Hoy en día, hablar del amor sigue sonando a cliché sin serlo. Tecleas amor en la web y lo primero que aparece son varias definiciones sobre este… sentimiento de atracción física y sexual… sentimiento de vivo afecto hacía una persona a la que se le desea todo lo bueno…-simón- y la chulada de descripción que tiene la RAE la cual cito textualmente: “Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.” Parece que la real Academia de la Lengua Española le aventó un telefonazo a Platón y le dijo -¿Qué onda?, ¿Qué haces? Oye, dime que pongo en la definición del amor.

En la historia de la Filosofía, como todo lo que nos preguntamos sobre las cosas intangibles, la pregunta por el amor sigue siendo una incógnita. Incluso cuando conociste al primer amor y le dijiste que lo amabas y hasta que era el amor de tu vida -ay, pero si eso no pasa- nunca te cuestionas si realmente lo que sientes por esa persona es amor, y aunque lo hicieras nadie podría validarlo al 100%, a menos que fuera Freud y te dijera – Eso no es amor, es tu falta de apego seguro y búsqueda de tu madre en tu pareja…- bueno, algo así iba ¿no?

Lo que quiero decir con esto es que nos hace falta bastante información y no necesariamente de lo que es el amor sino de cómo practicarlo, porque sí, hace falta mucha práctica sobre ¿Cómo amar?, ¿Cómo sé si estoy amando? Y bueno no faltará quien llegue y me pregunte -Pero Paulina ¿Para qué se necesita saber? Con saberlo podemos desarrollar las herramientas necesario para poder llevarlo a una duración hasta donde sea sano. Tampoco estoy diciendo que vamos a ir por la vida sosteniendo infinidad de relaciones que irán directo al fracaso con la excusa de que hay que practicar el amor, ojo aquí.

El mismo Fromm mencionó que sobre la teoría del amor se puede decir casi todo, pero sobre la práctica del amor no se puede decir casi nada, sobre todo porque no hay fórmulas que enseñarse para aprender a amar. Pero sí podemos crear las condiciones necesarias para desarrollar nuestra capacidad de amar. La práctica hace al maestro, aunque tampoco vamos a aprender amar para enseñarles a otros cómo hacerlo, somos seres sociales, si imitamos a miles de personas con los #challenge de aventarse agua helada en la cabeza, ¿qué tanto es tantito imitar comportamientos en pro de la sensibilidad y la empatía? (Mentira, tampoco se aprende a amar por imitación) Para poder llegar a saber que hay muchas posibilidades infinitas de amar -todas mientras no sea tutoriales de YouTube o TikTok- debemos empezar a aplicar un pensamiento crítico en nuestras conductas e ideas. El autoconocimiento es fundamental.

Ojalá alguien me hubiera dicho esto cuando comencé a establecer relaciones sentimentales y experimentar a lo que muchos podrían llamar el primer amor. Pero ahora que lo pienso, no estoy 100% segura de haber podido evitar los errores que cometí (Soy partidaria del error como constructor de la vida, pero ese es otro tema).

El amor, requiere de conocimiento ¡Si! Platón lo planteó desde miles de años, y no fue hasta principio de este siglo que se empezó a tomar en serio el estudio del y sobre el amor, raro, porque todo mundo habla de este y nadie se lo toma tan enserio como los poetas.

Platón mencionaba que el amor era algo ligado intrínsecamente al cuerpo y se pensará que por su idealismo él lo rechazó, pero no es así. A él no le convenía hacer a un lado el amor, siendo una virtud y fuente de salvación es requerido por la filosofía al estar ambos sedientos de conocimiento. Los dos nacen en la obscuridad y terminan en la luz, nacen del deseo y terminan en la contemplación, según palabras de María Zambrano. El amor, así como la filosofía, es un mediador en esta lucha constante por conocer-nos, ya lo había dicho antes en mi artículo Amor Platónico en María Zambrano1.

¿Y entonces qué pasa? Nadie nos dice, cuando vamos creciendo, que hay infinidad de cosas que aprender sobre el amor. Parece que se nos da por sí solo con las relaciones afectivas que establecemos desde que somos unos bebés; Con nuestra madre, nuestro padre, hermanos, abuelos, los primeros mejores amigos de la infancia y la adolescencia, nuestro primer enamoramiento, nuestro primer rechazo, nuestra primera relación “formal”, y hasta nuestras primeras relaciones laborales. Fromm menciona que la pregunta del amor se responde conforme la genealogía va transitando. En una era digital donde el número de followers determinan un status quo, y el número de likes un ego bastante sofisticado, el amor actualmente está construido desde las bases de la conveniencia, el provecho y la garantía de un costo- beneficio adecuado para nuestros intereses (Y no, no es amor pragmático). Es entonces que a partir de esas “necesidades” implantadas socialmente seguimos caminos para poder cubrir las características de ser un objeto digno de ser amado y deseado por todos.

“Uno de ellos, utilizado en especial por los hombres, es tener éxito, ser tan poderoso y rico como lo permita el margen social de la propia posición. Otro, usado particularmente por las mujeres, consiste en ser atractivas, por medio del cuidado del cuerpo, la ropa, etc. Existen otras formas de hacerse atractivo, que utilizan tanto los hombres como las mujeres, tales como tener modales agradables y conversación interesante, ser útil, modesto, inofensivo. Muchas de las formas de hacerse querer son iguales a las que se utilizan para alcanzar el éxito, para «ganar amigos e influir sobre la gente». En realidad, lo que
para la mayoría de la gente de nuestra cultura equivale digno de ser amado es, en esencia, una mezcla de popularidad y sex-appeal2.”

Si, he de confesar que mi primer amor fue unos de los más guapos de la escuela, siendo él una persona que atraía muchas miradas, me hacía sentir halagada de tener su atención. Aparte de guapo comencé a atribuirle cuestiones positivas como que fuere muy divertido, influyente con sus amigos y muy coqueto, dejando de lado su mal carácter y su celotipia, todo por su belleza y físico agradable. A este sesgo cognitivo, la psicología lo conoce como “Efecto Halo”3 el cual se define como la tendencia que tenemos todas las personas –toooodaaaasssss– a atribuirle características positivas o negativas a alguien por su aspecto físico. Esto es una condición errónea que tenemos los seres humanos a asociar lo bello con lo bueno, no vayas a pensar que te estoy diciendo prejuicioso o prejuiciosa (poquito), pero así funciona. Pensemos: Estas sentado con un colega tomando un café, y de pronto llega una chica que nunca habías visto en tu vida, automáticamente tu cerebro va a percibir los rasgos o cosas que te gustan de ella o no te gustan, y supongamos que amas la figura escultural en una mujer y casualmente tiene el cuerpo perfecto para ti, entonces empiezas a atribuirle virtudes como amabilidad, es atenta ya que se presentó contigo y aplicas la trampa más pretensiosa “Me recuerda a mi ex, pero no la tóxica, la del amor bonito, mi primer amor.” y ya sabemos porque terminamos decepcionándonos de las personas y rompiendo con la idealización que teníamos de ellas.

La belleza juega un papel fundamental en la actual postura sobre el amor, ya que el principal problema es pensar que se trata de un objeto y no de una facultad4. Muchas de las experiencias del amor estarán amparadas por los constructos de belleza que tenemos. Si sabemos que la belleza primitivamente era un indicador de salud y bienestar, que tu pareja fuera bella era una garantía de que tus hijos saldrían sanos, esto hasta por una cuestión de supervivencia y trascendencia era validado. Pero ya no tenemos ese cerebro primitivo, por Zeus, o no deberíamos de tenerlo.

Sin embargo, nuestra cultura contemporánea nos insta a que forzosamente logremos “encontrar” el “amor romántico” en una persona que cumpla los estándares sociales de belleza – Imposible negar que en algún momento alguien de tu círculo te haya dicho “Se trata de mejorar la raza, no empeorarla” a consideración de las necesidades del homo economicus5 consumista exorbitante y despilfarrador extremo-. No es de asombrarnos que hoy en día las relaciones sociales se perciban así, premios, que a su vez son sustituibles y desechables.

Frases de personas que acaban de establecer una relación y la hacen pública en Redes Sociales se notan en los comentarios como “Te lo mereces” “Ya era justo” “Son el uno para el otro” “Los tiempos de dios son perfectos” “¿Y cuando la boda?” ó la que no puede faltar “¿Cuándo los hijos?” y no son más que la pantomima sarcástica de que “los compromisos duraderos han dejado de ser un proyecto tentador en el que no es conveniente invertir en una relación cuando las acciones ya no prometen mayores beneficios“6 ó lo contrario, entre mayores beneficios puedas sacarle sin mayores acciones será más rentable la relación.

¿Pero se van a preguntar porque abordo la cuestión física primero al hablar del amor? Digamos que es el primer acercamiento. Claro que no amas a alguien con solo verlo, hace falta también sentirlo y sentirte para entrar a la segunda fase del amor, que es el desarrollo de los afectos.

Las primeras experiencias del amor se contextualizan, al menos en mi caso y quizás en el de muchos, en una generación que empieza a vivir la gran caída del matrimonio, padres divorciados, aumento y surgimiento del divorcio exprés, madres y padres solteras (os), y aun muchas personas anhelan a tener una experiencia del amor que posiblemente culmine en matrimonio. ¡Bah! Y no porque este en contra de la institución del matrimonio (Bueno un poco) pero también se celebra que el amor siendo considerado la actividad humana con mayores esperanzas y expectativas, fracasa muy a menudo. Por lo tanto, esas primeras experiencias sobre el amor, nos fueron dadas en una generación en la que padres y madres o eran solteros, o ambos trabajaban. Nuestras necesidades afectivas, por lo tanto, eran cubiertas por la persona a la que nos dejaban a cargo: la abuelita, el hermano o la hermana mayor, la nana, algún familiar o la guardería.

Los primeros afectos que llegamos a establecer son con las personas que participan en este núcleo de crianza y conllevan y definen los primeros apegos a los que nos sometemos. El primer acercamiento es la madre, aquella que nos proveyó de calor y alimento en primera instancia, luego otorgándonos satisfacción y seguridad entramos en un estado a lo que Freud le llama Narcisista7. Posteriormente es que empezamos a desarrollar nuestra percepción de las cosas como entidades diferentes y es en ese momento empezamos a darles nombre y al mismo tiempo aprendemos a manejarlas. Fromm señala:

Cuando el niño crece y se desarrolla… Aprende que el fuego es caliente y doloroso, que el cuerpo de la madre es tibio y placentero, que el biberón es duro y pesado, que el papel es liviano y fácil de rasgar… que mamá sonríe cuando él come, que lo alza en sus brazos cuando llora; que lo alaba cuando mueve el vientre. Todas esas experiencias se cristalizan o integran en la experiencia: Me aman. Me aman porque soy el hijo de mi madre. Me aman porque soy desvalido. Me aman porque soy hermoso, admirable. Me aman porque mi madre me necesita. Para utilizar una fórmula más general: Me aman por lo que soy, o quizá más exactamente, me aman porque soy. Tal experiencia de ser amado por la madre es pasiva. No tengo que hacer nada para que me quieran – el amor de la madre es incondicional-8.

Por esta razón el principal problema de los niños entre los 8 y 10 años -es el ser amado por lo que se es, en esta etapa “el niño aun no ama; responde con gratitud y alegría al amor que se le brinda…” Lo que a Fromm se le pasó mencionar es que, aunque el niño no ama, si es capaz de desarrollar apegos y lazos emocionales que terminaran construyendo una base afectiva en los menores la cual influirá en nuestra capacidad de amar con el paso del tiempo.

Se entiende como afecto a la susceptibilidad del ser humano frente a distintas alteraciones del mundo real o simbólico. La afectividad es un tema que recientemente se ha abordado en nuestro lenguaje común, es por sí mismo novedoso, ya que los estudios en materia de psicología lo introdujeron aproximadamente a mediados de los años cincuenta. Pero Spinoza en el S. XVII ya los plateaba en sus teorías.

Los afectos se ocasionan desde las emociones. Para Spinoza, ya que cuerpo y mente son una misma forma, él propone un mecanismo de mente -cuerpo y afectos de la mente …así la mente al igual que el cuerpo está determinada por causas eficientes y la mente humana no sería una discontinuidad en la naturaleza ya que los afectos humanos se producen de manera mecánica tal y como se produce el movimiento de los cuerpos...9“. Apetito, deseo, alegría y tristeza son los afectos básicos a los que se referirá Spinoza.

Por afectos entiendo las afecciones del cuerpo, por las cuales aumenta o disminuye, es favorecida o perjudicada, la potencia de obrar de ese mismo cuerpo, y entiendo, al mismo tiempo, las ideas de esas afecciones10

Antonio Damásio señalaba que “las emociones y todas las reacciones que de ellas se desprenden tienen una conexión con el cuerpo, pero los sentimientos están ligados a la mente”11. Es clara la separación que plantea entre mente y cuerpo.

Se podrían entender nuestros afectos siempre y cuando ese entendimiento lo dirigiéramos hacia un autoconocimiento tanto mental como corporal, sin embargo, la problemática se versa a que no podemos conocer todas las causas que lo determinan. Spinoza lo señala de la siguiente manera:

En verdad nadie, hasta ahora, ha determinado lo que puede el cuerpo, es decir, a nadie le ha demostrado la experiencia, hasta ahora, qué es lo que puede hacer el cuerpo por solo las leyes de su naturaleza, considerada solamente como corpórea, y qué es lo que no puede hacer –el cuerpo– salvo que la mente lo determine12.

Spinoza y los afectos es todo un tema que valdría muchísimo enfocar en un artículo únicamente de ello. No es casualidad que hoy en día se hable tanto de responsabilidad afectiva y es una pena que no se aborde desde el desarrollo del niño. 

Para cerrar esta primera parte, un niño en desarrollo requiere de una educación afectiva ligada a la empatía, la compasión, la reciprocidad y la productividad (Conceptos que abordare en la segunda parte), lo mismo que cualquier relación amorosa de cualquier índole y a cualquier edad. Es irresponsable pensar que el amor se da por sí solo, que únicamente reside en recibir amor y no dar.

Fromm continua el desarrollo infantil y manifiesta que a partir de cierta edad (8-9 años en adelante aproximadamente) el niño (a) experimenta “un nuevo sentimiento de producir amor por medio de la propia actividad”. En toda su vida, nunca se había ocupado en querer dar algo a sus padres, en producir algo- un poema, un dibujo, o lo que fuere-. Por primera vez en la vida del niño, la idea del amor se transforma de ser amado en amar, en crear amor. Muchos años transcurren desde ese primer comienzo hasta la madurez del amor“13.

La primer experiencia del amor se manifiesta cuando se es niño (a), se deja de lado las necesidades propias por las necesidades de la otra persona -Hoy aún recuerdo cuando mi hija Ximena de 8 años, me dijo que no le diera Domingo, que mejor arreglara el carro-. Dar es más satisfactorio que recibir, amar más importante que ser amado. Se experimenta la comunión, el compartir, Señala Fromm que:

El amor infantil sigue el principio << Amo porque me aman>>. El amor maduro obedece al principio <<Me aman porque amo>>. << El amor inmaduro dice: << Te amo porque te necesito>>. El amor maduro dice: “Te necesito porque te amo14”.

Lo desdichado de esto, es que muchas veces, nuestras primeras experiencias del amor se van convirtiendo en un patrón conductual que no es visible desde nuestro consciente pero nuestro inconsciente todo el tiempo lo está persiguiendo. Y estas experiencias van forjando el aprendizaje desde las emociones que nos generaron. Hay una gran carencia de educación emocional y afectiva en los niños la cual desencadena problemas de relacionarnos afectiva y emocionalmente con los otros. Las Redes sociales, lo que vemos en las películas, la música que escuchamos se vuelven las plataformas formadoras del amor.

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Notas

[1] Ríos P. (2017) Amor platónico en María Zambrano.

[2] Fromm, (1959, pág. 14)

[3] Rodriguez, R. (2021)

[4] Fromm, E. (1959, p. 14)

[5] Concepto instaurado por John Stuart MIll que se refiere al Homo Economicus como el hombre moderno que racionaliza sus emociones para poder maximizar las utilidades tratando de obtener los mayores beneficios con el mínimo de esfuerzo.

[6] Vespussi, G. (2005, p. 161)

[7] Estado Narcisista: Las personas y las cosas, tienen sentido únicamente en la medida en que satisfacen o frustran el estado interno del cuerpo. Fromm (1959, p. 59)

[8] Fromm (1959, p. 60)

[9] (Wartofsky, 1979, 329-354)

[10] Spinoza (1977)

[11] Damasio, A. (2009) En busca de Spinoza. Neurobiología de la emoción y los sentimientos.  (9na Edición) España. Crítica Barcelona. (p. 97)

[12] Spinoza (1925)

[13] Fromm (1959, p. 61)

[14] Fromm (1959, p. 61)

[15] Zape, del mexicanus Ponte al tiro, golpe en la cabeza con la palma de la mano extendida. Aun no se registra en el DRAE, por que los lingüistas no se ponen al tiro.

Bibliografía

Damasio, A. (2009) En busca de Spinoza. Neurobiología de la emoción y los sentimientos.  (9na Edición) España. Crítica Barcelona. (p. 97)

Deleuze, G. (2001). Spinoza: Filosofía práctica. (Traducción de Antonio Escohotado). Barcelona: Tusquets Editores.

Fromm, E. (1959) El arte de amar.(9na edición) España. Editorial Paidós. 

Rios, P. (2017). Amor Platónico en María Zambrano. Ojo de Jaguar, Año 1 (No. Recuperado de Rodriguez, R. (2021) Sesgos cognitivos: Efecto Halo. Psiquion. Consultado en https://www.psiquion.com/blog/efecto-halo

Spinoza, B. (1925). Opera. (Edición de Carl Gebhardt, 4 tomos). Heidelberg: Carl Winters Universitätsbuchhandlung.

__________(1977). Ética. (Traducción de José Gaos). México, D. F.: Universidad Nacional Autónoma de México.

Vespucci, G. (2005) Amor líquido. acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. Revista Argentina de Sociología, vol. 4, núm. 6, mayo-junio, 2006, pp. 160-163 Consejo de Profesionales en Sociología Buenos Aires, Argentina. Recuperado en https://www.redalyc.org/pdf/269/26940608.pdf

Wartofsky, M. W. (1979). Action and Passion: Spinoza’s Construction of a Scientific Psychology. En Grene, M. (editor), 329-354.

Artículo de:

Paulina Pallares (autora invitada):
Egresada de la Lic. En Humanidades con especialidad en Filosofía, y de la Carrera profesional de Danza (México). Actualmente estudia Cine y Actuación en la Asociación Mexicana de Cineastas Independientes. Co-fundadora de Códice ArtStudio.

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