En el Sacro Imperio Romano Germánico una mujer huía del fatal destino de la mayoría de las jóvenes medievales: un matrimonio arreglado. Su nombre era Hildegarda, y alcanzó los máximos reconocimientos que podía aspirar una mujer de su época: fue la primera  autorizada a escribir Teología,  abadesa del primer monasterio de mujeres que prescindían de la protección de monjes, le fue permitido viajar y predicar, y además fue consejera política de grandes poderosos.

Nació en 1098 en una familia noble que a los 8 años la entregó a una ermita de mujeres cercana a un monasterio. Allí fue criada por la abadesa Jutta von Sponheim, quien la guiaría por los caminos de la fe y se encargaría de educarla para tomar su lugar cuando falleciera. Así sucedió en el año 1136. A partir de aquel entonces Hildegarda comenzó una serie de transformaciones en el monasterio: enseñó acerca de medicina natural, atendió a enfermos, exaltó la importancia del cuidado del cuerpo y finalmente, solicitó la autonomía de su congregación religiosa. Pero esto último solo le fue posible debido al gran poder que ostentaba: tenía visiones que fueron reconocidas por el Papa Eugenio III.

Sus visiones se daban en forma de luz estando despierta, en ellas se le aparecían imágenes que con la ayuda del monje Volmart dibujaba y explicaba. Las mismas  le presentaban distintas cosmogonías y profecías. Entre ellas destacamos la visión ovoide de la tierra vista desde el espacio en una época en la que la tierra plana era la cosmovisión imperante. También profecías respecto a acontecimientos políticos, lo que le llevaba a ser consultada por distintas personalidades.

Sus ideas filosóficas más importantes son la concepción del hombre como un todo con el cosmos:“El ser humano no se halla frente al mundo, sino que forma parte de él”1,  el propio yo pasa a segundo plano, y le es necesario contemplar el universo en su totalidad. En esa jerarquía cosmológica el ser humano tiene un lugar superior por su relación con Dios.

Otra de las ideas claves para comprender su obra es la noción de que el cuerpo y el alma se necesitan recíprocamente, aunque el alma goce de superioridad por su condición inmortal, “El alma da vida al cuerpo, de manera que el cuerpo necesita del alma, pero también el alma del cuerpo para poder actuar”2. Esta idea la alejó de las prácticas ascéticas benedictinas, orientándola a estudiar el poder curativo de la naturaleza, la música y la oración. Para Hildegarda las propiedades medicinales están esparcidas por toda la creación, pero se necesita la gracia de Dios para conocerlas. En su libro Physica se refiere a  las propiedades de animales, plantas y piedras preciosas. Además, elaboraba alimentos para distintos padecimientos, asimismo reformuló la receta de la cerveza agregándole lúpulo como ingrediente que actualmente se utiliza para su conservación.

Es destacable su estudio del cuerpo femenino en una época en la que no se lo estudiaba por considerarlo impuro. Hildegarda estudió, describió y aportó medicina para los procesos fisiológicos femeninos, exaltando así la figura de la mujer.

Por ello, se la reconoce como parte de un protofemenismo, puesto que si bien estuvo ligada a los dogmas de su época no temió cuestionar e ir más allá de los mandatos sociales. Estudió el Génesis y resignificó la figura de Eva: rechazó la idea de que el pecado haya entrado al mundo por ella. Pensaba a la mujer como un ser íntegro, fuerte y potente.

En sus distintos escritos de la obra Scivias pueden encontrarse ideas de Aristóteles, Séneca, San Agustín de Hipona, no obstante negó  haberlos leído, alegando cómo las visiones le mostraban lo que permitió a esos grandes hombres conocer. “Sin haber recibido ninguna instrucción humana comprendí los escritos de los profetas, los santos y los filósofos”3

Murió a la avanzada edad de 81 años siendo canonizada como santa en 1979, y en 2012 proclamada como Doctora de la Iglesia por Benedicto XVI, quien la llamó “Luz de su pueblo y de su tiempo”4 (XVI) .

Notas

[1] Gleichauf, I. (s.f.). Mujeres filósofas en la historia.

[2] Hildegarda. (s.f.). Causae et curae.

[3] Hildegarda. (s.f.). Scivias.

[4] XVI, B. (s.f.). Carta apostólica.

Para seguir leyendo

Physica. Hildegarda von Bingen

Ellas lo pensaron antes. María Luisa Femenías.

Las filósofas. De Martino,G. y Bruzzese, M.

Imagen | Wikipedia

Artículo por:

Yesica Rosiani Da Rosa (autora invitada):
De Misiones, Argentina. Profesora de Filosofía, Relacionista pública, ceremonialista, educadora en niveles medio, técnico y formación docente. Administra la cuenta @filosofia_para_mis_amistades

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