Las batallas en el desierto de la Medicina: Matilde Montoya Lafragua

En este 8 de marzo en el que conmemoramos el Día Internacional de la Mujer 2022, es importante enfatizar y visibilizar la participación de las mujeres mexicanas en las actividades laborales remuneradas. En este mismo sentido cabe destacar que, desde inicios del siglo pasado, el sector femenino comenzó una lucha por el derecho a la educación universitaria y el ejercicio libre de la profesión.

Las mujeres conforman el 51.2% de la población mexicana y del total de la población ocupada por encima de los 25 años, el 30% son mujeres. Sin embargo, pese a que las mujeres ocupan menos cargos públicos (39%) y sólo constituyen un tercio del total de propietarios de PyMES, son las que menos disponen de tiempo de libre, con 4.2 horas a la semana, frente a sus congéneres masculinos (INEGI, 2020).

El análisis de los datos, más allá de la estadística, resulta significativo a la luz de la reflexión filosófica sobre el papel de las mujeres en la esfera de lo público. Es por esta razón que, en esta fecha, el conocimiento de los inicios de las batallas por el espacio de lo público, por parte de las mujeres mexicanas, puede resignificar esta conmemoración para situarla como una prospectiva de acción hacia el porvenir.

En esta ocasión, corresponde el reconocimiento de la lucha por ejercer la profesión y por la educación universitaria, a la primera médica mexicana Matilde Montoya Lafragua. Las médicas mexicanas y, en general, las mujeres que ejercemos una profesión estamos en deuda con nuestras predecesoras que, pese a las inclemencias de la cultura e ideología dominante, han hecho historia al abrir camino para nosotras.

La médica Matilde M. Lafragua, nació en la ciudad de México en el año de 1859 y durante su infancia temprana, fue su madre quien se ocupó de su formación académica. El interés que tenía en los estudios, le hizo ingresar a muy temprana edad a la Escuela de Parteras y Obstetras ubicada en la célebre calle de Revillagigedo, actualmente en la alcaldía Cuauhtémoc. A los 16 años de edad se graduó como partera y ejerció esta profesión durante dos años en la ciudad de Puebla.

El interés de Matilde por la medicina fue ampliamente criticado por los sectores conservadores de la sociedad porfirista y, en especial, por sus colegas y maestros masculinos. La presión social de su entorno llegó a un punto que la hizo mudarse a Veracruz, en donde, lejos de abandonar su objetivo más bien, consolidó la idea firme de estudiar medicina, una profesión dominada sólo por hombres.

Sin duda alguna, los dos episodios más controversiales de la vida académica de Matilde M. Lafragua fueron su ingreso a la Escuela Nacional de Medicina y su posterior graduación como la primera médica mujer en la historia de México. El ingreso a la escuela de medicina, dividió opiniones y sus detractores buscaron la manera de frenar el avance de sus estudios. Fue dada de baja temporalmente hasta revalidar las asignaturas de latín, raíces griegas, matemáticas, francés y geografía, las cuales fueron cursadas en la Escuela de San Ildefonso por mediación presidencial.

El examen de graduación de Matilde M. Lafragua, habría de celebrarse en un pequeño salón, a no ser porque el presidente en turno, Porfirio Díaz Mori, anunció su asistencia. Con lo cual, se abrió el salón de actos solemnes en donde era habitual que se llevaran a cabo los exámenes.  Afortunadamente y por sus méritos, la médica obtuvo aprobación por unanimidad tanto en el examen teórico, como del práctico, constituyéndose así en la primera mujer mexicana en graduarse como médica. No está de más decir que no fue a recoger en persona su título, ya que con justa razón, no quería volver a ese lugar.

La vida profesional de la primera médica mexicana transcurrió fuera de cualquier asociación de medicina, ya que las reticencias de sus colegas seguían vigentes. Sin embargo, medio siglo después de haberse graduado, la Asociación de Universitarias Mexicanas, la Asociación de Médicas Mexicanas y el Ateneo de Mujeres, le rindieron homenaje en el Palacio de Bellas Artes.

Injusticia Epistémica

La reflexión filosófica tiene la pretensión de ir más allá de lo anecdótico y tiende a constituirse como un referente para futuras investigaciones sobre los actores sociales. En este sentido, el caso presentado en la sección anterior es un claro ejemplo de lo que en los años 90´s del siglo pasado, empezó a nombrarse como injusticia epistémica.

El análisis de las relaciones entre el poder social, la identidad y las prácticas epistemológicas en la ciencia, han derivado en campos emergentes de la filosofía. El conocimiento situado, la injusticia epistémica y los feminismos epistemológicos son sólo algunos ejemplos de ello. En este caso, el concepto de injusticia epistémica desarrollado en el trabajo de Miranda Fricker (2007), describe adecuadamente la situación vivida por la primera médica mexicana.

La injusticia epistémica es una actitud epistemológica que adopta una comunidad científica, con base en prejuicios pero no por ignorancia, sobre la agencia de los individuos para desarrollar con plenitud sus habilidades y competencias. El sesgo adoptado conlleva a:

[…] el trato inequitativo de un miembro (individual o colectivo) de una sociedad específicamente en su capacidad de sujeto de conocimiento. Las consecuencias de estas inequidades […] consistirían en la violación del requerimiento de reconocimiento mutuo que se deben los participantes en la deliberación como condición para un procedimiento justo, además de que impediría el aprovechamiento social del conocimiento de quienes sufren esta clase de injusticias.

Murguía, 2016

Horizontes

El objetivo de cerrar la brecha de género, la desigualdad salarial y epistemológica está lejos de alcanzarse. Sin embargo, la acción de visibilizar (hacer evidente) las luchas de las mujeres por el reconocimiento es el primer paso en la dirección correcta para una equidad de género.

La primera médica mexicana tuvo tras de sí a otra mujer preocupada por su educación: su madre. Por tal razón, en este día también es importante reconocer a las mujeres que apoyan a otras mujeres en el ejercicio de su profesión. Las madres, las hermanas, las amigas cuyos cuidados también revolucionan el mundo donde vivimos, muchas de ellas todavía son el soporte que se queda en casa trabajando para respaldar el ejercicio de la profesión.  Abrimos juntas el camino hacia la equidad.

Bibliografía

Carrillo-Esper, R., Torre-León, T.D., Monteros, I.E., & Carrillo-Córdova, D.M. (2015). Matilde Petra Montoya Lafragua. Breve historia de una mexicana ejemplar.

Datos del Censo de Población y Vivienda 2010 y Censo de Población y Vivienda 2020. INEGI.

Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), Primer trimestre de 2020 y Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo Nueva Edición (ENOEN), Cuarto trimestre de 2020. INEGI

Murguía, L. (2016). Injusticias epistémicas y teoría social, DILEMATA, Año 8, No. 22, p. 1-19.

Imagen | Gaceta UNAM

Artículo de:

Elizabeth Martínez Bautista (autora invitada):
Doctora en Filosofía de la Ciencia-UNAM. Con intereses en la filosofía de la biología y la Epistemología de las inferencias en la ciencia.

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