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La lectura de los textos hegelianos resulta sumamente compleja, tanto en profundidad como en dificultad. No obstante, resulta imposible negar la inamovible trascendencia que sus ideas han dejado a la humanidad a través de la historia del pensamiento. Entre sus muchas propuestas, los abordajes que el filósofo ha dado al estudio de los conceptos han resultado influyentes en el mundo moderno. A partir de su concepción de lenguaje, se ha logrado avanzar a grandes pasos en la comprensión de la intencionalidad y el significado, a pesar de que el enfoque de Hegel no es, puramente, la filosofía del lenguaje. 

En este sentido, el presente escrito pretende realizar un abordaje general a las propuestas filosóficas de Hegel en el ámbito de la filosofía del lenguaje y la ontología. El objetivo principal es exponer de qué manera se da el tránsito entre particulares y universales, entre los cuales se da lo inefable. Esto se logrará haciendo un análisis de la introducción y la primera parte del primer capítulo de la Fenomenología del espíritu, titulada “La certeza sensible”.             

La metodología a seguir es, en primer lugar, exponer la relación entre objeto de la certeza sensible y los conceptos universales; en segundo lugar, la relación entre sujeto de la certeza sensible y los conceptos particulares; en tercer lugar, se hablará acerca de la relación entre la conjunción del sujeto con el objeto y lo inefable. Finalmente, se expondrán las conclusiones.

El objeto de la certeza sensible

Todo hombre posee razón, y a la razón corresponde necesariamente la conciencia. Para Hegel, la conciencia es “por una parte, conciencia del objeto, por otra, conciencia de sí misma; conciencia de lo que a ella le es lo verdadero, y conciencia de su saber acerca de ello” (FE, 2014, p. 63). La conciencia del objeto se da de manera inmediata a partir de la certeza sensorial. Se presenta ante ella un esto, y esa es su esencia, puramente verdadera, la cual no requiere nada más; esto que está frente a nosotros simplemente es.

La conciencia de sí misma, por otro lado, se da en la reflexión, en el autoconocimiento de sí misma. Sin embargo, la profundización de esta caracterización de la conciencia no se encuentra entre los límites del presente texto. Basta con afirmar que la conciencia se conoce a sí misma.

La conciencia de lo que a ella le es verdadero significa el patrón de medida con el cual la conciencia determina el conocimiento. Dicho patrón de medida es la conciencia misma, pues con base en ella y su autoconocimiento, se dará un saber efectivo y verdadero. Finalmente, la conciencia de su saber acerca de ello significa el replanteamiento del conocimiento dentro de la conciencia. Esto es, la dialéctica: ¿qué es lo que sabe la conciencia? ¿Cómo es el saber de la conciencia? ¿Cómo se soluciona la contradicción dentro del saber de la conciencia?  

La certeza sensible asume a la cosa que está frente suyo como un esto, algo completamente indeterminado acerca de lo cual no se atribuye nada. Ante un esto que se nos presenta, no tenemos la necesidad de emplear usos atributivos de los enunciados, a saber, “el algo es algo”. Es suficiente con emplear los usos existenciales del verbo ser: “algo es, y ese algo es esto que se me presenta frente a los sentidos y que, además, es completamente cierto que ese algo existe: “es objeto nuestro, no puede ser otro que aquel que es él mismo saber inmediato, saber de lo inmediato o de lo que está siendo” (FE, 2014, p. 69) y nosotros “no [debemos] alterar en él nada de cómo se presente, y mantener los conceptos alejados del acto de aprehender” (FE, 2014, p. 69). 

Cuando la conciencia se encuentra con un esto, resulta de su encuentro un conocimiento que se toma como el más verdadero, como un conocimiento de riqueza infinita, para el que no puede encontrarse ningún límite (FE, 2014, p. 69), esta posibilidad de lograr un conocimiento tan pulcro se da gracias al evitar los cuestionamientos. Cuando tenemos un esto de frente, el esto simplemente está dado a la sensibilidad, libre de concepto. Se da plenamente ante cualquier juicio que se preste a la posibilidad de verificación. En palabras de Hegel: “aún no ha eliminado nada del objeto, sino que lo tiene delante de sí, en toda su integridad” (FE, 2014, p. 69). 

Los conceptos universales

Es de suponer que, debido a la naturaleza humana y, más aún, a la naturaleza filosófica, el humano no se contentará con percibir y contemplar puramente a esto que se le presenta ante sus ojos, nariz, boca, manos, pies, o cualquier medio sensible a través del cual la cosa se hará presente en la conciencia. Diremos con Aristóteles que todo hombre, por naturaleza, desea saber (Met. A, 1, 980b25).

En este sentido, decimos con Hegel que a esta cosa que se nos presenta como un esto hay que preguntarle: ¿qué es el esto? Bajo la pregunta no bastará con un uso existencial del verbo ser, a saber, que “un algo es (existe)”. Se precisará acotar la indeterminación existencial haciendo uso del verbo ser como atribución de propiedades, a saber, “que un algo es algo”. La acotación de un esto determinado puede darse en su conceptualización, es decir, al nombrar un esto y describirlo. 

Para Hegel, “si lo tomamos en la figura doble de su ser, como el ahora y como el aquí, la dialéctica que el esto conlleva adquiere una forma que será tan comprensible como el esto mismo sea” (FE, 2014, p. 71). Abordaremos a la dialéctica en la tercera parte de este escrito. Por el momento, nos referiremos al ahora y al aquí como maneras de conceptualizar una percepción de la conciencia en su certeza sensible. 

Cuando se intenta dar respuesta a la pregunta sobre qué es el esto, se puede partir de desde dos vertientes: la primera, desde el objeto de la certeza sensible; la segunda, desde el sujeto de la certeza sensible. Así mismo, existe una tercera vertiente, la cual, para Hegel, es la indicada: desde la unión de sujeto y objeto, no obstante, esta tercera empresa acarrea consigo la imposibilidad de expresar cualquier cosa, a saber, lo inefable. 

En este apartado abordamos, pues, la primera vertiente: aquella que intenta dar respuesta desde el objeto de la certeza sensible. El esto necesita ser pronunciado para poder acotarse, es requerido determinar a un esto que está frente a nosotros si nuestra intención es reflexionar acerca de ello. Cuando un humano, en la conciencia, entretiene un esto, lo hace con base en un ahora y un aquí que dan soporte a la acotación. 

Los objetos de la certeza sensible permiten la formulación de conceptos universales, pues en la formulación de oraciones que intentan responder qué es el ahora y qué es el aquí, se da la atribución de propiedades generales, por ejemplo: el “ahora es la noche” (FE, 2014, p. 71). Dado el caso de que, en efecto, yo esté escribiendo este ensayo en la noche, la oración escrita “el ahora es noche” resultará verdadera provisionalmente, no así dado el caso de que yo esté escribiendo este ensayo en la mañana: “y si ahora, a mediodía, volvemos a mirar la verdad apuntada, tendremos que decir que se ha quedado insulsa”. 

Dado que no coincide la palabra “ahora” con la propiedad de “ser noche” en todo momento o en todo caso, y tampoco lo hace si se le intenta unir con la propiedad de “ser mediodía”, es sencillo notar que esta primera palabra tiene una aplicación universal, pues: 

A una cosa así de simple, que es por la negación, que no es ni esto ni aquello, que es un no esto, e igualmente indiferente a ser aquello o esto, la denominamos un universal; o sea, el universal es, de hecho, lo verdadero de la certeza sensorial.

(FE,  2014, p. 71)

De esta manera, cuando pronunciamos el ser universal lo hacemos simplemente como expresión de algo universal. No obstante, no nos representamos algo universal, sino un particular. Por ejemplo, , al encontrarte con un esto en su figura del aquí e intentar pronunciarlo, lo harás utilizando cierto nombre bajo ciertas descripciones que doten a el esto de propiedades: llamarás a esto “piedra”. El concepto es universal, pero tú representación es particular, intentarás determinar un particular con el uso de un universal. 

El sujeto de la certeza sensible
y los conceptos particulares

Una vez que percibimos un esto y lo determinamos por medio de la pronunciación (el nombrar un esto y describirlo con frases que lo doten de propiedades), hacemos nuestro el esto: “la verdad de la certeza sensorial está en el objeto en tanto que es mi objeto, o bien en mi querer decir, el objeto es porque yo sé de él” (FE, 2014, p. 72). 

De esta manera, cuando vemos un ahora que es noche, podemos afirmar que “el ahora es noche” sin temor a errar, pues en este ahora que estoy percibiendo en este preciso momento se cumple la propiedad de “ser de noche”. El aquí es una computadora porque yo la percibo en el aquí como tal: el esto en sus figuras del ahora y el aquí son dichas íntimamente en mi conciencia, y su verdad ahora reside en el yo, en la inmediatez de mi ver, oír, etc. En este sentido, “yo, este yo, veo el árbol y afirmo al árbol como estando aquí; otro yo, empero, ve la casa y afirma que el aquí no es un árbol, sino una casa” (FE, 2014, p. 72). 

Como puede apreciarse, llegados a este punto, el concepto particular y el concepto universal se ven en una disputa mayor, pues “al decir este aquí, este ahora, algo singular, digo todos los estos, todos los aquí, los ahora, los singulares”. Esto se explica de la siguiente manera: al decir un esto íntimamente para mí en su figura de aquí como “piedra”, ocurren dos procesos. El primero es la percepción de una cosa particular, un esto que está ante mí, pero lo pronuncio como un universal, es decir, como un algo que no está en esto, ni en aquello, pero que puede atribuirse tanto a esto como a aquello. El segundo es que, al pronunciar un universal, quiero decir íntimamente un particular, es decir, al pronunciar la palabra universal “piedra”, supongo una piedra particular, esta piedra que está aquí en frente de mí.  

En este sentido, se da el caso de que usamos universales como particulares y suponemos particulares como universales. Este es el tránsito que Hegel asocia con la superación de las contradicciones: la historia de la experiencia de la conciencia, pues la conciencia experimenta la cosa percibida. A partir de esa experimentación es que forma conceptos. El concepto es una construcción continua, la cual se ve superada paso a paso por la misma autorrefutación: la dialéctica. En esta tercera instancia es que se da la unión de sujeto con objeto, y bajo estos límites del querer decir íntimamente, pero no poder hacerlo, es decir, en el intento de pronunciar un particular por medio de conceptos particulares de da lo inefable. 

Sujeto y objeto como unidad:
lo inefable

El objeto de la certeza sensible crea conceptos universales, el sujeto de la certeza sensible crea conceptos particulares. En la expresión de un esto particular se pronuncia un universal. Cada yo quiere decir íntimamente ahoras y aquíes particulares. No obstante, no se presenta esa posibilidad en la formulación de oraciones, ya que, a pesar de que cada yo concibe un esto particular, cada yo pronuncia un esto universal:  concibes un esto y lo pronuncias, en su figura de aquí, como “piedra”, o en su figura de ahora, como “noche”. 

Cada yo debe señalar a un esto, debe mostrarlo, para entrar a ese mismo punto de tiempo o de espacio: este es mi ahoraeste es mi aquí, “se muestra el ahora, este ahora […], el señalar es por sí mismo […] el movimiento que enuncia lo que el ahora es en verdad […], señalar es hacer la experiencia de que el ahora es universal” (FE, 2014, p. 74 y 75).

En este sentido, la solución principal propuesta por Hegel es la señalización de este ahora tan abstracto, ejercer una acotación a una amplitud sumamente inconcebible. En la señalización, para el alemán, se retiene un esto universal a la manera de un particular: “se hace patente que la dialéctica de la certeza sensorial no es otra cosa que la simple historia de su movimiento o de su experiencia” (FE, 2014, p. 75). 

Finalmente, Hegel afirma que lo inefable radica en ese querer íntimamente decir un esto particular por medio de una pronunciación particular, pues este objetivo es inalcanzable para el lenguaje, el cual pertenece a la conciencia, a lo universal en sí. La expresión de particulares percibidos por particulares no se da de suyo, por la imposibilidad de acotar conceptos particulares a cosas particulares. En palabras de Hegel: “los que hubieran empezado su descripción, no podrían terminarla, sino que tendrían que dejársela a otros que terminarían por reconocer que hablan acerca de una cosa que no es” (FE, 2014, p. 77). 

Si nosotros intentamos decir una cosa enteramente singular, no podremos decirlo sino de una manera universal. Cada cosa existente es singular y particular por sí misma, es un esto ante los sentidos y la percepción que se expresa por medio de un concepto universal, según sus características y propiedades: no decimos nunca nada más que universales. En este proceso, en el tránsito de los particulares a universales y viceversa, se da la experiencia de la conciencia. Se abre paso la dialéctica por medio de la certeza sensible. Aquello que permanece en el tránsito de particulares a universales, y de universales a particulares, es lo inefable.  

Conclusión

Podemos concluir que la certeza sensorial contempla al objeto, que se da en su forma más pura como un esto, y un sujeto, que se da en su forma más pura como un este. Si un esto se presenta ante la conciencia por medio de la certeza sensible, lo concebimos como una verdad indudable, ya que no afirmamos ni negamos nada, únicamente lo contemplamos en su mera existencia, a manera de uso atributivo del verbo ser, a saber, “un esto es (existe)”. Cuando se pregunta por el ser de un esto, se precisa realizar diversas determinaciones y acotaciones conceptuales, esto se logrará asumiendo al esto que se presenta ante nuestra percepción bajo dos figuras: la del ahora y la del aquí

Cuando se crea un concepto a partir del esto, siempre se hará bajo nociones universales: el esto en su figura del ahora se pronuncia como un universal, por ejemplo, “noche”, y de la misma manera ocurre con el esto bajo la figura del aquí, por ejemplo, “árbol”. El objeto, un esto, es concebido por la conciencia bajo la figura del ahoracomo un particular que se quiere decir íntimamente, y ocurre lo mismo con un esto percibido por la conciencia bajo la figura del aquí. 

Una vez que la percepción del esto particular se da en la conciencia, y una vez que se da la pronunciación del esto bajo conceptos universales, caemos en cuenta de que el esto que percibimos por medio de la certeza sensible. Lo percibimos particularmente, y lo queremos decir íntimamente, no obstante, resulta imposible pronunciar un esto particular de manera particular, pues hablamos únicamente bajo conceptos universales. 

Este problema propicia la experiencia de la conciencia, la cual se da por medio de las manifestaciones de la conciencia natural. La conciencia, a su vez, es conciencia de sí misma, de su objeto, de lo que a ella es verdadero y de su saber acerca de ello. Cuando la conciencia asume contradicciones entre el objeto y su concepto, requiere la superación de esa contradicción. Toda superación de la contradicción se da a través de la dialéctica.             

Asimismo, ese querer decir íntimamente un esto es lo inefable, es decir: el intentar comunicar la particularidad por medio de conceptos particulares. Esta imposibilidad se da en el tránsito de los conceptos particulares a los conceptos universales y viceversa. La solución se encuentra en la señalización, en la acotación de este ahora, mostrándolo como un universal hecho particular, y únicamente puede darse en la conjunción entre objeto (concepto universal) y sujeto (concepto particular). 

Bibliografía

Aristóteles. (2014a). “Metafísica” en Aristóteles I (Trad. Tomás Calvo Martínez). Madrid: Gredos-RBA.

Aristóteles. (2019). Tratados de lógica (Trad. Francisco Larroyo). México: Porrúa. 

Gadamer, H.G. (1981). La dialéctica de Hegel. Cinco ensayos hermenéuticos. Madrid: Cátedra. 

Hegel, F. W. (2014a). “Fenomenología del espíritu” en Hegel I (Trad. Antonio Gómez Ramos). Madrid: Gredos-RBA. 

Inneraty, D. (1993). Hegel y el romanticismo. Madrid: Tecnos.  

Rühle, V. (2014a). “G.W.F, la transformación de la metafísica” en Hegel I (Trad, Joaquín Chamorro Mielke). Madrid: Gredos-RBA. 

Valdés, L. (Comp. Y Trad.), (2005). La búsqueda del significado. Madrid: Tecnos.

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Artículo de:

Bryan Iván González Islas (autor invitado):
Mexicano. Pasante de Filosofía y estudiante de Derecho por la UNAM. Coordinador del Seminario de Investigación en Filosofía del Lenguaje y del Seminario de Investigación en Filosofía de la Ciencia. Miembro activo del Proyecto Delfos: Filosofía Aplicada.

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por autores invitados

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