Este 18 de noviembre, Día Mundial de la Filosofía, me topé muchas y variadas publicaciones en Instagram de mis colegas divulgadores, la mayoría hablando sobre que significaba la filosofía para ellos y lo fundamental que era su aporte en la sociedad. Lo que encontré me inspiró para reflexionar sobre la importancia de la filosofía cotidiana, esa con la que convivimos en nuestro día a día.

Durante mi adolescencia cuestione varias de las materias, formas y planes de estudio que daban en mi colegio secundario, sentía que muchas veces no me decían realmente las razones para estudiar determinadas cosas, no respondían mis ¿por qué?, ni mis ¿para qué?. Llegado el momento de elegir una carrera y después de haber descartado otras opciones, que si bien me gustaban no me bastaban, opté por estudiar filosofía.

Mi breve trayecto filosófico

La realidad es que, como adolescente que sale al mundo, elegí la carrera por su potencial; me resultaba intrigante y acorde mis valores, además de que me permitiría “trabajar” en profesiones afines de mis intereses. Una vez comenzado el viaje al pensamiento filosófico, me terminé sorprendiendo con lo que me crucé.

Lo que la disciplina y práctica filosófica me había ofrecido en menos de dos años fue mucho más impresionante que las expectativas que me había hecho de ella. Fui encontrando trozos de filosofía en películas, series, novelas y poemas que había leído durante mi infancia y adolescencia. Lo definitivo fue darme cuenta que mis escritos de reflexión implicaban las mismas preguntas filosóficas que otros pensadores se hicieron antes alguna vez.

¿Definiciones de Filosofía?

En este camino fui notando que se habla mucho sobre el carácter productivo de la filosofía, se debate sobre la utilidad que puede o no tener. Sin embargo, en esos debates no puedo evitar preguntarme ¿Útil para qué o quiénes? ¿Y por qué les parece tan fundamental la utilidad? ¿Es que acaso, si no lo fuera, sería una razón para considerarla como una disciplina inválida? ¿Qué entienden por “utilidad”? ¿Con qué criterio se está midiendo? ¿Siquiera es algo que puede medirse?

Si tengo que definir de manera “estricta” a la filosofía, como ya lo hice en otro artículo colaborativo, diría que es el estudio y análisis crítico de los problemas filosóficos. El arte de problematizar, pero no en el sentido de inventarse los problemas, sino más bien de dejar a la vista los problemas que ya estaban ahí, cuestionarlos para buscarles respuestas y sentido.

Pero entonces me es imposible no preguntarme: ¿realmente puedo definir a la filosofía? Claramente, es algo que no podemos evitar, como seres del lenguaje, para comprender las cosas necesitamos palabras, etiquetas. Por lo que nos vemos envueltos en un bucle por intentar explicar la esencia de la filosofía.

Una de mis primeras materias en la carrera fue “fundamentos de la filosofía”. Para arrancar con el programa se habló de que paradójicamente el primer problema filosófico es precisamente la duda sobre ¿Qué es la filosofía?, una pregunta que al fin y a cabo solo la filosofía puede responder: ella se da así misma su propia esencia. Preguntarme qué es la filosofía es en sí mismo una cuestión filosófica.

Esencias de la Filosofía

La realidad es que al final las definiciones que se puedan dar de la filosofía son muchas y diversas, incluso me atrevería a decir que hay tantos significados de filosofía como filósofos en el mundo (pasados y presentes). Pero de todos modos sí que puedo rescatar una serie de características comunes acerca de lo que su esencia significa.

Para mí, el filosofar es una manera de habitar críticamente el mundo, una forma de pensar que es atravesada constantemente por la duda, por la pregunta existencial que nos interpela de algún modo, incluso que nos incomoda de sobremanera.

Muchos pensadores y filósofos han concordado que el practicar la filosofía implica necesariamente sacar a luz aquello que se estaba oculto en la obviedad de lo cotidiano, en el famoso “sentido común”, y así llevar a cabo ese modo de reflexionar crítico para buscar respuestas a las preguntas, para encontrar significados a los “sin sentido”.

La filosofía trata sobre todo lo que existe e incluso de lo que no existe, preguntarnos por el concepto mismo de existencia. Cuando el digo “todo”, busco representar el hecho de que las preguntas van a acerca de nosotros mismos y a su vez de lo que nos rodea: no hay una temática de la que no se puede filosofar en algún aspecto. Mientras nos atraviese e interpele puede filosofarse.

La vida cotidiana y la Filosofía

Y desde esta perspectiva es que pienso en la importancia que tiene la filosofía en nuestra vida cotidiana. Puede parecer una obviedad, pero realmente en los últimos tiempos la filosofía ha tendido a quedarse estancada en el ámbito académico y elitista, cuando siempre ha pertenecido al ámbito de la vida común, ya sea personal o pública.

El debate sobre quiénes son los que pueden hacer filosofía o ser filósofos, es bastante más riguroso y complejo. Sin embargo, me tomo el atrevimiento de decir que en el caso de estar hablando de la vida práctica de los seres humanos: todos realizan cotidianamente, aunque sea de forma breve, preguntas filosóficas.

La filosofía se da allí donde la duda nos llama, donde aparece la necesidad de cuestionar y examinar lo que veo, incluso si lo que veo es a mí mismo. Se da donde es preciso encontrar sentidos más allá del sentido, o simplemente donde las preguntas no bastan y necesitan de sus respuestas, donde los problemas requieren soluciones transformadoras. Y sí esto es así, entonces el filosofar se da también en gran parte de nuestra vida cotidiana.

Conclusiones sobre
la Filosofía Cotidiana

Realmente no tengo claro si el hecho de que en la vida diaria se hagan preguntas filosóficas implica necesarimente hacer filosofía como tal, pero sí creo que demuestra que parte de la esencia de la filosofía está presente en nuestra manera de vivir como seres racionales y sociales.

Considero que es por esa chispa filosófica que nos acompaña diariamente, que es fundamental divulgar y enseñar filosofía: para poder encenderla de manera que ese filosofar se haga de forma consciente, y así la filosofía cotidiana les permita, a quienes las practiquen, pensar abierta, crítica y reflexivamente lo que vivan. Lo que, de hecho, nos deslumbra cuan útil e importante es la filosofía para vivir.

Artículo de:

Belén Romero (autora invitada):

Estudiante de Filosofía en la UBA y creadora de contenido de divulgación, arte y escritura en redes sociales.

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Imagen | Unsplash

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