fbpx

Me entero por la prensa digital de que se ha encuestado a 1.785 filósofos sobre lo que piensan. Me llama la atención que alguien se dedique a llevar a cabo un sondeo tan singular, teniendo en cuenta que no están los filósofos entre los más frecuentes integrantes del encallecido gremio de los opinadores que a diario llenan con sus chácharas los continuos espacios mediáticos en los que se analiza y juzga la actualidad. Más aún, apostaría a que la mayoría de la ciudadanía, integrada por esas personas que cada día se levantan para enzarzarse en la brega diaria de sus automáticos quehaceres, ni se detienen a reflexionar sobre aquello que los filósofos opinan. Y, sin embargo, supongo que la variedad y la cantidad de lugares en los que publicar información que las nuevas tecnologías digitales fomentan dan espacio de sobra para divulgar incluso las noticias que pueden tener a priori un interés más minoritario.

El número de encuestados corresponde al de profesionales de la filosofía, sobre todo norteamericanos, europeos y australianos con publicaciones en inglés. Es la segunda encuesta tras la que se realizó en 2009. De los resultados que arroja me llama la atención el respaldo mayoritario que recibe lo que el filósofo norteamericano John R. Searle dio en denominar trasfondo cognitivo. Este supone el fundamento que permite la posibilidad de elaboración de las teorías que conforman nuestro conocimiento en sus diversos ámbitos. El trasfondo cognitivo, pues, es el conjunto de presuposiciones sobre la realidad y la verdad que son anteriores a las teorías. Que su reconocimiento filosófico no es sino una certificación de lo que dicta el sentido común queda demostrado en todo lo que hacemos, decimos y pensamos a diario el común de los mortales. En todo ello «damos por supuestas las siguientes cosas –dice Searle–: existe un mundo real que es totalmente independiente de los seres humanos y de lo que opinan o dicen sobre él, y las proposiciones sobre los objetos y estados de cosas de ese mundo son verdaderas o falsas dependiendo de si las cosas en el mundo realmente son tal como decimos que son».

A la presuposición del susodicho trasfondo relativa a la existencia independiente del mundo la llama el filósofo norteamericano realismo externo, para distinguirlo del realismo matemático (existen los entes matemáticos como en un mundo platónico) y del realismo ético (los hechos morales existen objetivamente). La segunda presuposición, relativa al establecimiento de la verdad de las proposiciones que enunciamos, constituye el fundamento de la teoría de la verdad como correspondencia, la cual por cierto sale muy bien parada a decir de los resultados de la mencionada encuesta, pues un 55% de los participantes en ella la tiene por tesis propia. Teoría gnoseológica esta última de rancio abolengo por así decir que prueba el surgimiento de lo que yo llamaría una corriente de melancolía filosófica. Si la melancolía es ese sentimiento relacionado con la conciencia de pérdida y mortalidad del que queda imbuida nuestra alma con las primeras luces de nuestra consciencia reflexiva cabría identificar una cierta versión del mismo asociada con la aspiración a la sabiduría total. Es más: sería acertado reconocer la intrínseca melancolía que es componente inseparable del pensamiento filosófico. En la propia palabra «filosofía» queda acuñado ese reconocimiento implícitamente, pues no es «sofía» –es decir, saber acabado y logrado en plenitud– lo que posee el que piensa, sino afición o deseo de conocer.

Fue Platón, tan decisivo para tantos aspectos de esta actividad tan humana, el que definió su esencia melancólica con ese mito de Banquete sobre el nacimiento de Eros. Se trata de un fragmento del diálogo en el que el filósofo ateniense nos presenta a Sócrates recordando una conversación que había tenido con Diotima de Mantinea en la que ésta le instruye acerca del amor y le propone un mito acerca del nacimiento de Eros, que no es ni mortal ni inmortal, ni bello ni feo, ni sabio ni ignorante, sino que tiene una posición intermedia entre ambos extremos. Diotima nos presenta a Eros como un “daimon”, como un ser semidivino que representa una entidad metafísica intermediaria entre dioses y hombres. Eros (amor) fue concebido en una fiesta en honor del nacimiento de Afrodita (belleza). Es hijo de Penía (pobreza) y de Poro (recurso), quien a su vez es hijo de Zeus y de Metis (astucia). En este contexto se presentará el amor a la sabiduría como algo propio de quien no es ni completamente sabio ni completamente ignorante. Como los filósofos, Eros es también un amante de la sabiduría.

Es esa menesterosidad, ese honesto reconocimiento de los límites que sin duda es uno de los tantos matices del «solo sé que no sé nada» socrático, lo que mantiene inquebrantable el vínculo de la filosofía con la verdad, trabajosa epifanía de la realidad concedida precariamente al ser humano. Por eso reconozco en estos resultados de la encuesta a los filósofos  la reacción melancólica –es decir, genuinamente filosófica– al estropicio de la posmodernidad perpetrado contra el trasfondo cognitivo que hemos definido de la mano de Searle.

¿Son estas las señales de la reacción actual de la filosofía tratando de arreglar el desaguisado que ella misa provocó a finales del siglo pasado respecto de la búsqueda de la verdad? Buscando una imagen más fiel del mundo los filósofos académicos que se apuntaron a la moda del posmodernismo se enredaron en la maraña de una jerga académica incomprensible olvidándose de analizar la auténtica realidad.

Pero esta corrección del rumbo de la filosofía merced a este retorno melancólico al genuino propósito de su existencia no parece tener repercusión directa en el mundo actual, aún impulsado por la inercia de un tiempo finisecular que pudo ser la cuenta atrás para el despegue de un paradigma global desconectado de la realidad, es decir, de la evidencia de la tozuda independencia del mundo. Y ni la pandemia que aún padecemos ni la amenaza para nuestra especie de la muy verosímil crisis climática parecen despertarnos de nuestro sueño cuajado de soberbia bajo cuyo influjo asumimos sin más que nuestros deseos e intereses son más poderosos que la dictadura de los hechos.

Bibliografía

Diéguez, A. (2021, 11 noviembre). Han preguntado a 1.785 filósofos en qué están pensando y estos son los resultados. El Confidencial. https://www.elconfidencial.com/cultura/2021-11-11/encuesta-filosofia_3321790/

SEARLE, JOHN R.: Mente, lenguaje y sociedad: La filosofía en el mundo real. Alianza Editorial. Madrid, 2004, p. 23,

PLATÓN: Banquete. 201e-204c

Imagen | Pixabay

[cite]

#Eros, #filosofía, #john r. searle, #melancolía

por José María Agüera Lorente

Profesor de filosofía en un instituto de educación secundaria de Granada (España). Colaborador habitual de medios digitales y periódicos regionales; autor de artículos publicados en algunas revistas nacionales.

error: Content is protected !!