¿Existe un lugar para la experiencia religiosa hoy?

El contexto de la religión es un fenómeno muy complejo, no obstante, el hombre, desde la antigüedad hasta nuestros días, siempre se ha mostrado como una criatura religiosa, aún cuando parece que lo religioso ha sucumbido, este fenómeno sigue existiendo dentro de las estructuras y las formas tradicionales de cada sociedad como algo vivo y dinámico, pero ¿De qué manera sigue afectando o favoreciendo nuestro horizonte cultural la experiencia religiosa?

En primer lugar, es necesario reconocer que, hoy nos encontramos bajo una serie de trasformaciones de lo religioso: “Ya no es la religión la que vertebra las relaciones sociales sino la economía1”.Dando paso así, a las transformaciones de los conceptos fundamentales: lo sagrado y lo ritual, apareciendo ahora las denominadas “religiones emergentes”, sustentadas por nuevos ídolos y convicciones que le han permitido al hombre dejar sus valores morales y creencias tradicionales, colocándolo en una especie de neutralidad donde se deja llevar para no actuar.

La experiencia religiosa

Pero, desde la filosofía de la religión ¿qué se entiende por experiencia religiosa?

Podríamos explicarlo así:

“[…] La experiencia religiosa puede ser calificada como una experiencia de apertura. […] La experiencia de apertura nos hace comprender de manera súbita un contexto, un complejo que antes se nos presentaba como caótico e inaccesible. En las experiencias religiosas se trata de experiencias que hacen aparecer nuestra situación en el mundo bajo una nueva luz; captamos nuevas posibilidades para comprender la realidad y para actuar en ella. Por eso, puede considerarse la experiencia religiosa una experiencia fundamental que determina nuestra vida posterior, porque nos permite penetrar en aspectos para nosotros esenciales que hasta entonces nos permanecían cerrados, irreconocibles y sin importancia2“.

Gracias a la experiencia religiosa, el hombre religioso se sigue afianzando dentro del mundo actual, sigue necesitando de ellas, porque al quedar fuera del ámbito de la ciencia y de una rigurosa experimentación, éstas se afirman como relevantes en todas las culturas por el profundo contenido de interpretación que surgen de ellas3. Entonces, lo que nos queda es reconocer cómo estas vivencias tienen significados de valor en cada persona que las experimenta.

Abram y su experiencia

Analicemos el siguiente ejemplo del Antiguo Testamento:

—Mira el cielo y sus muchas estrellas. ¿Verdad que no puedes contarlas? ¡Pues tampoco será posible contar a tus descendientes!

Abram confió en la promesa de Dios, y por eso Dios lo aceptó y le dijo:

—Yo soy tu Dios, y tú eres mío porque confías en mí. Yo te saqué de Ur de los caldeos, para entregarte esta tierra4.

Aquí, se narra que, Abram vivió una experiencia religiosa, la cual le sirvió para ser reconocido dentro de su cultura como un hombre de acción y el primero dentro del judaísmo en recibir un mandato divino “Dejar las tierras de sus padres para establecerse en la Tierra Prometida”. Pero también observamos que, el lenguaje acompaña a las experiencias religiosas.

Al mirar algunos términos hebreos utilizados en esta narración encontramos en primer lugar, la palabra Abram la cúal significa “el Padre [Dios] es excelso” o “Padre exaltado, posteriormente en los relatos bíblicos aparece Abraham como “padre del pueblo” o “padre de las multitudes5“, mientras que la palabra confió se refiere a emuná (אֶמוּנָה), vocablo que, no sólo significa “fe”, también “seguridad de tus tiempos”, “oficio permanente” y en el sentido objetivo, que califica a un sujeto como “veraz en sus hechos en contraposición a la falsedad” y por último como ” puede practicar la verdad o bien hablar la verdad6“.

Así, desde el lenguaje se muestra a Abraham como un sujeto simbólico, un ser humano, qué es, al mismo tiempo, un pastor de oficio en el desierto, el cuál dejó la comodidad que su parentela le ofrecía para ir a otro lugar y empezar él solo para hacerse de sus propios bienes: un pequeño rebaño y cuidar del mismo; debió cuidar de sus ovejas para que sobrevivieran, debió cuidar a su familia y de todo lo que le exigió responsabilidad.

Desde la experiencia religiosa podemos decir que, Abraham como pastor aprendió a trascender por medio del cuidado del otro (de sus bienes materiales, de su rebaño y de su descendencia) ya que, recibe instrucción directa de su Dios, voz que lo guio a actuar, para tener una comprensión y beneficio en la relación con los que serían su pueblo.

Lo primordial de su experiencia, fue la obediencia a un mandato, en el que él creyó, no fue sólo obedecer la voz de su Dios, fue actuar conforme al cuidado del otro, saber esperar y nuca olvidar su oficio, Abraham, cambió como persona en beneficio de él y de su pueblo, porque la voz de su Dios lo llevó a actuar, a no someter al otro y darse por el otro.

En la actualidad, tal vez la práctica religiosa ha cambiado, y nos presenta voces erradas que no nos llevan actuar por el cuidado del otro, pero desde la experiencia religiosa, podríamos voltear la mirada y analizar que voces nos están guiando, a lo mejor, podríamos escuchar la voz del Dios de Abraham.

Bibliografía

[1] Weber, M. El espíritu del capitalismo y la ética protestante en el que muestra que el espíritu del capitalismo consiste en una secularización de la ética calvinista puritana.

[2] Duch, L. (1979). La experiencia religiosa en el contexto de la cultura contemporánea. Barcelona–Madrid: Don Bosco–Bruño.p. 56.

[3] Martín Velasco J, Introducción a la fenomenología de la religión. p. 17.

[4] Biblia NTV. 2005.

[5] Su nombre era “Abram”, pero Dios le cambió el nombre por Abraham, que quiere decir “Padre de una muchedumbre de pueblos”, cuando Dios hizo su alianza (Gen 17:120).

[6] אֱמֻנָה Emuná; femenino de H529; literalmente firmeza; seguridad; moralmente fidelidad: fe, fidelidad, fiel, -mente, firme, -mente, honradez, leal, lealtad, reinar, veraz, verdad, «obligación oficial».

Imagen | Pixabay

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por Paulina Amezcua

Licenciada en filosofía, Maestra MADEMS. Especialista en historia del arte por la UNAM.

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