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El presente artículo pertenece a la Ponencia de la Mesa 1 de nuestro evento por el día de la filosofía llevado a cabo el 20 de noviembre de 2021. Puedes ver las 3 mesas en nuestro canal de YouTube.

La situación actual de la filosofía en el sistema educativo español, así como de forma general en casi todos los países de habla hispana, está sufriendo unos cambios profundos y desvirtuados. Todo ello como consecuencia de las sucesivas reformas legislativas, el proceso de incorporación del Plan Bolonia, la propia amenaza de las reducciones de los centros educativos, titulaciones y materias relacionadas con la filosofía, así como el radical planteamiento utilitarista en la forma de pensar y de organizarnos como sociedad,… Estos cambios, y muchos otros, nos exigen una reflexión colectiva que tenga como intención buscar posiciones cualificadas para el momento que estamos viviendo.

¿Cuál es el problema principal al que nos encontramos? Básicamente que no contamos con una comunidad filosófica estable que aglutine todas las necesidades. Existen grupos sectoriales (niveles educativos, comunidades, países, objetivos temáticos o disciplinares), pero no hemos dado cuenta de una red académica que permita conectar al conjunto de profesores e investigadores.

Todo ello nos coloca delante de una situación en la que todos debemos de tomar partido y asumir nuestra responsabilidad en el lugar que nos corresponde. En cierto modo, aquellos que ejercemos la docencia de la filosofía en el aula, ya sea en la educación primaria, secundaria, universitaria o de formación permanente, hemos de reflexionar conjuntamente sobre nuestra situación actual. Estamos llamados a pensar en el provenir que nos avecina y sobre los planteamientos y soluciones que estamos dispuestos a defender de forma colectiva. Si no podemos aglutinar y construir una comunidad filosófica, con mucha dificultad podremos defender y cambiar los retos a los que está llamada nuestra materia en pleno siglo XXI en el aula.

No sabemos si vamos a lograr grandes hazañas, pero estamos en un momento maravilloso para crear un espacio común de interlocución. Es decir, construir juntos una comunidad de cuantos amamos y practicamos la filosofía.

En este primer tramo del siglo XXI la filosofía tiene mucho que decir. Fundamentalmente en temas tan variados y de radical actualidad. Las grandes transformaciones tecnológicas, sociales y ecológicas que estamos viviendo. Los conflictos e incertidumbres de nuevas sociedades multiculturales y globalizadas a las que no estamos preparados para dar respuesta políticas y sociales. El papel desestabilizador e infructuoso en el que se encuentra actualmente la clase política ante los nuevos retos. Las mutaciones ideológicas que los gobiernos realizan sobre las instituciones educativas y la investigación, y que desgraciadamente se ven más afectadas por la tríada I+D+I. Las nuevas formas de pensamiento que van tomando poco a poco protagonismo dentro del nuevo espacio político. Las malas prácticas de la clase política que son continuas y deforman la participación del ciudadano en el espacio público. Los nuevos escenarios postpandemia que han generado en la población desazón y tirantez. Las estructuras de poder clásica como el Estado o la Iglesia se han visto sustituidas por nuevos entes de poder (Google, Amazon, Facebook) que ponen en riesgo la idea de la libertad y la posesión de la intimidad. Ante estas realidades la filosofía es imprescindible que se vea obliga a salir de su estructura cómoda y academicista y salga a repensar cuál debe ser su tarea en el mundo contemporáneo.

Es por ello por lo que la pregunta crucial por la que habría que empezar es ¿para qué sirve la filosofía en el siglo XXI? Si revisamos la aportación que han dado los filósofos a lo largo de la historia del pensamiento muchos han afirmado con altanería y erudición que la filosofía no sirve para nada. Su razón radica en que no sirve para nada en particular, o en especial, como si de una cafetera u horno estuviéramos hablando. Al contrario, la filosofía sirve “para todo”. Es decir, sirve para lo esencial, ya que su ocupación se encuentra en las cuestiones más profundas y fundamentales del ser humano. Por tanto, no se trataría tanto de su in-utilidad, sino más bien de su supra-utilidad.

Para el caso que nos ocupa procuremos responder a la pregunta que nos ha convocado para esta intervención: ¿cuáles son las implicaciones de la filosofía en la escuela del siglo XXI? O, dicho de otra manera, ¿cuáles son las funciones de supra- utilidad que la filosofía puede ejercer en la escuela del siglo XXI? De esta pregunta nos vemos comprometidos para dar algunas aportaciones que serán las que nos ayuden a responder a esta pregunta.

En primer lugar, habría que recordar que hacer filosofía en el aula ayuda a los alumnos a crecer en diversos aspectos del desarrollo personal. Y esto lo afirmamos basándonos en aquellos estudios, consensos y acuerdos internacionales que han demostrado que los estudiantes de filosofía potencian de manera activa todos los niveles educativos (UNESCO, 2005). En cierto modo se potencia el ámbito cognitivo, moral y actitudinal en la búsqueda de sentido. Las investigaciones en esta línea no han tenido gran difusión, pero son de gran significación para justificar esta intervención (Eyzaguirre, 2018), ya que nos han hecho entender que la enseñanza de la filosofía, incluso desde la enseñanza básica, desarrolla capacidades cognitivas en los estudiantes y aumenta un mejor rendimiento en los resultados académicos en sus aprendizajes.

En segundo lugar, la filosofía enseña de manera significativa a los alumnos conceptos claves que toman protagonismo directo en la vida real como son la ética, la libertad o la verdad. En cierto modo, los forma para que sean sujetos capaces de distinguir el bien del mal, lo justo de lo injusto o la verdad de la mentira. No hay en todo el sistema educativo ninguna materia que sea capaz de salir de las cuatro paredes del aula y tenga ese protagonismo.

En tercer lugar, la filosofía enseña a los estudiantes a hacerse preguntas sin necesidad de tener una respuesta inmediata y certera. Al contrario, nuestra materia lo que genera son habilidades que ponen en valor acciones como el razonamiento, la discusión, la escucha y la empatía. En definitiva, la filosofía ofrece en la clase un espacio que muchas veces lo importante no son las respuestas, sino el camino que la razón ocupa para desenmarañar los ovillos de la verdad y el conocimiento.

En cuarto lugar, la filosofía dota a los alumnos en la habilidad de reflexionar, rumiar y profundizar en el pensamiento dominante. Es decir, en el sentido común. En cierto modo, la filosofía intenta ir más allá de las respuestas hechas, superficiales e inmediatas a las que estamos tan acostumbrados. Su radicalidad anima y seduce a los alumnos a profundizar con calma en la búsqueda de nuevas preguntas.

En quinto lugar, la filosofía nos enseña por medio de la metafísica a elevar nuestras ideas al espectro de lo abstracto. En cierto modo, este tipo de ejercicio les ayudará a la contemplación, admiración y enamoramiento de las categorías de la belleza y la estética. Básicamente estamos hablando de acrecentar la dimensión trascendental.

En sexto lugar, la filosofía dota a los alumnos en conocimientos básicos de política que en el momento actual se hacen imprescindibles. Acostumbrados a debates políticos infructuosos y cargados de ideología propagandística, en el aula a los alumnos se les recuerda las bases de qué es la política y cuáles son sus funciones, porqué somos ciudadanos, cuál es el límite del estado, porqué la democracia es de las formas de gobierno menos mala, los porqué de los nacionalismos, cómo se confecciona un parlamento o senado, dónde empiezan y acaban los derechos y los deberes del ciudadano,… En definitiva, la filosofía tiene la función de evitar el aumento de ciudadanos incultos en este ámbito para que no corran el riesgo de ser gobernados por personas incompetentes y mediocres.

En séptimo lugar, la filosofía ayudará a los alumnos a comprender la complejidad del mundo en el que viven. De ahí, que la aportación de los grandes filósofos ayudará a los alumnos a tener ciertas herramientas para tener su propia idea de la realidad.

Y en octavo lugar, la filosofía enseña a nuestros estudiantes a pensar y a plantearse preguntas nuevas. Su objetivo no es tanto en responder a todo. Lo importante es pensar en las múltiples realidades que les rodea: las redes sociales, la inteligencia artificial, el feminismo, la ecología, la bioética (clonación, eutanasia, aborto, gestación subrogada,…), el ascenso de la extrema derecha a los parlamentos y senados, la corrupción política, los movimientos migratorios, la invasión de las fake news, las nuevas condiciones de la libertad y el respeto por la intimidad,…

En definitiva, la filosofía para este siglo XXI en el aula debe volver a aquella afirmación platónica del Templo de Delfos: «conócete a ti mismo». O en términos kantianos: «sapere aude». En efecto, y usamos la afirmación volver porque se hace necesario hoy en día el pensamiento crítico y analítico, la discusión respetuosa y escuchada, la reflexión sosegada, así como la orientación ético-moral. Todo ello para que nos pueda ayudar a educar a nuestros alumnos (niños, adolescentes, jóvenes y adultos) a conocerse a sí mismos y a desarrollarse como sujetos que puedan vivir en una sociedad culta y avanzada. Ahí encontramos las supra-utilidades de la filosofía en el aula que debemos de conseguir en espacio de consenso y cooperación.

Mira la ponencia:

Bibliografía

Eyzaguirre, S. (julio del 2018). El rol de la filosofía en el desarrollo del pensamiento crítico. Centro de Estudios Públicos.

UNESCO. Consejo Ejecutivo. (2005). Informe del Director General relativo a una estrategia intersectorial sobre la filosofía. https://cutt.ly/EEcZldK

Kant, I. (2000). Filosofía de la Historia. Fondo de Cultura Económica. Cita dentro del texto: (Kant, 2000, p.25-37).

Artículo de:

Óscar Bethencourt (autor invitado):

Doctor en Filosofía y Licenciado en Teología. Natural de las Islas Canarias pero residente en Madrid. Actualmente, es profesor de Filosofía y Religión en la educación secundaria.

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Imagen | Pixabay

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por autores invitados

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