Apuntes para una introducción a una fenomenología de la percepción y su relación con la significación en Edmund Husserl

El siguiente texto forma parte de la primera edición de la Revista.FilosofíaenlaRed.Com; puedes descargar la revista completamente gratis, dando clic aquí. 

La fenomenología husserliana se ha centrado con frecuencia en el habitar mismo del ser humano, complejizando desde la cotidianidad misma el rigor que esta disciplina mantiene. Hablar de significaciones y percepción en Husserl, implica una investigación más extensa de lo que aquí se puede dilucidar. La finalidad del escrito es reconocer tales conceptos desde la fenomenología husserliana, encontrar sus puntos de encuentro y diferencias, así como reconocer la correlación que ambos mantienen en la vivencia del sujeto para aprehender el mundo y ser interpelado por el mismo. Esto en consecuencia de la problemática de malos entendidos al momento de usar tales conceptos en una construcción fenomenológica, pues con frecuencia puede puntualizarse la significación como un punto y aparte de la percepción de la que nos habla el autor, por ello, he de considerar la pertinencia de bosquejar tales conceptos para una amplitud de comprensión de los mismo, de forma resumida y objetiva. Empero, tal escrito no sustituye la investigación y rigor que se necesita para adentrarse a tales conceptos.

La significación ayuda a la representación de los objetos que se nos presentan y con ello, a poder expresar cada uno de ellos. La significación es fundamental para poder hablar de algo pues, gracias a ella podemos saber a qué nos referimos cuando expresamos algo de alguien o de algo. Esta no se da como la mera definición nominal de algún objeto, como regularmente se piensa. Para enfatizar lo antes mencionado, podemos   distinguir   significaciones simples   y   significaciones   compuestas, ambas dirigidas a la representación dé. Por ejemplo, cuando hablamos de un lápiz, no sólo podemos remitirnos a un lápiz, sino a la significación propia del lápiz que lo hace distinto de un bolígrafo. Este concepto (lápiz), es una significación simple. Una significación compuesta:

Está hecha de partes que son a su vez expresiones que, como tales, tienen a su vez sus propias significaciones.

(Husserl, 2013b, p.438).

Por ejemplo, “la paleta es helada”, está compuesta por significaciones simples (paleta, helada). Es una composición de primera instancia, gramatical que nos ayuda a poder expresar los objetos que me interpelan y decir algo de ellos.

No obstante, Husserl especifica que esta cuestión gramatical se expande para poder dar apertura a la significación simple y compuesta, más que simplemente conceptos o enunciados. Esto es, las significaciones simples, también pueden presentarse en objetos complejos y viceversa, al igual con las significaciones complejas en objetos simples. Recordemos que los objetos no son simplemente las cosas, sino todo aquello con lo que me relaciono en el mundo. Siendo así, expresar “perro”, puede conformar una significación compuesta cuando expresamos un perro específico y no el perro en su generalidad. Se realiza la significación compuesta porque sabemos   que   ya   no hablamos de un perro en general sino del perro especifico, con características que hace que sea diferente a otro perro. Aún con ello, la expresión perro, es un solo concepto, sin embargo, no por ser un solo concepto, implica necesariamente que su significación sea simple. Suponiendo que el perro se llama Saico, cuando expresamos esto, la significación también es compuesta porque no nos referimos al nombre de una persona o de un gato, sino al perro Saico que es distinto al perro de mi vecina y que, en consecuencia, no es Saico. De modo que, se potencialice la importancia del contenido representativo de la significación. Todas las significaciones tienen dicho contenido representativo sea en poca o gran medida, pero se encuentra dentro de la significación. El contenido representativo es lo que llena la representación presentada, en este caso al perro.

Cuando se habla de significaciones desde el ámbito fenomenológico hay que distinguir que, Husserl era consciente del tema y nosotros, apelando a ello, hemos de bosquejar lo más específico en cuanto a significaciones refiere. En este caso, de las significaciones compuestas podemos hablar de las categoremáticos y sincategorématicos (significaciones independientes y no independientes). Aquellos son el signo que forman la expresión de una representación y los sincategorématicos son signos que junto con otras partes de la oración tienen una significación completa, es decir, no tienen una significación propia- como los categoremáticos- sólo la expresión. De esta expresión hay que señalar que podemos hablar de expresión y expresión compuesta; siendo la primera la que refiere a signos significativos, propios de las significaciones categoremáticos, mientras que la expresión compuesta sólo está compuesta de otras expresiones. Las significaciones no independientes, necesitan de complementaciones, no pueden tener consistencia por sí misma sino sólo como partes de algo más amplio. En tanto que las independientes, pueden constituir la significación plena y total de un acto concreto de significa.1

En síntesis, estas significaciones que recaen en primera instancia en una diferencia gramatical pueden entenderse con ejemplificaciones simples; en el caso de los sincategorématicos, usemos la expresión “todos”, este concepto por sí sólo no nos dice nada, necesita de otro para saber a qué “todos” nos referimos. En cuanto a los categoremáticos, si tomamos el concepto de “perros” nos dice algo, que hablamos de una especie de animal mamífero, además cuadrúpedo y con ladrido. Tales actos de significación están presentes al momento de dirigirnos a los objetos que me interpelan en la cotidianidad.

Sobre al acto de significar, hay que tener en consideración que nos remite a todas aquellas representaciones o vivencias intencionales a objetos. Dicho acto de significar mantiene la variante de las significaciones que acabamos de exponer brevemente y que, de alguna u otra manera, apelamos a ellas en diversos momentos. Esta   apelación   es   constante cuando nos hacemos consientes de aquello que significamos no únicamente de forma gramatical, es decir, escribiéndolo o hablándolo, sino procesando la operación del acto para poder saber a qué me refiero con ello. Al mencionar el proceso operativo que generamos para los actos de significación, podría decirse que hay un subjetivismo presente, no obstante, las significaciones no se mueven bajo estos supuestos. Siendo categoremáticos y sincategorématicos, podría adjudicarse cualquier concepto a algo que para mí sea significativo de algo, por ejemplo, el acto significativo del frío o del calor, etc. No obstante, como hemos visto, el proceso es en principio una vía gramatical aunada con la vivencia misma del individuo. A saber, cuando enunciamos,   expresamos   alguna   significación, sea   sincategorématicos o categoremáticos, habrá que mantener un sentido de lo expresado. Si decimos “el cielo es azul”, donde cielo es P y azul es S, al querer cambiar S por cualquier otrasignificación como por ejemplo “verde, perro, agua” el sentido todo de la expresión, carece precisamente de sentido. Aún cuando el proceso gramatical sea correcto, el enunciado sería falso y, por tanto, una significación errónea. Dicho lo anterior, las significaciones han de ir de la mano con el acto perceptivo, pues es éste el que nos mantiene en concordancia con mi relación con los objetos que me interpelan en la cotidianidad y a partir de dicha relación poder dar la expresión significativa de estos.

La percepción se da casi de manera inmediata. Percibimos cuando habitamos el mundo en el que nos incrustamos. La percepción es el acto por el cual me dirijo a un objeto en concreto. Por ello no es posible hablar de percepción sin la relación con el cuerpo y no es posible hablar del cuerpo sin la relación que tenemos con el mundo que nos rodea. En el cuerpo habitado devienen los actos perceptivos que son externos a él, pero generan actos internos para el comprender lo que pasa externamente pero no ajeno a él. La percepción es la vía de acceso para entrar al sujeto que conoce y con dicho acceso la posibilidad a comprender el entorno que se le presenta. De tal manera, esta percepción es un acto de la vivencia misma que interpela al que la desarrolla.

Con ello que la percepción sea el acto por el cual me dirijo a las cosas y de tal manera, mantenga una estrecha relación con la atención. Pues percibimos, como hemos mencionado, en la vivencia misma, pero de la percepción habría que separar cuales son las intencionadas, las que generan atención y no un mero acto del vivir cotidiano. De esas primeras percepciones, es decir, las intencionadas que generan mi atención, se despliegan el acto intelectual del indagar lo que se me presenta. Por tanto, hablar de percepción de manera generalizada, no podría ser la mejor vía a desarrollar pues, hemos de considerar, desde la postura fenomenológica, la percepción se desenvuelve en diversos campos e incluso escalonadamente.

Sabemos de manera burda que la percepción es todo aquello que percibo. Puedo percibir el lápiz, la libreta, los libros de mi alrededor, incluso las personas que están en el mismo lugar que yo, pero no todas me generan un ponerle atención a algo específico. De la misma manera se da en lo cotidiano, andamos y habitamos el mundo percibiendo olores, sonidos, incluso sabores sin que presenten mayor grado de atención en mí. Podemos percibir gracias a los sentidos que mi cuerpo me otorga, lo que puede percibir alguien con todos sus sentidos activos será distinto para aquel que carece de alguno. Si los sentidos aportan a la percepción, al cambiar alguno, afectará la percepción.

Es menester, tratar de hacerle justicia a la desarrollada teoría sobre la percepción que ofrece la fenomenología. Dilucidando en instancia, la percepción como “acto que pone algo ante los ojos como ello mismo, el acto primero que constituye originariamente el objeto” (Husserl, 2002, p.62). Este poner ante los ojos, no es únicamente percepción de lo visto, sino de aquello interpelado delante de mí y por mí. La percepción, no obstante, mantiene un aparecer perceptivo en continuidad de aparecer del ahora de la cosa, retencional y protencional.2 De tal manera, se genera una percepción parcial, dicho de otro modo, no se da en su totalidad, de ahí la importancia de conocer los escorzos de los objetos temporales. Cuando “miramos” cierto lado del objeto, a su vez intenciono, cointenciono los que están ocultos, la percepción son intenciones llenas y vacías. (Sokolowski, 2002, p.27). Por consiguiente, nos remite al ejemplo del cubo que dimos anteriormente para explicar los escorzos y las ausencias. Empero, si llevamos este acto de percepción a otros sentidos fisiológicos como el oído, se puede comprender también la ausencia y presencia de la que hablamos al momento de generar actos perceptivos. Al escuchar el cantar de un ave, traemos la presencia de dicho cantar que nos remite a reconocer el sonido sin el ave propiamente. El sonido está presente y el ave en ausencia, pero aún con ello, reconocemos el sonido, recordamos el sonido del ave y podemos decir que, no es propio de un perro o un gato pues, “[t]oda percepción está caracterizada por la intención de aprehender su objeto como presente en su misma corporeidad” (Husserl, 2013b, p.481). La percepción es, como primera definición un acto dé.

Mantenemos actos constantes en nuestras actividades cotidianas, sean actos prácticos (moverse, correr, golpear, etc.) o pasivos (pensar, amar, desear, etc.) Todos estos actos son expresables (Husserl, 2013, p.606). La percepción al ser un acto, es expresable aun cuando no soy yo quien vive propiamente esa percepción. Cuando alguien me relata la percepción que sintió en cierto momento exacto, puedo comprender la referencia que hace, sin pasar por el acto perceptivo presente, comprendo a que se refiere porque el acto es expresable. Sin embargo, de estos actos hay que enunciarlos de tres maneras:

  1. Son actos en los cuales se constituye el sentido, la significación de la expresión correspondiente (Husserl, 2013b, p.608).
  2. Son actos que el que habla quiere presentar predicativamente como vividos por él en el mismo instante. Aquí aparece como el objeto presente en la actualidad del discurso, o de la posición objetivante en que este se funda (Husserl, 2013b, p.608).
  3. Referidos a un juzgar o a otra objetivación cualquiera, correspondiente a los actos respectivos; pero no a un juzgar sobre esos actos, sino juzgar sobre la base de estos actos, que no exige su objetivación. (Husserl, 2013b, p.608).

Ante dichas especificaciones hay que señalar ahora, el que le compete al acto de percepción no se dan siempre necesariamente a la vez. Es decir, una no implica forzosamente la otra. En ocasiones nuestras percepciones no tienen una significación tal cual, porque no siempre mantenemos una atención a los actos perceptivos dentro de nuestras vivencias. De suyo que, a su vez, se genere que la percepción de los actos no se dé de igual manera para todos.

Podemos percibir lo mismo, pero no percibimos de la misma manera. Sin embargo, bajo esta premisa no se adjudica que los actos perceptivos sean completamente trabajo de una relatividad. Hay que especificar que si los actos de percepción se originan de primera instancia bajo nuestros sentidos fisiológicos, no podríamos tomar como verdadero que alguien perciba un olor por los oídos o un sabor por la vista. Las expresiones “mira, huele esto”, no se dan de forma literal, no podemos oler por los ojos, sino que, expresar el “mira” implica un “pon atención a este olor”. Esto ha trascendido a la par de exponer a la vista como el sentido privilegiado, pues con frecuencia hacemos alusiones similares para puntualizar que hay que prestar atención a lo que indico que hueles o saborees. De dicha expresión también podemos puntualizar que no necesariamente la percepción está implícita para que sea comprendida por quien- en este caso- escucha la expresión. La percepción, puede no sólo cambiar, como habíamos mencionado, sino que también faltar completamente sin que la expresión deje de ser significativa. (Husserl, 2013b, p.210).

La percepción, aunque no constituya completamente la significación de un acto, ayuda a que la significación se vislumbre de mejor manera para ser expresado pues:

Este expresar una percepción […] [es cosa] de ciertos actos expresivos; expresión significa en esta conexión la expresión vivificada por su sentido entero, la cual es puesta aquí en cierta relación con la percepción, que se dice a su vez expresada justamente por esta relación.

(Husserl, 2013b, p.611).

La percepción se da en primeros planos de forma física y a partir de eso guardamos esa información que puede ser consciente o inconscientemente, sin embargo, damos cuenta como tal de la percepción cuando somos consiente de ella. Esto es, cuando estamos en algún lugar podemos percibir ciertas cosas, por ejemplo, estando sentada escribiendo, a su vez, puedo percibir que tengo un vaso con agua, una taza, libros, una ventana a mi izquierda, una silla a mi derecha, etc. Estas cosas yo las estoy percibiendo porque son fenómenos que interactúan conmigo, ¿cómo se da esta interacción? En el sentido de que están perteneciendo al mismo mundo físico en el que me encuentro ahora. A su vez, también puedo percibir lo que está afuera de él. Es decir, lo que está fuera del espacio, lugar en donde estoy ahora mismo, en este caso, percibiría el ruido de la música del vecino, los maullidos de los gatos de la calle, el pasar de los autos por la avenida, etc. Sin embargo, esta percepción no interpela todo mi entorno, la percibo ahora porque estuve consiente de ella, pero en la mayoría de veces, pasan desapercibidas. Estás percepciones últimas que ejemplificamos no necesariamente se dan ante mí, como objetos físicos, puedo no ver el gato, pero si escucharlo, gracias a mis oídos. Puedo traer presente al gato, en la misma ausencia que me otorga y así hablar del gato.

La percepción no simplemente se da de manera física en sentido estricto de que se presenten ante mí, para poder percibir los objetos que me interpelan. Podemos referirnos   de   dos   maneras para distinguir el acto que se realiza y la diferencia cuando   existe   una significación o no. Esta distinción en ocasiones es pasada por alto cuando queremos expresar o referirnos a un acto perceptivo. La fenomenología se encarga de puntualizar esta distinción para objetivar aquello que se quiere expresar cuando nos   referimos   a percibir algo. La percepción externa y la percepción interna; aquella referida a lo que me interpela de manera física y está otra que me interpela de manera psíquica, pero ambas siempre referidas a “algo”.

Esta distinción Husserl ya retoma de su maestro Brentano y afina la definición de ambas, pues tratándose del estudio de la fenomenología, en primera instancia, como el ir a las cosas mismas, no podría pasar por alto el tema de la percepción y como comprendemos esta. Dentro de ello, la percepción interna nos da pauta a referirnos a pensar que aquello que me interpela psíquicamente como un pensamiento, puede recaer en una imagen mental. No obstante, la percepción interna no se encasilla en esta definición borrosa y por ello es importante explicar la misma. Ante todo, hay que puntualizar que la percepción:

No se refiere a cosas (dinge) que nosotros miremos, sino a estados de cosas (sachverhalte) que captamos cognoscitivamente.

(Szilasi, 1959, p.33).

Este estado de las cosas se refiere no sólo a cosas materiales como una botella o un lápiz, sino a los objetos que, en sentido estricto referimos a estos como psíquicos y físicos. Esta puntualización es importante pues, con frecuencia al hablar de percepción no remitimos toscamente a “todo aquello objetivo que podemos ver con los ojos, oír con los oídos, aprehender con algún sentido externo-o también interno” (Husserl, 2013b, p.700). En consecuencia, nos referimos a la percepción únicamente como aquello que me interpela externamente sensible. Sin embargo, de la percepción habría que especificar que no sólo es externa, pues, “percibimos: 1) objetos (objekte) reales” (Ídem) aquellos que me interpelan en mi vivir cotidiano, en estos “coinciden los objetual (Gegentändliches) y lo objetivo (Objektives); 2) lo objetual que no es objeto (objekt), como, por ejemplo, la comprensión de ustedes. 3) Objetos que ni siquiera existen, y 4) los objetos (Objekte) que en su objetualidad me confunden, me engañan” (Husserl, 2013b, p.33-34). Aunque pareciera que hablamos de distintas formas del cómo percibimos, todos tienen en común un contenido que me interpela cuando tengo la percepción de algo.

Ante estas cuatro formas de la percepción de los objetos hay que especificar cuáles pertenecen a una percepción externa y cuáles, a una interna. Para ello, debemos especificar a qué nos referimos con cada una, más allá de la primera explicación que ya se dio con anterioridad. Así pues, la percepción externa es “percepción de las cosas externas de sus cualidades y relaciones, de sus cambios y acciones recíprocas” (Husserl, 2013b, p.763). La percepción a la que usualmente referimos cuando hablamos de esta, lo que percibimos por los órganos de los sentidos (gusto, oído, olfato, tacto, vista). Por ende, el cuerpo mantiene un papel importante, pues mediante este se darán las percepciones externas los actos del mismo como comer, caminar, oír, degustar, etc. Este tipo de percepción puede ser engañosa. Husserl nos expone un ejemplo claro sobre un dolor de muelas, el dolor se presenta como “taladrando” un diente sano. Se percibe una vivencia real, pero el dolor percibido es una interpretación y no tal cual como se está presentado, pues es infalible que se taladre literalmente un diente.

Siguiendo esta exposición, el que se piense con frecuencia que la percepción recae en la subjetividad por el modo de interpretación a la apelación de los fenómenos externos, no es más que una percepción externa. Por ello, la percepción externa puede resultar engañosa, porque ante el ejemplo que tomamos de Husserl, el dolor se presenta en una situación específica como el dolor de muela, pero no es el dolor como tal, sino la interpretación de este y esto valdría para otro tipo de dolencias.

En cuanto a la percepción interna, nos referimos a aquella que se presenta de manera más interior, dicho de otra manera, no hay una interpelación física total de lo percibido. En palabras más finas, “significa el simple vivir conscientemente los actos psíquicos, los cuales son tomados en él como lo que son y no como lo que son aprehendidos, apercibidos” (Husserl, 2013b, p.770). Es decir, en la percepción interna, se experimentan fenómenos psíquicos, mientras que la externa refiere a aquellos fenómenos físicos.

Esta separación de percepción externa e interna, Husserl más adelante las tomará como percepción trascendente y percepción inmanente. Dicha afinidad debe comprenderse primero en especificar a qué refiere Husserl con lo trascendente y lo inmanente. Este último, no fue desarrollado con precisión por Husserl. Sin embargo, este carácter de inmanente podemos encontrarlo bosquejado y con un poco más de lucidez para comprender lo que nos compete- percepción inmanente en una de sus cinco lecciones dictadas en una universidad alemana3 puntualiza lo inmanente como ingrediente y también como lo inmanente en el sentido intencional.

En cuanto al primero:

Nos referimos a lo que está contenido en una vivencia, a todas las partes que conforman o constituyen como tal vivencia. Ingrediente traduce en [Ideas I] el vocablo alemán reell. […] lo reell, puede decirse, es lo que tiene realidad de conciencia, lo que pertenece efectivamente a la conciencia, lo que es o forma parte de su naturaleza.

(Zirión, 2017, p.51).

Esta pertenencia de la conciencia  es  clave para la distinción con la percepción trascendental. Husserl pone un ejemplo simple, pero claro con respecto a la inmanencia ingrediente, haciendo alusión al color rojo. Este dato de rojo es un “dato puramente inmanente porque se habla se la esencia genérica o sentido de rojo y de su estar en la intuición genérica”. (Husserl, 2015b, p.59). Sabemos que enunciar el rojo siempre es en concordancia a algo, no podríamos pensar puramente lo rojo, sin que esté en relación con algo más, no obstante, el colorido del rojo y el rojo esencialmente, no se encuentran en un nivel sinonímico, el daño inmanente no depende de la cosa. El segundo, es de hecho, el dato inmanente que pertenece a la conciencia para saber que el rojo no puede ser azul y viceversa.

Aún si se piensa en alguien con daltonismo que pudiera confundir el rojo y  el  azul,  no  sería propio afirmar que su perspectiva de dichos colores es la esencia de lo que se presenta. El daltónico ve  con  las  modificaciones  y alteraciones de los colores y podría decir que, el dato inmanente es otro que no pertenece al rojo. Esta suposición no podría valer frente a esta explicación, pues de ser así, el dato inmanente, perteneciente a la conciencia, en cada caso sería relativo. Dando por aceptado que, la esencia primera de las cosas es cambiante y de afirmar tal postura, las cosas, entonces no tendrían la esencia específica para ser datos inmanentes. En tal caso, el ver del daltónico, caería en un engaño de la percepción externa.

En cuanto a lo inmanente en sentido intencional, hay que recordar que la intencionalidad  es  una  característica  de algunas vivencias de la conciencia que refieren a objetos. Estos objetos son objeto intencional que no corresponden necesariamente a formar parte de la vivencia o de un contenido ingrediente. (Zirion, 2017, p.53).

Husserl no deja la interpretación de la inmanencia que  puntualiza  su  maestro, Brentano. La justificación  de  la  percepción interna es en palabras de Franz Brentano “se caracteriza por ser inmediata, infalible y evidente” (Torrez, 2016, p. 23). Siendo lo antes mencionado,  en  claridad  de ejemplificación, lo que conocemos por sonido, tactos, gusto, vista, etc.  Es  decir,  podemos hablar y enunciar qué es un sonido, un ruido, pero no podemos tener una percepción meramente física del mismo. El sonido no se me presenta como un golpe que interpela directamente mi cuerpo en el espacio físico, no es algo externo percibido, sino en efecto, una percepción interna, un dato sensible inmanente. (Ídem). A propósito de lo antes mencionado, el sonido también ha sido partícipe del análisis de lo que percibimos y cómo lo percibimos, tal es el caso del paisaje sonoro. El paisaje sonoro es la explicación  de  aquellos  sonidos  que  nos traen recuerdos, sentimientos, emociones e imágenes visuales. A su vez, es el resultado de las relaciones que se encuentran en las diversas manifestaciones sonoras.4

De suyo que este concepto engloba no sólo el sonido  mismo,  sino  las relaciones que hacemos con él, de tal manera que es posible que una canción nos traiga recuerdos melancólicos. Más aún, el sonido de las voces que emana cada persona, sabemos distinguirlas sin necesidad de verlas y reconocer el emisor. Esto no es más que una muestra de la pertinencia de atención a las percepciones.

La percepción nos muestra el objeto en una mezcla de presencias y ausencias (Sokolowski, 2012, p.85). Lo cual permite comprender el proceso de un recuerdo que, en ocasiones lo pensamos y traemos en él las llamadas imágenes mentales. Dichas imágenes mentales no pueden-como hemos dicho- ser un sinónimo de las imágenes-no-visuales. La imagen mental es configurada por el proceso interno de una imagen que influye en el recuerdo. La imagen-no-visual, es el proceso de una percepción  que  no  necesariamente  trae  un  recuerdo visual, dicho de otro modo, una imagen mental,  sino  que  puede  rememorar  el  recuerdo, trayéndolo presente. Pues el recordar proporciona un juego de apariciones no  necesariamente visuales (Sokolowski, 2012, p.85). Se cree con frecuencia que lo que almacenamos son las imágenes de las cosas que percibimos interna o externamente en alguna  vivencia.  Sin  embargo,  la  postura fenomenológica sostiene que lo que se almacena no es la imagen sino las percepciones y cuando recordamos, no evocamos imágenes como parece ser, sino percepciones pasadas (Sokolowski, 2012, p.87). De tal manera que, al recordar volvemos a vivir  las  percepciones  pasadas  y  recordamos  los objetos como se dieron en aquel momento. Por ello, los recuerden pueden ser tan nostálgicos (Sokolowski, 2012, p.87).

Al definir ambas percepciones, en un sentido general y como ya hemos visto, la percepción “puede, no sólo cambiar, sino también faltar por completo” (Husserl, 2013b, p.610). Es decir, nosotros podemos enunciar las características de un lugar a un receptor que escuche  la descripción de tal lugar o cosa y la percepción, aun estando ausente, se hace presente la significación del enunciado que se expresa. De modo que valdría  para  los  procesos  de fantasía e imaginación, la  percepción no  se hace presente, pero el  discurso  que  se enuncia, completa la significación, de tal manera, que podamos entender a que nos referimos.

En síntesis, la percepción no es aquello que se presenta únicamente en el instante de manera física, sino que puede presentarse aun cuando la acción ya es pasada. Siendo que la percepción -como  menciona  Sokolowski-  nos ha de poner en contacto con las cosas en el mundo y pueden tener lugar variaciones en la manera de interpretación directa a los objetos que el mundo nos ofrece. Siendo así la percepción como a base para intencionalidades que tenemos con dicho objeto, introduciendo intencionalidades fundadas sobre percepciones. De tal manera, la percepción es un proceso continuo que implica cambios de enfoque y movimientos en la atención de una parte a otra de algún objeto (Husserl, 2013b, p.99-100).

Notas al pie

[1] Véase en Husserl, la Investigación cuarta de Investigaciones  lógicas  II,  La diferencia     entre las significaciones independientes y no-independientes  y  la  idea  de  la  gramática pura. pp.438-470.

[2] Se sugiere  revisar  el  siguiente  artículo  para  un  primer  acercamiento:  Serrano, M.  S. (7 de agosto de 2021).  Breve  esquema  de  la  temporalidad  en  Husserl  en  Filosofía en la Red https://filosofiaenlared.com/2021/08/breve-esquema-de-la-temporalidad-en-husserl/.

[3] Nos referimos a su obra de La idea de la fenomenología donde se exponen cinco lecciones dictadas en Alemania.

[4] Véase en: Barrios, G. G.,  Ruiz, C. E. (2014). Ensayo Paisaje sonoro, en Quehacer Científico en Chiapas. pp.57-61.

Bibliografía

García-Baró, M. (1997). Husserl. Editorial Del Orto.

Husserl, E. (2002). Lecciones de fenomenología de la conciencia interna del tiempo. Editorial Trotta.

Husserl, E (2013a). Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica. Libro primero: Introducción general a la fenomenología pura. Editorial Fondo de Cultura Económica.

Husserl, E. (2013b). Investigaciones Lógicas II. Editorial Alianza. Sokolowski, R. (2012). Introducción a la fenomenología. Editorial M°relia.

Szilasi W. (1959). Introducción a la fenomenología de Husserl. Editorial  Amorrortu.

Torrez, S., A. (2016). El concepto de intencionalidad en la fenomenología como psicología descriptiva; Brentano, Twardowski y Husserl. Editorial UBA.

Zirion, A. (2017). Breve diccionario analítico de conceptos husserlianos. Editorial UNAM.

Imagen | Dialektika

Artículo de:

Mariana Stefania Serrano Ramírez (autora invitada):
Mtroe. en Ciencias (neurobiología) por la UNAM. Mtroe. en Artes por la UAQ. Lic. En Filosofía con línea terminal en investigación. Profesora nivel superior.

#edmund husserl, #fenomenología, #husserl, #percepción, #significación, #vivencia

por autores invitados

¿Te gustaría escribir para nosotros? Puedes hacerlo enviando textos de forma esporádica o unirte a nuestro equipo permanente de autores. Para más información, envíanos un mail: contacto[at]filosofiaenlared.com

error: Content is protected !!