El siguiente texto fue galardonado en los Premios Filosofía en la Red 2022 como el artículo más leído del mes de enero del 2022.

Vergüenza, fracaso y miedo son las etiquetas cortantes que, como pesadas losas, caen sobre los cuerpos que han enfermado. Nos cubren bajo el manto del desamparo y entonces, nos tornamos invisibles a ojos de los demás. Cuando son las vísceras las que, delante de cualquiera se agitan dolientes, el enfermo es consolado con hermosos arrumacos. Algo similar ocurre cuando una herida física sangra. Lo abyecto aterriza en el mundo, cuando el quejido del enfermo nace de un terreno que no se puede palpar con facilidad, que escapa a la jeringa y el bisturí; que necesita de la comprensión y el viaje al centro del ser. Alaridos, hablo de alaridos, pero también de silencio y abandono. Tanto da si sufrimos ansiedad, depresión, trastorno bipolar o esquizofrenia, pues el rictus de asco es perenne y rara vez se oculta. El humano se convierte en un monstruo, más ¿quién es el verdadero endriago?

Respondan ustedes si tienen agallas para hacerlo con sinceridad

Les aseguro -habla una humana- que no es fácil maquillarse cada mañana con excusas, a saber, vendrán días mejores, tengo que rendir y seguir trabajando duro para que me vaya bien, lo que me pasa es que estoy muy cansado, mejor no hablar de esto para no preocupar a los demás, todo cambiará. El frasco de maquillaje ha quedado mal cerrado y con el paso del tiempo, las manecillas han provocado que se pudra. Los gusanos hablan ya otro idioma: no van a venir días mejores, no es necesario que siga trabajando duro, lo que me agota es estar vivo, no hablaré de lo detallado que es ya mi plan de acabar con todo, todo cambiará cuando yo ya no esté. ¿No es injusto que se oculte quien sufre y se endiose al que juzga, subyuga y aplasta? Los dedos que acusan lo hacen sin florituras.

Abrirse al mundo -rasgarse hasta mostrar lo más íntimo- supone quedarse solo. La soledad es una condena cuando sobreviene en estas circunstancias. La soledad, mata. La incomprensión, asesina. Las listas de espera y el expolio de los sistemas de salud nos empujan al genocidio. Las fauces de los trenes ya no pueden tragar más carne.

Hay obreros levantando muros o alambradas para que los dolientes no salten al vacío. ¿De qué vale desplegar un dispositivo cuando el que sufre ya ha tomado la decisión? Nuestra innegable tarea es ser valientes, capaces de derribar los tabúes. Si perdemos las uñas de las manos rasgando las piedras, las perdemos. Si nos hundimos en el barro y en la mierda, nos hundimos. Si nos dejamos los dientes por lanzar dentelladas al aire viciado del mundo, nos los dejamos. Sin uñas, malolientes y con los dientes rotos, pero con las barricadas ardiendo y los tabúes eliminados del mapa.

La salud mental no es cosa de risa, es cosa de todos y todas. ¡Por la dignidad humana!

Imagen | Pixabay

Cita este artículo (APA): Sánchez, E. (2022, 03 de enero). La salud mental no es cosa de risa. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2022/01/la-salud-mental-no-es-cosa-de-risa/

Artículo de:

Esther Sánchez González (autora invitada):
Doctoranda en Filosofía (UNED). Maestra en Filosofía Teórica y Práctica en la especialidad de Lógica, Historia y Filosofía de la Ciencia; graduada en Filosofía y graduada en Educación Primaria.

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por autores invitados

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