Lo comenté cuando analizaba la caída de Netflix en suscriptores y en bolsa, pero poco el efecto alcanza otros hitos y se hace palpable: volver a la normalidad está pegando a la industria del entretenimiento. Y es que las audiencias de todo el contenido multimedia está bajando1, la gente sale a la calle los fines de semana y las redes sociales vuelven a hacer ese escaparate para presumir a dónde fui, qué comí o qué hice durante la noche.

Y no, esto no es malo per se. Es extraordinario ver cómo tras un parón forzado2 podemos volver a lo que era antes: a vivir como si el COVID-19 nunca hubiera existido. Hemos vencido, como especie, pese a los antivacunas, a una enfermedad que puso patas para arriba a todo el planeta.

Pero es malo para la industria tech y para aquellos que veían, ¿con esperanza?, un nuevo aire en eso de la educación virtual, o peor aún, en quiénes vieron que el resurgimiento de la filosofía sería una ola imparable tras el coronavirus. Nada de eso fue verdad.

Los profesores, los alumnos, los padres… todo el mundo prefiere, en su mayoría, la educación presencial. Todas y todos, por más metaversos, preferimos la presencialidad. La perdimos, y ahora que nos encontramos cara a cara, lo anhelamos. ¿Qué tanto se mantendrá? No lo sé, los seres humanos solemos valorar lo que perdemos por poco tiempo, luego nos aburrimos y volvemos al bucle. Pero en esto de la presencialidad, la situación no parece tan clara.

La filosofía comenzó hablar, mucho, cuando reventó la pandemia3. La Lechuza de Minerva se levantó como un símbolo para calmar y consolar a los miles de seres humanos que no sabían que hacer frente a una situación inédita e inimaginable… tal cual la religión u otras ramas sociales hacen en tiempos de crisis: consolar, animar, motivar.

Sí. Por duro que resulte decirlo desde dentro, la filosofía lentamente también está cayendo al nicho donde siempre ha estado. La popularidad de esta, junto con otras ramas del saber, se queda en lo anecdótico: ¿por qué nos vamos a preocupar hacia dónde vamos o dónde estamos si tenemos frente a nosotros el ticket de entrada al concierto que llevamos dos años esperando entrar?

Hay cosas más importantes que pensar que en la trascendencia.

Y esto se traslada también a las relaciones digitales. Hace año y medio era la moda -y estaba bien- quedar para Zoom a charlar, debatir, convivir. Hoy día la cosa cambió. Existen otras prioridades, está el mundo real que nos espera. Pareciera que todo aquello que pudimos descubrir y hacer por el confinamiento, poco a poco lo comenzamos a olvidar y relegar.

Como he dicho: es bueno que regresemos a dónde estábamos. Es satisfactorio ver que realmente pudimos volver a la normalidad, pero ¿por qué dejar de lado aquello que nos acompañó y tanto bien nos hizo?, ¿por qué dejar que la experiencia pandémica se quede solo en una anécdota?

Lo remoto mola. Y mucho… solo tenemos que dejar vivir dicha realidad a la par de la real.

Notas

[1] Mendez, V. (2022, 11 mayo). AuronPlay se refiere a la pérdida de espectadores de Twitch: «Y yo que me alegro». Yahoo Finance. https://es.finance.yahoo.com/news/auronplay-refiere-p%C3%A9rdida-espectadores-twitch-234200419.html

[2] Marcos, J. (2020, 30 marzo). Paralizada toda actividad no esencial en España. El País. https://elpais.com/espana/2020-03-28/el-gobierno-amplia-el-confinamiento-los-trabajadores-de-actividades-no-esenciales-deberan-quedarse-en-casa.html

[3] Redacción. (2021, 9 diciembre). ¿Qué tiene que decir la Filosofía sobre la crisis del Coronavirus? Explora.cl. https://www.explora.cl/blog/que-tiene-que-decir-la-filosofia-sobre-la-crisis-del-coronavirus/

Imagen | Pixabay

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por Miguel Ángel

ceo de filosofía en la red, drando. en Filosofía, mtro. filosofía y valores, lic. en psicología organizacional, PTB en enfermería; catedrático de licenciatura en la Universidad Santander (México)

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