Para muchas personas, la historia está basada en una serie de mentiras o en distorsiones de la realidad que legitiman el poder en turno y justifican las acciones recientes, no diré que esto es falso; sin embargo, ese tipo de historia está más ligada a los discursos políticos, claro está que afectan al discurso histórico que se enseña en los niveles de educación básica, mas no podemos aceptar que toda la historia sea de este tipo.

Tengamos en claro que la historia legitima y por ello se utiliza suciamente para manipular la opinión pública, esto se asemeja a ese pasaje en el libro 19841 donde el Partido ordenaba la destrucción de los recuerdos, o, al menos, aquellos que estaban en papel; Winston (el protagonista de la novela) trabaja reescribiendo la historia junto con los documentos y la literatura que exista al respecto. Aquí hagamos una aclaración, no es que se haga literalmente de esta forma, este ejemplo sirve para retratar un poco la idea. En fin, la historia es modificable y ahora hablaremos de ello.

La historia es un rompecabezas, mientras que sus estudiosos son personas tercas y empeñadas a armarlo completo, sin importar las horas que conlleve; el problema es que, además de acomodar las piezas, los historiadores tienen que ir a buscarlas y cuando no las encuentran, tienden a hacer un pequeño dibujo que llene el espacio vacío porque la imaginación es mejor que la nada y porque sin llenar esos huecos, no se puede entender de qué va la imagen que están construyendo. Estos “dibujos” o la forma en que los historiadores tienen que llenar el vacío de información, no se hacen al azar, están basados en investigación y en descripciones que dan otras fuentes, cuando no se tienen bases suficientes para hacer una descripción de lo sucedido, es necesario hacer suposiciones y aclarar que lo son, esto nos permite tener una imagen más clara de lo que puedo ser, evitando las invenciones y las mentiras históricas.

Hablemos un poco sobre la idea de la imagen y la realidad. Hay un texto muy interesante de Oliver Sacks que se llama “Ver y no ver”, forma parte del libro Un antropólogo en Marte, trata sobre un hombre que la mayoría de su vida fue ciego, aprendió a “ver” con el tacto y así mismo percibía su realidad; este hombre lleva por nombre Virgil y tiene una novia llamada Amy con la cual se va a casar, por ello deciden atender su ceguera y la opinión de los doctores es positiva, poco tiempo después Virgil recupera la vista pues se trataba de cataratas y eran operables. Lo que me interesa de este texto es la forma en que el protagonista se enfrenta al mundo, recuperó la vista, pero no percibe la profundidad ni la distancia, todo a su alrededor era terrorífico para él, captaba detalles que podríamos considerar innecesarios como los bordes o ciertas posiciones y tanto los movimientos como las imágenes le resultaban incomprensibles. El haber recuperado la vista le arruinó la vida, no comprendía lo que sucedía y para él, ver era un martirio, “entonces llegaron los problemas, los conflictos, de ver y no ver, de no ser capaz de elaborar un mundo visual y de hallarse al mismo tiempo obligado a renunciar al suyo propio. Se encontró entre dos mundos, y en ninguno a gusto: un tormento del que no parecía haber escape posible2.” Finalmente, Virgil volvió a perder la vista y para él, ese fue un don.

¿Cómo percibimos nuestra realidad?, ¿acaso solamente es real lo que vemos? Virgil conocía su mundo por medio de distintos sentidos, la vista nunca fue un impedimento para comprender lo que ocurría a su alrededor o para vivir libremente. En el momento en el que él recupera la vista, se aturde y se bloquea, es como si se encontrara en un lugar totalmente extraño en el que no conoce el lenguaje y, por lo tanto, no comprende lo que significa aquello que le dicen. Él creía conocer el mundo, su tipo de aprendizaje era kinestésico y necesitaba tocar para saber donde se encontraba, al recuperar la vista se percató de que no entendía lo que sucedía, que no sabía y que ese mundo no era el suyo.

Regresemos al tema que nos corresponde, la historia. Al igual que Virgil, somos ciegos, ciegos al pasado, nos quedan algunos vestigios palpables como fuentes arqueológicas o documentos historiográficos; conocemos lo que ocurrió en el pasado gracias a esos testimonios, pero, en realidad, solamente conocemos una parte. Suponemos que en el pasado todo fue heroico e interesante, si pudiéramos verlo, viajar a cualquier época y ser testigos de lo que ocurría en ella, quizá quedaríamos decepcionados por lo común que las vidas de aquellas personas eran, al igual que las nuestras. Virgil se entristeció porque él creyó que al ver todo se resolvería, tendría una vida más fácil y que todo sería fascinante, luego vio la imperfección a su alrededor y fue devastador.

Mencioné que la historia es modificable, son muchas las teorías que llegan a existir de un solo hecho; las tesis que se escriban dependerán de distintos factores como el contexto, los documentos que se tengan para estudiar, el idioma, entre otros. La realidad cambia para cada individuo, no todos vemos con los ojos, al igual que Virgil, nuestra concepción de lo que es y no es dependerá de la forma en que nos acerquemos al mundo. Otro aspecto que tomar en cuenta es que conforme las investigaciones avanzan, se encuentran nuevos documentos que permiten tener una nueva perspectiva de los hechos y que complementan o modifican lo que se sabía, así, la historia va cambiando y tiene que hacerlo conforme a los cambios de la sociedad misma.

Entonces la historia será una dependiendo quien la vea, eso es lo que enriquece al trabajo del historiador, tantas concepciones que se pueden tener y que todas son posibles. Para no perdernos en el mar de verdades del devenir histórico, se llega a un consenso general en el que los expertos arman un discurso llevadero para todo el público, así se construye la historia que todos conocemos, si un tema es de interés específico de alguna persona, podrá estudiarlo y ahí aprenderá datos interesantes que complementarán su bagaje.

Concluyamos diciendo que estamos destinados a conocer solamente una parte de nuestra historia, en sí, sería imposible conocer todo. Es difícil descartar lo que es y lo que no es del pasado simplemente porque somos parte de una época distinta, lo que nos queda es interpretar, mediante las fuentes que tenemos a la mano, el suceso histórico que elijamos. La historia no se trata de una mentira, sino de una verdad a medias, no con malas intenciones, simplemente hay escasez de información, así lo más cercano a nosotros será más fácil de conocer que algo que sucedió cientos de años atrás. Por último, consideremos que el discurso histórico podrá satisfacer a unas personas y a otras no, esto alimenta la discusión que a final de cuentas es parte de las delicias de la historia y es resultado de nuestra individualidad y subjetividad.

Notas

[1] Orwell, G. (2018). 1984. (10.a ed.). Ed Porrúa (México).

[2] Sacks, O. (2006). “Ver y no ver”, p. 124. En Sacks, O. (2006).  Un Antropólogo en Marte: siete relatos paradójicos (D. Alou, Trad.; 3.a ed.). Anagrama.

Imagen | Pixabay

Artículo de:

Beatriz Alvarado (Fundadora y directora de la revista cultural La Memoria Errante):
Estudiante de Historia y Arte en el Instituto Cultural Helénico (ICH) y de Comunicación y medios en la Universidad Tecnológica de México (UNITEC). Se ha interesado por la difusión de la historia, el periodismo cultural y el estudio de la opinión pública.

Síguela en: instagram

#alianzas, #historia, #historiográphos, #investigación, #la memoria errante, #pasado, #realidad

por La Memoria Errante

La Memoria Errante (LME) es una revista cultural y digital que surgió en 2020 ante la necesidad de crear un espacio donde artistas y humanistas pudieran compartir sus creaciones fuera del mundo académico. Actualmente, cuenta con escritoras y escritores de distintas partes de la República Mexicana y América Latina. Tiene convocatorias abiertas a todo público y busca hacer promoción de la lectura y la escritura haciendo uso de las diferentes redes sociales.

error: Content is protected !!