Muchas son las personas que ahora refieren a tratarnos con horizontalidad, que ésta sea implementada en cada una -en el mejor de los casos- de nuestras relaciones interpersonales. Surge como una nueva propuesta de cómo tratarnos y a veces, con urgencia de que dicho término alcance espacios como la educación y sus diferentes variantes; que pueden ir desde el arte, hasta la ciencia, u otras disciplinas. La filosofía no es la excepción, y es por ello que varias y varios autores dedicados y preocupados al lado educativo de la filosofía, se ven inmersos en rescatar y resaltar la importancia de dichas relaciones, sirviéndose de distintos filósofos a lo largo de la historia.

Un claro ejemplo de lo antes mencionado -aunque nunca utilizó el término de horizontalidad- es el caso de la filósofa María Zambrano, quien nos dice que la filosofía actual presenta una dificultad por haberse diversificado, manteniéndose en un polo opuesto a la filosofía griega que era en sí misma educativa, es decir, formativa: la teoría y práctica filosófica no eran vistas de manera independiente, sino que actuaban de manera conjunta y activa en tanto que se daban entre alumno y maestro; como es el famoso caso de Sócrates y Platón. 

No tener maestro es no tener a quien preguntar y más hondamente todavía, no tener ante quien preguntarse.

María Zambrano

Zambrano considera que el filosofar debe ofrecer naturalmente las condiciones necesarias que permitan generar un espacio filosófico educativo para el provecho del educador y los educandos. Ahora bien, ¿quiénes filosofan?  Si partimos de la siguiente noción “Todos los hombres tienen por naturaleza deseo de saber, dice Aristóteles […], justificando así de antemano este saber que se busca. Más, pasando por alto que en efecto todos los hombres necesitan este saber” (Zambrano, 2019, p. 24). Tenemos claro que la filosofía no está relegada a unos cuantos intelectuales, sino que está o debería estar a disposición y acceso de quien se encuentre interesado.

Entre los interesados bien podrían estar las infancias, ya que como menciona Nomen:

Los niños pueden practicar filosofía y, si añaden esta competencia en su vida, podrán participar de su condición de ciudadanos, desde su propia mirada, para construir un mundo mejor, más crítico, más creativo, más humano. Tienen que aprender a pensar por sí mismos a fin de construir un mundo mejor, donde todos podamos y queramos vivir.

(2018, p. 8)

Que las infancias  tengan acceso a la filosofía, desde Nomen, surge como urgencia de nuestro tiempo en el que la violencia está presente, ahoga y paraliza, por ello es necesario que aprendan desde el respeto la pluralidad de los demás agentes que les rodean y de los espacios que habitan. El cuidado de lo diferente resulta provechoso para fomentar el pensamiento crítico, afectivo, receptivo y cambiante. Hablar de un niño o niña filósofa es hablar de fomentar la admiración y fascinación por el mundo, del asombro y la atención que éste necesita. La mirada filosófica surge como filtro para aprender de nuestra cultura, de la diversidad que esta nos muestra, y de nosotros mismos.

Las infancias tienen que aprender a pensar por ellos mismos, a conocer, saber, hacer y ser sí mismos. Para esto, es necesario un acompañamiento, ya sea de sus profesoras, padres, tutores, hermanas, etc. Como bien menciona Zambrano “guiar al que empieza a vivir en esta su marcha responsable a través del tiempo” (2013, p. 139). Responsabilidad que adquieren consigo mismos y con las demás personas. Educar es despertar ante la realidad en que nos encontramos sumergidos y desde ahí hablar, tomar decisiones, es posicionarnos ante algo.

El docente funge como guía en esta marcha de trascender e ir trascendiendo todo para que el aprendiz pueda vérselas con el mismo y con los otros. La vocación del docente resulta mediadora “entre las fuerzas y modalidades que constituyen al individuo, entre los planos del ser y de la realidad, de la vida y de la razón” (Zambrano, 2013: p. 102), sabe lo que hay que enseñar y sabe enseñarlo, respetando que en la niñez también se tienen los propios deseos, habilidades, emociones y actitudes ante el mundo.

En un espacio educativo, el aprendiz debería estar como Adeodato en el diálogo De Magíster: “Adeodato escucha, piensa lo escuchado, responde, asiente, manifiesta estar de acuerdo, admite, reconoce, niega, cuestiona, duda, pide aclaraciones, sintetiza lo hallado” (Chávez Aguilar, 2017, p. 9), en consecuencia, su participación en el proceso de la propia indagación resulta activa; en constante movimiento que permite conducir su razón de tal o cual manera.

La educación que recibimos permite que se realice y que se descubra una realidad. Que seamos conocedores de ella y la trascendamos. Sin embargo, no basta con descubrirla, sino que también habría que sostenerla y en consecuencia; sostenerse a uno mismo, en tanto que realidad y ser se conjugan. El aprendiz tiene la libertad de actuar sobre su voluntad, en tanto que “un primer indicio de libre albedrío y voluntad liberada es el mismo hecho de disponerse a escuchar” (2017, p. 9). La manera en la que conduzcamos a la razón nos llevará a aquello que somos, que está en la interioridad de cada persona.

Las infancias tienen que participar de forma activa -en tanto ciudadanos- en las acciones y decisiones que les impliquen directamente. Como menciona Nomen:

Aprehender el mundo con las preguntas que dan acceso a la facultad crítica, mantener la inocencia que permite dictar soluciones creativas a los problemas que la vida va poniendo y hacerlo de forma social, de cara a los otros, cuidando de los demás y de uno mismo son prácticas que hay que interiorizar.

(2018, p. 10)

Noción con la que Gracía Almiburu concuerda al decir que la filosofía de la educación permite encontrar una relación bidireccional que da espacio al juego del papel activo entre educadores y educandos.

Como bien menciona Zambrano, las infancias en un plano educativo son mediadas por alguien que ya ha recorrido ese camino, sin embargo, éste sigue en constante marcha o movimiento, a través de algo. Se reconocen los conocimientos que el educador tiene y transmite, sin olvidar que él mismo sigue siendo un agente que continúa aprendiendo y que de igual manera debe de estar a la escucha porque la misma vocación lo exige, en tanto que implica la propia vida, conduciendola a “su realización plena” (Zambrano, 2013: p. 105). Tanto las infancias como las y los educadores comparten un espacio que, en mayor o menor medida, debe construir una relación horizontal de tal manera que puedan permitirse seguir dialogando, seguir pensando, es decir, seguir filosofando.

Bibliografía

Chávez Aguilar, P. (2017). Palabras que liberan. El enseñar como admonitio en De magistro de Agustín de Hipona. México.

García Amilburu, M. y García Gutierrez J. (2016) Los agentes y los sujetos del proceso educativo. En Filosofía de la educación cuestiones de hoy y siempre. Madrid: NARCEA

Nomen, J. (2018) El niño filósofo. Cómo enseñar a los niños a pensar por sí mismos. ARPA: Barcelona

Zambrano, M. Sánchez-Gey Venegas, J. y Casado Marcos de León, Á. (2013). María Zambrano: Filosofía y educación: la realidad. En Filosofía y educación: manuscritos. ECU

Zambrano, M. (2019). Filosofía y poesía. México: FCE

Autora:

Carmen Isabel Hernández Galván (Secretaria general de la COMEFI)
Estudiante de la Licenciatura en Filosofía y consejera académica por la Facultad de Filosofía de la Universidad Autónoma de Querétaro. Sus temas de interés son: la literatura, retórica, feminismos, filosofía de la educación, filosofía política y epistemología.

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Imagen | Pixabay

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por Comunidad Mexicana de Estudiantes de Filosofía

La Comunidad Mexicana de Estudiantes de Filosofía (COMEFI) es una asociación libre que reúne a estudiantes de pregrado y posgrado de filosofía y de disciplinas afines pertenecientes a instituciones de educación superior públicas o privadas establecidas en la República Mexicana, así como también a personas en pleno ejercicio profesional interesadas en actividades de difusión y divulgación filosófica, de las humanidades, las ciencias sociales y naturales, la cultura y el arte en diálogo interdisciplinario con la filosofía.

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