¿Qué es la leyenda negra?

En 1914 Julián Juderías publica un libro con el título La leyenda negra en el que pone de manifiesto la existencia del movimiento propagandístico que trata de desacreditar a España acudiendo al pasado, ocultando información, manipulando datos, acogiendo parcialmente los hechos, exagerando o deformando los acontecimientos históricos…

En nuestros días vuelve a tener actualidad esta leyenda negra, o esta historiografía negrolegendaria, a pesar de que, como dice el hispanista francés Joseph Pérez: «actualmente los historiadores están de acuerdo en su mayoría en que la leyenda negra no corresponde a la realidad»1. Sin embargo, hay diversos sectores con intereses políticos que vuelven con fuerza a presentar a los españoles como los malos de la película. Lo más preocupante es que el discurso negrolegendario ya está presente en buena parte de los libros de texto escolares y en las mentalidades occidentales. De hecho, en 1944 el Consejo Estadounidense para la Educación (ACE) mostraba su preocupación por el carácter antihispano del material educativo2.

El origen de la leyenda negra

Se pueden encontrar un buen número de referencias que muestran un discurso antiespañol a partir del siglo XIV. En los textos se alude al pasado impuro de los españoles: mezcla de judíos y musulmanes. Es la reacción lógica a la expansión de la Corona de Aragón en el sur de la península itálica. Sin embargo, no hay una campaña de desprestigio o falsificación histórica organizada.

El emperador Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico, que nació en Flandes, tenía como objetivo dotar de unidad política a un conjunto de territorios dominados por diversos grupos nobles enfrentados. En 1548 comienza a tomar forma la unidad administrativa con la firma de la Dieta de Augsburgo. Este territorio se llamó Países Bajos. En España y la rebelión de Flandes el historiador Geoffrey Parker afirma: «El problema de la pobreza revestía mayor gravedad en las ciudades del Flandes meridional que en ninguna otra región de Europa». Tan sólo Amberes y Ámsterdam tenían cierta prosperidad. No obstante, la alta nobleza ve peligrar sus privilegios y decide rebelarse con Guillermo de Orange a la cabeza y un ejército de mercenarios germánicos. Ni rebelión popular, ni sentimiento patriótico hay en la contienda. Es la reacción de los nobles feudales. Como afirma el propio Parker, aquello terminó siendo una guerra civil; como lo muestra el hecho de que en el bando realista, al mando del duque de Alba, la gran mayoría de la soldada fuese holandesa. En realidad, nunca hubo una Guerra de los 80 años, ni esa guerra fue contra España.

Comienza entonces la denominada “guerra de papel”: una campaña de desprestigio que cuenta con el altavoz de la imprenta, la contundencia de los grabados y los púlpitos calvinistas. Los tópicos utilizados presentaban a España como cruel y sanguinaria, especialmente el duque de Alba3, como católicos
inquisitoriales y como víctimas de una fiscalidad que financiaba al Imperio. Por supuesto, no se menciona la crueldad de los generales orangistas, ni que en los Países Bajos nunca hubo Inquisición y, evidentemente, no se cita el avance económico de aquellos territorios con la administración imperial, que impuso una fiscalidad más equitativa. El objetivo de la propaganda orangista era claro: recabar apoyos entre la población y posicionarla contra el rey Felipe II.

En el marco de la llamada Guerra de los 80 años, en 1577 se firma la Pacificación de Gante, que recoge todas las peticiones de parte de la población neerlandesa: amnistía y tolerancia religiosa. Pero ahora se reclama la confiscación de las propiedades católicas. De hecho, el factor religioso fue clave para la difusión de la leyenda negra: no hemos de olvidar la existencia de Iglesias nacionales protestantes y de que estamos analizando el mito fundacional de una nación: los Países Bajos.

Y la leyenda negra continuó. Las potencias europeas se unen para dar credibilidad al discurso negrolegendario, Inglaterra y Alemania tienen especial interés en debilitar a Felipe II y los orangistas buscan legitimidad. Por eso añaden la cuestión americana a su propaganda…

No obstante, ¿qué actualidad tiene la leyenda negra?, ¿qué interés tiene la cuestión americana en relación la leyenda negra hoy en día?, ¿qué tiene de paradigmático el discurso negrolegendario?, ¿qué puede aportar la Filosofía de la Historia al estudio de los acontecimientos históricos?, son cuestiones que no se pueden abordar sin conocer algunas de los hechos descritos más anteriormente.

Notas

[1] En declaraciones al periódico ABC en una entrevista realizada en 26/07/2017 que puede consultarse aquí.

[2] Citado en Powell, Philip Wayne (1985, primera edición de 1971). Tree of Hate. Valecito, California: Ross House Books.

[3] En la imagen se muestra uno de esos propagandísticos grabados en los que aparece el Duque de Alba comiéndose niño. Todavía hoy en día se asusta a los niños belgas y holandeses con la frase: ¡que viene el Duque de Alba!

Bibliografía

Juderías, J. (2014). La leyenda negra. La esfera de los libros.

Pérez, I. (2014). Sobre la leyenda negra. Ediciones Encuentro.

Parker, G. (1989) España y la rebelión de Flandes. Editorial Nerea.

Artículo de:

Javier Palacios (autor invitado):
Lic. en Filosofía por la Universidad de Valladolid y diplomado en Ciencias Religiosas por Facultad de Teología del Norte de España. Experto en Educación de la Interioridad por CSEU La Salle Aravaca. Ejerce como profesor de Secundaria y Bachillerato y como formador de profesores.

Imagen | Wikipedia

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