¿Es que cualquier acto y medio es válido siempre que haya un fin que lo justifique o que sea categorizado como correcto? Yo creo que la diatriba de esta cuestión no la encontramos en el fin en sí mismo que se pretende conseguir, ese no es el problema, sino que tendremos que preguntarnos mejor ¿Qué medios se pueden utilizar? Indubitablemente, entran en juego elementos éticos y morales. Haciendo uso del legado de quien es, para mí, uno de los mayores pensadores de temas de ética, Immanuel Kant, y haciendo una interpretación de sus postulados justificaré el por qué mi título.

Primeramente, me gustaría destacar la idea de que, nosotros, deberíamos de actuar de una forma correcta, justificándonos en el uso de unas normas correctas, independientemente de las consecuencias que sean causadas por las acciones que hagamos. Alguien se puede preguntar: ¿pero cómo se pueden garantizar que las consecuencias de nuestras acciones sean de acuerdo con nuestras acciones? Entiendo que, si actuamos de forma correcta, de acuerdo con normas categorizadas universalmente como tal, las consecuencias nunca podrían ser negativas. Aplicando esto a la temática que nos incumbe: los medios utilizados que, innegablemente, van a ser correctos -pues así lo dicta la norma universal- nunca van a producir un fin negativo, que, al fin y al cabo, es lo que pretendemos justificar. Por lo que, desde la ética kantiana la justificación sería algo secundario, lo que estaría en el primer plano serían los medios empleados. Y que si en algún caso una consecuencia es negativa esto sería causado por un no-ajuste a las normas morales correctas, como por ejemplo la maldad. Por ello, en este caso, los medios empleados -siempre que sean los correctos- van a justificar el fin, ya que hay una consecuencia conocida, pero en ningún caso podría hacerse al revés, es decir, que el fin no justifica los medios, puesto que si el fin que se pretende conseguir es negativo para ello habría que hacer uso de unos medios impropios, esto es, contrarios a las normas morales correctas.

El fin no puede justificar los medios, por la simple y obvia razón de que los medios empleados determinan la naturaleza de los fines producidos.

Aldous Huxley

En contraposición -y siempre en relación con el tema que nos incumbe- a este pensamiento, encontramos la tendencia utilitaria, para explicarla de forma sencilla, estos anteponen el fin antes que los medios utilizados. Es decir, un medio va a ser considerado como mejor o peor en la medida que esta produzca mejores o peores consecuencias. Además, tenemos que tener en cuenta, que en esta corriente de pensamiento lo que va a categorizar un medio como bueno o malo va a ser aquella que propine mayor satisfacción a la mayor cantidad de gente posible, ahora ¿podemos fiarnos de que el mayor número de personas busquen un fin bueno y, que por tanto, conlleve la utilización de medios adecuados y correctos, o, puede darse el caso de que la mayoría vean como apropiado un fin -y por ello, el uso de medios no correctos- que en ningún caso podría serlo? Resumiendo, esta tendencia dejaría totalmente de lado los principios morales (los medios) siempre y cuando el groso de la población esté de acuerdo con el fin a alcanza, que insisto, puede no ser el correcto.

Haciendo un pequeño resumen de lo expuesto hasta ahora: desde la ética kantiana se tiene en cuenta la integridad y dignidad de la persona. En tal esfuerzo, el fin nunca justificaría los medios. Pero, la ética utilitaria persigue el perfeccionamiento de lo que quiere la mayoría, es por ello, que, muy frecuentemente, el fin justifica los medios empleados. Poniendo un ejemplo que clarifique conceptos: El kantiano radical elegirá salvar a los inocentes, incluso si la consecuencia es la destrucción del mundo, y el utilitarista radical elegirá salvar el mundo, incluso si los inocentes deben morir.

De lo antagónico de estas dos formas de ver la diatriba, no puedo dejar sin nombrar al sociólogo alemán Max Weber, que relacionándolo con lo ya visto, la ética kantiana sería la mayor representante de lo que él llamaría como ética de la convicción, en el que, por encima de todo, encontraríamos los principios morales independientemente del fin que queramos conseguir. Y lo que nosotros entendemos por la ética utilitarista sería lo que él denominaría como ética de responsabilidad, en el que, ante todo, hay que tener en cuenta las consecuencias – o los fines- que las acciones pueden acarrear. En el ejemplo de “decir la verdad” -como fin-: alguien que tuviese ética de convicción, tendría la obligación moral de decir la verdad siempre -como medio-, aunque las circunstancias inviten a todo lo contrario, en el que la mentira es considerada como un acto ilícito. En este mismo ejemplo, alguien en el que predomine la ética de la responsabilidad, la verdad sólo sería dicha -sólo sería justificada como fin- en el caso de que las consecuencias fueran favorables para la mayoría, es decir, los medios cambiarían en función del fin a perseguir, puede decirse verdad o mentira, dependiendo lo que provoque mayor satisfacción al mayor número de personas.

Para ilustrar lo que acabo de decir pondré algún ejemplo: Robin Hood, aquel personaje que robaba a los ricos para dárselo a las personas con menos recursos, normalmente -que no tiene por qué ser la justificación correcta- se piensa que el fin que persigue es bueno y, por tanto, todos los medios que emplea están justificados (ya sea engañando, mintiendo, robando), en este ejemplo alguien puede preguntarse ¿por qué está justificado que alguien robe a otra persona -independientemente del capital que tengan- si nadie sabe cómo esa persona ha conseguido sus bienes, podría ser por meritocracia, por herencia o por mil motivos más? Entenderíamos que los medios que utiliza de engaño y robo están justificados en el caso de que los bienes que posee al que roba no sean de su pertenencia, pero no lo estarían si el personaje roba a aquellos que tienen más resultan del mérito y esfuerzo de esa persona para conseguir sus bienes. Tenemos en un pedestal a aquellas personas que nunca mienten, y las calificamos de valientes y valerosas, es decir una persona en la que la ética de convicción predomina, sobre todo, pero nuestra percepción cambia cuando por ejemplo esa misma persona dice la verdad cuando una persona inocente está siendo buscada por un crimen que no ha cometido y les dice dónde está. El principio que justifica esto sigue siendo el mismo: el fin no justifica los medios ya que, mentir está mal.

Por lo que, que deberíamos de preferir: ¿una persona que se rige por principios (medios) sin tener en cuenta las consecuencias (fin) o, una persona que no tiene principios y sólo se mueve por el impulso de lo que quiere conseguir? Bajo mi punto de vista, es más cuidadosa aquella persona que tiene principios y actúa de acuerdo con ellos, que aquella a la que solo le importan las consecuencias, es decir, que el fin -consecuencias- no justifica los medios -principios-.

Bibliografía

Huxley, A. (1960). El Fin y los Medios (5ta Edición). Editorial Hermes.

Imagen | Pixabay

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por Mercedes González García

Estudiante de la carrera de Filosofía y de Educación Primaria por la Universidad de León de Castilla y León, España. Apasionada de la Filosofía y de la búsqueda de respuestas de las grandes incógnitas que han planteado la raza humana por el simple hecho de existir.

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