El poder de la Mujer sobre el Varón “desde una mirada a Esther Vilar”

Entre las décadas del 60 y 70, los discursos y panfletos de los movimientos feministas en Alemania y otras partes del mundo mostraban al varón como opresor de la mujer. Es en respuesta a los discursos separacionistas que Esther Vilar, conocida escritora, socióloga, psicóloga y médica germano-argentina, publica El Hombre Amaestrado, más conocido como “El Varón domado” (Der Dressierte Mann) en 1971, en el que sostiene que, la mujer utiliza su poder seductor para esclavizar al varón, tesis que revela una verdad cuestionable y poco aceptable al día de hoy.

A partir de esta conjetura y las publicaciones hechas por Vilar, se pretende analizar el Poder de la mujer sobre el varón, entendidos cada uno como seres físicamente diferentes que poseen cualidades tanto masculinas como femeninas.

La Mujer y el Poder

¿Qué es la mujer, para Vilar? es un ser que no trabaja en su inteligencia y el cultivo de su espíritu. Cabe aclarar además que la mujer no venal es diferente a la mujer que ha decidido emprender la carrera de prostituta (es decir, la carrera que consiste en hacer que un hombre trabaje para ella a cambio de ponerse intermitentemente a su disposición, como contraprestación, la vagina). A diferencia del varón las mujeres pueden elegir, y eso es lo que las hace tan infinitamente superiores a los varones. Cada una de ellas puede elegir entre la forma de vida de un varón y la forma de vida de una criatura de lujo tonta y parasitaria. Casi todas ellas optan por la segunda. El varón no tiene esa posibilidad de elegir. Si las mujeres se sintieran oprimidas por los varones, habrían desarrollado odio o temor respecto de ellos, como ocurre con los opresores en general. Pero las mujeres no odian a los varones, ni tampoco los temen. Si los varones las humillaran con su superior saber; ellas habrían intentado hacerles lo mismo, pues no carecen de medios para ello.

Y si se sintieran privadas de libertad, las mujeres se habrían liberado finalmente de sus opresores, al menos en esta favorable constelación de su historia:

Para la mujer, amor quiere decir poder; para el varón significa sometimiento. La mujer deja de trabajar «por amor» cuando se casa; el varón, cuando se casa, trabaja «por amor» para dos. El amor es para las dos partes lucha por la supervivencia. Pero una de las partes sobrevive sólo si vence, y la otra sólo si pierde. Es una ironía el que las mujeres se hagan con sus mayores ganancias en el momento de mayor pasividad, y que la palabra «amor» haga irradiar de ellas el halo de la generosidad incluso cuando más despiadadamente están engañando al varón.

(Vilar, 1971, p. 126)

Por lo tanto, cabe resaltar que el poder de la mujer sobre el varón recae en saber proyectar inteligentemente la atracción sexual y el deseo de ser protegida por él. Por ejemplo, parafraseando a Vilar, cuando una mujer observa que un varón se vuelve para mirarla, se alegra muy naturalmente. La alegría es tanto mayor cuanto más caro el traje o el coupé. Es una alegría comparable con la que siente un accionista por la lectura de unas cotizaciones positivas. No tiene, en cambio, importancia alguna que aquel individuo le resulte guapo o no, simpático o antipático, inteligente o estúpido. Tampoco le importan al accionista los colores de sus cupones.  La mujer representa un motivo de vida, de autorrealización para el varón.

Dicho de otro modo, el varón busca siempre alguien o algo a qué poder esclavizarse, pues sólo se siente cobijado si es esclavo. Y su elección suele recaer en la mujer. Pero ¿quién o qué es la mujer para el varón, que le debe precisamente esa vida deshonrosa y la explotación en regla a que está sometido, se esclavice a ella y se sienta cobijado precisamente junto a ella? (Vilar, 1971, p. 11). Todos son dueños de sus actos y de elegir cómo vivir, si vivir como esclavos o ser libres, aunque después de leer a la autora, surge la pregunta, ¿el varón se casa por amor o por soledad?

Éste lo ignora, y sigue buscando su felicidad en la sumisión. La sumisión tendría, hasta cierto punto, una justificación poética si la mujer fuera realmente lo que el varón cree que es: si fuera ese ser tierno y lleno de gracia, esa hada bondadosa, ese ángel de un mundo mejor, demasiado alado para él y para esta tierra. ¿Cómo es posible que cierren los ojos ante estos sencillos hechos unos seres, precisamente, que, en lo demás, aspiran a conocerlo todo? ¿Cómo pueden ignorar que la mujer se reduce, se reduce absolutamente a una vagina, dos pechos y un par de fichas perforadas con las que pronuncia estúpidas frases hechas? (Vilar, 1971, p. 32).

Proyecciones del Poder

Vilar concibe a la mujer de dos formas: La banal como un ser que proyecta su existencia en función a los bienes supremos y prioritarios de acuerdo a los siguientes aspectos:

  • Aspecto intelectual, la mujer demuestra poco interés por ejercitar su mente e inteligencia. Es más vanidosa que intelectual.
  • Habilidades sociales, se destinan a acaparar la atención masculina, opacando y atacando la imagen de otras mujeres.
  • Aspecto emocional, adopta características propias de un bebé con el fin de despertar el afecto paternal de la pareja.
  • Intimidad, el coito representa y es el recurso más importante con el que anula, condiciona y/o premia la libertad del Varón dominado, de este modo el coito no sólo es una forma de asegurar un futuro con la procreación, sino un medio eficiente para satisfacer un capricho y prevalecer su poder de dominación sobre el otro.
  • Vejez, los hijos representan el seguro de manutención y atenciones a largo plazo así como un medio económico, en su condición de viuda siempre tendrá el apoyo del hijo; si está soltera, tiene el apoyo firme de la familia, la sociedad y el Estado.

Y la mujer no banal poco atractiva o sabia, busca el desarrollo de su inteligencia. Pues la autora refiere que un varón está más comprometido con el saber, y el interés intrínseco en el estudio. No obstante hay mujeres con diplomas que pueden ser banales y más exigentes con el varón domado.

Para Vilar, el trabajo profesional y el estudio de la mujer no sirven más que para falsear las estadísticas y para esclavizar aún más irremisiblemente al varón. Pues tanto el oficio cuanto el estudio son para el varón cosas enteramente diferentes de lo que son para la mujer. Para el varón, el oficio es siempre una cuestión de vida o muerte. Para ella, la época de trabajo profesional es un período de flirt, citas, bromas, durante el cual trabaja además un poco, como pretexto, pero, generalmente, sin ninguna responsabilidad. Sabe que todo eso pasará (cuando no pasa, por lo menos ha vivido durante años con la ilusión de que pasaría).

(Vilar, 1971, p. 103).

Un claro ejemplo, son los temas de interés ajenos al oficio, mientras los varones están enfocados en temas más profundos como la macroeconomía, la mujer presta mayor atención a los chismes como a quien le fueron infiel.

Los varones se interesan de verdad por la cuestión del si hay en Marte formas primitivas de vida, o de si los argumentos de los chinos en su conflicto fronterizo con los rusos son más sólidos que los de éstos, mientras que esos problemas dejan completamente frías a las mujeres. A éstas les interesa saber cómo se borda tal motivo, cómo hay que colgar correctamente la ropa y si tal o cual actriz cinematográfica se va a divorciar o no. Y así varones y mujeres viven perfectamente separados, cada cual con su propio horizonte y sin entrar nunca en contacto real con el del otro. El único tema que interesa a los varones cuanto a las mujeres es el tema mujer.

(Vilar, 1971, p. 92).

Cabe resaltar que mientras más bella y joven sea, sus horizontes serán amplios; la belleza y la juventud son altamente demandantes y si tiene preparación y/o especializaciones, su éxito será mayor.

¿El Poder de la mujer tiene límites?

Una mujer es poderosa si puede lograr interferencia en los dominios de otra mujer que sea ajena a su familia o entorno cercano. Ejemplo la amante es poderosa cuando se casa con el esposo de otra. Siendo el grado de satisfacción y victoria más alto. Pues sólo se disfruta cuando se supera la valla que representaba algo imposible.

Hagan lo que hagan para impresionar a las mujeres, los varones no cuentan en el mundo de éstas, (…) Pues en el mundo de las mujeres, no existen más que las demás mujeres con las que charlan por encima de la baja valla del jardincillo.

(Vilar, 1971, p. 18).

Por tanto, el límite del poder no está en los logros obtenidos a través de un varón sometido o a qué mujer se le arrebata ésa posibilidad. Si no los excesos y perjuicios que pueda ocasionar sobre sí misma. Sin duda, estos efectos son aún más delicados cuando el varón por decisión propia se aleja de toda mujer, por miedo o hastío. Al día de hoy hay más probabilidades de que un varón decida estar solo y pagué por compañía femenina cuando lo necesite. Por qué, una relación de pareja cuesta; desde los detalles, los regalos, el tiempo e incluso desarrollar habilidades extra sensitivas para comprender a la mujer cuando se molesta, que si salió muy tarde, que si bebió, si no le contestó un mensaje a tiempo, si saludó a una amiga, etc. Todo resulta agotador que si se compara con la vida de soltero, ciertamente el beneficio es mayor si escoge vivir solo.

Estamos en una sociedad más liberal, donde muchas mujeres y varones expresan su deseo de no tener hijos y/o casarse, que a simple vista no parece alarmante, pero lo es, cabe preguntar: Cuáles son las razones por las qué ha aumentado el número de personas que no desea formar una familia y qué sucede con las familias de hoy, por qué los matrimonios son cortos.

Sólo las mujeres podrían romper el círculo infernal de la doma y la explotación. No lo harán nunca, porque no tienen ningún motivo racional para hacerlo. Y no se puede confiar en sus sentimientos, pues las mujeres son frías emocionalmente y no sienten compasión.

(Vilar, 1971, p. 127 ).

Las relaciones de pareja deben ser una retroalimentación constante de valores, aprendizaje y amor, por el contrario, será una relación de pasiones e instintos, donde reina la incerteza y termine en el desgaste emocional.

La mujer es difícil de comprender; porque habla cuando quiere y lo que siente o piensa no lo dice hasta después, esperando que se descifre sus gestos y se entienda el mensaje al 100% a comparación del varón, esto no sucede, porque él, habla y expresa lo que piensa, cuando quiere y puede. Siendo así la comunicación entre ambos un fracaso. Y si una relación se comunica tan mal, es porque la pasión o la resignación es mayor. Frente a esto se puede afirmar que el varón busca siempre una mujer dominante que lo impulse y sólo la mujer puede escoger entre domar como maestra o explotar como tirana.

Por lo tanto, si al varón le atrae que la mujer lo domine y a ella domarlo. La mujer debe auto dominar su carácter primero, porque si ama a su varón lo ayudará a desarrollar sus talentos tanto como ella desea desarrollarse.

En conclusión la obra de Vilar aunque es un llamado de atención para los varones domados que se resisten a abrir los ojos, para las mujeres que abusan del sacrificio de otros en pro de su felicidad banal, es una cachetada, si la obra se pudiera resumir a una frase, probablemente sería así : ¡Alto Mujeres! No abusen de los varones si realmente los aman, los están cansando y más tarde no habrá quien las ame, porque de mujer a mujer, la discordia y envidia abunda. Ninguna frase podría ser perfecta para resumir un libro, porque cada autor escribe como piensa y siente. El presente análisis expone el poder de la mujer sobre el varón, tanto dentro como fuera de una relación matrimonial; manteniendo el criterio crítico, sin victimizar, analizando la tesis central de la obra de Vilar con la realidad.

Bibliografía

Esther, V. (1971). El Varón Domado. Universidad Nacional de Quilmes, Imago Urbis. http://imagourbis.unq.edu.ar/uq_jaga/img/pdf/VILAR%20ESTHER%20-%20El%20Varon%20Domado.pdf

Imagen | Pixabay

Artículo de:

Yemi Vaneza Raurau Quispe (autora invitada):
Bachiller en Educación, en la especialidad de Ciencias Sociales; profesora, peruana.

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por autores invitados

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