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Mística, escritora y beguina francesa, nacida en el año 1250 en el Condado de Henao.

Hoy su figura y su importancia reside en recordar a una mujer que buscó la libertad a través de sus ideas en un contexto complejo y hostil, sólo por el hecho de pertenecer al género femenino.  Hablan no sólo de una mujer culta sino capaz de pagar el altísimo costo que suponía la elaboración de sus propios manuscritos.

Las beguinas, eran una comunidad de mujeres cristianas dedicadas a la actividad intelectual, a la contemplación, la oración y entregadas a la ayuda de los desamparados. Realizaban labores para vivir de ello, y su castidad no era un voto perpetuo. Desde sus actividades intelectuales fueron escritoras que rivalizaron con el poder eclesiástico y patriarcal, ya que consideraban que ellas podían expresarse con voz propia sin recurrir a la interpretación eclesiástica de la palabra divina. Pero todo parece indicar que en su madurez Margarita no pertenece a ningún grupo de mujeres religiosas viviendo en una comunidad más o menos institucionalizada, “sino a esas otras beguinas «independientes», viviendo solas o a lo sumo con una o dos mujeres más, construyendo de forma autónoma su vida y también su obra. ¿Era entonces una «mendicante», como se llama a sí misma en otro momento del Espejo? ¿Andaba vagando por los caminos en un signo de pobreza voluntaria siguiendo el modo de vida de aquellos y aquellas a los que la época dio el nombre de «giróvagos»? Se ha afirmado, con razón, el carácter claramente simbólico que recibe la palabra «mendicante» en el Espejo.” 1

Margarita era una beguina independiente desde el punto de vista religioso y social, pero también lo era desde un punto de vista económico, no tanto porque pudiera sufragar los altísimos costos de elaboración de múltiples copias de su libro, sino porque quizás era capaz de elaborarlos ella misma; quizás incluso esa «beguina clériga» era una copista profesional en una ciudad en la que, como en todas las de la época, existía un importante mercado de libros y donde tal vez había mujeres que aprendían los oficios de miniaturistas y calígrafos. 2

Una hoguera como resplandor
que ilumina hoy

En el corazón de París, Place de Gréve, el 1 de junio de 1310, las llamas de una hoguera de la Inquisición consumieron el cuerpo vivo de una mujer, Margarite Porete, que lanza   luces y sombras.

Nos ayuda a comprender una época llena de contrastes y, para quien la contempla desde el siglo XXI, llena de sorpresas. El siglo XIII, aquel en el que vivió y escribió Margarita Porete, heredó un cambio profundo en la experiencia espiritual y religiosa que se había hecho notar en Occidente ya en los dos siglos precedentes.

Pero fue a partir de 1200 cuando cristalizó con increíble impulso renovador la inquietud de hombres y mujeres por buscar nuevas formas de lenguaje y de representación, nuevas interpretaciones de los ideales de espiritualidad pauperística y apostólica, nuevas formas de vida, nuevas maneras de decir y de decirse, nueva escritura mística.3

Ciertamente que no era ésta la primera vez que las mujeres escribían, ni siquiera la primera vez que lo hacían para hablar de Dios al tiempo que hablaban de sí mismas. Ya en el siglo XII, aunque todavía en latín y en el interior de monasterios y celdas, mujeres, habían rasgado sutilmente el velo de la tradición apuntando a desglosar en primera persona el «libro de la vida». El estallido se produce, sin embargo, en el siglo XIII.

En él la voz latina deja paso a muchas otras lenguas; éstas traspasan los muros de claustros y conventos y se hacen múltiples en la novedad de sus formas, en la cantidad e importancia de sus textos, en las vías de difusión de sus ideas, y en el diálogo audaz y renovador al que responden.4

Así, la escritura femenina produce en primera persona a partir de 1200 una formidable mística del amor, una mística que florece sin interrupción hasta 1270.

¿Qué la llevó a la hoguera a Margarita?

Lo que había sucedido tenía que ver con el hecho de que esa beguina había escrito un libro. ¿Cuál? Las actas no lo nombran, pero recogen fragmentariamente algunas frases que, extraídas de contexto, habían servido para condenarla.

Gracias a esos retales de voz, una estudiosa italiana, Romana Guarnieri, descubrió seis siglos más tarde de qué libro se trataba: era El espejo de las almas simples, un excepcional tratado de mística que circuló por toda Europa antes y después de la muerte de su autora.5

La historia del proceso se remonta a antes de 1306, cuando el obispo de Cambrai, Gui de Colmieu, había condenado un libro escrito por Margarita, lo había hecho quemar en la plaza pública de la ciudad de Valenciennes en presencia de la autora y le había prohibido a ésta bajo pena de excomunión escribir, difundir o predicar sus ideas. Margarita, sin embargo, persevera. No sólo, al parecer, su voz sigue viva después de esa fecha, sino que convencida de la ortodoxia de sus tesis busca apoyos entre quienes poseen autoridad en el marco del poder, en la institución eclesiástica.6

Las actas la acusarán de propagar en esos años su libro entre los simples, y de enviárselo al propio obispo de Chálons-sur-Marne, que actuará como testigo de cargo, la asamblea juzgó el libro de  herético. Margarita soportó la sentencia sin retractarse, perseverando en su silencio.

Margarita es declarada hereje relapsa, es decir, reincidente. La sentencia es pronunciada por el Inquisidor general y al día siguiente, es entregada al brazo secular y a la hoguera. En el centro de París, frente al Hotel de Ville, y con gran espectáculo, arden la beguina y su libro.

Esa mujer responde durante más de un año a la presión de ese inmenso aparato de poder religioso y político con un ostentoso y digno silencio que emula una frase de su Espejo:

El alma libre -había escrito allí — si no quiere, no responde a nadie quien no sea de su linaje; pues un gentil hombre no se dignaría responder a un villano que lo retara o requiriera a batalla; por ello, quien reta a un Alma así no la envenena, sus enemigos no obtienen respuesta.7

¿Por qué su obra fue considerada herética?

Margarita estaba convencida que para alcanzar la cima de la experiencia mística del alma, no hacía falta rendirle cuentas a nadie, no se necesitaba ningún intermediario, por lo que dejaba en duda el lugar de la iglesia. Por estas posturas heréticas la encarcelaron, la callaron pero no pudieron quitarte la libertad de sus ideas.

El alma se reduce a nada

A algunos de entre estas gentes espirituales, Margarita les llama «perecidos» porque perecen en el convencimiento de que no hay estado mejor; otros, en cambio, y a éstos dirige Margarita explícitamente su libro, se hallan sólo «extraviados» en la vida del espíritu, pues desconocen el recto camino hacia la libertad, más saben que deben buscarlo. Quienes han muerto al espíritu, en cambio, viven de Amor, son libres, se encuentran anonadados, vaciados de sí en el quinto estado, donde el alma se ha convertido en nada, lo tiene todo y por ello no tiene nada, lo quiere todo y no quiere nada, lo sabe todo y no sabe nada 8

Notas

[1] Porete, M. Ed: 2005. El espejo de las almas simples. Siruela: Madrid. p. 17.

[2] Porete, M. Ed: 2005. El espejo de las almas simples. Siruela: Madrid. p. 17.

[3] Porete, M. Ed: 2005. El espejo de las almas simples. Siruela: Madrid. p. 9.

[4] Porete, M. Ed: 2005. El espejo de las almas simples. Siruela: Madrid. p. 9.

[5] Porete, M. Ed: 2005. El espejo de las almas simples. Siruela: Madrid. p. 11.

[6] Porete, M. Ed: 2005. El espejo de las almas simples. Siruela: Madrid. p. 12.

[7] Porete, M. Ed: 2005. El espejo de las almas simples. Siruela: Madrid. p. 15.

[8] Porete, M. Ed: 2005. El espejo de las almas simples. Siruela: Madrid. p. 23.

Bibliografía

Porete, M. Ed: 2005. El espejo de las almas simples. Siruela: Madrid.

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Artículo de:

María Laura Picón (autora invitada):
Profesora de Filosofía, actualmente cursando la Lic. en Filosofía en UNSE (Universidad Nacional de Santiago del Estero, Argentina), bailarina de tango, dibujante y pintora abstracta, escribo.

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