De la santa a la prostituta: la construcción de los arquetipos femeninos

El siguiente texto fue galardonado en los Premios Filosofía en la Red 2022 como el artículo más leído del mes de abril del 2022.

El arquetipo es la idea que actúa en el inconsciente del individuo determinando sus acciones y sus comportamientos. Al tratarse de ideas, formas y predisposiciones inconscientes las cuales forman parte de contenidos reprimidos u olvidados, influyen y actúan sobre el pensamiento, el sentir y actuar de cada psique, pero esto sucede de forma colectiva en lo que se conoce como el inconsciente colectivo, el cual es idéntico a sí mismo en todos los seres humanos y funge como base en la naturaleza supra personal de todos los individuos.

Los arquetipos se manifiestan como personalidades en sueños y fantasías, se presentan en las transformaciones a las cuales se ve sometido el individuo o en lugares que simbolizan dicha transición. También, pueden revelarse en patrones de conductas que nos remiten a un personaje o héroe mítico, a un antihéroe, un lugar o una divinidad superior, en el caso de lo femenino se manifiesta en la Gran madre.

El arquetipo femenino está encasillado en lo que Jung denomina el arquetipo del anima y de la madre, en donde el sujeto entra al reino de lo divino, al campo de la metafísica; todo lo que existe bajo su sombra se vuelve tabú, peligroso y mágico.

La mujer vieja
y la mujer joven

La primera forma de representar este arquetipo es el de la mujer vieja oponiéndose a la mujer joven. La mujer vieja es reconocida por su sabiduría y su resiliencia, es un ejemplo a seguir para las jóvenes, cuando ella es inteligente su feminidad pasa a segundo plano, deja de ser la joven naive, bella y por tanto cosificada, para convertirse en la vieja sabia.

La mujer joven tiene características fundamentales que la definen esencialmente: su belleza, su pureza, su fragilidad y su ingenuidad, si bien estas características pertenecen al arquetipo de la niña o de la joven, en las sociedades se pretende que la mujer se mantenga adherida toda su vida a estas, que atrase el paso de los años en su rostro, que sus ojos no muestren la tristeza de quien ha sido obligada a convertirse en un retrato permanente de la juventud que ya no le pertenece.

La belleza es un ideal que compone y que impone el hombre, y que corresponde a una serie de requisitos que, al satisfacerse convierte a la mujer que los encarna en una inválida, en una cosa.

Rosario Castellanos, Mujer que sabe latín.

El hada y la bruja

En el arquetipo del anima se encuentran dos personajes: el del hada buena que otorga dones y su opuesto la bruja que los arrebata. El arquetipo del hada lo podemos encontrar en todos los cuentos infantiles, en el personaje recurrente del hada madrina que apoya a la joven para que pueda salir de una situación difícil o penosa.

El personaje de la bruja lo encontramos en una de las primeras figuras míticas: Lilith, su etimología en semita se halla en la palabra sumeria lil que significa viento; lulti que es lujuria. Así mismo, contiene la palabra hebrea laïl, noche y por tanto espectro o fantasma, la condena de Lilith y su destino a la inferioridad se dan en la Caída, en la desobediencia al macho.

Lilith, de largos cabellos y amplias alas, ha sido condenada a perder cien hijos por día. Condenada eternamente a parirlos para eternamente perderlos. Tanta pena, tanta congoja no pueden sino convertirla en la madre de los dolores.  El tormento por la muerte de sus hijos no le permite amar a los hijos ajenos.  Por ello, en una alquimia que no ha cesado de repetirse, transformará el dolor en mal, dejará caer su venganza sobre todas aquellas criaturas sobre las que le ha sido concedida potestad.

Leonor Calvera, Diosas, brujas y damas de la noche.

La santa y la prostituta

La última categoría para representar al anima es el de la mujer santa frente a la mujer pecadora o seductora.

La Virgen María es el ejemplo perfecto de la mujer santa: tiene pureza y virginidad intactas a pesar de haber parido un hijo, su cuidado y prudencia para administrar un patrimonio que ella no está capacitada para administrar; su lealtad, paciencia, castidad, sumisión y recato son el espíritu de sacrificio. La mujer santa deja que su existencia pase a segundo plano, pues su único deber es preservar a quienes la rodean.

A la mujer santa se opone la femme fatale, la que cae en la tentación o la personificación de la tentación misma, el primer ejemplo es Eva, la tentadora y más en particular la pecadora. Su culpa cae en su sexo, en su apertura y predisposición a la tentación, al pecado. Ella se revela, no sigue los caminos hacia la redención, sino que se envuelve en el pecado, tiene una obscenidad inherente a su feminidad.

A la pecadora se le suma la criatura marginada: la prostituta, aquella mujer que no se encontraba bajo la potestad directa de ningún hombre, que contaba con las armas de la seducción para abrirse paso en un mundo de existencias masculinas.

Las mujeres, grandes mudas de la historia, oscilarán entre <<Eva y María, pecadora y redentora, arpía conyugal y dama cortés>>.

Jacques Le Goff, Una historia del cuerpo en la Edad Media.

La madre

Para Jung1, los rasgos esenciales de arquetipo de la madre son: lo materno, la autoridad mágica de lo femenino, la sabiduría y la altura espiritual que está más allá del entendimiento; lo bondadoso protector, sustentador, dispensador de crecimiento, fertilidad y alimento; los sitios de la transformación mágica, del renacimiento; el impulso o instinto benéficos; lo secreto lo oculto, lo sombrío, el abismo, el mundo de los muertos, lo que devora, seduce y envenena, lo que provoca miedo y no permite evasión.

La primera imagen es la de la Gran Madre o Madre Tierra, la cual se coloca frente a la mujer humana, madre potencial. En ocupaciones paralelas surge la solidaridad, ambas fértiles, capaces de producir vida a través la agricultura y del embarazo.

El claustro materno – como lo llama Rosario Castellanos – es una enfermedad que siempre tiene un desenlace trágico, la madre deja de ser para dar lugar al hijo, sufre por un castigo divino, parirás con dolor dice la Biblia.

Por arte de magia la mujer se desprende completamente del egoísmo supuestamente esencial de la especie humana.

La mujer se ve arrojada a un nuevo estado, donde es para que el otro sea, ella ahora sólo es portadora, toda su personalidad es del hijo, se expone a la intemperie para abrigar, se deja morir para salvar al ser que ha engendrado, ahora su vida debe girar en torno a su nuevo huésped. Por arte de magia la mujer se desprende completamente del egoísmo supuestamente esencial de la especie humana.

En su poema Se habla de Gabriel, Rosario Castellanos retrata perfectamente la pérdida del propio ser, la condena de la maternidad, la invasión del propio cuerpo por un agente externo que le arrebatará su humanidad, su lugar en la existencia.

Con la nueva vida de la maternidad, aparece lo que Virginia Woolf llamaba “el hada del hogar”, es el arquetipo que toda mujer sigue y aspira a imitar. Ella es extremadamente compresiva, carece de egoísmo. Su vida se trata de un sacrificio que nunca termina, nunca tiene un deseo propio, existe para los deseos y pensamientos de los otros.

La madre depende de sus hijos, toda su existencia gira en torno a ellos, pues constituyen su única raison d’être. La mujer en este sentido se reduce a su fertilidad y a su maternidad, como Deméter quien ruega para que se le conceda una hija y cuando la pierde todo su mundo se desmorona, Deméter es únicamente en cuanto a Perséfone, su hija constituye toda su existencia y personalidad.

La construcción de la mujer

Todos estos arquetipos míticos han sido construidos por hombres, sin embargo, han sido asimilados forzosamente por las mujeres. Quienes se han realizado en el límite de lo que ha sido puesto por los hombres, adquiere su existencia mítica en su relación con lo masculino, ya sea como virgen o prostituta, santa o bruja, tentadora o redentora.

Todo mito supone su Sujeto que proyecta sus esperanzas y temores hacia un cielo transparente. Como las mujeres no se plantean como Sujeto, no han creado ningún mito en el cual se reflejen sus proyectos; carecen de religión o poesía que les pertenezca como cosa propia y todavía suelan a través de los sueños de los hombres. Adoran a los dioses fabricados por los machos.

Simone de Beauvoir, El segundo sexo.

Históricamente se le ha negado a la mujer la oportunidad de realizarse en espacios míticos, de reclamar su santidad innata, de ver su cuerpo como instrumento sagrado y no como máquina para parir; de admirar sus ciclos lunares como divinos y dotadores de vida y no como un castigo o una impureza.

Es necesario que la mujer se replantee desde mitos femeninos en el sentido más puro de la palabra, que se realice desde su feminidad y para su feminidad. Que pueda ser sin la necesidad de repetir patrones de conducta masculinos, que sus arquetipos sean válidos individualmente sin la necesidad de un tercero masculino que le otorgue existencia.

Notas

[1] Jung, C.G. 1970. Arquetipos e inconsciente colectivo. Buenos Aires: Paidós.

Referencias

Beauvoir, Simone de. 1981. El segundo sexo . Buenos Aires: Siglo Veinte.

Calvera, Leonor. 2005. Diosas, brujas y damas de la noche. Buenos Aires: Grupo Editor Latinoamericano.

Castellanos, Rosario. 1984. Mujer que sabe latín. México: FCE.

—. 2014. Poesía no eres tú. México: FCE.

Jung, C.G. 1970. Arquetipos e inconsciente colectivo. Buenos Aires: Paidós.

Truong, Jacques Le Goff & N. 2015. Una historia del cuerpo en la Edad Media. Madrid: Grupo Planeta España.

Imagen | Pixabay

Cita este artículo (APA): Roldán, S. (2022, 08 de abril). De la santa a la prostituta: la construcción de los arquetipos femeninos. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2022/04/la-construccion-de-los-arquetipos-femeninos

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por Selene Roldán

Estudiante de la licenciatura en Filosofía en la Universidad Autónoma del Estado de México, con línea de investigación en: filosofía de la cultura, filosofía y género, filosofía política, feminismo y género, y filosofía y cine.

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