Dentro de la historia y crítica de arte feministas, el análisis del sujeto femenino la deconstrucción de la mujer como objeto inspirador del genio masculino y otras representaciones en torno al género, han servido para evidenciar las condiciones sociales, políticas e históricas adentradas en las prácticas culturales y artísticas que han limitado el desarrollo y producción de las mujeres artistas.

En este sentido, valorar el arte desde una perspectiva de género nos hace pensar en nuestras nociones sobre el arte y quienes lo realizan.

Perspectiva de género
y feminismo

Entre 1976 y 1985, la perspectiva de género comenzó a utilizarse como explicación de las desigualdades históricas de la sociedad que sólo justificaba la diferencia entre los sexos como un reflejo de la propia naturaleza, así el concepto género sirvió para volver a pensar esas diferencias desde razones culturales: la diferencia entre los sexos que era una cuestión biológica, pero la desigualdad entre hombres y mujeres era una construcción social1.

En el debate actual, género hace referencia a los atributos sociales, oportunidades y relaciones asociadas a ser hombre o mujer, los cuales se establecen y se aprenden en sociedad, es lo que se espera, permite y valora en una mujer o un hombre en un contexto determinado.

Por otro lado, la frase: “Lo político es personal” fue la que introdujo las bases para el desarrollo de un pensamiento feminista del arte, manifestando una serie de cuestionamientos profundos en torno al papel del género sexual en la determinación de las relaciones de poder, las estructuras sociales y económicas, así como las vivencias del cuerpo y de percepción social, permitiendo desafiar la segregación de los ámbitos de lo privado y lo público2.

Sin embargo, la pregunta: ¿Por qué no han existido grandes artistas mujeres? Sigue siendo crucial para explorar sí las mujeres realmente son iguales a los hombres en el ámbito artístico. De lo cual, podríamos decir que:

En el arte de las mujeres, existe un tipo diferente de “grandeza” que el que existe en el arte de los hombres, postulando, entonces, la existencia de un estilo femenino, distintivo y reconocible; diferente tanto en sus cualidades formales como en las expresivas, y basado en las características especiales de la situación y experiencia de las mujeres3.

Artistas y mujeres

Hablar de la situación y de la experiencia de mujeres en el arte, es preguntarnos bajo qué circunstancias lograron crear su obra y cómo fue encausada a lo largo de los años, pues durante siglos su participación dentro de las academias de Bellas Artes fue casi nulo, poniendo en evidencia las desigualdades dentro de su formación con respecto a la de los varones. Incluso, fue necesario que las mujeres adoptaran diversas estrategias para hacer circular su trabajo como artistas, además de vincularse a determinados tipos de géneros pictóricos supuestamente adecuados a su feminidad.

 En el libro Historia y Política: ¿puede la Historia del Arte sobrevivir al Feminismo? Griselda Pollock, describe el caso de Artemisa Gentileschi (1593 – 1652/53), la cual se representó en un autorretrato bajo los códigos de una artista inspirada por completo en el desempeño de su profesión; no obstante, se dice que, dicho lienzo confundió a nivel iconográfico a los historiadores de arte, ya que ésta pintura personificaba una figura alegórica femenina y no a una pintora en sí4.

Y no fue hasta 1962 que, Michel Lavey determinó su atribución a la pintora escribiendo lo siguiente:

Tal vez la intención fuese mejor comprendida si el cuadro lo hubiese pintado un hombre. Tal parece que las obras de las mujeres que aman su identidad profesional parecen indescifrables5.

Asimismo, el caso de Élisabeth Vigée-Lebrun, que fue capaz de captar una visión radical del artista romántico Hubert Robert, mientras que ella se representó de otra manera. Según Pollock, su gesto, mirada, vestido y cuerpo, constituyen para el espectador una imagen de gracia, belleza y calma, sinónimos de feminidad, puesto que ella se pintó como objeto de la mirada masculina, mientras que presentó a Robert como objeto de mirada de otro pintor6.

La mirada crítica

Así, la visión feminista desde el arte, ha podido plantear cómo la mujer ha sido objeto de representación frente a su invisibilidad como sujeto creador, por lo cual, construir nuevos modelos de interpretación desde la Historia del Arte es vital, como diría Pollock: “Cabría reescribir la Historia del Arte poniendo énfasis en las particularidades de la feminidad antes que en sus contradicciones con respecto a lo masculino7”.

Según Pollock, la propuesta de construir una historia desde el enfoque feminista, permite el rescate de algunas mujeres artistas para desarticular los discursos y las prácticas que han constituido los cimientos de la Historia del Arte para considerar también, el aspecto del espacio y del espacio psicológico de la feminidad, además de desarrollar métodos feministas de mirar y leer una imagen.

Espacio representado

Para Pollock, existen tres tipos de espacio que recupera en las obras de Mary Cassatt y de Berthe Morisot:

a) Los espacios representados en las imágenes, tales como las escenas de un jardín, de un salón o de una habitación, los cuales designan los privilegios de la vida de las mujeres burguesas del siglo XIX.

b) El espacio de la composición, el espacio plástico donde se pueden percibir ciertas particularidades. En las obras de Mary Cassatt el espacio está muy comprimido, y los cuerpos son grandes, se tocan los unos a los otros, y los espectadores son incluidos en esta proximidad.

c) El espacio psicológico, donde la creadora ha producido la pintura, donde la artista y lo representado se pertenecen, es igualmente un espacio simbólico de lo que representa la feminidad, donde se enlazan las subjetividades.

Hasta aquí, podemos concluir que, la incorporación de perspectivas de género y feminismo en el arte, han transformado gradualmente el escenario de la producción artística para concientizar sobre las mujeres artistas y la importancia de las mismas, aunque en México no son ajenos estos procesos de reflexión, ha sido muy pobre el desarrollo de un análisis de lo femenino y su deconstrucción.

Bibliografía

[1] María Laura Gutiérrez, Entre las intervenciones feministas y el arte de mujeres. Aportes, rupturas y derivas contemporáneas de los cruces entre arte y feminismos. Consultado en: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5466562

[2] Karen Cordero e Inda Sáenz (comps) Crítica Feminista en la Teoría e Historia del Arte, (México, UNAM-PUEG, UIA, 2007), 6.

[3] Cordero, Crítica Feminista en la Teoría e Historia del Arte,19

[4] Pollock, Griselda. “Historia y Política: ¿puede la Historia del Arte sobrevivir al feminismo?”, publicado originalmente en Féminisme, art et histoire de l’art. Eds. Mathilde Ferrer e Yves Michaud. París, L’École Nationale Supérieure des Beaux- Arts, 1997 (Espaces de l’art),5.

[5] Pollock, Historia y Política, 4.

[6] Pollock, Historia y Política, 5.

[7] Pollock, Historia y Política, 4.

Imagen | Wikipedia 1, 2

[cite]

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por Paulina Amezcua

Licenciada en filosofía, Maestra MADEMS. Especialista en historia del arte por la UNAM.

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