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Yuriko Saito en su artículo “Estética Cotidiana” nos da a conocer una nueva forma de poder experimentar y entender la estética, no sólo como estetas, sino también como seres humanos, desenvolviéndose en un mundo donde el arte se ve como la mayor aspiración de la sensibilidad estética. Vale la pena mencionar que, a su vez, encuentra que tenemos una fuerte relación entre la práctica y la estética, pues muchas veces nuestros juicios morales se basan en preocupaciones estéticas que toman como punto de partida el arte, y por consecuencia la belleza; juicios que ejercemos ya sea en nuestro propio cuerpo, el otro ser humano, o incluso en decisiones sobre la naturaleza.

La autora nos hace poner atención en el hecho de que a lo largo de la historia de la estética los pensadores han tomado al arte como el eje principal de sus reflexiones, dejando de lado o incluso relegando a lugares inferiores a los diferentes objetos no artísticos, dándoles sólo un lugar en tanto que sólo serán “aspirantes” de las artes. Esto se puede ver, por decir un ejemplo, cuando se refieren al fútbol como un “arte”; no estamos más que buscando una semejanza con las artes, dejándolo como una aspiración a algo “superior”. Cuando en realidad estamos tratando con algo que claramente es un deporte, y reconocerlo como eso mismo no es algo que le reste valor estético, ya que si tomamos la propuesta que Saito menciona perteneciente a Jerome Stolnitz en su obra Aesthetics and the Philosophy of Art Criticism (Estética y la Filosofía de la Crítica del Arte):

Todo absolutamente, ya sea sentido o percibido, sea producto de la imaginación o el pensamiento conceptual, puede convertirse en objeto de atención estética.1

Siguiendo esta idea de aquello que puede captar la estética, la autora expresa una urgencia en explorar un panorama diferente, pues la diversidad de objetos estéticos requiere una diversidad de análisis y enfoques. Este panorama será el de la estética cotidiana, una nueva forma de entender a las experiencias estéticas que ocurren en objetos o eventos no artísticos. No necesariamente se trata de “estetizar” la realidad, sino de identificar que en experiencias cotidianas existen sensibilidades estéticas que no son de un rango menor y que merece la pena que sean estudiadas con el mismo rigor que una pintura. Lo cotidiano no cuenta con la intención de ser apreciado por su importancia estética, y no es permanente o inmutable como el arte lo es, se encuentra en una realidad que inevitablemente estará en movimiento.

Como la misma Saito nos lo advierte, el hacer caso omiso de la variedad de objetos estéticos indudablemente empobrece a la estética y a sus estudios, no sólo asume un arte institucionalizado, sino también expone a la luz una estética ignorante de las diferencias culturales y económicas. Después de todo, ¿por qué sólo los pensamientos que giran en torno al arte son los que valen la pena para un serio análisis teórico? ¿Qué no se supone que la filosofía permea todos los ámbitos de nuestra vida?

Los sonideros,
experiencias dignas de la estética

Es con estos cuestionamientos en mente que no me queda más que apoyar la propuesta de la autora. Tomemos como un claro ejemplo a los sonideros en las zonas marginadas de México, presentes sobre todo en la Ciudad de México. Estos sonideros se definen como eventos bailables, usualmente de ritmos tropicales, que pueden ocurrir tanto en un inmueble como en la misma calle, y cuentan con una rica historia que se remonta hasta el año 1950.

Las comunidades marginadas, al no tener oportunidad de tener contacto con las artes o las discotecas, comenzaron a organizar dichos bailables con DJ’s, y ha llegado a un punto donde los habitantes de dichas colonias se refieren a los sonideros como una parte importante de su cultura. Y no sólo eso, la comunidad gay y transexual también encontró un lugar de pertenencia en dichos espacios, e incluso se convirtió en algo esencial del movimiento sonidero, ayudando a que se llegara a expandir no sólo por todo México, sino también en los Estados Unidos.

A pesar de contar con una rica historia y una comunidad inmensa, en los últimos años los sonideros han sido acusados de propagar la violencia y la drogadicción, llegando al punto en el que en noviembre del año 2019 un sonidero de Iztapalapa sufrió una agresión policíaca al intentar detener el bailable. Este es un problema que persiste, pues las autoridades no han mostrado apoyo alguno a los sonideros, a pesar de que sean un componente cotidiano de la vida de una colonia popular.

Estos sucesos son considerados por los propios habitantes como sucesos culturales, incluso cuentan con un gremio sonidero que busca que las autoridades reconozcan como Patrimonio Cultural Intangible de la Ciudad de México a los bailables que son organizados con frecuencia. David Mendoza, de Sonido “Retro”, en el reportaje “Sonideros de CDMX | La cultura del barrio, de Iztapalapa para el mundo”, realizado por Plumas Atómicas en 2020, deja en claro el sentir colectivo de la experiencia de los sonideros:

Cultura no es solamente es la música clásica o lo que los letrados a veces nos intentan imponer, sino que cultura popular también son las costumbres, las tradiciones, la forma en que nosotros, la gente pobre y la gente de los barrios disfrutamos de la música, la forma en que la bailamos, en que la transmitimos.2

Es curioso, Sonido La Changa fue invitada a participar en un festival europeo en España, y aun así la mayoría de las autoridades locales encuentran en este los sonideros algo incluso despreciable que lleva a el degenere de los ciudadanos. Un claro ejemplo de cómo es que basamos nuestros juicios morales en valores estéticos pertenecientes a una invisible, pero opresiva Academia, ¿por qué es que los sonideros no han de ser una experiencia estética? No sólo tenemos el acto del baile, también hemos de incluir la locación, la música impetuosa, las diversas personas que están involucradas, la forma en que deciden vestirse, los olores que hay en el ambiente.

Es debido a todos estos componentes que los sonideros cuentan sin duda alguna con una tremenda experiencia compuesta de sucesos y objetos estéticos, entonces, ¿por qué no han de ser reconocidos como tal? Esta experiencia estética es una que se trabaja, que se encuentra en constante devenir, nunca habrá dos sonideros iguales. Tanto al escuchar la “Quinta Sinfonía” de Beethoven en nuestra butaca del teatro como al bailar al son de “El Listón de tu Pelo” de los Ángeles Azules tendremos una interesante experiencia estética. Quién lo diría, quizás lo que los estetas necesiten para voltear la mirada a una nueva estética sea una buena cumbia.

Notas

[1] Saito, Y. (Abril, 2001) Estética Cotidiana. (Echavarría Carvajal, J., Trad.). En Philosophy and Literature Vol. 25 (no. 1), p. 29 (Artículo) The Johns Hopkins University Press.

[2] Plumas Atómicas. (Febrero, 2020) Sonideros de CDMX | La cultura del barrio, de Iztapalapa para el mundo, min. 5:12-5:33. Youtube.

Bibliografía

Ibarra, J. (Junio, 2019). De Fiesta Callejera: Historia de los sonideros de tepito. Tierra Adentro. Recuperado el 8 de diciembre del 2021 de: https://www.tierraadentro.cultura.gob.mx/de-fiesta-callejera-historia-de-los-sonideros-de-tepito/

Plumas Atómicas. (Febrero, 2020) Sonideros de CDMX | La cultura del barrio, de Iztapalapa para el mundo. YouTube. Recuperado el 8 de diciembre del 2021 de: https://www.youtube.com/watch?v=fGi_jr5J5dc

Saito, Y. (Abril, 2001) Estética Cotidiana. (Echavarría Carvajal, J., Trad.). En Philosophy and Literature Vol. 25 (no. 1), pp. 87-95 (Artículo) The Johns Hopkins University Press.

Imagen | Pixabay

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por Mayra Ortiz Franco

Estudiante de sexto semestre en la licenciatura de Filosofía en la Universidad de Guanajuato. Entusiasta de la estética, la música y la filosofía medieval. Integrante de la Red Mexicana de Mujeres Filósofas (ReMMuF).

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