Fenómeno religioso (lo sagrado): similitudes entre Sócrates y Jesús basados en la Apología y Nuevo testamento

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En la siguiente monografía me centraré en explicar qué semejanzas hay entre Jesús, hijo de Dios encarnado, y Sócrates, filósofo central en el pensamiento griego y en la filosofía en general. Esto lo haré partiendo del tema sobre el fenómeno religioso, viendo como éste influye en los distintos acontecimientos que ocurrieron junto a la esfera de lo sagrado tratando de encontrar qué los hace tan parecidos a ambos. Pasando por los momentos más cruciales, los cuales  son  esenciales  para  entender por qué sucedieron y el efecto que tuvieron tanto para los maestros como para sus discípulos. Queriendo de esta manera demostrar que se encuentran varias similitudes, algunas más pronunciadas y otras más sutiles, entre ellos aunque pertenezcan a tiempos completamente distintos, profesando distintos tipos de fe  y  junto  a  un contexto diferente también. En efecto en esta monografía se aspirará a  poder  demostrar,  como estas dos figuras una perteneciente al mundo griego y la otra a la religión del judaísmo pueden llegar a ser muy parecidos con un mismo objetivo de que cada pueblo pueda profundizar en lo que piensa y experimenta en  su  entorno,  para esto se utilizarán la biblia, en específico el nuevo testamento, y la apología de Sócrates.

Comenzaré diciendo que cada uno tenía un discípulo extremadamente fiel; en el caso de Jesús, ese era Juan, el cual era su discípulo amado, el más joven de ellos, siguiéndolo desde los 15 años, y quién en los momentos más cruciales permanecía a su lado, mientras otros discípulos, como Pedro, lo negó  tres veces cuando él se encontraba apresado:

Pedro estaba sentado fuera en el patio, y una sirvienta se le acercó y dijo: Tú también estabas con Jesús el galileo. Pero él lo negó delante de todos ellos, diciendo: No sé de qué hablas. Cuando salió al portal, lo vio otra sirvienta y dijo* a los que estaban allí: Este estaba con Jesús el nazareno. Y otra vez él lo negó con juramento: ¡Yo no conozco a ese hombre! Y un poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro: Seguro que tú también eres uno de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre. Entonces él comenzó a maldecir y a jurar: ¡Yo no conozco a ese hombre! Y al instante un gallo cantó. Y Pedro se acordó de lo que Jesús había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente.

(Schökel, 2016, Mt 26, 69-75).

En esto se puede ver como el fenómeno religioso rompe el nivel de conciencia  afectando  así  a  la realidad, cambiándola, como le sucedió a Pedro que ni el mismo creyó que lo negaría y lo traicionaría, pero ya se encontraba escrito. En efecto luego de esto vino el momento crucial en la vida de Jesús, cuando lo crucifican,  el único  discípulo  que permaneció  fielmente a su lado sin cometer  el  error  anteriormente mencionado fue Juan, el cual permanecía en ese momento y en todo el camino hacia la cruz junto a la madre de su maestro, María. Así, el maestro, al momento de su agonía le dijo Juan y a María:

Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: Mujer, he ahí a tu hijo. Luego dice al discípulo: He ahí a tu madre.

(Schökel, 2016, Jn 19, 26-27).

Se puede apreciar como Jesús lo  premia,  por  así  decirlo,  por  su  fidelidad  inquebrantable dándole como madre a María, ya que desde ese momento la virgen siempre asistió a la casa de Juan; también para agregar, algo no menos importante, con este acontecimiento se establece mediante revelaciones, relaciones nuevas de amor entre María y los cristianos.  Del  lado  de Sócrates se encontraba Platón el cual profundizo planamente  su  filosofía,  sobre  todo  la mayéutica, la cual consiste en un diálogo con la otra persona haciéndole ver que a través de preguntas, no posee todo el conocimiento, sino que al contrario carece del mismo. También en el momento más crítico del ateniense, su fiel discípulo se encontraba a su lado cuando tuvo que beber la cicuta, es un gran relato cuando Platón explica que nunca olvidará la mirada vacía y como se iba apagando la vida de su maestro. En consecuencia este hecho  lo  marcó  notablemente, tanto que los primeros escritos juveniles se dedica a escribir diálogos en los que la figura principal es Sócrates, queriendo lograr inmortalizar a su maestro.

Otra similitud que se encuentra es que en el momento del juicio que tuvieron que pasar, hubo la  oportunidad de escapar y no lo hicieron, por el lado de Sócrates no quería perder su identidad  de  ateniense.  Aunque sus discípulos lo trataron de convencer de que huyera y salvara su vida, ya que había sido acusado de ser un sofista cobrando a los  jóvenes  de  las  familias pudientes por educación. También, como él mismo lo dice: “De las muchas mentiras que han urdido, una me causo especial extrañeza, aquella en la que decían que tenías que precaveros de ser engañados por mí, porque dicen ellos, soy hábil para hablar” (Platón, 2018: pp. 3 17b). con esto hasta  él  mismo  se  sorprendió de tal acusación  porque  la  veía  como una sin sentido, ya que  él  nunca  le mintió a la gente, sino que los quería hacer despertar y que pensaran por su propia  cuenta.  Así,  entendiendo  que ellos no poseían  todas  las  verdades  y que podían cometer alguna equivocación en su vida; en efecto, reconocerse ignorantes  sobre  algún  tema.  Volviendo a lo primeramente dicho, Sócrates antes de asistir al juicio, había aceptado su destino sin temor a lo que llegaría a pasar, ya que no  intentó  huir  cuando tuvo oportunidad,  ya  que  él  había llegado a un nivel espiritual en el que lo perturbara la muerte sino que la veía como un sueño eterno o una reunión con los dioses, aunque en algún momento o muy interiormente sintió temor:

Yo estoy dispuesto a morir muchas veces, si esto es verdad, y sería un entretenimiento maravilloso.

(Platón, 2018, p.30-43b).

Del lado de Jesús, cuando lo fueron a buscar los soldados para encarcelarlo, tuvo  la  oportunidad de no decir que era él y hacerse pasar por uno más, pero decidió cumplir también su destino:

Jesús, que sabía todo lo que le iba a suceder, les salió al encuentro. — ¿A quién buscan? —les preguntó. —A Jesús de Nazaret —contestaron.

—Yo soy.

Judas, el traidor, estaba con ellos. Cuando Jesús les dijo: «Yo soy», dieron un paso atrás y se desplomaron.

—¿A quién buscan?

Volvió a preguntarles Jesús.

A Jesús de Nazaret —repitieron.

– Ya les dije que yo soy. Si es a mí a quien buscan, dejen que estos se vayan.

Esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho: «De los que me diste ninguno se perdió»

(Schokel, 2016, Jn 18, 4-9).

Él sí había sentido plenamente miedo por lo que llegaría a pasar, aunque era el hijo de Dios, así y todo aceptó su destino, ya que era la  tarea  que le había  encomendado  su Padre,  para  poder salvar de la muerte eterna al mundo. En ambos casos, se dejaron invadir por el misterio a través de una actitud de reconocimiento, sintiendo un temor filial por la misión que les había sido encomendada. Cuando Querofonte, un amigo de Platón, fue a consultar al Oráculo de Delfos para preguntar quién era el más sabio de todos, el Oráculo respondió Sócrates; éste, al enterarse, se sorprendió enormemente porque él no reconocía en sí mismo ninguna sabiduría superior a la que poseen los demás hombres. Y Jesús, a pesar de haber nacido hombre, siempre supo que era hijo de Dios; a los 12 años, cuando se quedó hablando en el templo con los grandes sacerdotes, ellos se sorprendieron de la sabiduría de aquel pequeño.

La siguiente similitud que encuentro me lleva a cuando comenzaban su camino, hablando con las personas de sus respectivas ciudades, transmitiéndoles lo que ellos sabían para lograr un cambio en esas mismas. Lo que disgustó en gran medida a los encargados de la ciudad, en la antigua Grecia, eran los métodos de Sócrates. También el hecho de argumentar que podría caber la posibilidad de que podría haber  la  presencia  de un solo Dios, tomando la postura como una negación a los dioses, pero él no los negaba:

Voy de un lado a otro investigando y averiguando en el sentido del Dios.

(Platón, 2018, p.10-23b).

Tratando de descubrir si realmente había uno solo, acercándose al Dios del cristianismo, el que seguirá esta vertiente será su principal discípulo Platón y después de él los neoplatónicos, para tratar de acomodar la filosofía griega al catolicismo. Por otra parte, lo que les disgustó a los sumos sacerdotes de Jesús fue que él hiciera milagros y predicara:

Pero Jesús se fue al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo. Toda la gente se le acercó, y él se sentó a enseñarles. Los maestros de la ley y los fariseos llevaron entonces a una mujer sorprendida en adulterio, y poniéndola en medio del grupo le dijeron a Jesús: —Maestro, a esta mujer se le ha sorprendido en el acto mismo de adulterio. En la ley Moisés nos ordenó apedrear a tales mujeres. ¿Tú qué dices? Con esta pregunta le estaban tendiendo una trampa, para tener de qué acusarlo. Pero Jesús se inclinó y con el dedo comenzó a escribir en el suelo. Y, como ellos lo acosaban a preguntas, Jesús se incorporó y les dijo: —Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

(Schokel, 2016, Jn 8, 1-7).

Él les quería demostrar que vino a reformular las leyes de Moisés y que se podía actuar de manera distinta: desde el amor y la fraternidad con el hermano, sin necesidad de herir al otro. En efecto, como lo querían hacer con la mujer acusada de adulterio, siempre tenía una respuesta que los dejaba atónitos sin saber qué responder. Él quería que  la  religión  se  viviera  con amor y no puramente desde  la  doctrina,  como  lo hacían los sumos sacerdotes, acatando las leyes Ambos, tanto Sócrates como Jesús, querían transformar el pensar y el sentir de las personas, por eso querían que desde la experiencia estas comprendieran que se puede tener una  forma  propia de pensar y vivir más conectados con los otros. Por eso el fenómeno religioso contiene hechos que nos pueden impulsar, motivar y mover desde lo exterior a lo interior, en consecuencia ellos lo pudieron lograr, ya que dejaron huella en el sentido de que no fueron olvidados.

En conclusión, puedo decir que traté de que se vieran las similitudes  entre  ambos  quiénes  marcaron  un antes y un después en sus diversos tiempos, pese a que los trataron de acallar y silenciar. Ambos dieron la vida por la causa, desde lo sagrado y en el ámbito de la experiencia religiosa a la que estaban llamados, con su manera peculiar de ser y su conexión con lo trascendente. Esto los hace diferentes del resto de los hombres, porque hay un misterio que existe por sí mismos; siguieron hacia delante ayudando a los demás estando dispuestos siempre a escuchar al de al lado. Aceptando también el juicio que recibieron por lo que ellos creían plenamente, a pesar de haber tenido la oportunidad de huir, no lo hicieron porque realmente estaban comprometidos con su misión. Nunca sintieron egocentrismo, al contrario,  siempre  estaban  al  servicio del otro. Lo realizaban desde la fraternidad, no hicieron sentir inferior al otro, sino que ofrecieron la ayuda necesaria de ellos para formar su propio camino; de esta manera se lograban auto-conocer y también poder dar una mano a otros. Fueron personajes centrales para sus épocas, ya que ellos tenían una actitud originaria rompiendo con el nivel de conciencia. Esto molestó muchísimo a las autoridades de sus respectivos  tiempos,  porque  el  pueblo se centraba en ellos. Sócrates y Jesús trataron de hacer entender que no realizaban ningún mal, pero el egocentrismo de los gobernantes los encegueció. No pudieron borrarlos de la historia,  quedaron  siempre  presentes por las grandes personas que fueron y sus enseñanzas, nunca se volverán obsoletas.  Ellos  fueron  unos adelantados a su  tiempo  por  como daban sus  enseñanzas, comprometiéndose activamente porque vivían su religión como forma de vida, dándole sentido a los objetos vinculados siempre con la experiencia religiosa. Ellos han influido a lo largo de mi vida  enseñándome que se puede salir de la superficialidad y profundizar  tanto en el pensamiento como en lo espiritual.

Bibliografía

Platón. (2018). Apología de Sócrates. Gredos.

Schökel, A. L. (2016).  La  biblia  de  nuestro  pueblo.  Editorial  Clateriana.

Imagen | Pexels

Artículo de:

Sol Maria Catolino Carísimo (autora invitada):
De Buenos Aires, Argentina. Profesora de filosofía egresada del instituto Pbro. A. M. Sáenz y lic. en filosofía en la UCALP de la ciudad de la Plata.

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