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Desde hace unos años el reconocimiento es sobresalir por encima de la media, algo que se traduce en tener éxito y estabilidad financiera, siendo el reconocimiento pilar de la confianza, base fundamental de la dignidad. Para un mundo tan individual la lucha por ser reconocido se vuelve una competencia, la sociedad toma un rol más activo como juez que legitima las acciones de pocos por encima de otros otorgando el reconocimiento y despreciando o humillando a otros, pero qué pasa cuándo legitima reconociendo todo lo opuesto a los valores  morales que están intrínsecamente relacionados a la  normatividad y a la autorrealización del hombre, frente a esto la nueva premisa será sobresalir haciendo lo que la sociedad apoye; siendo esto en la praxis la separación de lo moral y la pretensión por destacar, lo que conlleva a la responsabilidad moral, esta lucha a diario por ser reconocido y no ser despreciado  conlleva a tomar decisiones, algunas más sencillas y otras más difíciles que representa negar la virtud en pro del beneficio, ser reconocido. Sin embargo, a la vez mantiene un disenso moral en la medida que reflexione sus decisiones y cuestione dicho reconocimiento.

Es así como el hombre en la medida que se acerca a ser reconocido tiene un conflicto que le lleva despreciar la virtud, es decir, el desprecio va acompañado de una sensación emocional por parte de los afectados que puede ser leída por los demás y que representaría el negativo de una nueva teoría de justicia.

Axel Honneth dentro de su investigación sociológica, conocida como: “La lucha por el reconocimiento” plantea además que, en la lucha del hombre por el reconocimiento en respuesta al desprecio, la autorrealización puede no darse a menos que las motivaciones individuales sean moralmente sociales reconocidas, plantea también que dentro del cuestionamiento moral respecto al reconocimiento y desprecio, existen formas de desprecio.

De esta manera en un mundo individual, la lucha por el reconocimiento social existe mientras la sociedad tolere, aunque en esencia el reconocimiento y la autorrealización serán en la medida que el hombre reflexioné sus acciones y no se aleje de la virtud.

Introducción

Para un mundo individual y competitivo, alcanzar el reconocimiento social es importante, por ello la interacción social constituye parte elemental de la autorrealización y seguridad del hombre en sí mismo, de lo contrario la falta de seguridad influye en la búsqueda de atención; en la medida que se desarrolle inseguridad, la necesidad de ser reconocido será mayor, por lo que la búsqueda de los escenarios que  otorguen reconocimiento y ascenso social serán codiciados. Hoy esos escenarios son posibles, las redes sociales además de ser necesarias son una vía rápida y sencilla de llegar a más personas de diferentes latitudes, cada día un usuario promedio llega a realizar como mínimo de entre una a cinco publicaciones por día, logrando tener así la atención que no siempre lo hace de la forma adecuada; pero esta búsqueda de atención pareciera no tener un límite, pues la búsqueda es constante y cada vez más demandante. De tal modo que mediante las redes puede el hombre alcanzar más rápidamente el reconocimiento o el desprecio. Cabe mencionar que lograr el reconocimiento social no es lo mismo que ser famoso, pues el reconocimiento va de la mano con la autorrealización plena.

Desde los primeros libros tomados de entre los clásicos a contemporáneos, encontramos historias fascinantes que todos disfrutan leer, a menudo estamos rodeados de series, película, novelas y animes, en las que el protagonista impacta como modelo. Es así como otra forma de luchar por el reconocimiento es la imitación, el hombre pone exigencia en los detalles más mínimos buscando ser el personaje de sus fantasías imitando parte o todo del personaje en cuestión para ser reconocido como igual o mejor que el personaje. Sin embargo, ésta personificación sólo fomenta la inseguridad, al grado de ser una burbuja de refugio.

Al hacer estás observaciones se destaca lo siguiente; primero, el hombre puede ser frágil e inmaduro cuando se desarrolla en un espacio aislado e indiferente; segundo, las relaciones del hombre con su entorno influyen en la búsqueda del reconocimiento o la fama, esto podemos apreciar  con mayor detalle en los trabajos de Habermas y Loewald, pues sostienen  respecto a las relaciones con el entorno social como parte importante del desarrollo de la madurez y la virtud; tercero, un hombre que sólo busca  fama o reconocimiento para superar la indiferencia de su entorno, deja de lado la virtud. Por último, no es reconocimiento si se carece virtud y si no hay virtud no hay autorrealización.

De esta manera se puede abordar el problema, el hombre al estar rodeado de esferas sociales pueden conducirlo hacia el aislamiento o al empoderamiento en el que experimenta el desprecio directa o indirectamente y que podrá revertirse en la medida de la madurez individual y social.

La dialéctica del desprecio y
el reconocimiento en Axel Honneth

Las acciones y memorias de muchos hombres confirman que un amor despreciado conlleva a la búsqueda implacable de ser reconocido y que un reconocimiento erróneo puede ser el fulminante haraquiri.

Axel Honneth como filósofo y sociólogo destacado, en sus consideraciones respecto a la crítica del hombre y la sociedad planteó la teoría del reconocimiento, que se sustenta en un orden formal antropológico, de acuerdo con Basaure. La pretensión de Honneth es contribuir a una «gramática moral de los conflictos sociales», un proyecto que se enmarca en la teoría de la acción comunicativa, cuyo principio es el reconocimiento, según el cual los sujetos humanos dependen constitutivamente; por lo que atañe a la formación de su identidad, el beneplácito sistemático de los otros, porque sólo así se puede validar aspiraciones y objetivos de orden práctico a partir de la reacción positiva de una contraparte. Por lo que dice además que «para llegar a una autorrealización lograda, el ser humano se encuentra destinado al reconocimiento intersubjetivo de sus capacidades y operaciones. Si en alguno de los escalones de su desarrollo tal forma de asentimiento social queda excluida, esto abre en su personalidad un hueco psíquico, en el que penetran las reacciones negativas de sentimiento tales como la vergüenza o la cólera. Por ello, la experiencia de desprecio siempre va acompañada de sensaciones afectivas que pueden indicarle al singular que se le priva de ciertas formas de reconocimiento social.»

Es así como para Honneth el ser humano sólo se constituye como tal en relación con otros seres humanos en un medio intersubjetivo de interacción, es por ello que el reconocimiento es el elemento fundamental de constitución de la subjetividad humana. En el plano individual, “la ausencia o falta de reconocimiento”, “el mal reconocimiento o reconocimiento fallido”, se constituirá como el principal daño a la subjetividad de las personas; estos daños serán tanto más graves cuanto más profundo dañen la estructura de personalidad de los sujetos.

Más también señala que las ofensas morales se perciben como tanto más graves cuánto más elemental es el tipo de autorrealización que dañan o destruyen.

Honneth realiza una separación tripartita de las formas de reconocimiento que responden al tipo de daño psíquico del individuo siguiendo las consideraciones de los estadíos hegelianos, las cuales son:

  • La esfera del amor: Esta esfera se fundamenta en la teoría psicoanalítica de Donald W. Winnicot; entendida como el espacio de amplio cuidado y atención;
  • La esfera del derecho: esta esfera se fundamenta en los derechos universales de acuerdo con Kant:
  • La esfera del reconocimiento social o solidaridad la atribuye al producto de la evolución social.

Realizando la interpretación de una sociedad determinada. Siendo el daño para la primera: El maltrato, violación, tortura y muerte; para la segunda: La desposesión de derechos, estafa y discriminación; para la tercera: La injuria y estigmatización. Daños que quebrantan la autorrealización del individuo, como en la primera la autoconfianza, en la segunda el auto respeto y en la tercera la autoestima, pero la teoría de Honneth sólo hace referencia a la sociedad moderna-occidental. Entonces porque interesarse en la teoría, como afirma (Leonello Bazzurro Gambi, Santiago, 2012, pág. 4) podría decirse que el atractivo particular de estudiar la obra de Honneth está en la confluencia de dos motivos o intenciones filosóficas diferenciadas:

1) Por una parte, figura una línea determinada principalmente por la filosofía moral, la filosofía social y la sociología, cuyo propósito consiste en construir una teoría del reconocimiento en donde la interpretación honnethiana del concepto originalmente hegeliano compite en la actualidad con las formulaciones de tendencia más cultural que sustentan las políticas de la diferencia en el debate multiculturalista y también con las tesis post-estructuralistas, postmarxistas o de teoría queer, que caracterizan al reconocimiento como una relación de poder o dominación (por ejemplo, L. Althusser, J. Butler, en cierto modo M. Foucault).

2) Al mismo tiempo, corre paralela en Honneth una segunda línea reflexiva orientada a reflexionar acerca del sentido, el propósito y las posibilidades de realizar una filosofía o teoría “crítica”, de modo que su ambicioso objetivo apunta a actualizar (es decir, volverla pertinente y fructífera para los tiempos actuales).

En síntesis, podemos asistir al surgimiento de una renovada Teoría Crítica en forma de una teoría del reconocimiento. Y cómo se da esto, Honneth bajo la idea de que las relaciones de menosprecio social, en tanto generan condiciones lesivas sobre la identidad moral de los sujetos, van asociadas a experiencias de sufrimiento que impulsan hacia una recuperación práctica de las pretensiones morales incumplidas bajo la forma de luchas sociales o procesos de resistencia política.[1]

Honneth reconstruye fenomenológicamente la tipología de Hegel de los tres modelos de reconocimiento (amor, derecho y solidaridad), con la pretensión de que sean controlables en estados de hecho empíricamente establecidos (y así suplir el déficit sociológico, que era la crítica a la pragmática formal de Habermas). Estos modelos pueden coordinarse con estadios de autorrealización práctica de los seres humanos. Honneth interpreta la relación amorosa como un proceso de reconocimiento recíproco.

Por lo que respeta al derecho, el referente empírico resulta inherente al reconocimiento jurídico, ya que este, a partir de la transición a las sociedades modernas, no puede esquivar la tarea de una aplicación específica a la situación, toda vez que el derecho gana en contenido material, por un lado, y en alcance social, por otro. También en el caso de la solidaridad, la consideración histórica permite constatar la transformación del concepto de “honor” en la categoría de “consideración social” o de “prestigio”: La lucha que la burguesía libró en la modernidad no fue solo el intento colectivo de introducir nuevos principios, sino también la iniciación de un debate en torno al estatus de tales principios de valor en general.

A continuación, se tiene las correspondientes formas de desprecio que corresponden a cada uno de los modelos de reconocimiento propuestos por Honneth (violación, desposesión y deshonra respectivamente).

MODOS DE RECONOCIMIENTODEDICACIÓN EMOCIONALATENCIÓN COGNITIVAVALORACIÓN SOCIAL
Dimensión de PersonalidadNaturaleza y necesidad del afectoResponsabilidad moralCualidades y capacidades
Formas de ReconocimientoRelaciones primarias (amor y amistad)Relaciones de derecho (derechos)Comunidad de valor (solidaridad)
Potencial de desarrollo Generalización. materializaciónIndividualización. Igualación
Autor relación prácticaAutoconfianzaAuto respetoAutoestima
Formas de desprecioMaltrato y violación, integridad físicaDesposesión de derechos y exclusión; integridad socialIndignidad e injuria, honor, dignidad

El autor sostiene que de acuerdo con el análisis y percepción de estás formas de desprecio pueden ser las que motiven al sujeto a entrar en una lucha práctica o en un conflicto. El fundamento del reconocimiento social proporciona la clave

Para llegar a una autorrealización lograda, el ser humano se encuentra destinado al reconocimiento intersubjetivo de sus capacidades y operaciones. Si en alguno de los escalones de su desarrollo tal forma de asentimiento social queda excluida, esto abre en su personalidad un hueco psíquico, en el que penetran las reacciones negativas de sentimientos tales como la vergüenza o la cólera. Por ello, la experiencia de desprecio siempre va acompañada de sensaciones afectivas que pueden indicarle al singular que se le priva de ciertas formas de reconocimiento social.

Para Honneth la comunidad es lugar y resultado de la lucha por el reconocimiento. La experiencia del reconocimiento presenta una condición de la cual depende el desarrollo de la identidad del ser humano en conjunto, su ausencia, esto es, el desprecio, va acompañada necesariamente del sentimiento de una amenaza de la perdida de personalidad.

Entonces el concepto de reconocimiento implica que el sujeto necesita del otro para poder construir una identidad estable y plena. La finalidad de la vida humana consistiría, desde este punto de vista, en la autorrealización entendida como el establecimiento de un determinado tipo de relación consigo mismo, consistente en la auto-confianza, el auto-respeto y la auto-estima. La identidad se fundamenta en la conciencia de sí mismo con que cuentan los elementos del sistema humano de relaciones intersubjetivas.

Entonces resulta necesario analizar a la sociedad como conjunto de familias, siendo esta la fuente principal de valores, que influye en la madurez de la identidad y entonces podrá plantearse otras cuestiones, teniendo en cuenta además que la sociedad es compleja, incomprensible y globalizada, la auto-realización del hombre no es fácil. Pueden darse más interrogantes, pero parte del lector hacerlas.

Notas

[1] Axel Honneth, La lucha por el reconocimiento. Por una gramática moral de los conflictos sociales, Ed. Crítica, Barcelona, 1997, p. 114. Por lo mismo, a diferencia del uso más difundido de la noción de reconocimiento en la argumentación multiculturalista (Taylor), en Honneth no se refiere de manera privilegiada a la lectura de las reivindicaciones morales por reconocimiento de identidades culturales, sino que se trata de un concepto más amplio que procura analizar la diversidad de luchas sociales de la sociedad capitalista-liberal a partir de ciertos principios del reconocimiento institucionalizados en este marco histórico (amor, igualdad jurídica, mérito). Esto queda bastante claro, como se verá, en la pretensión de Honneth de comprender las clásicas luchas por la redistribución económica como una expresión particular de una lucha por el reconocimiento que interpela, de manera polémica, el establecido principio del “mérito” valorado socialmente.

Bibliografía

Honneth, Axel., (2011), La sociedad del Desprecio.

Arrese Igor, Hector, la teoría del reconocimiento de axel honneth como un enfoque alternativo al cartesianismo http://sedici.unlp.edu.ar/bitstream/handle/10915/17229/Documento_completo.pdf?sequence=1

Torres Guillén, Jaime. (2013). Sobre el desprecio moral: Esbozo de una teoría crítica para los indignados. Espiral (Guadalajara)20 (58), 9-35. Recuperado en 09 de febrero de 2022, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1665-05652013000300001&lng=es&tlng=es

Imagen | Pixabay

Artículo de:

Yemi Vaneza Raurau Quispe (autora invitada):
Bachiller en Educación, en la especialidad de Ciencias Sociales; profesora, peruana.

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por autores invitados

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