Vivimos en una sociedad que se empeña en cambiarle de nombre a las cosas con el afán de sonar políticamente correctos o, en el mejor de los casos, que suenen menos fuerte, que no incomoden. Pero, ¿esto es realmente necesario?

Las palabras sexo, vulva, pene, tetas, violación, menstruación –entre otras– siempre son maquilladas o edulcoradas. Nos dan pena o son muy fuertes para decirse en público. Todo lo relacionado con la sexualidad es vinculado a algo malo, a algo turbio, a algo que nos avergüenza. O que debe evitarse.

Pero no llamar a los órganos sexuales por su nombre tiene consecuencias1. Abordar el cuerpo con naturalidad es vital desde la infancia. Desde la psicología se dice2 que fomentar que las niñas y niños conozcan el verdadero nombre de sus órganos sexuales propicia que sientan que esas partes son suyas, que no son tabú, que forman parte integral de su persona.

¿Qué sucede con el sexo? Lo mismo que con la famosa virginidad.

Nos taladran tanto el verbo hacer el amor, que nos condicionan a verlo como algo sagrado, cuasi divino en el que únicamente el amor será el elemento clave para hacerlo válido. El sexo, la sola palabra en sí misma, nos quiebra, nos asusta; buscamos tanto nombres para evitar emplear follar, que encasillamos este acto a un limbo extraño que lejos del placer pareciera un martirio.

La palabra violación suena fuerte, ¿no?

Por supuesto. Se refiere a un acto tremendo, horrible e imperdonable, a una de las cosas más bajas que puede hacer un ser humano… pero nos da tanta pena ajena, o nos asusta tanto, que muchísimas veces preferimos cosas como abuso, agresión, transgresión para que se escuche menos feo, o para ser políticamente correctos dentro de comunicados, conversaciones, instituciones.

¿Por qué?

Es parte de nuestra cultura edulcorante. Porque aunque decimos que queremos ser disruptivos, no nos atrevemos a tanto. Porque se oye fuerte, intenso, porque genera ruido en las personas. Pero de eso se trata: de incomodar cuando se debe, o de normalizar cuando tenemos que.

Que nos moleste escuchar la palabra violación dentro de una conversación debería ser el detonante para que todas y todos luchemos porque se haga justicia frente a estos actos. Si nos incomoda, debemos actuar por cambiar el entorno, y no solo usar sinónimos para adecuar una acción a un contexto. Hacer que se escuche más bonito no va a cambiar nada, todo lo contrario, perjudica nuestra manera de abordar los problemas, nos hace normalizar un hecho que per se debería de aterrarnos, incomodarnos.

Las cosas por su nombre. Es necesario.

Notas

[1] Cantudo, C. (2020, 4 septiembre). ¿Por qué los niños deben llamar a los genitales por su nombre? Ser Padres. https://www.serpadres.es/3-6-anos/educacion-desarrollo/articulo/por-que-es-importante-que-los-ninos-llamen-a-los-genitales-por-su-nombre-811564570336

[2] Redacción. (2018, 4 junio). A las cosas. . . por su nombre. Chigago Tribune. https://www.chicagotribune.com/hoy/ct-hoy-8188245-a-las-cosas-por-su-nombre-story.html

Imagen | Pixabay

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#entre bits, #normalizar, #psicología, #sexualidad

por Miguel Ángel

ceo de filosofía en la red, drando. en Filosofía, mtro. filosofía y valores, lic. en psicología organizacional, PTB en enfermería; catedrático de licenciatura en la Universidad Santander (México)

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