Fue a partir de la lectura del estudio sobre la democracia que hace Platón en el libro VIII de la República –desde 555b hasta el 562a – cuando empecé a reflexionar acerca de lo que significaba ser libre y plantearme si acaso podemos serlo verdaderamente viviendo en un sistema que defiende la soberanía y la libertad individual sobre cualquier otro valor moral. Por esta razón consideré oportuno escribir sobre ello, aunque no sólo porque sea un tema que me apasiona, sino también por invitar a los lectores de este breve artículo a reflexionar sobre los desafortunados valores imperantes en nuestra sociedad, tanto para entenderla, como para cambiarla.

En el libro VIII de la República, Platón analiza las cinco clases de constituciones políticas posibles y sus respectivos tipos de hombre. Es aquí donde el filósofo, a partir del estudio de la democracia, reflexiona sobre la libertad, lo cual desemboca en una dura crítica al individualismo y a la esclavitud a la que conduce su imprecisa ansia de libertad. A la hora de entender este análisis que hace Platón sobre la libertad es necesario recordar que el filósofo era antidemocrático precisamente por lo que se concibe como libertad, según él, en la democracia. En este fragmento de la obra los diálogos se tornan con un tono irónico para abordar la cuestión, por lo que se ha de hacer una lectura entre líneas para entender la crítica.

Democracia
y libertad para Platón

Platón define la democracia como un sistema que nace a partir de la oligarquía en nombre de la libertad, concretamente de la libertad del pueblo. Sin embargo, es este deseo insaciable de libertad que la democracia define como su bien lo que hace sucumbir a la misma.

Para Platón, un Estado sano es aquel que nace cuando el individuo se reúne con quienes lo rodean para sobrevivir, dado que le resulta imposible autoabastecerse. Por consiguiente, un Estado no se forja por voluntad, sino por pura necesidad, por lo que es fundamental mantenerlo sano para poder llevar una buena vida, conservar una buena convivencia y poder subsistir. Por el contrario, en la democracia descrita por Platón, prevalecen los discursos que designan eufemísticamente lo que son las verdaderas virtudes y se aboga por valores como el individualismo sobre cualquier sentimiento de colectividad. Es así como el filósofo intenta advertir que el concepto de ‘libertad’ se está tergiversando dado que la libertad, a su manera de ver, no se puede dar en una sociedad anárquica y codiciosa de libertad, pues es incompatible con la propia naturaleza humana. La anarquía es una doctrina política que propugna la desaparición del Estado, de sus organismos e instituciones representativas, y defiende la libertad del individuo sobre cualquier autoridad, pero ¿puede realmente el humano ser libre o simplemente sobrevivir sin una sociedad organizada?

La sociedad se ordena al bien común y el desarrollo de sus integrantes debe perseguir esta meta colectiva a través de su labor específica. Ahora bien, el bien común como horizonte de esfuerzos comunitarios no desdeña el bien personal, sino que el bien personal y común se hallan integrados, el bien común reclama un equilibrio entre lo individual y lo colectivo. Es el bien de la sociedad, no el bien individual ni la mera suma de los bienes individuales – como propugna Bentham con su Utilitarismo, por ejemplo –, sino que es el bien de la sociedad en cuanto a tal, en tanto a grupo u organización con un fin y dinámica propias. De hecho, lejos de excluirse entre sí, no cabe el bien personal sin el bien común ni viceversa, pues ambos se exigen recíprocamente y no pueden alcanzarse por separado.

Por lo tanto, la libertad que defiende la democracia descrita por Platón, que ampara el individualismo, conduce a la propia esclavitud y destrucción del individuo, a su propia condena, dado que es imposible vivir al margen de la sociedad, primando lo individual frente a lo colectivo. Ejercer la libertad no consiste en hacer lo que a cada uno le plazca cuando se quiera, sino que la libertad comienza a partir de tener cubiertas todas nuestras necesidades básicas, comienza en el momento en que el ser humano se asocia para convivir con sus coetáneos para ayudarse unos a otros con el objetivo de que la sociedad sea feliz en su conjunto, y todo ello requiere una organización.

Una crítica
al individualismo

Una vez que conformamos una sociedad y cubrimos nuestras necesidades básicas, el humano tiene otras necesidades espirituales que atender: las necesidades del alma. A mi parecer la necesidad más importante del alma es el poder amar y el ser amado, y el individualismo aniquila estas posibilidades. ¿Acaso se puede encontrar el amor si no es en comunidad? No creo que el amor sea compatible con el individualismo. El ser humano tiende a relacionarse por naturaleza, y su desarrollo posee un sentido social y no puramente individual fundamentado en el propio carácter comunitario del ser humano.

Es más, decir que el humano alcanzará su felicidad buscando su propio bien individual sin atender al resto y sin instituciones que organicen la sociedad resulta incrédulo. Cabría destacar también que estas instituciones, las cuales necesitan gobernantes, no es que coarten la libertad o esclavicen al individuo, sino que ofrecen la base para que todo individuo pueda comenzar a tener libertad, pues cubren sus necesidades básicas que es, como he mencionado anteriormente, el punto de partida para que el humano sea verdaderamente libre o al menos tenga la oportunidad de serlo.

La defensa de la libertad individual es una postura cómoda a la que atenerse para no enfrentarse a la realidad: tenemos posibilidades entre las que elegir y caminos por recorrer a costa de la vida de otros. Pero es que el ser libre también exige tener responsabilidades y obligaciones por cumplir con el resto de humanos por el mero hecho de ser humanos.

Otro aspecto en el que me parece importante insistir es que la libertad por sí misma no nos hace felices, pero la falta de libertad nos asola y devasta. En otras palabras, la libertad como fin carece de sentido, puesto que acaba convirtiéndose en un concepto vacío si no reflexionamos un por qué y un para qué de ella. La libertad sirve tan sólo como margen para conseguir otros fines.

En definitiva, es indudable que la libertad constituye una necesidad para los humanos; estamos llamados a vivirla, juega un papel fundamental en el desarrollo de nuestra existencia. A pesar de su importancia nos es imposible definirla de manera precisa y certera. Considero que en última instancia la libertad siempre es vivida como un profundo anhelo y quizá el único atisbo de materializar la libertad que tengamos sea cubrir esas necesidades humanas básicas mencionadas varias veces a lo largo de este escrito, y así abrir cada vez un abanico más amplio de posibilidades a lo que poder aspirar entre todos.

El individualismo imposibilita los proyectos y horizontes comunes, es el fin de la conciencia humana, “el egoísmo como proyecto político válido1“, abanderado de una falsa libertad.

Es a partir de la libertad extrema, por lo que surge la mayor y más salvaje esclavitud.

564a

Por último, la libertad además de ser necesaria es bella, así que “tal vez sea verdadero el proverbio de que las cosas bellas son difíciles” (República IV, 435d).  

Notas

[1] Ligros, J. (2021, 9 mayo). Juan Ma Ligros [Twitter]. https://twitter.com/jm_ligros/status/1391352915118465024

Bibliografía

Platón. República, VIII, 564a. Gredos. Madrid. 1986.

Artículo de:

Inés de Vicente (autora invitada):
Estudiante de Economía y Filosofía en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Interesada también en política e historia.

Imagen | Wikipedia

#crítica, #Democracia, #Individualismo, #Libertad, #platón

por autores invitados

¿Te gustaría escribir para nosotros? Puedes hacerlo enviando textos de forma esporádica o unirte a nuestro equipo permanente de autores. Para más información, envíanos un mail: contacto[at]filosofiaenlared.com

error: Content is protected !!