La filosofía de Emmanuel Lévinas es una que puede ser capaz de inspirar a creer en algo más grande para la vida misma con su propuesta del “Otro”. Trajo a la luz una innegable belleza que se encuentra en la verdad humana al ser parte de un Todo. La individualidad que valoramos tanto hoy en día parece ser algo totalmente inútil, en esta idea de ser únicos nos hemos olvidado de la existencia del otro. Incluso valdría la pena compararlo con el significado de “compasión” en alemán, “Mitleid”, que se traduce que significa “sufrir con”, es decir, sufrir juntos.

Vemos como algo ajeno a nosotros a los demás seres, incluso al Universo mismo, y aunque esto nos haga terriblemente pequeños, en esa pequeñez siempre se esconderá la misma grandeza del Todo que no nos supera, sino que nos refleja la tremenda colectividad singular que somos. Porque en este Otro no queda más que encontrarnos, reconocernos. Crucificar nuestro ego, el re-ligarnos, el rendirnos a los rostros y la compasión no es perdernos, sino encontrarnos. Es sumamente admirable cómo es que un hombre que sufrió y perdió tanto a manos de las atrocidades del “Otro” todavía decida elegir, día tras día, vivir su filosofía. Me hace cuestionarme, ¿cómo es que nosotros, que conocemos todos los horrores que él presenció, somos capaces de olvidar su filosofía?

Los hijos perdidos
del siglo XXI y la tecnología

Aunque también sería válido preguntarnos, ¿es posible un pensamiento Leviniano en nuestra época? Recordemos, el rostro para Levinas va más allá de lo físico, llegando a una responsabilidad inmediata, una apelación, una orden para nuestro “Yo” de estar al servicio de este rostro. Una orden que incluso será “la palabra de Dios en el rostro”. En este terrorífico siglo XXI el rostro ya no es una experiencia del cara-a-cara, vivimos a través de pantallas e incluso el sufrimiento de los Otros parece ser el mejor entretenimiento para nuestro “Yo”. Más con esta pandemia, donde en la gran mayoría del tiempo los rostros sólo pueden ser observados a través de plataformas con las videollamadas.

¿Qué ocurre con el ser humano que, al no ser capaz de experimentar los rostros, pierde esta obligación de la que habla Levinas? Quizás es el degenere de la ética una consecuencia del alejamiento de los rostros y el Otro que la tecnología nos ha causado. Tal vez las filosofías anteriores tienen razón y hemos matado a Dios (y por consecuencia a su palabra en el rostro) con el martillo tecnológico. Quién lo diría, no sería ningún súper-hombre el perpetuador, sino un simple click en un conjunto de circuitos.  

Aunque, en lo personal, me parece que la vigencia de Lévinas se esconde precisamente en las objeciones presentadas anteriormente. Al ser hijos de la tecnología, y sobre todo en estos tiempos donde se ha hecho aún más presente la guerra, hemos de defender ahora más que nunca un pensamiento leviniano. Frente a los sucesos que recientemente Ucrania ha vivido se evidencia la falta de Levinas y su propuesta en nuestros tiempos. Necesitamos volcarnos a este pensar, uno que nos pueda dar esperanza de recuperar un poco de la humanidad que hemos estado perdiendo con tanta facilidad y rapidez.

La riqueza leviniana

Hemos de cuestionarnos el por qué este gran pensador no es tan estudiado como lo son los demás fenomenólogos de su época, o tan predicado. Con una propuesta tan latente en nuestros tiempos, me parece algo incluso preocupante que Levinas no sea un autor tan aclamado como Heidegger o Husserl lo son. Con su filosofía tan inyectada de una humanidad quizás ya perdida, me atrevo a decir que podría ser incluso una alternativa que deberíamos de explorar, por el bien no sólo de los hombres sino del planeta entero.

Porque creo que es válido preguntarnos, o más bien, acusarnos, ¿qué es acaso lo que hemos logrado con este renombrado Ser? Fue este Ser quien devino no sólo en una, sino en dos Guerras Mundiales, en algo tan abominable como el nazismo lo fue, pero aún así la filosofía vuelve una y otra vez a él, ¿y para qué? ¿Es acaso tan grande nuestro narcisismo, nuestro Ego, que sin un Ser no somos capaces de concebirnos? ¿Es que acaso es demasiado tarde para que Levinas todavía nos pueda enseñar algo? ¿Qué clase de filosofía estamos creando?

Creo firmemente que como personas abocadas a la filosofía nos debemos a la humanidad, y no al revés, pero pareciera que somos más esclavos del Ser que amantes de la sabiduría. Es entonces cierto, ¿los sueños de la razón producen monstruos? Pareciera más bien que nuestra magnánime filosofía ha convertido a la humanidad en nada más que el desolado poema de Nekrásov que Dostoievsky incluye en su obra “Las Memorias del Subsuelo”:

Cuando de las tinieblas del error

con ardiente palabra persuadida,

al alma degradada saqué,

y toda henchida de profundo pesar,

tú, retorciéndote las manos, maldijiste

al vicio que te arrastró;

cuando la olvidadiza conciencia

por el recuerdo atormentada,

me contaste la historia toda

de lo que hubo antes de mí,

y de pronto, ocultando la cara entre las manos,

llena de vergüenza y horror,

te deshiciste en lágrimas,

desolada, convulsa, etcétera.”1

Notas

[1] Dostoievski, F., & Nekrásov, N. (Trad. Cansinos-Asséns Rafael) (2013). A Propósito de la Nieve Derretida, En Memorias del Subsuelo (pp. 73). Sexto Piso.

Bibliografía

Dostoievski, F., & Nekrásov, N. (Trad. Cansinos-Asséns Rafael) (2013). A Propósito de la Nieve Derretida, En Memorias del Subsuelo. Sexto Piso.

Levinas, E. (2002). Totalidad e Infinito: Ensayo sobre la exterioridad (6ta ed.). Sígueme. Recuperado el 26/11/2021 de: https://www.academia.edu/17949531/evinas_1961_totalidad_e_infinito

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#Crítica social, #el Otro, #Emmanuel Lévinas, #ética, #pensamiento contemporáneo

por Mayra Ortiz Franco

Estudiante de sexto semestre en la licenciatura de Filosofía en la Universidad de Guanajuato. Entusiasta de la estética, la música y la filosofía medieval. Integrante de la Red Mexicana de Mujeres Filósofas (ReMMuF).

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