Sobre democracia: su fundamentación ontológica y la vocación democrática según Agustín Basave

Sobre la democracia podemos decir y reflexionar muchas cosas. Podemos darle un tratamiento meramente teórico, así como también reflexionarla desde la praxis. Podemos volver a sus inicios y querer comprenderla en su totalidad desde su esencia original en la antigua Grecia, pero también podemos estudiarla desde su concepción en la modernidad. Podemos invocarla como la forma de gobierno por excelencia, aunque también podemos criticar a fondo. Sobre ella podemos preguntarnos muchas cosas. ¿Qué es la democracia? ¿Cómo debe ser la democracia? ¿Cuál es su justificación y finalidad?, etc.

En las últimas semanas la democracia se ha vuelto un tema de aún más relevancia en México y su reflexión se ha tornado obligatoria en estos momentos. El desarrollo democrático que este país ha experimentado en las últimas tres décadas ha sido impresionante, con todo y sus problemas y errores. La realización de mecanismos de participación ciudadana como las consultas populares, presupuestos participativos y una mal lograda revocación de mandato nos hace vislumbrar el futuro de nuestra democracia: una democracia participativa.

Ahora, este contexto no sólo ha provocado en mi persona una reflexión de carácter político, sino también filosófico. ¿Es realmente este el camino que se debe seguir como país?, ¿qué tiene la democracia que la convertido en la forma de gobierno y de pensamiento más importante en la actualidad política y social? Para dar respuesta a estas interrogantes habría que buscar las fundamentaciones de la propia democracia para poder entenderla, y así, poder comprender por qué hemos de decir sí a la democracia, al cuidado y desarrollo de ésta.

En mi búsqueda por entender a la democracia desde una perspectiva teórico-filosófica me topé con un texto interesante que aborda muchas de las problemáticas y de las preguntas más importantes sobre la democracia. El autor de este texto es un reconocido escritor, jurista y filósofo mexicano, el Dr. Agustín Basave Fernández del Valle. Aquello que me llamó la atención fue su apartado sobre la “fundamentación ontológica de la Democracia”. Me propongo entonces exponer y analizar sus reflexiones al respecto.

Como mencioné, para comprender la importancia de la democracia es primordial conocer y entender sus fundamentaciones teórico-filosóficas. El propio autor afirma que “la supremacía axiológica de la democracia se desprende del examen de sus fundamentos” (Basave, 1963). Así, la fundamentación ontológica de la democracia comienza al reconocerse el carácter político y social del hombre. Siempre haré un paréntesis aquí, tal como lo he expresado en otros textos, considero que el zoon politikón debe ser comprendido a los ojos de la actualidad y no se debe traer al presente su significado original, porque el ser humano es mucho más que un animal político. Volviendo a Basave, este reconoce ampliamente que el ser humano tiende a ser social y, por lo tanto, a hacer política. Es indispensable reconocer lo anterior para poder fundamentar la democracia. Durante este apartado de su texto también se habla de qué es la política y el Estado, temas totalmente interdependientes de la democracia de acuerdo como la concebimos en la actualidad, pero que no son materia de este breve análisis.

La ya afirmada politicidad humana radica en el ser mismo del ser humano y contiene una exigencia ética y una estructura vocacional. Nos enfocamos entonces en algo que muchos ignoran de la política, su carácter vocacional. Y es que la democracia no es sólo una forma de estructurar al Estado, no nace y vive en este, la democracia nace en nuestro actuar y debemos asegurarnos de que no se agote en este mismo actuar, tenemos que llevarla más allá. A partir de esto podemos referirnos y hablar de una vocación democrática del ser humano, idea que comparto. Basave nos afirma:

No basta considerar a la democracia como una forma de vida antes que una forma política. Es menester dotar a esta forma de vida de categoría óntica. Urge enraizar el modo de vivir democrático en lo que yo me atrevo a llamar vocación democrática del hombre. Mi tesis no se limita a señalar la superioridad axiológica de la democracia; fundamenta, directamente, en el ser vocacional del hombre, esta forma de vida y esta forma política.

Basave, 1963

Y sí, ciertamente el autor no se limita a indicar la superioridad axiológica de la democracia a lo largo de su obra, sino que hace especial énfasis en la relación del ser humano con la propia democracia. Siguiendo el pensamiento de Basave, toda persona se encuentra incrustada en una sociedad en la cual hay que actuar y ante la cual hemos de ser responsables. La idea de la responsabilidad ante la sociedad es una que siento que se ha ido perdiendo de poco en poco en muchos sectores y en muchas zonas del país. Tan sólo la baja participación de la ciudadanía en cualquier elección es muestra clara de que vemos erróneamente a la democracia como un derecho, pero no como una responsabilidad. Considero que es una responsabilidad actuar democráticamente en todo contexto. Aquí no cabe el pensamiento individualista, nacemos de y para la comunidad, ya sea la familia, la sociedad, la nación, la humanidad. Si la tradición filosófica de Europa occidental de los últimos siglos afirma y defiende la idea de una vocación humana por la libertad, ¿por qué no afirmar y defender por igual una vocación humana por la democracia como indica el autor? Me apego a los expuesto por Basave. Es necesario afirmar y defender esta vocación, porque el régimen democrático, que sólo puede existir al haber personas ejerciendo esta vocación, es el único que puede reconocer y garantizar el pleno desarrollo del ser humano, así como su libertad y su igualdad. Hablando de igualdad, como un pequeño recordatorio, la democracia parte de un dato ontológico primordial, la igualdad entre todas las personas.

La vocación democrática de la que hablamos nace en el momento en que la persona se torna en sí misma en una libertad que marcha hacia su entelequia. Esta es una afirmación en la cual Basave creía fielmente, incluso indicó que “… nuestra vida será más o menos auténtica, en el ámbito de lo natural, según seamos más o menos fieles a nuestra vocación democrática” (Basave, 1963). Sobre este punto termino por acompañar al autor afirmando que la realización correcta de la vocación democrática deviene en una democracia como modo de existencia y no sólo como en una forma de gobierno.

Entonces, ¿cuál es el fundamento principal de la democracia?, ¿qué nos indica Basave sobre este punto tan esencial para todos los que nos encontramos en la reflexión por la democracia? Tal vez sea bueno iniciar citando la definición que el autor propone de la democracia:

Democracia es una forma de gobierno que reconoce a los hombres una igualdad esencial de oportunidades para el ejercicio de sus derechos civiles y políticos y que cuenta con el pueblo para la estructuración del poder.

Basave, 1963

Esto es sencillo, la democracia, como ya se entendió, tiene como fundamento al ser humano mismo. La democracia no es un fin, el fin es el ser humano, de ahí que sea necesaria la vocación democrática para garantizar el desarrollo de la humanidad. Ciertamente, la democracia es la forma de gobierno, la forma estatal, que más se adecúa al ser humano, y esto es así porque el régimen democrático, para Basave y un servidor, es el régimen más justo que el ser humano ha concebido. El propio autor enlista siete puntos que fundamentan el carácter justo de la democracia: 1) la democracia garantiza al ser humano, entendido como ciudadano, su activa participación política; 2) tiene como uno de sus fines organizarse de tal manera que evite el despotismo de los gobernantes; 3) permite el libre pensamiento y la libre expresión de ideas y opiniones; 4) posibilita el cambio, la ley por excelencia de la naturaleza, permite el desarrollo a través de los cambios; 5) fomenta la racionalidad del ser humano y, por ende, su eticidad; 6) es el régimen que mejor se adapta al pluralismo de ideas y a la multiculturalidad, y; 7) reconoce la igualdad esencial del ser humano, así como también fortalece el Estado de derecho.

Una vez recorrido el texto de Basave podemos reafirmar que la democracia tiene su fundamentación ontológica en el propio ser humano. La democracia, bajo su concepción moderna, se ha convertido en la forma de gobierno más apta para garantizar el desarrollo general de la humanidad, pues lleva consigo los principios de igualdad y de libertad. Sin embargo, su reflexión en estos tiempos es, insisto, obligatoria. Hemos perdido de vista la necesidad de reconocer y hacer propia la vocación democrática del ser humano. Esta vocación implica la responsabilidad de cada uno de nosotros por ver, pensar y actuar por el bien común, por el bien de nuestra comunidad.

En México la democracia avanza, pero no nos confundamos, no es que nos encontremos en la democracia perfecta, de hecho, estamos en una democracia joven y sumamente frágil. ¿Y al final de una reflexión como ésta qué nos toca hacer como ciudadanos? Bueno, debemos reconocer nuestra vocación democrática, debemos responsabilizarnos de nuestro actuar político y democrático, y, hablando de México, debemos dialogar, participar, criticar, actuar, así como proteger y defender nuestras instituciones democráticas y no parar de avanzar por el camino que mucho trabajo nos costó trazar y construir. No hay que titubear. La democracia no es un fin, es un camino. Cuidémoslo y nutrámoslo.

Bibliografía

Basave, A. (1963). Teoría de la Democracia. Fundamentos de Filosofía Democrática (3.a ed.). Editorial Jus.

Imagen | Academia (La Academia Mexicana de lengua Española es la titular de los derechos de autor, se usa solo para fines ilustrativos).

Artículo de:

Brandon A. Martínez (autor invitado):
Lic. en Derecho (Ibero), estudiante de último cuatrimestre de Licenciatura en Filosofía por la UACH y de último año de Maestría en Ciencia Política por la UPAEP. Docente en Universidad Tecmilenio Laguna y participa activamente en la política de la región.

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por autores invitados

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