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La liberación sexual ha sido una lucha respetable encabezada por los diversos grupos feministas, que pisó con más fuerza el espacio público y privado en la década de los 90´s en la tercera ola de revolución cultural y política, que al final de cuentas sí liberó a la mujer de la pequeña burbuja de las limitaciones de la sexualidad en el marco de un paradigma de visión masculina sobre el cuerpo femenino.

Sin duda, el avance en la materia de los derechos sexuales y reproductivos, además de las nuevas visiones y narrativas culturales en las cuales se desarrolla la sexualidad de la mujer (después de milenios dominada por teorías masculinas estrechas, sin conocimiento pleno del cuerpo femenino), son muy liberadoras en un orden ético estructural, pero también han sido tergiversadas en un sentido negativo, como toda dialéctica natural, que ha sido manipulado por el sistema capitalista.

Debo aclarar que, cuando hablo de mujeres, no sólo me refiero a la visión sesgada de mujeres cis-género, sino a todo cualquier ser humano que se considere mujer, esto incluye a las personas trans y queer, que su diversidad les permite fluctuar entre el ser mujer o el no cerrarse en el estereotipo clásico del ser mujeres, puede ser una variante femenina/masculina. Porque ser mujer es un agregado de ser, por lo cual es sólo una categoría más y es de carácter segregador social, no biológico, porque hombre o mujer, o intersexual, todos/as pertenecen a la especie humana.

Una vez aclarado esto, quiero especificar aún más que cualquier cuerpo humano que haga un performance que entre en roles femeninos del ser mujer, es sexualizado siempre en beneficio de un sector que ha tenido dominado por años el poder capitalista, a lo que quiero llegar es que si el sexo vende es porque hay un mercado que compra sexo y ejerce poder sobre estos cuerpos.

Hay una frase que siempre me ha llamado la atención y es: el sexo vende, pero ¿qué vende el sexo? Realmente la sexualidad causa morbo por el hecho de que ha sido catalogado como tema tabú, en la medida en que se ha abierto paso sobre esa estrecha caverna que en el camino ha visto algunas luces para ser liberada, pero también algunas sombras que la atrapan. El sexo no sólo es un factor biológico-genético (no quiero que malentiendan que soy biologista cerrada en el marco binario-género), pero también tiene connotaciones sociológicas que han sido aprovechadas por el mercado de venta y consumo, como conceptos y símbolos sexualizados. Por ejemplo, la figura ridícula moderna de caderas y pechos enormes con cinturas de avispa, que algunos cuerpos alcanzan ese estándar, comprando fajas reductoras para verse más atractivas para vender una imagen que complace estándares impuestos por cánones que fueron construidos en el pasado por medio de los ojos el hombre.

Por ejemplo, hay conversaciones tan cotidianas que debatimos entre amigas a diario que posible pasen desapercibidas por la mayoría porque no somos lo suficientemente analíticas al respecto, porque también somos parte de todo este sistema que nos jode a nosotras mismas, pero siempre, siempre, habrá conversaciones entre amigas hablando de cómo se cree que una liberación sexual parte por la cantidad de acostones y no por la calidad. Pensamos que el cuerpo debe de ser compartido en desenfreno porque es lo que nos meten ideológicamente en la cabeza a través de la cultura materializada por el capitalismo; canciones, películas, libros, pornografía, casi todos nos indica que debemos consumir en cantidades, no en calidad.

La liberación sexual de una mujer debería de enfocarse en la calidad de la energía que obtiene y libera en el proceso del regocijo con el otro, independientemente de la orientación sexual, sexo o género. No por la cantidad de experiencias, ni por lo que le exige el mercado para satisfacer el placer del otro. Al final la misma ideología feminista puede ser usada en nuestra contra, debido a la manipulación mainstream que solo espera recibir un beneficio a cambio de hacer creer que se suelta la dominación sobre los cuerpos de las mujeres. En vez de esto, el la dominación sobre los cuerpos de las mujeres encuentra nuevas lógicas de poder simbólico insertando mensajes en la mente como: estilo de vida fitness en vez de salud física necesaria, belleza artificial, en vez del cuidado especializado natural de la forma humana; incrementar la cantidad de los encuentros sexuales para generar placer, en vez de cuidar el deseo sexual que debe ser compartido en un ambiente seguro y recíproco de placeres sea o no por una vez sin repetición; usar el cuerpo como una descargada de energía, en vez de usar el cuerpo como una transmutación de energía.

La liberación sexual debería estar enfocada en eso: en liberar, no en oprimir más a las mujeres que pelean por crear valores morales, en una ética del cuidado recíproco de la salud mental, emocional y física, sin necesidades específicamente de esperar un vínculo monogámico de una relación, ya que las relaciones sexualizadas no deberían sólo de limitarse a ese ámbito, esto puede ser incluso aplicado a encuentros casuales. Pero por favor mujeres, comencemos a criticar lo que el mercado nos arroja para seguir acatando órdenes de un mandato social que solo sigue utilizando a la mujer.

Artículo de:

Sandy Arteaga (autora invitada):
Hondureña, feminista de inclinación decolonial, estudiante de filosofía en la UNAH. Creadora de Diálogos Periféricos, un proyecto autónomo sobre la necesidad de enseñar fuera del eurocentrismo.

Imagen | Unsplash

#liberación sexual, #mujeres, #sexualización

por autores invitados

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