Érase una vez… La historia del rechazo a la feminidad

Érase una vez, hace no tanto tiempo, surgió el feminismo. No me refiero a la llamada “primera ola del feminismo” porque esta primera ola, el movimiento sufragista, es fundamentalmente distinto a lo que hoy en día llamamos feminismo. Desde los años 60 hemos buscado una igualdad real, y no sólo aparente, entre hombres y mujeres: se ha luchado por la integración de la mujer en el mercado laboral y su acceso a puestos importantes de trabajo, derechos reproductivos y, en definitiva, se ha luchado por llegar a ser como los hombres sin pararnos a pensar si esto es realmente deseable o nos lleva a sociedades que siguen siendo tan desiguales y discriminatorias o más como eran previamente a la segunda ola.

Como dicen Baumgardner y Richards (2004): «Durante la última década, se les ha dicho a las chicas jóvenes de Estados Unidos de mano de la organización sin ánimo de lucro Girls. Inc que sean “Fuertes, inteligentes y audaces” (…) Sus padres y profesores les han dicho que “Puedes ser lo que quieras”. Estas frases han desafiado a las chicas a desarrollar todo su potencial —algo que efectivamente han hecho, como vemos por la gran cantidad de chicas que hacen deporte y que dicen que quieren ser presidente cuando crezcan. Pero también las ha dejado confundidas. Confundidas porque estos mensajes se reducían a integrarse en un mundo masculino y probar que pueden hacer cosas masculinas1”. Continúan las autoras diciendo que , durante la tercera ola del feminismo, que era la que se estaba desarrollando a principios de los 2000, se estaba volviendo a reivindicar la feminidad como poder, pero nada más lejos de lo que terminó siendo la realidad, porque durante la década de 2010 vimos como cada vez más se ha demonizado la feminidad.

Esta demonización se ha visto ejemplificada con el tratamiento que han recibido las princesas clásicas de Disney: Blancanieves, Aurora2 y Cenicienta, junto con otros personajes femeninos de la era dorada de Disney. ¿Cuántas veces hemos oído hablar del mal ejemplo que suponen a las niñas que ven esas películas?, ¿son ellas el mal ejemplo o lo somos nosotros?

El problema
de las princesas

La primera película de la compañía se estrenó en 1937, una época de lo más convulsa tanto en Estados Unidos como en el mundo y la sociedad estadounidense necesitaba un modelo a seguir, alguien que fuera alegre a pesar de las dificultades, trabajador y, al fin y al cabo, algo crédulos pues se esperaban soldados y ciudadanos que respetaran a las autoridades. Este modelo a seguir no fue otro que Blancanieves, alguien que no canta porque haya una canción en su interior, sino que canta para poder lidiar con los horrores del mundo que nos rodea (Canal There Will Be Fudd, 2020, 16m40s).

Hoy en día, solemos describir a los personajes del estilo de Blancanieves como “pasivos”, otro ejemplo es el protagonista de Qué bello es vivir protagonizado por James Stewart que ha sido criticado últimamente por ser un personaje que, a pesar de tener una ambición, no hace nada por realizarla, las cosas “simplemente le pasan” y, ciertamente, Blancanieves o George Bailey encarnan valores que en las películas actuales no vemos. Esta crítica es mucho más oída con Blancanieves porque siempre hemos visto a las mujeres como más “pasivas”, Blancanieves limpia, cocina, silba al trabajar, hace tarta de manzana, pero no hace nada más, la acción se mueve porque las cosas simplemente le pasan sin que ella haga nada para remediarlo y, sin embargo, por mucho que queramos negarlo es una realidad mucho más cercana a nuestras experiencias vitales, ¿cuántos de nosotros podemos activamente rechazar las circunstancias de nuestra sociedad en vez de aprender a vivir con ellas?

Y esta mentalidad es aún más problemática si tenemos en cuenta que Blancanieves nunca es del todo pasiva, no limpia porque sea su deber como mujer, sino para conseguir que los enanitos le dejen quedarse en su casa, Blancanieves quiere algo y entiende que tendrá que ofrecer otra cosa a cambio. Que Blancanieves sea capaz de cantar en el bosque cuando está asustada le gana la confianza de los animales que la guían a la casa y su amabilidad es lo que finalmente hace que los enanitos se encariñen con ella y sean ellos los que venguen su muerte. Es decir, Blancanieves recibe un final feliz porque es trabajadora y porque es amable, al igual que Cenicienta.

Cenicienta también se ha visto como un personaje pasivo por no escapar de su familia y buscar un príncipe que le resuelva su vida, pero esa no es la historia que cuenta Cenicienta y lo vemos con el paralelismo que se hace entre ella y su perro Bruno. Al principio de la película, cuando Cenicienta descubre que Bruno estaba soñando con perseguir a Lucifer lo regaña y le dice: «Si no quieres que te echen a la calle, más vale que te portes bien y no vuelvas a tener esas pesadillas» (Disney, 1950), esto refleja la misma posición de Cenicienta que está atrapada en una familia abusiva cuya alternativa es vivir en la calle. Al final de la película, cuando Cenicienta se queda encerrada en su cuarto pide a los animales que llamen a Bruno para que persiga a Lucifer, que guarda la llave, porque ve una oportunidad de salir. Cenicienta no es pasiva, tiene carácter y ambiciones que se ven claramente a lo largo de la película, es trabajadora y, sobre todo, es amable a pesar de las circunstancias, que es lo que la termina salvando —la salvan los animales a los que ella ha ayudado.

Una imposición
de la forma de ser

¿Qué tiene que ver esto con la feminidad? Cuando llamamos a personajes como Cenicienta o Blancanieves pasivos estamos asociando los valores femeninos con la pasividad; son pasivas porque su fuerza no es física, sino emocional. Asociamos la pasividad a los valores femeninos: a los cuidados, a la sensibilidad, a la amabilidad y al poner al mal tiempo buena cara. Además, estamos implicando que las mujeres nunca han importado porque, ¿cuántas han tenido la posibilidad de romper las barreras de su sociedad en vez de actuar dentro de ellas? Incluso Mary Shelley tuvo que hacer frente a los problemas de ser una mujer en su sociedad en múltiples ocasiones, porque a veces “las cosas pasan” y a veces tenemos que vivir en unas circunstancias que no hemos elegido.

Barbie también ha sido objeto de crítica desde este punto de vista, pareciendo olvidar que el mismo lema de la muñeca nacida en 1959 es, precisamente, “Tú puedes ser lo que quieras”, un lema que Mattel volvió a relanzar como campañas en 2017. Aun así, es radicalmente distinto al “tú puedes ser lo que quieras” de nuestra adolescencia y por eso tiene menos importancia, porque Barbie podía ser astronauta en 1965, candidata a la presidencia en 1992 y para los 2000 ya había sido ingeniería, bombero, CEO, cirujana… Pero no importa lo que Barbie haya sido porque sólo vemos que es femenina, que le gusta la moda, que lleva tacones, que es rubia y tiene un cuerpo de lujo y es por eso por la que ahora la criticamos y la catalogamos como un juguete machista, porque es un estándar de feminidad a pesar de que Ruth Handler la creó con la intención de que las niñas tuvieran la opción de ver que tenían más opciones aparte de ser madres ya que los únicos juguetes “para niñas” de la época eran bebés, al contrario que las mil opciones que tenían los niños.

En la película Legally Blonde, la protagonista, Elle Woods, es comparada constantemente con Barbie, porque a pesar de ser inteligente y competente sólo es vista como una “rubia tonta”, como una Marilyn Monroe y es que el rechazo a la feminidad es un problema porque, desgraciadamente, no se queda en la pantalla, en nuestras redes sociales o en las muñecas, sino que afecta a mujeres reales y a una mentalidad ejemplificada por los medios de comunicación. Marilyn Monroe, Britney Spears, Megan Fox, Lindsay Lohan… ¿Cuántas mujeres tienen que sufrir simplemente por tener una apariencia femenina?3

Esto no quiere decir que si las mujeres muestran un comportamiento estereotípicamente masculino no sea castigada; en Miss Congeniality, la protagonista es el hazmerreír de sus compañeros de trabajo hasta que sufre una “transformación” y empieza a tener una apariencia más femenina y deseable, pero conservando una personalidad más “masculina”. El ideal femenino es “no ser como las otras chicas4”, lo cual es inherentemente problemático, ser “una chica” es negativo, ser una “barbie” es algo negativo a pesar de que es una profesional que no tiene que abandonar su feminidad para perseguir campos dominados por hombres, pero si te alejas tanto “de las otras chicas” mostrando un aspecto que no sea heteronormativo también será criticado. Sin embargo, cuando un hombre muestra comportamientos asociados con la feminidad se le elogia e incluso se le idealiza porque rompe con la masculinidad tóxica. Eso en sí mismo no está mal, está mal que sigamos impidiendo a las mujeres ser ellas mismas.

¿Por qué tenemos que decantarnos por unos valores?, ¿por qué se le tiene que imponer a las mujeres una forma concreta de ser?, ¿por qué no podemos ser nosotras? Mulán, al final de la película del mismo nombre, conservaba lo que había aprendido en el ejército, pero tenía un aspecto femenino, porque esa era su verdadera identidad: no era el hombre por el que se había hecho pasar en el ejército ni la mujer que su sociedad quería que fuera, era ella, porque las mujeres no tenemos por qué ser una cosa o la otra, podemos ser fuertes siendo sensibles, o podemos ser débiles, o podemos ser fuertes físicamente, pero lo importante es que tengamos la libertad de elegir qué queremos ser. Lo importante es que se nos deje ser personas.

Notas

[1] Traducción propia: «For the last decade, young girls in the United States have been told by the advocacy organization Girls. Inc., to be “Strong, Smart and bold” (…) [And most girls] were told by parents and teachers, “You can be whatever you want”. These sound bites challenged girls to rise to their potential —which girls certainly did, as witnessed by how many of them play sports and say they want to be president when they grow up. But it also left them confused. Confused because these messages boiled down to integrating themselves into a male world and proving they could do masculine things” (Baumgardner y Richards, 2004).

[2] No voy a hablar de Aurora porque no es una conversación que me parece que se pueda aplicar, las protagonistas son las hadas madrinas o podríamos decir que es el príncipe, pero no ella. Es un personaje plano porque es el marco de la historia.

[3] Respecto a este tema recomiendo el vídeo del canal ModernGurlz (21 de agosto de 2021). entertainment media’s history of mistreating young women [Archivo de Vídeo]. Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=6T7kzkAnqQY&list=PLdOcq7N2a56MAtwEcP_retOnswtQdsPEC

[4] Más conocido en inglés: Not like other girls.

Bibliografía y filmografía

Baumgardner y Richards (2004). Feminism and Femininity. En A. Harris (Ed. Y Trans.), All about the Girl: Culture, Power, and Identity. https://books.google.es/books?id=UQOySoX83iIC&printsec=frontcover&hl=es#v=onepage&q&f=false

Bancroft y Cook (dir.) (1998). Mulan [película]. Estados Unidos. Walt Disney Pictures.

Canal There Will Be Fudd (7 de octubre de 2020). Why Snow White Is (Still) the Strongest Disney Princess [Archivo de Vídeo]. Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=oGGv7WCNK-s&list=PLdOcq7N2a56MAtwEcP_retOnswtQdsPEC

Capra, F. (dir.) (1946). Qué bello es vivir [película]. Estados Unidos. Liberty Films Inc.

Geronimi, C., Jackson, W. y Luske, H. (dir.) (1950). Cinderella [película]. Estados Unidos. Walt Disney Pictures.

Hand, D. (dir.) (1937). Snow White and the Seven Dwarfs [película]. Estados Unidos. Walt Disney Pictures.

Luketic, R. (dir.) (2001). Legally Blonde [película]. Type A Films y Marc Platt Productions.

Petrie, D. (dir.) (2000). Miss Congeniality [película]. Castle Rock Entertainment, Village Roadshow, NPV Entertainment y Fortis Films Production.

Imagen | Wikipedia

Artículo de:

Juan de la Cruz Berlanga (colaboración):
Estudiante del Doble Grado en Filosofía y Economía en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Con interés en la filosofía de la ciencia y la naturaleza; en 2021 realizó un año de Física Teórica en la University of Birmingham en Inglaterra.

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