La representación como elemento simbólico de la conciencia y la existencia, aún cuando el telón cae, me parece maravilloso. Pienso en el teatro, las luces tenues alumbrando un rostro que no es, aunque sencillamente, aquel propio del cuerpo que se presenta ante los espectadores. Ello me traslada, inevitablemente, a aquel hombre que realizó estudios en la Universidad de Atenas y se trasladó a París en 1945 donde fundó, junto a Claude Lefort, la revista Socialisme ou Barbarie; aquel hombre que enseñó y fue electo director en la École des Hautes Études en Sciences Sociales (Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales); aquel hombre que ha dejado una larga sombra tras de sí.

Castoriadis, como muchos de sus antecesores1, pensó la autonomía, la política, la sociedad y la institución; también, aunque poco se habla de ello en el campo correspondiente, pensó en la psique del ser humano. ¿Dónde habita la creación? Para responder esta pregunta necesitamos, primeramente, entender cuáles son los motivos y conceptos que Castoriadis puso en reflexión y, aunque no lo parezca, en una especie de puzzle que atraviesa la historia de la humanidad:

La historia es creación de formas totales de vida humana, es decir, de sociedades instituidas, en y por las cuales los seres humanos construyen un mundo, y nuevas formas, nuevas esencias, nuevos eide se establecen cada vez por la actividad de la sociedad instituyente.

(Castoriadis, 2006: 49)

Nace en Estambul, solo para que su familia y él terminaran trasladándose a Atenas por conflictos sociales e históricos; estuvo marcado por una serie de consecuencias políticas del momento que lo hicieron acercarse a la corriente marxista-leninista, diversos partidos y pensamientos filosófico-político-sociales. Es, en gran medida, un pensador histórico-analista, si es que es posible tal atrevimiento. Castoriadis es, sin lugar a duda, un filósofo que llevó a la reflexión ejes como la imaginación y el pensamiento a una estructura histórico, social y política. Encuentra, en medio del caos, aquellos elementos que permiten la propia creación y el desenvolvimiento del individuo en medio de la capa temporal de la realidad que experimenta. La psique, aquella mónada que se encierra a sí misma y es capaz de la creación más sorprendente, se enfrenta de manera violenta a la dialéctica entre el caos y la creación:

Y lo que no es social en el individuo –aparte de lo basto e inadecuado, pues la vida puede llegar a convertirse en animal– es el núcleo de la psyche o la mónada psíquica, la cual también sería incapaz de sobrevivir (quiero decir de sobrevivir físicamente) sin la violenta imposición que ejerce sobre ella el individuo como forma social (Castoriadis, 2017: 15).

La historia se desenvuelve, al menos es lo que se puede vislumbrar, en una capa creadora del tiempo de la humanidad; el elemento histórico y social tiene, dentro de sí, el elemento creador y caótico del significado y sentido del proyecto total del mundo y su realidad, que abarca en un sentido la verdad y en otro el saber. En este sentido, la continuidad depende de la posibilidad y desarrollo del predominio del imaginario y funcionalidad de tres elementos esenciales, que vendrían a ser la psique, lo histórico y lo social:

[Hay experiencia solamente por cuanto que el mundo puede “enseñarle” algo al sujeto –es decir, a una estructura más o menos estable– y por cuanto que el mundo es transformado por el sujeto, tanto desde el punto de vista gnoseológico como desde el punto de vista real. La experiencia es asimismo la toma de conciencia de aquello que es objetivamente racional en la acción humana.] El Saber Absoluto no puede entenderse para nada en este contexto como un saber definitivamente alcanzado, cuyo contenido pudiera darse una vez por todas, sino como el punto a su vez móvil al que ha llegado la conciencia que se rememora y que contempla su itinerario, experimentando esa necesidad ineludible para el espíritu de captarlo bajo el ángulo de la totalidad orgánica. Lo esencial aquí, es que el Saber Absoluto no es una idea reguladora o un postulado, sino la síntesis móvil de la experiencia hasta aquí, y no tiene más contenido que esta experiencia, inscrita en una nueva perspectiva y estructurada de esta nueva manera –debido a que la conciencia se conoce en todas sus formas reales y sabe que no puede conocer más que estas formas, las suyas (Castoriadis, 2011: 72).

¿En qué momento –podría uno preguntarse– el papel histórico de la realidad se vuelve imprescindible para el desarrollo del saber y la verdad?; sin embargo, la pregunta que se esconde detrás de tal reflexión es el elemento creativo de la historia. ¿Dónde el sujeto se encuentra a sí mismo como un saber? La historia, si algo permite, es darle un lugar al significado y sentido de la realidad y la razón, porque es en ella donde el sujeto se vuelve instituyente de la realidad que construye, donde la práctica y la teoría se conjuntan para dar un sentido a la existencia de la razón. La psique, siguiendo a Castoriadis, se enfrenta y se confronta con un sujeto histórico y social, fuera de ello se abre el campo a la creación. Para Castoriadis:

La historia es el dominio donde la razón se descubre y se desarrolla, al oponer a sí misma los resultados de su acción precedente como exterioridad bruta, y al suprimirlos poco a poco, pero donde no se halla libre salvo en la medida en que es activo-práctica, es decir, ahí donde no puede extender sus axiomas salvo en la medida en que transforma la realidad.

(Castoriadis, 2011:133)

El elemento histórico es la posibilidad del desarrollo de la creación y la razón como elementos que se (auto)instituyen dentro de la formación de lo real, lo lógico y la verdad; se vuelve, de este modo, un elemento imprescindible dentro de la estructura y desenvolvimiento de las categorías que permiten pensar en la propia creación, es decir, aquellos elementos que ponen sobre reflexión la autonomía, la ley y la veracidad de tales nociones para pensar en el mundo y los cambios que hace el ser y la psique en la estructura social del lugar que habitan junto con su temporalidad.

Hace tiempo leí un pequeño ensayo escrito por un español, que irremediablemente, criticaba el hecho ya creado de una petición sobre la escritura de un texto sobre Goethe. Hablo de José Ortega y Gasset, que escribió ‘Pidiendo un Goethe desde dentro’, en el cual pedía, después de haber accedido a la petición del escrito, un yo despojado de todo aquello que uno podía atribuirle a la existencia de ese oceánico yo. Hablo de esto porque Castoriadis, aunque en otro ámbito y perspectiva, nos pone a plantearnos los ejes que pueden trazar al ser:

El Ser no es un sistema, no es un sistema de sistemas ni tampoco una gran cadena. El Ser es abismo o caos o aquello que carece de fundamento. Un caos con una estratificación irregular; es decir, con organizaciones parciales, cada una de acuerdo con los distintos estratos que descubrimos (descubrir/construir, descubrir/crear) en el Ser (Castoriadis, 2017: 11).

El ser que es Caos y es Tiempo, se encuentra distribuido en la dimensión histórica de los sucesos de la experiencia humana; o bien, es creación de nuevas formas y alteraciones del orden sociohistórico del desarrollo de la realidad. Esta existencia indeterminada, porque si asumimos que hay un orden temporal de una organización que se mueve, la existencia siempre será indeterminada dentro de las circunstancias que asumimos como formas de ser. La existencia, pues, es en lo real “El hombre existe sólo (en y a través) de la sociedad –y la sociedad siempre es histórica” (Castoriadis, 2017: 14). Esta presencia real y determinada es y se asume a partir de la normatividad creada por la propia existencia histórica y cultural de cada sociedad, o bien, el derecho de gentes permite asumir que hay un orden singular de establecimiento que se distingue de otras formas representativas del orden en general.

Para que este orden dentro de la existencia histórica de la realidad perdure es necesaria la creación y el caos, es decir, la materialización institucional dentro del individuo como ser. Asumido de otro modo “Lo que mantiene unida a una sociedad es desde luego su institución, la suma total de sus instituciones particulares, a las cuales yo llamo “la institución de la sociedad como todo” (Castoriadis, 2017: 15). El individuo es creado socialmente a partir de sus instituciones, es decir, del apoyo mutuo en construcción y creación que permiten una forma sociohistórica de vida; sin embargo, la mónada se cierra a sí misma en su mundo, en su oceánico horizonte de existencia propia e imaginaria de ser.

La sociedad permite la institución del magma, es decir, de aquellas creaciones que tienen sentido una vez instituidas y que permiten la existencia histórica de la sociedad en la realidad del ser humano, así pues, “la sociedad es autocreación, desplegada como la historia” (Castoriadis, 2017: 23). La sociedad debe, a partir de su creación, auto-cuestionarse su propia institución dentro de la existencia; y esta imposición violenta social e histórica del individuo es quien da forma y orden al fundamento y espacio interno de la psique y su propio desarrollo imaginario e histórico a través de la vivencia de la realidad y la razón o bien, a través de la idea lógico-conjuntista de la que habla el propio Castoriadis.

Es en su propio mundo donde la imaginación cobra sentido y es a través de la representación en lo social y lo histórico que el impacto se materializa y tiene consecuencias violentas hacia el propio individuo socializado, es decir, la mónada sufre de un poder que se ejerce sobre ella, un poder que viene del exterior y del propio individuo que necesita ser creado a partir de las instituciones de la sociedad. Hay un desentendimiento y disfuncionalidad del propio ser humano que se crea desde el nudo-vacío2 o principio fundacional del entendimiento interno de la lógica-conjuntista identitaria. Esta apertura a la posibilidad es fundamental para la creación, o bien, se abre la brecha de la existencia dentro del orden esquemático de la historia para la continuidad de la razón y el entendimiento. Es, sin duda, la formulación del orden el que permite que la existencia continúe, es decir, sin los aparatos normativos del orden jurídico que vendrían a ser los límites en una perspectiva fundamental no habría posibilidad histórica de existencia:

Disfuncionalización de la psique humana, predominio de la imaginación. Si la historia del ser humano se hubiese detenido ahí, en este crecimiento monstruoso y desreglado de la imaginación singular, la humanidad habría desaparecido muy rápidamente por su ineptitud para la vida. Además, nada impide suponer que muchos phyla (o líneas genéticas) de homínidos llegados a este punto desaparecieron o fueron eliminados. Los humanos, o más bien los humanoides disfuncionalizados, habrían tomado constantemente sus deseos por realidades se habrían creído siempre todopoderosos, se habrían exterminado recíprocamente sin ningún límite, ni regla, etcétera. Quítate de mi camino, sin límites.

(Castoriadis, 2020: 21)

Esa estratificación de los sucesos históricos que permiten la creación de los individuos socializados se ve en un conflicto constante, es decir, los límites de cada orden social se ven no solamente en una constante reflexión, sino en una constante lucha por el mantenimiento de su orden temporal dentro de los límites de la razón y la realidad. Esta autonomía, tal como la ha entendido Castoriadis, ese darse leyes a uno mismo, es decir, encontrar los límites del entendimiento y la práctica, se ve en una constante tensión por la creación no socializada del mundo imaginario que mantiene la psique dentro de sí, entendido esto como una formulación teórica y práctica al mismo tiempo:

Pero lo que constatamos, es que hay siempre un residuo no domado de la psique, una resistencia perpetua de los estratos psíquicos más profundos a este orden lógico y social de las cosas, al orden diurno, que vemos en formaciones que no tienen alcance social directo, como el sueño, pero también en la existencia de la transgresión, en todas partes y siempre, incluso en las sociedades más arcaicas. Por cierto, la transgresión como tal no es contestación del orden social, no es una revolución, en un sentido es una confirmación de la ley, no sólo formalmente sino también sustantivamente: en el mecanismo psíquico de aquel que transgrede se manifiesta al mismo tiempo la necesidad de afirmar la ley y de oponérsele. La acción política es totalmente otra cosa: no es sólo la contestación de la ley existente sino la afirmación de la posibilidad y de la capacidad de poner otra.

(Castoriadis, 2020: 51)

Es dentro de esta autonomía que la psique permite la posibilidad de la acción hacia la creación, aún cuando queden elementos que transgredan la propia línea de sucesos elementales para la formación del orden, y es precisamente ese espacio interno que diluye el que da la posibilidad de la sociedad que se autoinstituye a sí misma, no en un orden físico y material dentro de lo histórico, sino como posibilidad latente de existencia y razón.

El sujeto es formulación creada de la institución, es decir, es histórico-cultural-social y existente; la psique que se desarrolla a partir de la vinculación con lo otro y la circunstancia es elemento imprescindible de imaginación y creación, el mundo interno es construcción junto con el mundo externo. El proyecto histórico de autonomía es la reflexión constante a la posibilidad de autoinstituirse como tal, de la reformulación y resignificación del mundo imaginario a través de los límites que permiten encausar el proceso violento de la socialización no del individuo, que es social, sino del sujeto que queda inmerso en el mundo imaginario de la psique. Es una creación a creación y un caos a caos.

La preservación del mundo interno es la posibilidad histórica de la existencia y el entendimiento del orden normativo para la presencia del ser. O bien, lo que Castoriadis busca es el desarrollo histórico y social del individuo y la sociedad imaginaria que se autoinstituye sobre sí misma para el proceso racional. La historia, en este sentido, es proceso significativo para la creación y el caos, es en ella, por lo tanto, que debemos situar al individuo en un proceso reflexivo para la existencia y los significados sociales instituyes del entendimiento. La preservación del sí o del yo, mantiene su lógica no en la estructura lógica que conocemos de la realidad, sino en una lógica-conjuntista identitaria que permite pensar al ser humano en su conjunto y sus desentendimientos.

Notas

[1] Pensemos, por ejemplo, en toda la tradición escolástica y medieval; por mucho que aquellas ideas no tocaran el concepto de autonomía, podemos encontrar rastros de un pensamiento político sobre la libertad, pero, sobre todo, aquella idea de darse leyes a sí mismos, tanto en comunidad como de manera individual. ¿Acaso alguien podría negar la relación, ya sea estrecha o no, entre Suárez y Kant?

[2] Término propio que encuentra sus primeras reflexiones en el artículo “La bifurcación de la línea: una aproximación al espacio interno en el delito de tortura” (García, 2018). Hace referencia al proceso que permite esquematizar la realidad tanto del mundo interno como del mundo externo.

Referencias

Castoriadis, C. (2006). Lo que hace a Grecia 1. De Homero a Heráclito. Seminarios 1982-1983. La creación humana II. México: FCE

Castoriadis, C. (2011). Historia y creación. Textos filosóficos inéditos (1945-1967). México: Siglo XXI

Castoriadis, C. (2017). Ciudadanos sin brújula. México: Coyoacán.

Castoriadis, C. (2020). Sujeto y verdad en el mundo histórico-social. Seminarios 1986-1987. La creación humana I. México: FCE.

Imagen | Pexels

Artículo de:

Ricardo J. García Gómez (autor invitado):
Mtroe. en Humanidades (Filosofía Moral y Política) en la UAM-I. Obtuvo mención honorífica en el concurso de Ciencia Ficción UNAM. Miembro del seminario Estéticas de Ciencia Ficción del INBAL del año 2019 al 2021.

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por autores invitados

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