El presente texto se ciñe a nuestra política de textos reseñados. 

Los libros de autoayuda son polémicos, de hecho, lo es la sola idea de esta forma de exploración y descubrimiento psicológico, pero para Paul Watzlawick (filósofo, sociólogo y psicólogo austriaco) quiso, con El arte de amargarse la vida (1983), darle un vuelco a la manera en cómo vemos las situaciones cotidianas y qué podemos hacer con ellas.

Durante esta exploración sobre “cómo vivir”, el autor marca algo que es de lo más interesante: la felicidad. Se dice mucho sobre ella, y una de esas cosas es que debemos apostar por ella, pero ¿qué es la felicidad? Podríamos ponernos filosóficos y coger alguna corriente que intente dar alguna explicación, aunque quizá, por más vueltas que le demos al asunto, lleguemos a la conclusión que nos plantea Watzlawick: [la felicidad] no puede definirse.

El arte de amargarse la vida es un recordatorio, con humor, sobre el cómo nosotros mismos hacemos que nuestra existencia sea complicada. Mediante la sátira, Paul busca que nosotros mismos caigamos en la cuenta de que nos autosaboteamos.

Somos complejos, diversos y divertidos: y eso se calca en las 71 páginas del texto. Los seres humanos nos complicamos, nosotros mismos, la existencia, pero por ese afán de no cargar con el peso, solemos atribuir la desgracia o la amargura a los demás, cuando esta viene de nosotros.

Otro de estos ejemplos es el amor.

Cuando alguien nos ama, nos los dice o nos lo demuestra, dudamos. No nos creemos lo suficientemente buenos o buenas para que un otro, o una otra, nos pueda mostrar afecto. Pero Watzlawick va incluso más allá, él nos dice que esta increencia existe porque nosotros mismos no nos queremos. El amor al prójimo, jugando un poco con el precepto bíblico del amor al otro, parte del amor a uno mismo: si yo no encuentro en mí mismo, o en mí misma, razones para quererme, ¿cómo le voy a permitir al otro, o a la otra, que se atreva a hacerlo?

La espontaneidad es una característica que muchos buscan o anhelan. Esa frase de dejarse llevar sin pensar o de hacer las cosas solo porque las sientes suena apasionante, pero para el autor el hecho de esperar lo espontáneo, deja de serlo. Una paradoja interesante. Muchas veces, sostiene él, nos amargamos porque esperamos conductas, actitudes o emociones espontáneas, de nosotros o de los otros.

¿Esperamos que nos amen, esperamos amar, queremos sentir felicidad ante algo porque así debe de ser? Este juego de dejarse llevar, aparentemente, sin conservar la fidelidad a uno mismo, es lo que nos amarga, nos frustra, nos impide el crecimiento. Para Paul, tenemos que dejar que las cosas surjan sin imponernos en nosotros mismos nada, y sin odiar el resultado.

El arte de amargarse la vida de Paul Watzlawick se cataloga en el terreno de un texto de psicología o autoayuda. Y si bien, podríamos decir que cumple con crecer para estar ahí, limitar el documento a solo un libro así, lo deja corto. El lector puede descubrir en sus líneas varias maneras no de “cambiar”, sino de burlarse de sí mismo. Ya con eso, él o ella podrán decidir si se quieren amargar o no.

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por Miguel Ángel

ceo de filosofía en la red, drando. en Filosofía, mtro. filosofía y valores, lic. en psicología organizacional, PTB en enfermería; catedrático de licenciatura en la Universidad Santander (México)

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