La familia de Saltimbanquis: una conjunción entre Gadamer y Davidson

Me permito solicitarle algo al lector de manera tan abrupta porque, a la medida de la rudeza es la medida de la importancia que tiene el cuadro que le solicito ver antes de continuar. El objeto de lo que aquí se redacta es dar cuenta de un carácter que Donald Davidson encuentra en la Señora Malaprop, personaje del teatro de Richard Sheridan. Sin embargo, esta búsqueda no será en otro lugar salvo el cuadro en cuestión: La familia de Saltimbanquis, pintada por Pablo Picasso en 1905.

Un malapropismo es una oración que se enuncia haciendo uso de parónimos -palabras con fonética similar- sin intención explícita de hacerlo. Son deslices de la lengua que producen que alguien diga una cosa totalmente diferente, pero que se asemeja en sonido a lo que planeaba decir. Refiriéndonos a uno de los malapropismos de la farándula española, «Me gustan los toreros que están en el candelabro.», dijo Sofía Mazagatos, por error, cuando quería referir a la fama de los toreros; mientras que la expresión del refranero español anota que estar en el candelero refiere a poseer un lugar de fama y poder. Lo que Sofía quería decir era que le gustaban los practicantes de tauromaquia que son famosos y con prolífica carrera, no que le agradaban los toreros en un soporte para velas1.

En escaños nacionales también tenemos un ejemplo importante de malapropismo. Cuando la actriz y cantante Ninel Conde refirió su pena por los afectados de una catástrofe natural suscitada en Japón en 2011, externó sus condolencias a los damnificados por el surimi que había azotado las costas orientales del país asiático2. Ante estos fenómenos cuando menos interesantes -cuando más, graciosos-, Davidson señala que lo que es de verdadero interés en los malapropismos es el hecho de que, en todos los casos, el interlocutor no presenta dificultades entendiendo al emisor del mensaje en el modo en el que el enunciador lo desea3.

La imagen está compuesta se seis personajes, y al de rojo le falta algo. Éste tiene al personaje de una niña enfrente que usa una falda que, de no existir este error, mostraría lo que le falta al personaje. Entre las piernas de la niña, habría que verse la pierna del personaje rojo. Y así, siendo un personaje sumamente voluminoso y pesado, ¿cómo lo tenemos por figura bien parada si carece de una pierna o siquiera un cayado que le acompañe en caso de ser cojo? Este error en la pintura no consiste en uno de proporción, ni de una posible confusión a modo de otros importantes cuadros. No son los dos guantes derechos del protagonista de «La Ronda de Noche» de Rembrandt, ni el reflejo equivocado de «Un bar aux Folies Bergère» de Manet. Mucho menos consiste en una omisión tan poco evidente para los ojos poco doctos como la carencia de un músculo en la espalda del David de Miguel Ángel.

Lo que, a juicio propio, señala este cuadro en la tarea del pensamiento es la contradicción que surge entre ver un personaje tan pesado y plantado en la tierra, por su expresión y postura impertérrita; y su carencia de apoyo en esta obra. Picasso suprime el trozo rojo de la pierna, y aún así, sentimos el apoyo que ésta da; como si estuviéramos frente a un síndrome de miembro fantasma, pero con la percepción de este cuadro.

Si Davidson señala que los malapropismos se encasillan en una categoría nueva que incluya cosas tales como nuestra habilidad de percibir oraciones bien formadas cuando la declaración está incompleta o confundida en su gramática y aun así el pensamiento es capaz de interpretar palabras nunca usadas en ese sentido4; lo que la familia de saltimbanquis de Picasso debería traernos a colación es una extensión -y en cierto modo comprobación- de lo que Davidson aborda. En el Picasso mostrado se dibuja una figura que, a pesar del desgarriate de epitafios que implica su firmeza; es posible entenderlo así en el “error” de la composición del cuadro.

Con esto se pretende decir que los malapropismos no están sólo entendidos como función ontológica dentro de la expresión verbal; sino que le compete a cualquier lenguaje que pretenda expresar. De aquí que la función interpretativa se despierte al ver el cuadro de la familia de saltimbanquis. Y precisamente porque la interpretación se da cuando la experiencia se encuentra con lo extraño5, ese enfrentamiento se da tanto en los malapropismos como en la familia de saltimbanquis.

Para Gadamer, la mirada idealizadora -es decir, pensar todas las diferencias que muestra lo extraño como una unidad- se da de manera expresa en el retrato porque intenta conjuntar en la unidad, la pluralidad de momentos que hubo vivido el personaje retratado y que lo configuran en esa obra en tanto él o ella misma. Es dotar de orden, coordinar lo transitorio dándole una configuración permanente6. Ante esto, podría salir una objeción. La familia de saltimbanquis de Picasso no se configura como un retrato. Empero, la tarea del pensamiento entendida de forma dialéctica, como el movimiento de lo uno a lo múltiple y viceversa, implica necesariamente preguntarnos qué es el lenguaje, de qué es capaz el lenguaje y cómo es que efectivamente es capaz de ello7.

En este sentido, la respuesta que pareciera satisfacer esta objeción es lo que a continuación me permito citar directamente para que la insuficiencia de la explicación que pudiera brindar no empañe la claridad de lo que Gadamer pretende decir en «La actualidad de lo bello»:

La esencia de lo bello no estriba en su contraposición a la realidad, sino que la belleza, por muy inesperadamente que pueda salirnos al encuentro, es una suerte de garantía de que, en medio de todo el caos de lo real, en medio de todas sus perfecciones, sus maldades, sus finalidades y parcialidades, en medio de todos sus fatales embrollos, la verdad no está en una lejanía inalcanzable, sino que nos sale al encuentro. La función ontológica de lo bello consiste en cerrar el abismo abierto entre lo ideal y lo real.8

La belleza del cuadro de Picasso no haya por génesis la corrección de sus personajes; sino en el buen criterio del artista para decidir que la pierna del miembro de rojo no es necesaria y que, ponerla, lo haría simplemente una obra más. El gusto del autor de la pintura no sólo se destaca en lo que está pincelando, sino también en lo que decide no incluir en el lienzo. De esta misma forma, la ausencia de la pierna y la postura firme del personaje es esta esencia de lo bello a la que refiere Gadamer en la cita. No es una contraposición de la realidad, mucho menos una correspondencia. Es la anomalía la que hace a la obra bella. La pierna, con su ausencia -paradójicamente-, nos salta al encuentro. Mas sin esa anomalía, no daría rienda a la tarea del pensamiento -la del tránsito de lo uno y lo múltiple-.

Así, en la tarea del pensamiento, hay una comparación necesaria en el susodicho cojo, pero erguido en sus dos piernas; y los que no son cojos y se yerguen de igual manera. Aquí está la tarea del pensamiento y el porqué el cuadro de la familia de saltimbanquis de Picasso es un excelente lugar común para entender la discusión entre Davidson y Gadamer.

Cuando entre la presencia de la idealidad9 intentamos fijar el contexto básico o la jerarquía conceptual que lo edifica, nos vemos llevados a otros conceptos10. De la misma forma, cuando un malapropismo sale, no entendemos lo que el enunciador busca decir. Por el contrario, nos referimos al significado que el que dijo el malapropismo buscaba, en un primer momento, comunicar11.

Llevando esto al cuadro referido en el presente trabajo, Picasso llegó a la contradicción ya muy enunciada entre el cojo y lo erguido. Cuando buscamos fijar el contexto y la jerarquía conceptual que hay en este cuadro, este nos remite a los matices de Picasso, a lo que no es uno. Mientras que se configura un desplazamiento de los límites del discurso, nos muestra un malapropismo visual en el que lo primero nos lleva a lo segundo. Picasso no está dando un fundamento metafísico en su obra, sino que pone en relieve el tránsito y movimiento de los conceptos -aunque no voluntariamente-. He aquí, entonces, la yuxtaposición de las ideas que configura la unión de la familia de saltimbanquis y la tarea fundamental del pensamiento: la interpretación. Aquí, pues, se edifican las bases del juego de conceptos que consiste en el nodo de la discusión entre Davidson y Gadamer, el λόγος del Filebo de Platón12. A esta dialéctica con carácter ascendente es de la cual habla Gadamer al referirse al Symposium13 y a lo que Davidson ubica como la tensión en lo dicho y lo que se quiere decir. Es la razón por la cual Davidson mueve el lente hacia la literatura, a la metáfora y a la ironía14.

Con todo lo dicho hasta ahora, y, en suma, cabe decir que el cuadro de Picasso deja en evidencia una fuerte misión común entre Gadamer y Davidson: que la tarea del pensamiento, la filosofía, no es una lingüística. No es una ciencia reconstructiva que pueda dar cuenta de la referencialidad de lo que se dice porque el contexto no basta para explicar cómo funcionan las expresiones erróneas del lenguaje.

La pierna fantasmagórica de la familia de saltimbanquis no puede ser explicada exclusivamente como un problema de referencialidad. A pesar de que pudiera ser el caso en el que alguien dijera que la pierna está, pero en una posición extraña; lo que se está haciendo no es una explicación contextual. Consiste en el movimiento del pensamiento. La pierna fantasmagórica no deja al observador estático. Lo fuerza al movimiento y al tránsito de lo uno a lo múltiple. Lo mueve, pues, a la única tarea de la filosofía entendiéndola en términos gadamerianos y davidsonianos: la labor de la interpretación.

Así, el cuadro de Picasso hace a quien lo observa reciba la encomienda para conocer la verdad. El rastreo de esta -siguiendo con el ejemplo, la pierna ausente- no es en el contexto donde el fenómeno sucede. Esta búsqueda no es una tarea descriptiva y reconstructiva donde para lograrla se tenga que ir y observar el funcionamiento del lenguaje; sino que la encomienda de la verdad se halla en el cómo, a pesar de la anomalía -la pierna fantasmagórica-, el lenguaje sigue siendo entendido -la postura erguida del personaje-.

Notas

[1] “Cuando dos académicos de la RAE defendieron la frase de Sofía Magazatos «estar en el candelabro»”, en ABC, España, 30 de abril de 2018. Disponible en: https://www.abc.es/estilo/gente/abci-cuando-academicos-defendieron-frase-sofia-mazagatos-estar-candelabro-201804301406_noticia.html

[2] “Ninel Conde y la vez que confundió un “tsunami” con un “surimi””, en La Verdad, México, 28 de enero de 2020. Disponible en: https://laverdadnoticias.com/espectaculos/Ninel-Conde-y-la-vez-que-confundio-un-tsunami-con-un-surimi-VIDEO-20200128-0222.html

[3] Donald Davidson, “A Nice Derangement of Epitaphs”, en The Essential Davison, Richmond, Oxford University Press, 2006, p. 252.

[4] Donald Davidson, op. cit., p. 255.

[5] Hans Georg Gadamer, “Platón como retratista”, en Antología, (trad. Constantino Ruiz Garrido), Salamanca, SÍGUEME, 2001, p. 273.

[6] Hans Georg Gadamer, “Platón como retratista”, pp. 269-271.

[7] Ibid., p. 272.

[8] Hans Georg Gadamer, La actualidad de lo bello, 1a ed. (trad. Antonio Gómez Ramos), España, Paidós, 1996, p. 52.

[9] Cf. Hans Georg Gadamer, “Platón como renacentista”, p. 284. En este fragmento, la idealidad se matiza como el tránsito o proceso de transformación a lo largo del cual lo finito -lo que se define por su diferencia respecto a otra cosa- es concebido no a partir de cómo se presenta a un individuo, sino en la totalidad de relaciones que lo constituyen.

[10] Hans Georg Gadamer, “Platón como retratista”, pp. 284-285.

[11] Supra, p. 2.

[12] Cf. Platón, Filebo, 1a ed. (trad. María Ángeles Durán), Madrid, Gredos, 1997, pp. 31-32.

[13] Hans Georg Gadamer, “Platón como retratista”, p. 284.

[14] Donald Davidson, op. cit., p. 257.

Bibliografía

Donald Davidson, “A Nice Derangement of Epitaphs”, en The Essential Davison, Richmond, Oxford University Press, 2006.

Hans Georg Gadamer, La actualidad de lo bello, 1a ed. (trad. Antonio Gómez Ramos), España, Paidós, 1996

Hans Georg Gadamer, “Platón como retratista”, en Antología, (trad. Constantino Ruiz Garrido), Salamanca, SÍGUEME, 2001. Platón, Filebo, 1a ed. (trad. María Ángeles Durán), Madrid, Gredos, 1997.

Artículo de:

Julio César Sastré Cisneros (autor invitado):
Estudiante de la licenciatura en filosofía en la FFyL de la UNAM. Co-fundador del Seminario Estudiantil de Mística Cristiana.

Imagen | Pixabay

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