A lo largo de fechas decembrinas, en Occidente, la figura de Santa Claus guarda una mística peculiar sobre los niños pequeños. Tradicionalmente, dicho personaje se encarga de premiar con regalos y dulces a los infantes mejor portados como recompensa de seguir las ordenes de sus padres.

En latinoamerica, Santa Claus ha sido objeto de diversas canciones que hacen alución a su imagen y su manera de actuar. Una de las más populares es la interpretada por Luis Miguel, que narra sobre cómo este personaje arriba a una ciudad, estando al tanto de las acciones de los niños.

En primera instancia puede parecer un mensaje acorde a la fecha y a lo que Santa Claus representa en el imaginario popular. Sin embargo, una mirada más precisa nos permite hace notar a Santa Claus como una figura asediadora y hostigante:

Te observa cuando duermes
Te mira al despertar
No intentes ocultarlte de él
Pues siempre te verá

Él sabe de ti
Él sabe de mí
Él lo sabe todo
No intentes huir
Santa Claus llegó a la ciudad1

Es inquietante cómo la letra describe el actuar de Santa Claus tal cual un ser omnipresente que vigila cada movimiento de las personas, a quien nunca puede vérselo, situándose en un nivel trascendente respecto a nosotros.

Desde su teoría psicoanalista, Jacques Lacan desarrolla un concepto que sigue la misma lógica de Santa Claus: el Gran Otro. Según el pensador francés, este término hace referencia, por un lado, a las estructuras sociolingüisticas que regulan las interacciones humanas como el lenguaje y la cultura, y por el otro, engloba a aquellas ideas que constituyen un poder autoritario autónomo de corte igualmente regulador y sancionador, tales como Dios o el Estado2.

Sumado a esto, Slavoj Žižek apunta que la naturaleza de este concepto es de tono singular: “está ahí, dirigiendo y contralando los actos, es el agua donde nadamos, en última inaccesible, nunca se puede encarar ni aprehenderlo3“.

Es en este punto en el que podemos empatar a Santa Claus con la operatividad del Gran Otro, pues como se comentó anteriormente, es el agente omnipresente y autónomo que se encarga de controlar el comportamiento infantil.

No obstante, se puede ir aún más lejos, pues no es un secreto, al menos para los adultos, que Santa Claus no existe, sin embargo, su inexistencia no afecta su nivel cohesionador dentro del comportamiento infantil: existen niños que a pesar de que ellos saben muy bien que no existe, actúan como si así lo fuera tan solo para seguir siendo parte de la lógica de la recompensa que emana de la figura.

Para finalizar, se puede rescatar una lección clave sobre Santa Claus y su relación con el Gran Otro: las ficciones más eficaces son las que guardan complicidad con sus victimas, es decir que no es necesario que las personas se crean una mentira para que ella cumpla su objetivo distorsionante. Por lo que sería interesante mirar desde esta perspectiva afirguara análoga como Dios, el Progreso, El Estado, etc. y cuestionarse qué tanta ficción acreditamos como realidad.

Notas al pie

[1] MIguel, L. (2006) Santa Claus llegó a la Ciudad [Canción] En Santa Claus Llegó a la Ciudad. Warner Music.

[2] Johnston, A., (2018)”Jacques Lacan”, The Stanford Encyclopedia of Philosophy , Edward N. Zalta (ed.), URL https://plato.stanford.edu/archives/fall2018/entries/lacan/.

[3] Zizek, S. (2008) Como leer a Lacan. Paidós, Barcelona.

Imagen| Pixabay

Artículo de:

Arturo Roman Cesar Sanjuan (autor invitado):
Egresado de la licenciatura de Filosofía en la Universidad Autónoma del Estado de México. Sus intereses son la filosofía política y filosofía de la ciencia.

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por autores invitados

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