¿Presente infinito o futuro imposible?

Las temporalidades pasado, presente y futuro llevan desde temprana data permaneciendo como clásicos debates, pensar estos tres conceptos que en sí mismos concentran antagonismos importantes es innegablemente interesante.  En pleno 2022, al intentar pensar en el presente irremediablemente somos inmediatamente arrojados a otro tópico igual de confuso y complejo;  pensar en las condiciones actuales implica mirar el devenir de la especie humana y entender que oscilan entre los intersticios del pasado, presente y futuro.

Según Elizabeth Cashdan (2013):

[…] en 1991, el antropólogo cultural Don Brown rompió la tradición de tabula rasa de la antropología al identificar más de 300 “universales humanos”, es decir, rasgos individuales y socioculturales que se encuentran en todas las sociedades humanas conocidas (Brown 1991;  Universal enumeraste in Pinker 2003). Los elementos que identificó incluyen tanto rasgos psicológicos (por ejemplo, recelo ante las serpientes, preferencia por los dulces, celos sexuales) como socioculturales (por ejemplo, territorialidad, las hembras cuidan más directamente a los niños, compartir la comida). Como son universales, es posible que estos rasgos tengan una base biológica y que sean características evolucionadas de una naturaleza humana universal.  ¿Qué ocurre entonces con los numerosos ámbitos en los que las culturas difieren? A menudo se asume que la naturaleza humana se encuentra únicamente en sus universales, en los rasgos que se encuentran en cada sociedad. Un rasgo que se encuentra en algunas sociedades y no en otras se considera construido culturalmente y sin fundamento evolutivo.

(p. 1)

En la cita anterior, podemos identificar un conflicto con disfraz de universal; la subjetividad, particularidades, diferencias versus los lugares de lo común o lo universal.  Esto se extrapola al dilema coyuntural que aparece frente a la cuestión de lo humano, tiempos en que se anuncia un abandono de cualquier tipo de actividad humana1.  El transhumanismo, por ejemplo, mantiene una de sus tesis enlazada a la falla, es una perspectiva que invita a observar al ser humano como un mero error, un devenir error constante. Por tanto,  desde esta perspectiva requiere de ciertas modificaciones para salir de ese espacio de vacío absoluto. Lo que subyace en esa conjetura es un falso ideal de totalidad, perfección, y por supuesto, un mensaje directo en el cual se pretende exponer que el ser humano, en tanto especie, no es más que otro de los muchos errores y divergencias del siglo XXI.

Quizá, es precisamente la distinción en todos los terrenos; la búsqueda de la distinción de los sexos, de las identidades, de las diferentes formas de existencia, de las culturas o la recuperación de la diferencia lo que amenaza a la dirección que la historia de la humanidad. Tal vez, todo lo que se tacha de desastroso u horroroso cobra esos lugares de enemigo porque en esa búsqueda de singularidades aparecen nuevas resistencias.

Mediante el transhumanismo; el salto de lo humano a lo no-humano se pretende hacer del mundo algo controlable, igual, dominable. En uno de los extremos veremos que se concibe el parto2 como algo que obstaculiza la vida misma; el transhumanismo verá el nacimiento como una fuente de dolor para las mujeres y utilizando favorablemente ese punto de vista, pretenden eliminar el cuerpo humano y sus procesos como tal llevándolo a formas artificiales de existencia. Lo que olvidan aquí los transhumanistas según Eduardo Cruz (2021) es que “los mismos defectos que los transhumanistas tratan de corregir son también fuentes de posible felicidad. Por lo tanto, manipular la naturaleza cumple y frustra los objetivos de la mejora humana” (p.633)

El debate es confuso y en muchos casos desesperanzador. Hemos de admitir, sin lugar a duda, que es la mirada retrospectiva, la mirada al pasado desde lo romántico y lo nostálgico lo que nos lleva a otro error; Creer que en el pasado se encontraban las direcciones adecuadas, es una mirada idealizada hacia procesos, acontecimientos o posturas teóricas, se olvida que aquellos lugares terminaron en un devenir fracaso, estamos como estamos producto de nuestro pasado. Por eso, creo que el contragolpe radical que en nuestros tiempos se requiere es comenzar una co-construcción atenta al presente, dejando de la lado las miradas nostálgicas hacia un futuro con huellas del pasado, y al mismo tiempo debemos rescatar todo lo que el modelo economico-político nos ha obligado a olvidar.

Para Slavoj Zizek:

Hoy en día, quizá por primera vez en la historia de la humanidad, nuestra experiencia cotidiana (de la biogenética, la ecología, el ciberespacio y la realidad virtual) nos obliga a TODOS a enfrentarnos a los temas filosóficos esenciales sobre la naturaleza de la libertad y la identidad humana.

(p. 8)

Tomando las palabras de Zizek, lo complejo de delimitar es el “Hoy en día”, ¿Qué significa esto? ¿Cuáles son las coordenadas que nos permiten identificarnos un presente? La cuestión es que todo apunta a que estamos inmersos en una época sin tiempo, sin épocas, viviendo de las esperanzas de un porvenir diferente y recordando un pasado que parece ser (producto de la idealización nostálgica) mucho más seguro.

Tal vez, no es posible pensar al siglo XXI sin una relación directa con el siglo XX. No como una relación causa-efecto o pensando en que el siglo posterior inevitablemente será un heredero de los estragos del anterior. Ambos puntos contienen su cuota de verdad, pero el elemento que no ha sido considerado en lo anterior es la permanencia. Los números, el calendario, el paso de la historia nos aseguran que estamos inmersos en otra época, en otro momento, entonces ¿Qué es lo que nos hace ser herederos del siglo XX? ¿Cómo nos diferenciamos de épocas pasadas o futuras?, ¿Cuáles son las características singulares que nos permiten ser humanos del siglo XXI?

Según Mark Fisher:

Mientras que la cultura experimental del siglo XX estuvo dominada por un delirio recombinatorio que nos hizo sentir que la novedad estaría disponible infinitamen­te, el siglo XXI se ve oprimido por una aplastante sensación de finitud y agotamiento. No se siente como el futuro. O, alternativamente, no se siente como si el propio siglo XXI hubiera comenzado. Permanecemos atrapados en el siglo XX (p.32) y más adelante añadirá “el momento presente está marcado por su extraordinaria capacidad de acomodarse al pasado. Más aún la distinción entre el pasado y el presente se está rompiendo.  

(p.34)

Será el concepto “espectro” lo que mínimamente puede aproximarse a la situación coyuntural,  no nos encontramos en un limbo temporal,  mucho menos en un vacío histórico, tampoco nos encontramos insertos en un engranaje o proceso que apunta hacia una acomodación definitiva, y permanente, somos meros espectros de tiempo y vivimos en el espectro de la historia; algo que es solo conceptualmente pero que no es realmente una categoría pensable entre el presente o existencia singular.

Martin Hägglund (2008) dirá que “Lo importante sobre la figura del es­pectro es que no puede estar completamente presente: no es un ser en sí mismo, pero señala una relación con lo que ya no es más o con lo que todavía no es”. . Para Mark Fisher: “entendiendo al espectro no como algo sobrenatural, sino como aquello que actúa sin existir (físicamente). Freud y Marx, los dos grandes pen­sadores de la modernidad, descubrieron diferentes modos en los que se da esta causalidad espectral (p.44)

La permanencia entre lo que ya no es y lo que todavía no es, es la condición en que deviene la historia del siglo XXI, un estado donde se es siglo XXI, en tanto existencia relacionada a la virtualidad imperante. Vivimos en tiempos de desesperanza y confusión entre los cuales mendigamos algo de existencia, de pertenencia, de unión y buscamos algo de lo común. Entre la potencia destructora de las fuerzas de la historia, los individuos en el cotidiano luchan por mantener su diferencia, singularidad y subjetividad.

Notas

[1] Conviene recordar la diferenciación que puede emerger entre el mundo afectivo-psicologico y mental y las acciones que desde ese lugar emergen, muchos sentimientos, emociones o procesos psicológicos no significarán cambio alguno  en lo externo, de manera que la concepción misma de lo humano y lo no humano, puede emergen en ese intersticio  de considerar a ambos y no como entes aislados que solo merecen atención a propósito de las consecuencias de los actos humanos. Cuestión señalada por Cadshan (2013) de la siguiente manera:

La naturaleza humana, en términos generales, abarca las formas de pensar, sentir y actuar de las personas. Sin embargo, los pensamientos y sentimientos son “invisibles” para la selección natural, ya que sólo pueden afectar a la supervivencia o la reproducción motivando el comportamiento. Una emoción, por muy fuerte que se sienta, es irrelevante para la evolución si no provoca un cambio observable. Por este motivo, los ecologistas del comportamiento humano se despreocupan en gran medida de los mecanismos psicológicos y se centran en los resultados del comportamiento sobre los que puede actuar la selección (p.4)

[2] Wollard, 2020 señala que durante el periodo de embarazo, el parto y los primeros días de maternidad los humanos hacen cosas increíbles su cuerpo. Esta perspectiva me parece personalmente genial y brillante, pues, el cuerpo humano de por si, es capaz de forma natural o biológica cuestiones que parecen ir más allá de lo humano. Sin embargo esta postura no pretende jerarquizar el genero femenino, en consideración de que cada vez más y más mujeres deciden no tener hijos y ello, de ninguna manera las incluye en un nivel inferior.

Bibliografía

Brown, W. (1999). Resisting Left Melancholy. Boundary 2, 26(3), 19–27. http://www.jstor.org/stable/303736

Martin Hagglund, Radical Atheism: Derrida and the Time of Life, Cali­ fornia, Stanford University Press, 2008.

Jacques Derrida, Espectros de Marx. El estado de la deuda, el trabajo del duelo y la nueva internacional, Madrid, Trotta, 1995.

Artículo de:

Nicol A. Barria-Asenjo (autora invitada):
 Escritora y ensayista chilena. Autora  de “Construcción de una Nueva Normalidad: Notas sobre un Chile Pandémico” (2021, Psimática, Madrid, España) y “Karl Marx y Antonio Gramsci en el siglo XXI: Apuntes para re-pensar el porvenir” (2022, La docta ignorancia, Argentina).

Imagen | Pexels

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por autores invitados

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