Julio Cortázar (1914-1984) fue un escritor argentino perteneciente al boom latinoamericano. Sus obras generalmente se clasifican dentro del realismo mágico o surrealismo. Historias que juegan con los límites de lo real y lo fantástico, en las cuales los sentimientos y las emociones suelen ser lo más importante.

En 1962 publica “Historias de cronopios y de famas”, un libro de microrrelatos entre los cuales se encuentra “Instrucciones para dar cuerda al reloj”. Este pequeño relato, si bien podría parecer que solo trata sobre un objeto, contiene una profunda reflexión sobre la muerte y el miedo al paso del tiempo.

Miedo a la muerte

Analicemos la primera parte de este microrrelato:

Allá en el fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.

(Cortázar, 1995)

Con la primera frase nos marca algo que deberíamos tener siempre presente: no temer a la muerte. Michel de Montaigne (1533-1592) en su ensayo “Que filosofar es aprender a morir” sostiene que si aceptamos que la muerte es algo natural nos sentiremos más libres y podremos disfrutar con mayor intensidad de los placeres de la vida.

“Es incierto donde nos espera la muerte; esperémosla por todas partes. La premeditación de la muerte es premeditación de libertad; quien ha aprendido a morir ha desaprendido a servir. La vida nada tiene de malo para aquel que ha entendido bien que la privación de la vida no es un mal. Saber morir nos libera de toda sujeción y constricción.”

Michel de Montaigne (2016)

Por supuesto, el filósofo francés piensa en Epicuro1 al decir que no hay que temer a la muerte, y por eso nos invita a disfrutar la vida, teniendo presente que esta no es eterna. Saber que existe un final no debería ser algo que nos aflija, sino más bien una razón para aprovechar al máximo nuestra vida. Tengamos siempre en mente lo formulado por Montaigne: “La utilidad del vivir no reside en el tiempo, sino en el uso que de la vida se ha hecho”.

Carrera contra el tiempo

En la segunda parte del microrrelato, se hace referencia a las cosas y momentos perdidos, a aquello que pudo ser y no fue.

¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus pequeños rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.

Cortázar (1995)

Cortázar nos está diciendo que el tiempo no se detiene. Lo que sí puede detenerse somos nosotros. Si no sabemos ver lo que es importante, si dejamos todo para otro momento…llega un punto en que todo eso nos come por dentro e impide que avancemos. Por lo cual, aunque en la sociedad que vivimos no es fácil, debemos evitar tener una actitud pasiva ante la vida y disfrutar cada momento o por lo menos intentarlo.

Después de todo, “la muerte sólo tiene importancia en la medida que nos hace reflexionar sobre el valor de la vida” (Malraux, 2017, p.42).

Notas a pie de página

[1] Filósofo griego, fundador de la escuela que lleva su nombre.

Bibliografía

Cortázar, J. (1995). Instrucciones para dar cuerda a un reloj. En Historia de cronopios y de famas (pág.13). Buenos Aires: Alfaguara

Malraux, A. (2017). La condición humana. España: Edhasa

Montaigne, M. (2016) Los ensayos: Según la edición de 1595 de Marie de Gournay. España: Acantilado

Artículo de:

Carolina Arraigada Juarez (autora invitada):
Estudiante de Letras (UNRN – Argentina). Ayudante de biblioteca. Coordinadora del club de lectura de la Asociación Biblioteca Sarmiento (Bariloche).

Imagen | Pixabay

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por autores invitados

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