El pasado 7 de mayo durante el quinto episodio de Filosofía sin limón y sal (un podcast-live que se transmite cada 15 días, los sábados, desde Instagram, con Liana Muñoz Mederos, de Sin Filosofía Podcast) platicamos sobre qué tan reales o no son las relaciones digitales. Es decir, aquellas que surgen y se mantienen casi exclusivamente a través de las de las herramientas tecnológicas.

Durante una de las intervenciones, comenté algo que creo es bueno de rescatar: la sensación de inmediatez que tenemos ahora con el Internet, y cómo esto puede de alguna forma ayudar a romper la barrera de “lo digital y lo presencial”.

Hace algunos años, acceder a la red era un hito: tenías que hacerlo mediante RDSI[1] (con conexiones a 14.4k) y rogar al cielo que nadie levantara el teléfono de casa: sí, hablo del módem del teléfono que casi a muchos ya nos les tocó.

Estar “limitado” al ordenador, y quizá a sólo unos ciertos minutos/horas de conexión, hacia que la sensación de estar en Internet fuera una experiencia externa a uno. Algo a lo que accedías con ciertos límites.

Poco a poco el mundo se fue conectado y llegó el WiFi, otorgándonos una “conectividad” más extensa. Después del boom del los smartphones el estar en Internet lentamente pasó de ser una “experiencia momentánea” a lo que sucede hoy día: literalmente estamos conectados 24/7, o tenemos esa opción: ya sea por conexiones 3G o 4G de nuestros móviles, o desde casa, no hay segundo del día en el que “no esté” nuestra presencia en la red, aunque no usemos el dispositivo, este constantemente pinea y se conecta con la red.

Durante este proceso, hubo un evento en concreto que recuerdo con total emoción y que hizo que mi “sensación” de conectividad cambiara: el día que hice por primera vez una llamada internacional desde mi celular, por datos móviles.

Antes había usado Skype o Messenger (el de Microsoft) para charlar con personas de todo el mundo, por chat, voz o videollamadas cuando las webcams tenían sí o sí que depender de una cámara y micrófono externo al ordenador. Pero siempre esta conexión estaba limitada a la computadora. Sí, ya usaba WhatsApp como plataforma para “mandar mensajes”, pero era como chatear.

Ese día solo “marqué” y me comuniqué con alguien a 7 horas de diferencia, por WhatsApp. Estaba en un centro comercial, caminaba, y me estaba comunicando con alguien al otro lado del mundo como si hubiese sido una llamada tradicional: al colgar, e incluso durante la llamada, me fui haciendo lentamente consiente de lo que estaba haciendo y que eso lo hacía con mi teléfono móvil. Mi percepción cambió radicalmente.

Al día de hoy “esa” anécdota pasaría desapercibida o como tonta u obvia.

Actualmente, gracias a Filosofía en la Red (entre otras cosas), tengo la gran oportunidad de interactuar con personas de todo el mundo: desde China, pasando por Europa, Norteamérica y toda América latina. Hablar con cualquiera de ellas es tan fácil como abrir la app de WhatsApp y marcar (siempre que el huso horario sea favorable)… se han borrado los límites de “tener que conectarme a Internet” o esperar a llegar a casa a encender el ordenador. Estamos conectados solo por tener un móvil (en la mayoría de los casos, claro).

Ser consciente de que con el mismo dispositivo con el que puedes hablar ya sea alguien a quien tratas “en persona” o con quién está al otro lado del mundo (y que no tienes un “roce” en persona) es mágico y, sin duda, al menos para sea mí, cambia la forma de entender las relaciones humanas. Y separa, por mucho, las “realidades” virtuales y análogas.

Lo importante es la forma en cómo abordas dichas relaciones y dimensiones. Si es que realmente te atreves a romper el tabú y ver que alguien que está “en Internet” y otro en el “mundo real” son iguales y, per ser, que ambos “existen” en la realidad.

Los dos son seres humanos. Ambos experimentan sensaciones y emociones. Y con ambos podemos tener un vínculo y cercanía… siempre que nos permitamos generarlo. La conexión se da, de forma tradicional o virtual, si nosotros lo queremos así.

Sí, se preferirá siempre estar “en el mismo lugar en físico” que la otra o que el otro, pero si la tecnología nos permite convivir con personas que de otra manera no hubiéramos conocido… ¿por qué desaprovecharlo? Y más aún, ¿por que no considerarlas como “parte” de nuestra vida? Sí, como parte de… y no como un contacto más que tengo guardado en la memoria del móvil.

Notas

[1] Fernández, S. (2021, 5 abril). ¿Qué fue de los módems de marcación telefónica? Los pitidos de la nostalgia. Xataka Móvil. https://www.xatakamovil.com/xatakamovil/que-fue-de-los-modems-de-marcacion-telefonica-los-pitidos-de-la-nostalgia

Imagen | Pixabay

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por Miguel Ángel

ceo de filosofía en la red, drando. en Filosofía, mtro. filosofía y valores, lic. en psicología organizacional, PTB en enfermería; catedrático de licenciatura en la Universidad Santander (México)

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