La figura del héroe es quizá la más antigua forma ético-moral de la cual puede ser partícipe la humanidad; pero las preguntas centrales serían: ¿por qué nacen los héroes?, ¿cuál es la necesidad de crear personajes los cuales puedan ofrecernos este tipo de garantías? La figura heroica es anterior a la literatura y a la filosofía, los mitos de diversas culturas nos dan cuenta de ciertos arquetipos humanos o semi-humanos, los cuales fungen como una suerte de guía, ejemplo o líder de cierto pueblo, está noción ha de continuar avanzando y en el tiempo actual no se habla únicamente de seres fantasiosos, al momento de ejemplificar el concepto de héroe, sino que también se ocupa en la noción de héroe patrio, héroe de guerra; o se tergiversa el término para determinadas acciones, que según sea la circunstancia, puede llamársele «heroicas».

¿Qué es un héroe?, ¿Quién puede serlo? Pero sobre todo ¿por qué a pesar de todo el desarrollo tecnológico-científico he incluso filosófico, continúan perdurando y perpetuando estas figuras míticas o semi-míticas en el mundo moderno? No es ajena a cualquiera que preste atención a estas líneas, una figura heroica; desde la viñeta, la radio, la televisión y el cine, existe (y más en estos tiempos) la explotación de esta figura. Se vuelven parte los héroes del mundo en el cual respiramos, a tal grado que cualquiera podría no haber leído un comic o haber visto alguna película, pero todo mundo conoce a Batman de la misma manera en la cual los griegos conocían a Aquiles sin siquiera haber asistido a una narración de algún rapsoda. Y es que, existe algo que vincula al héroe del mito (de cualquiera que sea la cultura que se tome, no solo la griega) con nuestro héroe moderno y con cualquier otra manifestación a la cual podamos añadir este sustantivo como adjetivo. Será el propósito de estas líneas el ofrecer una suerte de prolegómenos que servirán como un vínculo con el héroe de todo tiempo a la vez que permitirá el ejercicio hermenéutico de la reconstrucción del pasado a la par que se podrán observar las nociones latentes del mito aún en nuestro tiempo.

¿Qué es entonces un Héroe? Las cualidades superiores de las cuales se ha dotado a un personaje en nuestra «mitología» actual no corresponden a una definición concreta; un héroe no es necesariamente el que posee habilidades sobrehumanas, puede ser incluso tan común como los demás mortales, pero de ésta noción se hablará más adelante, por el momento baste con mencionar y definir al héroe como: un hombre, o mujer, que dado las circunstancias puede volverse excepcional, con el fin de realizar tareas predominantes dentro de una continuidad histórica. Frente a esta definición que se ha otorgado nacen otras preguntas: ¿cómo toma conciencia el personaje de que es un héroe en potencia?, ¿cuál es el grado excepcional?, ¿cuál es el fin de realizar las tareas?, ¿cómo sale victorioso el héroe?, ¿cómo es la continuidad histórica de la narración heroica?

Dos formas de héroe

De inicio se obtienen dos figuras o prototipos de héroe (no se debe confundir en momento alguno al héroe con el protagonista), uno que posee ya un carácter especial que lo diferencia de cualquier otro ser, un dios, semi-dios, un mago, etc.; y por otra parte se encuentra el ser común, un individuo igual a otros el cual según el desarrollo de sus trabajos adquirirá está noción particular, un cazador, un policía, un guerrero, etc.; éste tipo en particular no posee y en algunos casos no poseerá capacidad sobrehumana alguna.

Punto de quiebre con la rutina

El héroe, ya sea del tipo especial o común, llevará una vida ordinaria y rutinaria como la de cualquiera de sus iguales, después, existirá una suerte de llamado el cual puede ser de manera directa por un mensajero para iniciar su hazaña o puede estar representada por una calamidad la cual posición a al héroe a tomar partida dentro de una situación específica:

Grande o pequeña, sin que tenga importancia el estado o el grado de la vida, la llamada levanta siempre el velo que cubre un misterio de transfiguración; un rito, un momento, un paso espiritual que cuando se completa es el equivalente de una muerte y un renacimiento. El horizonte familiar de la vida se ha sobrepasado, los viejos conceptos, ideales y patrones emocionales dejan de ser útiles, ha llegado el momento de pasar un umbral.

(CAMPBELL:  2015)

El héroe también puede dudar de disponerse a realizar una acción, o pasar el lumbral como lo denomina Joseph Campbell, en el caso del héroe especial, éste ha de dudar de la capacidad de sus habilidades; por otra parte el héroe común, sabiéndose sin las habilidades propias, ha de estar temeroso de enfrentar cualquier adversidad. Allan Quartermain no desea salir de su retiro para volver a emprender una aventura debido a su edad y que ya no se considera apto(Cfr. RYDER: 2006). Cierto es que el punto de quiebre es decisivo, por muy inexperto que sea el héroe al principio; habrá alguna motivación personal que le hará salir de su rutina y su vida cotidiana; en este punto el héroe aún funciona como un ser privado.

Descenso

Este punto marca el punto fundamental del proceder del héroe; debido a la inexperiencia de este para poder sortear su trabajo, prueba o batalla, de una manera adecuada, éste ha de perder y enfrentar un descenso o alguna suerte de realidad ajena a la suya con el propósito de realizar una kathabasis en la cual, ya sea de menara figurativa o introspectiva, ha de retornar de una forma más preparada. En algunos de estos casos el héroe ha de conseguir aliados los cuales le ayudaran a sortear sus problemas, o lo ayudaran a resurgir. La figura del descenso es quizá la más explotada a lo largo de la historia heroica, ya desde la figura de Ulises nos encontramos con un héroe que desciende a los infiernos, en este caso en particular éste lo realiza para poder conocer la ruta más conveniente de regreso a casa (HOMERO: 2010); de igual modo las figuras mitológicas de Heracles, Orfeo y Dioniso descienden a los infiernos de una manera literal, su batalla es netamente con el submundo, aunque durante el proceso de descenso se realiza la kathabasis aunque de una manera no tan latente; en la literatura alejada un tanto de la tradición mítica se puede encontrar la figura de Dante. Por otra parte, como se ha dicho, la kathabasis no es necesariamente el descenso literal, el ejercicio introspectivo también ofrece el mismo procedimiento que el de conocer el inframundo, dígase pues, que el héroe analiza su psique con el fin de salir victorioso en su trabajo; la figura de Darth Vader / Anakin Skywalker, pasa por este tipo de ejercicio de introspección para al final realizar su hazaña heroica; The Dark Knight return (Warner Bros., 2012) cinta dirigida por Christopher Nolan, escenifica a la perfección este momento de kathabasis al posicionar a Bruce Wayne dentro de un foso y justo ahí realizar la introspección, es en esas escenas donde comulgan tanto la introspección como el descenso a los infiernos, siendo este particular caso la idea de un héroe “común”.

El maestro, el guía,
(entrenamiento físico o emocional)

El héroe al ser demasiado joven o inexperto se ve en la necesidad de buscar un maestro o guía que ya sea de manera directa o indirecta lo auxiliará en la resolución de su conflicto. Puede suceder que al momento de su descenso sea que encuentra a su maestro, como es el caso de Ulises con Agamenón y Aquiles, que le ofrecen una suerte de guía moral, o como en el caso de Virgilio con Dante, el cual proporciona una figura de literal guía. En el caso del héroe especial, el maestro fungirá como una especie de control (no como sumisión) de las habilidades del héroe para que éste los ocupe de la mejor manera, puede ser ya por un entrenamiento físico, o por el estudio, o la meditación; en el caso de los héroes comunes estos se someterán a un entrenamiento de la misma forma, pero cuyo fin no será (en la mayoría de los casos) el de adquirir una habilidad sobrehumana, sino el de adquirir fe en sí mismo. Ahora bien se enunció que la ayuda puede ser de manera directa o indirecta, la forma directa es la cual ya se ha enunciado y refiere concretamente a un entrenamiento físico o psicológico; por otra parte la forma indirecta refiere a cualquier frase o comportamiento que algún personaje realice, no necesariamente fungirá como alguien más experto al héroe, como es el caso de Phileas Fogg, la capacidad de él salir victorioso de su empresa se da por un mero análisis proporcionado por el huso horario (Cfr. Verne: 200).

Victoria

A partir del aprendizaje y el descenso del héroe, éste se ve capaz de superar el obstáculo que le acontece; también en las habilidades propias, en el caso que se refiera al primer tipo descrito (el especial), le servirán para salir triunfante en su tarea, llega a ser éste punto el desenlace parcial del acontecer heroico, con la diferencia que el resultado de esto conlleva a un acontecimiento público. La satisfacción o victoria del héroe no es para él solo, sino que llevará un carácter trascendente en el cual una sociedad se ve beneficiada por su hazaña, así como Edipo liberando a Tebas de la amenaza de la esfinge (Cfr. SÓFOCLES: 2010) o Teseo eliminando al minotauro, Moisés liberando a los judíos (EXODO, 17:8), el símbolo de protección que refiere el prototipo de héroe moderno. Aún cuando el héroe retorne a su vida cotidiana (que puede darse el caso) su persona simboliza algo más a un nivel comunitario.

Aunado a todo esto puede también establecerse otro punto, aunque no en todos los acontecer o trabajos del héroe puede estar presente:

El villano, el antagonista

Es una figura específica la cual habrá de establecerse como el opositor del héroe, puede ser que sea el antagonista el cual sea el causante del primer acto al cual se ha denominado punto de quiebre, o incluso que sea el cual genera el descenso o la primera derrota. Es la manera, en mayor medida, en la cual el opositor es capaz de retar las habilidades (ya sea propias o adquiridas por el entrenamiento o guía) y será así la mayor la victoria, ya sea privada o pública, que genera así el momento kathartico. No es necesario que el antagonista posea habilidades en el caso de que el héroe sea del tipo especial, puede ser incluso un ser común, o de manera contraria, si el héroe es común puede darse el caso donde el antagonista sea el que posea habilidades especiales. Se ha dicho que no es necesario que esté presente en todas las manifestaciones heroicas la figura del villano, puesto que puede darse el caso donde el héroe combata contra fuerzas naturales o el destino, he incluso combata contra sí mismo, como es el caso del héroe trágico.

Ahora, ya que se han descrito los prolegómenos a todo héroe, o los puntos que son necesarios para que se pueda dar la narración heroica. Será necesario responder cómo se puede seguir tratando la noción de héroe, o como se puede hablar de distintas formas heroicas a partir del análisis de distintas culturas en distintos tiempos. Joseph Fontenrose, en su texto Python (FONTENROSE: 2009), sugiere que lo que acontece es sólo una readaptación de los mitos según su espacio y tiempo, así mientras la figura de Apolo puede vencer al dragón Python, su padre ya también ha derrotado a un dragón de la misma forma, y éste mito está presente en la cultura hindú así como en la nórdica.

Sugiere él entonces una suerte de prolegómenos también frente a la readaptación de la hazaña heroica: 1) Mutaciones de papel, 2) Mutaciones de acción, 3) Un cambio llamativo que puede producir algo menos sorprendente, 4) Las acciones o rasgos de un personaje pueden transferirse a otro, 5) se pueden combinar o fundir temas y papeles; y por último 6) puede haber expansión o duplicación de temas, personajes o episodios (Op. Cit.)

Ahora bien, si la fórmula es una, simplemente con otros nombres ¿por qué continúa maravillando la imagen del héroe? Hay dos repuestas frente a esta pregunta, puede darse una respuesta al sentido aristotélico, la katharsis, proporcionada por el terror y compasión (ARISTÓTELES: 2011) que acontecen en el espectador mientras vislumbra el hecho heroico, el héroe será más cercano mientras más rasgos humanos lo acompañen, si es un ser extraordinario que no presente ninguna emoción humana no podrá generar en nosotros cierta autoridad ni sentido de idolatría, si existe un héroe el cual no caiga dentro del ejercicio del descenso no tendrá por qué parecernos una figura propia, al contrario, mientras más ajeno sea el héroe no constituirá un símbolo; figuras como las planteadas en los ejemplos anteriores funcionan y seguimos releyendo sus hazañas precisamente porque no nos son ajenos sus tormentos y motivaciones, compadecemos sus problemas porque no son ajenos a los de cualquier hombre: el querer regresar a casa, la pérdida del honor, el salvar la familia, la impotencia frente a la justicia; por otro lado se teme a ser el héroe precisamente porque la circunstancia puede ser un héroe, citando Batman Begins (Warner Bros., 2005): “un héroe puede ser cualquiera, incluso un hombre que hace algo tan sencillo como poner una manta en los hombros de un niño y decirle que no es el fin del mundo

Por otra parte, se puede contestar a la pregunta desde un ámbito un tanto más actual, al ya no poseer un arquetípico mítico, es que el hombre moderno se enfrenta a la tarea de crear, o recrear, los pasajes heroicos de antaño: “Como se caree de una mitología general efectiva, cada uno de nosotros tiene su panteón de sueños, privado inadvertido, rudimentario, pero que obra en secreto.” (FONTENROSE: 2015). El hombre moderno se refugia y busca las artes como un medio en el cual recuperar e instaurar héroes, un garante de moral o autoridad superior a sí mismo que le provea una especie de fenómeno trascendente, el héroe fungirá como una suerte de imperativo el cual hay que seguir, la figura literaria, cinematográfica, intelectual o moral del héroe no es otra cosa que la búsqueda de la psique por algo sólido sobre lo cual apoyarse, por otro lado esto no es la idolatría en los mismos términos como aconteció con la figura mítica en el pasado, no es vivir a la sombra de seres superiores, sino vivir a la par de prototipos de hombres iguales o mejores a nosotros.

No tenemos fe alguna en esos viejos dioses y héroes ni en la religión que a menudo los amparaba; vienen de otra época y otra cultura. Aunque, como la evocación de esos fantasmas revela, no nos son radicalmente extraños. Aún nos son familiares, nos conmueven porque descubrimos en ellos las pasiones e impulsos que son los nuestros y en sus personajes destinos que podrían servirnos de ejemplo. Tal vez aún nos reconocemos en esas figuras: sus ropajes y títulos nos son exóticos, pero el latido de los corazones antiguos suena semejante al de nuestro propio corazón.

(GUAL: 2011)

A manera de conclusión solo restará recuperar las diversas conclusiones que se han arrojado a lo largo de estas líneas. En primer lugar, la figura del héroe posee una idea subyacente dentro de cada relato heroico, obedece a ciertos estándares que posibilitan que un personaje se nos presente como esa suerte de categórico al cual equipararse o intentarlo; por otra parte el héroe no es un producto masificado bajo la misma maquinaria, sino que la reconstrucción una y otra vez de una figura, proporciona el conmover a los hombres de todo tiempo al momento de crear y recrear figuras que se adapten a cada tiempo, o por otra parte al releer de los héroes de antaño encontramos una suerte de fuerza mágica la cual se proyecta universalmente y nos es sumamente válido el volver a ser un poco griegos a pasar la vista por la prodigiosa aventura de Odiseo.

Un héroe es algo tan simple y en esa simpleza se nos manifiesta una gran gama de características humanas, una gran cantidad de esperanzas y símbolos frente a cualquier adversidad, en casos pueden ser también una advertencia. Es quizá el hombre que recurre a la cinematografía, a la literatura o al comic, un héroe en potencia el cual en su descenso tras la ruptura con su apacible rutina, desea volcarse sobre sí mismo para poder generar algo que trasciende su dimensión privada y resuene por la eternidad.

Bibliografía

ARISTÓTELES, poética, editorial Gredos, Madrid, España, 2011

CAMPBELL Joseph, El héroe y sus mil máscaras, trad. de Luisa J. Hernández, fondo de cultura económica, México, D.F., 2015

FONTENROSE Joseph, Python: estudio del mito délfico y sus orígenes, editorial sexto piso, Madrid, España, 2009

GARCÍA G. Carlos, Mitos, viajes y héroes, p. 245, fondo de cultura económica, México, D.F., 2011

HOMERO, Odisea, canto XI, Editorial Gredos, Madrid, España, 2010

MARTÍNEZ Constantino, Diccionario de símbolos, alianza editorial, Madrid, España, 2004

RIDER H. Henry, Las minas del rey Salomón, editorial tomo, México, D.F., 2006

VERNE, Jules, La vuelta al mundo en ochenta días, editorial nauta, Madrid, España, 2000

Artículo de:

Alex Rivera (autor invitado):
Lic. en filosofía por la UAE, cofundador del podcast ahí les va la res extensa. Actualmente, imparte clases de lógica en preparatoria, miembro del Colegio Profesional de la COMEFI.

Imagen | Pixabay

#común, #descenso, #especial, #Héroe, #kathabasis, #katharsis, #literatura, #Mito, #punto de quiebre, #recreación, #rutina

por autores invitados

¿Te gustaría escribir para nosotros? Puedes hacerlo enviando textos de forma esporádica o unirte a nuestro equipo permanente de autores. Para más información, envíanos un mail: contacto[at]filosofiaenlared.com

error: Content is protected !!