Un siglo con Guillermina Bravo: un legado de amor y esfuerzo a la Danza Contemporánea

La Danza se ha caracterizado por la expresividad del movimiento y en consideración terminológicas, «el término danza se emplea para referirse a tres conceptos diferentes: la coreografía, la representación y la obra» (Alcaraz & Bertinneto, 2016). Esta tríada radica la correlación entre los conceptos para formular la configuración de la Danza y del contenido teórico-práctico que conlleva. Guillermina Bravo, bailarina mexicana, reunió y explotó intrínsecamente cada uno de estos conceptos de forma práctica, y trascendió cada uno de ellos para poner los cimientos de una Danza que hoy le agradece el esfuerzo por el trabajo dedicado a un vocabulario corporal que marcó a más de una generación.

El nombre de Guillermina Bravo se extiende para formar parte de un legado a la Danza Contemporánea, así como la fundación de las agrupaciones más importantes que acogieron y dieron calidez a la Danza en México, a saber, la Academia de Danza en 1947 y el Ballet Nacional de México en 1948. Con ello, se expone la dote de un esfuerzo latente en la Danza contemporánea, el amor, disciplina y respeto a la expresión artística corpórea explotada y ejecutada por aquel que baila.

El conjunto de un lenguaje somático y emocional en el movimiento del que baila, como aquel que se traslada, se muda de un lado a otro, en movimientos y pasos precisos que requieren más que un gusto por el arte del que danza para generar en consecuencia la expresividad de lo que se dice sin palabras; aquello que sale desde dentro, que se expresa sin verbalización o escritura, sino en el lenguaje corpóreo que Guillermina llevó al límite en cada resueno de movimientos que realizaba. Reconocida por su denuedo y disciplina para transmitir la enseñanza de la Danza, plasmó en su legado que aquella persona que se adentra en este arte necesita, en principio, valentía para hacerse senderos en un país donde el baile parece desvanecerse, así como esfuerzo, disciplina, y la rigurosidad que conlleva el conocer la danza para aprehenderse y ejecutarse.

Academia de Danza Mexicana

La Academia de Danza Mexicana ya exponía los objetivos que Guillermina perseguía y pulía con el paso del tiempo: la investigación de danzas autóctonas y su relación con las demás artes; retomar los conocimientos clásicos para partir de ahí y moldear una danza moderna; difundir un nuevo género dancístico mexicano; la preparación adecuada de cada bailarín; e introducir nuevos elementos técnicos para una expresión real de lo nacional1. Los objetivos eran claros, en medio de un camino complicado en todo aspecto: social, económico, político y por ende artístico. El apoyo era casi nulo, hubo ocasiones en que las personas que integraban la prestigiosa Academia de Danza Mexicana pasaban días sin probar bocado o agua, donde más de uno se quiso aprovechar de la situación. Más tarde, las discrepancias ideológicas con Ana Mérida la llevarán a separarse del grupo y continuar con la fundación del Ballet Nacional.

Guillermina Bravo no bailaba para las élites, bailaba en los lugares insólitos que incluso podrían parecer abandonados; rompía el estigma del elitismo artístico, pues nunca consideró que hacía Danza para el pueblo, sino que era gente del pueblo haciendo Danza, un discurso que irrumpía con ímpetu para aportar a la configuración del proceso artístico de la Danza en México. La madre de la Danza Contemporánea en México llevó el esplendor de la catarsis a su máxima expresión. El cuerpo ya no figuraba sólo como una propuesta fisiológica o anatómica, recogía en la expresividad misma, el movimiento, una transición que lleva al bailarín a una potestad en la danza misma promulgada.

La danza es un lenguaje vivo que habla del humano, un mensaje artístico que se lanza al más allá de la realidad a fin de hablar, por así decirlo, a un nivel más elevado, con imágenes y alegorías, de las emociones más íntimas del humano y de su necesidad de comunicar.

(Wigman, 2012).

Guillermina Bravo comprendió este sentido penetrante de la danza y contribuyó al desarrollo de la Danza Contemporánea en México, acudiendo a la técnica Graham para la formación de quienes se incorporarían al estudio con la Maestra. Con ello, no sólo constituía a los bailarines, daba paso a un proceso nuevo en la historia para la Danza Contemporánea en México. En palabras de Guillermina Bravo:

En la danza, para lograr la libertad de expresión es necesario formarse en el rigor; para ejercer la creación se requiere la acción cotidiana, la diaria construcción del cuerpo que permite conocer, dominar y manejar su energía. No hay alternativa.

Delgado, 1994

Ballet Nacional

Siendo fundadora de dos grandes instituciones importantes para la Danza en México, no resultó sencillo el asentamiento de cada una de ellas: la misma artista expone la difícil transición de encontrar un lugar para el Ballet Nacional. Junto con Josefina Lavalle se adentraron a los recintos más escondidos de Ciudad de México donde se encontraron con lo que sería su primer establecimiento en un salón de la Lotería Nacional: el piso arrasaba con sus piernas lastimándoles en cada ensayo y las lluvias permeaban el techo. Con esto, fue aquel el primer sitio donde el prestigioso Ballet Nacional dejaría por dos años la búsqueda de un lado a otro de un espacio digno, al menos que no siguiera afectándoles físicamente. Para 1950, Guillermina rentó un viejo espacio que había pertenecido a una logia masónica2. En ese momento, el Ballet Nacional comenzó la travesía hacia nuevas ejecuciones coreográficas.

Más tarde, aún con el corazón bailando, en 1991 Bravo cambió de sede el Ballet Nacional de México y abre las puertas del Centro Nacional de Danza Contemporánea, proyecto que tuvo como objetivo seguir difundiendo la obra artística de la Danza a otros públicos. El proyecto de Querétaro representó uno de los últimos retos de una nueva etapa en la carrera de Guillermina y de la construcción de la Danza. La mirada de un nacimiento de la Danza Contemporánea se había extendido al bajío dónde hasta la fecha, perdura el legado que la Maestra dejó a un cúmulo de artistas apasionados por el movimiento, el baile, el arte.

La Danza para Guillermina Bravo

La preponderancia de la Danza para Bravo, iba más allá de la obstaculización monetaria a los proyectos para su impulso desde que ella era estudiante hasta las Instituciones que llevó bajo su mando. La Danza para Guillermina presenta una construcción de disciplina cotidiana que rompe con la idealización de amor al arte sin escrúpulos de rigurosidad física y mental. Como diría Arvizu (2021): “No es la constitución física sola la que habilita a un estudiante, sino a la par, su capacidad de reflexión”. Es menester, tener la congruencia física y mental para la ejecución de quién danza, no es una separación del cuerpo y mente, sino la unión misma lo que hace que aquel que danza estilice cada movimiento consciente de un saber adquirido. “La expresividad real y simbólica del cuerpo humano en su totalidad” (Alcaraz & Bertinneto, 2016).

Danzar, bailar significa mover el cuerpo en el espacio. Pero este movimiento no puede ser cualquier movimiento […] debe contener, además, significación: un hálito, un acento, una carga impuesta por el bailarín, por el danzante, por el artista, que diferenciará este movimiento de todos aquellos movimientos que seres humanos y animales realizan para sobrevivir […] los movimientos propios de la danza […] son movimientos impregnados de significación”

(Dallal, 1996).

Para Guillermina Bravo3, la Danza no era únicamente una explosión de emociones arrojadas en un escenario, era el virtuosismo mismo que comprendía la relación dual del bailarín lo que hacía que los movimientos fueran puliéndose en cada ensayo, el respeto por el cuerpo mismo, el arte y el conocimiento. La trayectoria de la artista se forjó con caminos duros, pero el alma aguerrida de un cuerpo que baila puso en marcha lo que hoy recordamos, reconocemos y estudiamos aún bajo su nombre. A un siglo de su natalicio, no existe mayor homenaje que recordar en la práctica y en la teoría las enseñanzas de lo que ha dejado como herencia para la comunidad escénica dancística y con ello, como ella misma promulgaba, seguir puliendo y perfeccionando la expresión de la danza, aún con las dificultades que implica ser artista en México.

El presente escrito es una parte de lo que me permito hablar de la maestra Guillermina que sólo pude conocer entre libros, charlas y un Centro Nacional de Danza Contemporánea que nos dejó y que mantiene eco de cada paso que plasmó. Guillermina Bravo ejecutó uno de los actos más puros de amor al arte de la Danza Contemporánea en México; esfuerzo y disciplina por la danza, respeto y valentía de quien baila4.

Notas

[1] cfr. Delgado, 1994, p.29

[2] Véase en Delgado, César. Guillermina Bravo. Historia Oral. CONACULTA/INBA/Cenidi Danza, México, DF. 1994

[3] Se recomienda al lector la consulta de: Camacho, Patricia et al. (2014). Guillermina Bravo. Testimonial. México, D.F.: CONACULTA, INBA, Cenidi Danza.

[4] Agradecimiento fraterno a la comunidad CENADAC, que en 2021 sigue celebrando y agradeciendo el legado de Guillermina Bravo, manteniendo las puertas abiertas de un recinto que sigue formando artistas. A los estudiantes que siguen con valentía el ímpetu de la Danza en tiempos oscuros.

Bibliografía

Alcaraz, M. José, Bertinetto, Alessandro. (2016). Las artes y la filosofía. Ed. UNAM.

Arvizu Valencia, José Antonio. (2021). Para una estética de la danza. Ed. Infinita.

Camacho, Patricia et al. (2014). Guillermina Bravo. Testimonial. México, D.F,: CONACULTA, INBA, Cenidi Danza.

Dallal, Alberto. (1996). Cómo acercarse a la Danza. CONACULTA.

Delgado, César. (1994). Guillermina Bravo. Historia Oral. CONACULTA/INBA/Cenidi Danza, México, DF.

Wigman, Mary. (2002). El lenguaje de la danza. Trad. Carlos Murias Vila. Ed. Del Aguazul

Imagen | Cortesía de Maritza López

Artículo de:

Mariana Stefania Serrano Ramírez (autora invitada):
Mtroe. en Ciencias (neurobiología) por la UNAM. Mtroe. en Artes por la UAQ. Lic. En Filosofía con línea terminal en investigación. Profesora nivel superior.

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