeto posmoderno a la búsqueda y conformación de nuevos sistemas religiosos que ya no respondieran a las dinámicas de los grandes relatos, sino que apuntaran a solucionar las problemáticas que aquejan al individuo contemporáneo desde sus propias condiciones. Todo esto tendría sus consecuencias.

La religión en pleno siglo XXI

La idea de religión en nuestros tiempos posee una ambivalencia única respecto de otros periodos históricos. Frente a la pregunta ¿Cómo se presentan los aspectos religiosos en nuestro mundo actual? afirmo que lo hacen de manera ambivalente: rígida y fluida. Ahora la religión ya no se liga a un sólo tipo de experiencia, sino que se diversifica y responde a las necesidades e intereses individuales de cada adepto. La posibilidad de tener prácticas religiosas fluidas sólo es posible sobre la ya mencionada secularización. Ofreceré argumentos para dichas afirmaciones y presentaré la ambivalencia en nuestra idea y práctica de la religión, representándolas con lo rígido y lo fluido.

La base de las relaciones que establecemos con nuestro entorno, parte del hecho que nuestros tiempos se comprenden a sí mismos bajo el estandarte de la secularización: más allá de la separación de la iglesia y el Estado, la propia physis ha sido secularizada. La relación que establecemos con el mundo está lejos de la actitud de respeto y sacralidad con que las religiones primitivas comprendían los elementos naturales. También está lejos de la idea medieval de ens creatum, pues no comprende la physis como expresión, o evidencia, de alguna voluntad divino-creadora. No.

La postura orientada al dominio técnico de la realidad ha calado profundo, al punto que el mundo ya no es considerado un lugar sagrado, sino un espacio material manipulable y aprovechable. La ciencia ha coadyuvado en el proceso de instaurar esta perspectiva secularizada, al desmitificar el entorno y el propio organismo humano: ya no son los dioses los que hacen que llueva, sino el ciclo del agua; la siembra y cosecha tienen que ver más con las estaciones y sus condiciones climatológicas que con rituales o fechas sagradas, etc. Así, posterior a la modernidad, el acercamiento del hombre a la physis está fuertemente marcado por la secularización y la actitud moderna que busca el dominio técnico-científico del mundo.

Rígido o Fluido

La toma de distancia respecto de su entorno inmediato dejó al ser humano a la deriva, pues, a diferencia de los animales, su racionalidad lo hace consciente de su insuficiencia, de que a pesar de lo que pueda tener, carece de algo3. Consciente de dicha carencia y extrañamiento, el ser humano tuvo ante sí dos opciones: tomar la dirección señalada por el así llamado ‘progreso científico’, o retomar el camino tradicional y dogmático de la religión, asegurando su preservación. La dicotomía no fue mínima, si consideramos que la religión, hasta antes del heliocentrismo, daba forma a los contenidos que eran, o no, divulgados como conocimiento4 .

Al encontrarse ante tal disyuntiva, hubo quienes prefirieron conservar su religiosidad intacta como explicación del mundo, alejándose de las discursividades modernas y sus propuestas seculares. Esto propició el surgimiento de grupos conservadores u ortodoxos, que buscaban mantenerse fieles a una tradición determinada, en contraposición con otros que, en desacuerdo con uno o más dogmas, trazan una práctica propia5. Aunque este grupo no es en el que nos centramos, lo utilizamos como referencia inicial para el concepto de práctica religiosa rígida, término con el que defino toda práctica religiosa que tiende a la ortodoxia, es decir, que practica rituales religiosos que tienen una observancia estricta de los modos, indumentarias, tradiciones, textos y saberes ancestrales. La práctica religiosa rígida da cuenta de la supervivencia de las religiones, pues mientras haya personas dispuestas a seguir de manera ortodoxa cualquier religión, estas seguirán existiendo. A su vez, marca el punto respecto del cual se busca alejarse para gestar formas religiosas que se adapten y respondan a la situación posmoderna.

Ya señalamos la secularización dentro de la que el ser humano contemporáneo se desenvuelve. No obstante, como señala Giacomo Marramao, «[…] el fenómeno de la secularización, [está] marcado por una acción recíproca entre los dos polos de lo religioso y lo mundano: es […] la secularización de la “ética cristiana” la que genera la “espiritualización” del saeculum»6. Es decir que, sólo una vez que lo religioso ha sido secularizado es que se hace posible toda espiritualidad que no esté determinada por un sistema religioso, o que no se halle condicionada por prácticas, discursos o lugares. Dicho de modo más metafórico: Sólo sobre la muerte de los dioses que los humanos buscaban, les fue posible a los humanos buscar dentro de sí a sus propios dioses.

Aunado a las tensiones propias de la secularización, el mercado jugó un papel decisivo en la conformación de las formas actuales de la religión. Ya Lipovetsky señalaba, en su célebre La Era del Vacío, como el consumo, en tanto que estructura abierta y cambiante, fluida y dinámica, generaba subjetividades ad hoc pues “desembaraza al individuo de los lazos de dependencia social y acelera los movimientos de asimilación y de rechazo, produce individuos flotantes y cinéticos, [y] universaliza los modos de vida, a la vez que permite un máximo de singularización de los hombres7. Liberado de las normas sociales que le imponían formas y comportamientos determinados, el individuo posmoderno tiene como único imperativo la maximización de sus búsquedas personales. Esto lo lleva a un rechazo de las religiones que buscan condicionar o limitar sus comportamientos, llevándolo a buscar una experiencia personal, o quizá sería mejor decir personalizada, de “lo sagrado”.

La transfiguración del lugar religioso

Derivado de las mecánicas de consumo alentadas por el capital, el individuo experimenta un giro en su práctica religiosa y su búsqueda de “lo sagrado”. Se pasa del ritual colectivo ,a la comunión personal, y de la rigidez del dogma a la laxitud de la experiencia. La comunión con “lo sagrado” pasa a definirse en términos personales y hechos a la medida. Ya no se trata de adherirse, de manera cabal y congruente, a una ética determinada por un sistema religioso, sino de seleccionar, de entre un catálogo de religiones, los valores que más coincidan con la visión personal que tengo del mundo. Esta idea se ve confirmada por Lipovetsky, quien menciona que:

La atracción de lo religioso es inseparable de la desubstancialización narcisista del individuo flexible en busca de sí mismo, sin referencias ni certeza, pertenece a la misma categoría que los entusiasmos efímeros, aunque no por ello menos poderosos, por tal o cual técnica relacional, dietética o deportiva. […] el neomisticismo participa de la desmembración personalizada del sentido y de la verdad, del narcisismo psi, sea cual sea la referencia al Absoluto que le subyace. Lejos de ser antinómico con la lógica principal de nuestro tiempo, el resurgimiento de las espiritualidades y esoterismos de todo tipo no hace sino realizarla aumentando el abanico de elecciones y posibilidades de la vida privada, permitiendo un cóctel individualista del sentido conforme al proceso de personalización8.

Gilles Lipovetsky

Es en esta heterogeneidad –de la subjetividad llevada al máximo– que se hace posible un acercamiento fluido a la religión. La secularización ensancha esta distancia, pues obliga al individuo posmoderno a concebir su práctica en torno a “lo sagrado” lejos de la idea de religión. La opción más socorrida ante tal problema es el término espiritualidad. Los individuos que acuden a las religiones de formas heterodoxas los comprendo dentro de una práctica religiosa fluida. En ella, ya no es necesario apegarse de manera estricta a los dogmas y mandamientos de la religión en cuestión, sino que cada individuo determina los límites de su práctica espiritual y el tipo de relación que establece con “lo sagrado”.

Conclusiones

Por lo anterior, afirmo que vivimos tiempos únicos en lo concerniente al acercamiento histórico que el ser humano tiene a la religión: no está definido por el dogma y la institución, sino por cada individuo, no es unívoco, sino plural, no se aprende, se conforma. La ambivalencia en el acercamiento a la religión, posibilitada por la secularización y las dinámicas capitalistas de consumo, ha llevado a que, por un lado, la religión ortodoxa y tradicionalista (rígida), persista, como testimonio de sí misma y como una posible certeza en este mundo dinámico de inseguridades y amenazas; por el otro, ha hecho posible la conformación de espiritualidades singulares, muchas veces ‘a la carta’, que desde prácticas personalizadas, buscan un acercamiento subjetivo a la espiritualidad.

Si bien es cierto que cabría aún esbozar una crítica en torno a las prácticas religiosas fluidas, por deber su surgimiento a las dinámicas de captura de subjetividad del capital y por conformar un “neodogma” incrustado en la forma en que se acerca el ser humano a “lo sagrado”, dichos esbozos exceden los fines de este texto. Concluyo, pues, que el ser humano contemporáneo vive escindido entre dos posibilidades de acercamiento a la religión y “lo sagrado”, derivadas del mundo secular en que vive.

Notas a pie de página

[1] Hegel, G. W. F., Lecciones de estética., pp. 93 – 96.

[2] Entiendo por physis a todo aquello que surge independientemente del hombre y que no es pensado como parte de lo humano, sino de lo “natural”; el conjunto de recursos, especies, ecosistemas y sistemas geográficos, así como cada uno de los procesos y elementos naturales, vivos o inertes, que los componen. Es para recalcar esa noción de totalidad que prefiero utilizar physis en vez de naturaleza.

[3] Cf. Bauman, Z., Vivir en tiempos turbulentos. Uno de los casos más famosos de las consecuencias de los roces entre religión y ciencia se encuentra en la biografía de Galileo Galilei. 

[4] Uno de los casos más famosos del desenvolvimiento de los roces entre religión y ciencia se encuentra en la biografía de Galileo Galilei. 

[5] Un ejemplo sobre esto, en nuestro país, es la escisión de la Iglesia del Dios Vivo Columna y Apoyo de la Verdad ‘El buen pastor’ A.R., respecto de su congregación original: La Luz del Mundo.

[6] Marramao, G., Cielo y tierra: genealogía de la secularización, p. 64.

[7] Lipovetsky, G., La era del vacío, p. 112.

[8] Lipovetsky, G., Op. cit., p. 119.

Bibliografía

Bauman, Z., Vivir en tiempos turbulentos. Trad. Lorena Silos Ribas. España: TusQuets

Hegel, G. W. F., Lecciones de estética. Trad. Raúl Gabás. España: Península

Lipovetsky, G., La era del vacío. Trad. Joan Vinyoli y Michèle Pendanx. España: Anagrama

Marramao, G., Cielo y tierra: genealogía de la secularización. Trad. Pedro Miguel García Fraile. España: Paidós

Imagen| IsoRepublic

#Espiritualidad, #heterodoxia, #ortodoxia, #pensamiento contemporáneo, #religión

por Saúl P. Quiroz

Licenciado en Filosofía con formación en Estética e Historia del Arte (UNAM). Ha sido profesor adjunto en las clases de Historia de la Filosofía y Metafísica a cargo del Dr. Ricardo Horneffer. Interesado en la ontología, la fenomenología, el vitalismo, la estética, la lógica y la teoría, crítica y práctica de las artes. Con formación en Crítica de Arte (MUAC), Curaduría (Museo Tamayo) y Museología (CCUT).

error: Content is protected !!