De la práctica filosófica a la filosofía para niños. Parte 3 de 3

La práctica filosófica, ya sea con niños, adolescentes o adultos, es posible en la medida en que se construye con ellos un espacio que garantice las condiciones para pensar. En el proceso de construir ese espacio, nos vamos a encontrar con distintas dificultades, algunas previsibles y otras imprevisibles. En concreto, es esperable encontrar los siguientes problemas: falta de tiempo en un curriculum asfixiante; espacios no preparados para el diálogo; un número elevado de participantes; estudiantes inquietos o con problemas y conflictos más urgentes que los que se quieren plantear en el aula. Para poder acotar esa imprevisibilidad, varios autores han trazado una ruta metodológica que distingue varios pasos o etapas. A modo de ejemplo, se puede mencionar la obra de Michel Tozzi y su concepción de la práctica filosófica como una actividad que comprende tres capacidades o estadios: la problematización, la conceptualización y la argumentación. Otros autores como Óscar Brenifier o Michael Onfray han desarrollado sus propias variantes, inspirados en el esquema de los tres estadios de Tozzi.

En general, los pasos que se siguen en la aplicación del programa de Filosofía para Niños (FpN) se puede resumir del siguiente modo:

1.- Se dispone a los estudiantes en círculo o en forma de U. Esta disposición favorece el diálogo, ya que permite que todos puedan verse las caras cuando hablan, sin darse la espalda unos a otros. También se pueden organizar en pequeños grupos de trabajo.

Lo primero que se recomienda hacer al principio de cada sesión es recordar las reglas del juego del diálogo filosófico. Esto es, aquellas normas de convivencia que sientan las bases de la participación democrática: levantar la mano para hablar, respetar el turno de palabra, escuchar las ideas de los compañeros, etcétera.

2.- A continuación, se comparte el material especialmente preparado para estimular el diálogo. El programa original de FpN se basa en la lectura colectiva de alguna de las siete novelas creadas por Lipman y sus colaboradores. Además, las novelas van acompañadas de manuales para el docente, que incluyen planes de discusión, textos, ejercicios y orientaciones para el trabajo en el aula. Algunos ejercicios van encaminados a desarrollar las habilidades de pensamiento mientras que otros están destinados a desarrollar los componentes filosóficos de la novela. Hoy existen muchas maneras de iniciar el diálogo. Podemos partir de estrategias como, por ejemplo, visualización de un video, comentario de una noticia de prensa, presentación de un dilema o una controversia. Incluso la propia experiencia personal o un conflicto vivido por la clase. Novelas, cuentos, cuadros, películas, poemas, canciones, objetos, o situaciones. Todo puede despertar el pensamiento.

3.- Se pide a los estudiantes que formulen alguna pregunta que les haya sugerido el material y se van escribiendo en la pizarra, indicando junto a ellas el nombre de la persona o el grupo que la formula. Estas preguntas se convierten entonces en el plan de trabajo o agenda de investigación para el diálogo en el aula. Aquí, el docente puede animar a los estudiantes a que clarifiquen sus preguntas y evalúen si son adecuadas o no para la agenda de investigación: ¿Hay algo que te ha llamado la atención, lo has considerado interesante o sorprendente? ¿Por qué? ¿Qué es lo que consideras que deberíamos investigar? ¿Con qué puntos de vista estás de acuerdo y con cuáles no?

4.- Terminado el listado de preguntas, se les pide que seleccionen aquella o aquellas que desean comenzar a tratar. La votación a mano alzada conlleva el riesgo de que la elección de la pregunta sea cooptada por las relaciones de liderazgo o se convierta en una decisión arbitraria impuesta por una mayoría irreflexiva. Por eso, es importante que la votación vaya precedida por algún tipo de deliberación conjunta, de manera que los participantes puedan tomar una decisión fundada en razones y criterios pertinentes. Aquí se pueden emplear diversas estrategias de trabajo. Por ejemplo, puede resultar útil agrupar las distintas preguntas que se han formulado de modo que cada grupo represente una posición específica o un patrón de argumentación. El docente también puede ayudar a clasificar y sondear los supuestos que están implicados en cada pregunta.

5.- Con la primera pregunta elegida comienza el diálogo filosófico, siguiendo una estructura lógica precisa, aquella que Sócrates nos legó, y que sigue presente hasta nuestros días en los planteamientos de la corriente hermenéutica, especialmente en la obra de autores como Hans-Georg Gadamer, Paul Ricoeur, Jürgen Habermas o Emilio Lledó.

De nuevo, el docente debe asumir un papel crucial, animando a que los estudiantes interactúen entre ellos y no se dirijan únicamente a él, como única fuente de autoridad. Esto se puede conseguir con pequeñas intervenciones o preguntas-guía que nos van a servir tanto para ejercitar las habilidades de pensamiento, como para profundizar en la problemática filosófica que se esté tratando. Las primeras son más procedimentales y permanecen en el plano formal: ¿Por qué dices eso? ¿En qué te basas? ¿Podrías darnos un ejemplo? ¿Qué se puede concluir de lo que estás diciendo? ¿Quién está de acuerdo? ¿Quién está en desacuerdo? ¿Alguien podría aportar alguna otra razón? ¿Hay otra manera de verlo? ¿Es posible buscar otras alternativas? Las segundas son más conceptuales y buscan profundizar en el plano material de la discusión, lo que implica desarrollar y estructurar el contenido propiamente filosófico que se plantea en la agenda de investigación. Una estrategia útil es seguir un plan de discusión que el docente puede diseñar previamente como apoyo en su trabajo de facilitador mayéutico. 

En cualquiera de los dos casos, es importante recordar que la tarea del docente como facilitador mayéutico no es imponer su opinión, sino ayudar a que sean los demás quienes piensen y reflexionen. La función del docente es alumbrar la discusión filosófica, pero no desde la lección magistral, sino desde la comunidad de investigación.

5. Una vez que el diálogo filosófico se dé por finalizado, es importante realizar una pequeña valoración del desarrollo de la sesión. Es lo que se conoce como “metacognición”. Es decir, el proceso mediante el cual tomamos conciencia de todos los actos mentales y actitudinales que se han ejercitado durante el diálogo, lo que nos permite detectar posibles errores y mejorar nuestra manera de pensar y relacionarnos con los demás.

Evidentemente, la ruta metodológica que propongo aquí se puede seguir de manera exacta y rigurosa, o se puede modificar en alguno de sus pasos, añadiendo o eliminando elementos, en función de las preferencias personales y los autores de referencia que tenga cada docente.

Aunque no existe un modelo único de ser docente, de la misma manera que no existe un modelo único de ser persona, me parece importante hacer notar que, dada la concepción de la filosofía que subyace al ejercicio de la práctica filosófica, entendida como una forma de vida más que como una disciplina o un saber teórico, no hay un verdadero cierre o final de la sesión, al menos en términos absolutos. La aspiración última de convertir el aula en una comunidad de diálogo es que el ejercicio constante del cuestionamiento y el tratamiento dialógico de los problemas se extienda mucho más de los muros del aula e incluso de la institución educativa, trasladando este modo de proceder a la vida diaria de los estudiantes.

En resumen, Filosofía para Niños no es solamente un método o un programa. Es, ante todo, un proyecto educativo que promueve el desarrollo integral de la persona no solo técnicamente, sino también y, sobre todo, humana y socialmente. Al basar el proceso de aprendizaje en el diálogo filosófico y la conversión del aula en una comunidad de investigación, fomenta competencias necesarias para el buen funcionamiento de una sociedad democrática, como el pensamiento riguroso, el tratamiento dialógico de los problemas, la escucha atenta y el respeto de otras opiniones. Es decir, nos prepara para reconocer y aceptar la complejidad del mundo que nos rodean y buscar respuestas a los retos con los que inevitablemente nos encontraremos. La práctica y el ejercicio constante juegan un papel fundamental en la adquisición de estas habilidades y virtudes. De ahí que sea crucial ofrecer formación filosófica desde la infancia.

Para profundizar más sobre este quehacer filosófico, puedes matricularte al Curso Virtual «Preguntar, dialogar, aprender» en Filonenos.

Imagen | Pexels

Artículo de:

Myriam García (presidenta asociación FILONENOS):
Doctora en Filosofía y Máster en Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología por la Universidad de Oviedo. Directora de «Pensar Juntos. Revista Iberoamericana de Filosofía para Niños».

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por Filonenos

El Centro de Filosofía para Niñas y Niños del Principado de Asturias (Asociación Filonenos) es una organización sin ánimo de lucro destinada a fomentar el pensamiento crítico y la educación ética. La Asociación tiene como finalidad impulsar el programa de Filosofía para Niños como una alternativa pedagógica que pueda ser implementada con éxito tanto por el público en general, especialmente las familias, como por los/as futuros/as docentes y profesionales de la enseñanza.

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