China es, para fines prácticos, el país más grande del mundo. Aunque Rusia y Canadá tienen extensiones geográficas mayores, se encuentran casi despoblados en comparación con el país oriental. Para tratar de poner en perspectiva lo que significa la población china (casi 1400 millones de habitantes), consideremos que esa era la población completa del mundo más o menos en 1860. China tiene entonces, como el país con la mayor población del mundo, los retos más grandes también, y esto se acentúa a medida que ya está casi aquí el tiempo en el que podremos realmente apreciar los resultados del experimento humano más grande que se haya llevado a cabo en la historia.

Me refiero a la Política de Un Solo Hijo, combinada además con el momento histórico que vive China. Veamos lo que esto significa.

La Política de Un Solo Hijo entró en vigor a principios de los 80 y fue una reacción a la política de crecimiento demográfico indiscriminado incentivado por Mao Tse-tung. Desde luego en un principio la gente se opuso a una medida tan radical y contraria a sus tradiciones, pero tres décadas han pasado desde entonces, y ha ocurrido una razonable estabilización del crecimiento de la población y un desarrollo sensible en el nivel de vida de la población en general. La gente ha visto el beneficio económico de esta medida pero ahora, con una población estable y en vías de estancarse, el gobierno ha revocado finalmente la política (aunque la gente tiene años de poder tener más de un hijo, pagando cierta sanción económica).

Aunque en los últimos pocos años se ha pasado de hecho a incentivar el tener un segundo y hasta tercer hijo, ahora son las mismas parejas jóvenes en las zonas urbanas desarrolladas las que se esperan más tiempo para tener bebés, y algunas de ellas incluso contemplan la idea de no tenerlos, creando las llamadas “Familias DINK” (doble ingreso y no hijos, Double Income No Kids).

Es difícil de aquilatar esta actitud si no se tiene una idea de lo profundamente  opuesta que es a los valores chinos tradicionales, donde literalmente no tener hijos es la peor ofensa que hay.

Pero incluso dejando de lado este cambio de mentalidad, que es propia y común de sociedades que alcanzan cierto nivel de prosperidad, hay una interrogante apremiante para la que no hay respuesta, pues no existe precendente: ¿cómo es y cómo se comporta una sociedad de hijos únicos?

La sicología de un hijo único es diferente de la de una persona con hermanos. Así, ¿podemos imaginar o conjeturar lo que puede representar una nación entera conformada por este tipo de individuos? Esto es un cambio radical de la forma tradicional del pensamiento chino.

Ahora bien, este cambio está complementado por otra circunstancia que no está bajo el control del gobierno y que es componente cíclico de las relaciones internacionales: la apertura a las ideas y costumbres provenientes del extranjero. Estos influjos de ideas extrañas se ha repetido muchas veces a lo largo de la historia por ejemplo durante la época de la famosa Ruta de la Seda— pero en nuestros días está acelerada de manera exponencial por la inmediatez que caracteriza a nuestra “Era de la Comunicación”.

De modo que por un lado tenemos un profundo cambio en la forma de ver el mundo y de relacionarse con él debido a la educación propia de un hijo único, y por otro lado tenemos las nuevas tensiones culturales típicas de nuestros días. Hay un mayor acceso al conocimiento de otras formas de vida: jóvenes que viajan y estudian en el extranjero y que muchas veces no vuelven. Globalización por un lado y asertividad del nacionalismo chino por otro, que buscan la manera de hacer embonar sus contradicciones en un nuevo paradigma.

El ascenso de la clase media a partir de los 80s añade a todo este panorama una lucha más: la generación del comunismo duro (1950-80) con sus valores tradicionales de trabajo duro y un repudio malentendido de la alta cultura, está chocando con las nuevas generaciones (gente nacida a partir de los 80s), que retoman y actualizan algunas partes cultas de la educación confuciana, pero matizadas ahora por la apertura a modos de vida importados de Occidente.

Estas dinámicas no son nuevas: tuvieron ya expresiones masivas en el Movimiento del Cuatro de Mayo en 1919 y empezaron mucho antes con los reformistas de los 1870s. Más de un siglo después, vamos a observar la cristalización de este largo proceso de modernización de una de las culturas más antiguas del mundo.

Estemos atentos.

Imagen | Pixabay

Artículo de:

Alfonso Araujo (autor invitado):
Originario de Monterrey, México. Ingeniero Industrial y Músico. Radica en China desde el 2000. Ha traducido algunos libros clásicos chinos al español. Es director del IHUB TEC (plataforma de colaboración tecnológica entre China y Latinoamérica).

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por autores invitados

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